23 julio 2014

Cierres


Sara pronto cumplirá sus 4 años. Está emocionada. Ya tiene conciencia de lo que significa. Sabe que está creciendo y eso la llena de una especie de "felicidad ansiosa-nerviosa". Sabe que pronto ya no habrá más jardín, que sus amigos de siempre ya no estarán ahí a diario y que se tendrá que enfrentar a otras experiencias en el colegio grande. Sueña con aprender italiano e inglés. Y con vestir uniforme por primera vez. Tiene plena consciencia de que realmente ya no es más una bebé. Pero no piensa mucho en lo que deja atrás. Como todos cuando niños, tiene mucho afán por crecer. Su cierre es fácil, natural. No tiene tantos apegos. Está feliz de volver a comenzar. 

Yo, por mi parte, ¡pronto cumpliré 4 años de ser mamá! 4 años que parecen una eternidad, una montaña rusa emocional, demasiadas cosas sentidas, vividas y aprendidas. Y ahora, es para mi también un nuevo comienzo. Ya no soy más la mamá de una bebé. De hecho, a veces creo que soy la mamá de una pequeña niña con rasgos muy pre-adolecentes. La maternidad para mi ahora es una aventura distinta, a ratos más difícil, inmensamente retadora pero también igualmente placentera. Una tarea constante de equilibrio entre mis necesidades como individuo y mis responsabilidades como madre, con reflexiones complejas, llena de voluntades y deseos enfrentados con una niña llena de determinación, carácter, claridad y ternura. Con un control diferente sobre las cosas (para mi que soy una controlador empedernida) o, de hecho, sin mucho control. Consciente de mi rol de madre pero también de las necesidades y responsabilidades que tengo conmigo misma como mujer. Con nuevos retos profesionales (cambio pronto de trabajo), con mucha felicidad pero también llena de nostalgia y algo de melancolía.

Así que estamos ad portas de terminar un hermoso ciclo. Es tiempo de cierres, de balances, de tener el corazón abierto y los sentidos despiertos, de agradecer, de dar amor, de estar felices por los lazos construidos, por todo lo entregado y todo lo vivido, recibiendo con muchas ganas lo nuevo que la vida tiene para nosotras. Plenas y a la expectativa por todo lo que nos espera.

¿Te gusta "La mamá de Sara"? Inscríbete acá para recibir notificaciones de mis entradas directamente a tu mail


Delivered by FeedBurner

17 junio 2014

Sin ceder


Ayer, después de llegar a casa y seguir la rutina de siempre, estaba realmente agotada. Tu, en cambio, estabas llena de energía, espabilada, con ganas de seguir jugando, sin ninguna intensión de descansar. Pero era tarde y era hora de dormir. 

Y aunque yo no suelo ser tan estricta en esas cosas, ayer realmente no daba más. Así que después de ver mil veces el video que adoras, decidí apagar todo para tratar de bajarte las revoluciones. Pero tu sencillamente no querías dormir. Estabas cansada, eso era evidente, pero deseabas seguir como si fueran las 10 de la mañana. 

Y te frustró mucho mi decisión. Y lloraste, y te enfadaste, y pataleaste, me peleaste. Y yo, mientras, respiré mucho y muy profundo, y trate de estar, de hablarte, de no sentirme desesperada por tu llanto, de ponerme en tus zapatos sin ceder. No porque ceder esté mal, sino porque no era lo que necesitábamos en ese momento, porque muchas veces prefiero ceder, porque me queda fácil, lo mío contigo, es evitar el conflicto a toda costa y, en algunos momentos, es necesario estar, con amor, pero ser firme. 

Parece fácil. Se escribe fácil pero no lo es. Mantenerme firme cuando lo necesitamos es absolutamente necesario para las dos, para nuestra relación, para que ambas aprendamos. Para que descubras y le pongas nombre a tus emociones, y me digas después del llanto: "Mamá es que me siento triste", "Estoy fastidiosa", "Creo que estoy ansiosa". Para que aprendas que cuando no se puede lo que quieres es valido estar triste y sentirse frustrado. Que no complacerte no significa que no te ame. Es más, que cuando no puedo hacerlo o no debo hacerlo, te amo mucho más porque me cuesta, porque tu llanto me duele físicamente, porque mantenerme firme es un trabajo tremendamente difícil para mi. 

Parece fácil pero me resulta complejo aprender a entender tu inconformidad, a acompañarte cuando lloras, cuando estas furiosa y no pareces quererme tanto. Muchas veces te he contado lo que tu llanto trae en mí, esa sombra, la niña asustada, triste y furiosa que vive en mí y que me recuerdas, que no me gusta y que veo a través de ti en estas ocasiones.

Parece fácil pero es muy difícil ser firme y amorosa al mismo tiempo. Sin embargo, es posible y se siente muy bien. Porque a pesar de la dificultad y el miedo que siento, ayer lo logre, lo logramos. Y estoy feliz por eso, porque sé qué es un gran paso.

¿Te gusta "La mamá de Sara"? Inscríbete acá para recibir notificaciones de mis entradas directamente a tu mail


Delivered by FeedBurner
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Yo