30 diciembre 2015

12 palabras para el 2015

Mañana se acaba el año, así que es hora de hacer recuentos y de volver a escribir. Es el momento de contar un poco cómo viví este ciclo que ya casi termina, cómo estos 365 días me han tocado, cómo he crecido, sentido, cambiado; qué tipo de huella he dejado en los que me rodean, en los que amo. 

Parece fácil pero ha pasado tanto este año que los pensamientos y sentimiento se agolpan y las palabras se quedan cortas. Entonces recuerdo que ser breve y conciso suele ser una manera acertada (en muchas ocasiones) de hacer cierres, para recordar, sonreír, recapitular y comenzar el año que viene enfocada y llena de agradecimiento. Así que he decidido contarles mi año en una palabra. Mejor dicho en 12 palabras, una por cada mes del año, una palabra que trate de recopilar lo vivido, lo aprendido, pero principalmente lo sentido durante cada mes. Porque para mi este fue un año de sentir, de sentir más que cualquier otra cosa. Un año para detenerme más, para observar, pensar y sentir. 

Con este preámbulo, estas son mis 12 palabras  (e imágenes) del 2015:

Enero - Esperanza

Febrero - Esfuerzo

Marzo - Nostalgia

Abril - Magia

Mayo - Orgullo

Junio - Frustración

Julio - Agradecimiento

Agosto - Movimiento

Septiembre - Incertidumbre

Octubre - Apertura

Noviembre - Disfrute

Diciembre - Entrega

¿Cuáles son tus 12 palabras del 2015? 

PD: Feliz año a todos y gracias por seguir acá pendientes de "La mamá de Sara". Nos vemos en enero con un regalito que seguro les va a encantar y que les va a durar 6 meses. 

27 noviembre 2015

Todo llega


Vivimos en un mundo cortoplacista donde las cosas tienen que ser ya y ahora. Y, gracias a esa cultura de la inmediatez, muchas veces pensamos que todo vale con tal de conseguir nuestros objetivos. No queremos pagar el precio, no queremos ninguna espera. Se nos olvida que si trabajamos con amor y disciplina en lo que queremos, tarde o temprano, todo llega.


Yo lo he vivido en muchos sentidos. Soy impaciente por naturaleza y hace unos años, recién parida, me montaba en la báscula, veía mis 16 kilos de más y pensaba: “voy a hacer la dieta más estricta del mundo porque en 3 meses tengo que entrar en mis jeans talla 8 otra vez”. Estaba obsesionada con adelgazar. Pensaba que si comía 1.000 calorías y hacia 2 horas de ejercicio al día, todos los días, sería, en uno o dos meses, una esbelta mamá de revista.


Me da risa ahora, pero en ese momento estaba convencida. Tanto lo estaba que intente todas esas fórmulas extremas, sin ningún éxito, por supuesto. Se me olvidaba que esos 16 kilos los acumule durante 12 meses, que engordar es más fácil que adelgazar, que ya no tengo 15, que estaba amamantando, que las dietas exageradas no son lo más recomendable. En fin, el tema era mucho más complejo y con montones de variables.  Por fortuna, al poco tiempo recapacité y me relajé.


Entonces decidí comenzar a vivir para mi maternidad con mi nueva figura, y no para ser flaca otra vez. Me enfoque en lo que me hacía feliz, en mi hija, en mi familia, en mi blog, en mi nueva vida. Claro, sin dejar de trabajar en mi objetivo pero sin desesperarme, comiendo mejor, yendo al gimnasio una hora larga, cada vez que podía. Y solo cuando me tranquilice y me enfoque en lo realmente importante, poco a poco los kilos de más comenzaron a desaparecer.


Esta mañana mientras me vestía y pensaba: “¿en qué momento adelgace?”, entendí que si hacemos las cosas como corresponde, todo llega: la talla de tu pantalón, el hombre que esperas, el hijo que deseas, el trabajo que añoras, el tiempo que anhelas, la vida que sueñas. Todo llega si nos enfocamos, sin ansiedad, y trabajamos un poco todo los días por ello.


Hoy, me acuerdo de esos primeros meses, llena de frustración porque no bajaba ni una libra, desesperada porque nada me quedaba y veo, claramente, lo equivocada que estaba pensando que, en ese momento de mi vida, iba a encontrar la felicidad en la talla de mi pantalón y no en el tamaño de mi corazón, en todo lo que mi mente y mi alma necesitaban recibir y entregar.


Me miro a mi misma, y a pesar de esta pequeña victoria siento que tengo mucho aún que trabajar al respecto. Miro a mi alrededor y veo un montón de mujeres igual que yo, dejando de vivir su vida por cuestiones similares, porque quieren resultados ya y ahora sin pagar el precio, sin hacer el trabajo, sin en enfocarse en lo importante, pensando que parte de la felicidad está en llenar las expectativas físicas e intelectuales que los demás tienen de nosotras.

Por eso necesito recordar, permanentemente, que el control de mi vida lo tengo yo y que la solución de aquello que no me gusta (mi peso, mi casa, mi trabajo, mi vida) está en mis manos, y que si le dedico el tiempo, la constancia y el esfuerzo requerido, las cosas cambian y todo, absolutamente todo lo que queremos, llega.


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