15 mayo 2013

La hora del llanto

En eso se ha convertido la hora de ir a la cama, en la hora del llanto. Y no saben como lo detesto y como me entristece. Lo cierto es que la hora de dormir nunca había sido un problema. Generalmente ella estaba tan cansada que bastaba con un poco de teta y arrunche para que cayera profunda, a una hora bastante razonable. 

Ahora las cosas son a otro precio. El reloj marca las 8:00 p.m. y parece que le inyectaran una cárpula completa de adrenalina. De repente quiere brincar, cantar, jugar, conversar, saltar, correr, hacer esto y aquello, menos dormir. Yo trato de entenderla, de ser comprensiva y entonces, jugamos un rato, negociamos, leemos un cuento, hablamos. Trato de que pasemos un rato juntas, mientras intento bajarle las revoluciones y relajarla. Pero no. Aún después de todo mi esfuerzo, Sara no quiere acostarse a dormir. Para este momento, yo ya no doy más. Después de 14 horas de vigilia y de jornadas maratónicas, mi paciencia es prácticamente inexistente. 

Entonces, una vez más, intento entrar en un estado "zen": busco los resquicios de empatía que me quedan, hablo con cariño, explico que ya jugamos, que ahora es momento de ir a dormir. Y, la verdad nada funciona. Yo repito como lora, y ella no entiende y llora. Llora como si no hubiera fin. Llora con todas las fuerzas que tiene. Llora por que si, por que no y por que también. Llora y yo, en medio del cansancio, la frustración y la culpa, quisiera hacer coro y sentarme a llorar también. 

Sé que he sido afortunada por que sólo hasta ahora tenemos este tipo de "problemas". De hecho, conozco familias cuyos hijos han "peleado" con el sueño desde el día cero, y aún, 2 años después, siguen haciéndolo - mis respetos y honores para ellas -. Sin embargo y aunque me imagino que es un tema temporal (por que está creciendo, por algunos cambios de rutina o por que me extraña), estoy que tiro la toalla. 

La verdad es que lo último que deseo es que éste sea un momento desagradable, lleno de enojo y tensión. Me entristece que gran parte del tiempo que pasamos juntas al día se desperdicie y se convierta en una tortura para todos. Pero confieso que no sé que más hacer. Así que se me ocurrió contarles mi cuita y solicitar consejo. Si!!!! Necesito urgente de sus historias y sus consejos. Tengo toda mi esperanza puesta en ellos. Así que adelante, no se detengan. Estoy segura de que gracuas a ellos podré hacer algo muy pronto para que la hora de ir a dormir deje de ser mi momento más temido de todos los días.

Gracias de antemano!! Y acá estoy esperando.


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07 mayo 2013

Nombrando el mundo


Sara esta en expansión, al igual que su vocabulario y su curiosidad. Desde hace unos días su 2da frase favorita - ya sabemos cual es la 1era - es una pregunta: ¿y qué es eso, mamá? Puede decirla 1.000 veces al día, todas ellas con un tono diferente pero con una intención parecida: saber qué es "todo" o mejor, cuál es el nombre de todo aquello que se le cruza por el frente y no sabe como nombrar. 

Es oficial, estamos en la etapa de ponerle nombre a las cosas. Entonces se la pasa detrás de mi o de su papá o de Nelsy, llamando la atención con esta pregunta y señalando con el dedo todo lo que existe en la casa, en el carro, en su cuarto, en la calle, en cualquier espacio en el que se encuentre. 

Es divertido escucharla preguntar sin freno, con cara de curiosidad y expectativa. Y es aún mejor oírla repetir nuestras respuestas, casi de inmediato, sin duda y de manera perfecta, con cara de alegría, en modo "esponja" que graba de inmediato para nunca jamás olvidar. Es como si se hubiera cansado de hablar con palabras indeterminadas como "eso" o "aquello" para relacionarse con su entorno. Ella quiere conocer los nombres propios y exactos de las cosas que componen su mundo. A veces pregunta por algo, y yo, en mi descuido, le digo un nombre alterno de esa "cosa", un nombre que no es el que ella conoce, ni el que usamos de manera habitual. Ella ríe y no duda en corregirme, segura de que su mamá, esa señora grande, este tremendamente equivocada. 

Entonces para Sara el mundo comienza a ser un montón de términos especiales, complejos y específicos que la maravillan. Tal esa sea la palabra perfecta para definirla en este estado: Sara esta maravillada. Tal vez por eso no se cansa de preguntar ¿y qué es eso?, ¿y eso?, ¿y eso de allá?, para luego comenzar hablar como una pequeña adulta, para decir que quiere "cafecito", o que se muere por hacer "pompas de jabón", o que esta "muy ocupadísima" con su juego para atendernos. 

Y así, mi hija abre su mente y extiende sus horizontes, mientras nuestra vida y su vida transcurre entre risas, llantos, "no quieros" y  muchos, pero muchos ¿qué es eso? 


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