En eso se ha convertido la hora de ir a la cama, en la hora del llanto. Y no saben como lo detesto y como me entristece. Lo cierto es que la hora de dormir nunca había sido un problema. Generalmente ella estaba tan cansada que bastaba con un poco de teta y arrunche para que cayera profunda, a una hora bastante razonable.
Ahora las cosas son a otro precio. El reloj marca las 8:00 p.m. y parece que le inyectaran una cárpula completa de adrenalina. De repente quiere brincar, cantar, jugar, conversar, saltar, correr, hacer esto y aquello, menos dormir. Yo trato de entenderla, de ser comprensiva y entonces, jugamos un rato, negociamos, leemos un cuento, hablamos. Trato de que pasemos un rato juntas, mientras intento bajarle las revoluciones y relajarla. Pero no. Aún después de todo mi esfuerzo, Sara no quiere acostarse a dormir. Para este momento, yo ya no doy más. Después de 14 horas de vigilia y de jornadas maratónicas, mi paciencia es prácticamente inexistente.
Entonces, una vez más, intento entrar en un estado "zen": busco los resquicios de empatía que me quedan, hablo con cariño, explico que ya jugamos, que ahora es momento de ir a dormir. Y, la verdad nada funciona. Yo repito como lora, y ella no entiende y llora. Llora como si no hubiera fin. Llora con todas las fuerzas que tiene. Llora por que si, por que no y por que también. Llora y yo, en medio del cansancio, la frustración y la culpa, quisiera hacer coro y sentarme a llorar también.
Sé que he sido afortunada por que sólo hasta ahora tenemos este tipo de "problemas". De hecho, conozco familias cuyos hijos han "peleado" con el sueño desde el día cero, y aún, 2 años después, siguen haciéndolo - mis respetos y honores para ellas -. Sin embargo y aunque me imagino que es un tema temporal (por que está creciendo, por algunos cambios de rutina o por que me extraña), estoy que tiro la toalla.
La verdad es que lo último que deseo es que éste sea un momento desagradable, lleno de enojo y tensión. Me entristece que gran parte del tiempo que pasamos juntas al día se desperdicie y se convierta en una tortura para todos. Pero confieso que no sé que más hacer. Así que se me ocurrió contarles mi cuita y solicitar consejo. Si!!!! Necesito urgente de sus historias y sus consejos. Tengo toda mi esperanza puesta en ellos. Así que adelante, no se detengan. Estoy segura de que gracuas a ellos podré hacer algo muy pronto para que la hora de ir a dormir deje de ser mi momento más temido de todos los días.
Gracias de antemano!! Y acá estoy esperando.


