09 septiembre 2014

Mamá celosa


Soy una mamá celosa y eso es un hecho. Nunca lo hubiera pensado pero soy de esas que se la pasan todo el día anhelando ver a su pequeña, pensando ¿qué estará haciendo?, ¿cuál será su última ocurrencia?, ¿con qué estará lidiando?, y sintiendo una opresión inmensa en el corazón por todo lo que se está perdiendo. 

Soy una mamá celosa y esta emoción me toma por sorpresa y no la comprendo. Esta mañana cuando llegó el bus del colegio y ella grito emocionada : "la ruta, la ruta", me dio mucha felicidad pero también mucho miedo. Miedo a montarla en un vehículo escolar en esta ciudad, miedo a no estar, miedo a perdérmela, a perdernos, a no disfrutar a su lado cada uno de estos nuevos momentos que le corresponde vivir con otros y sin mí. 

Soy una mamá celosa y no es fácil serlo. Estaría mejor tomarme todo con tranquilidad. Después de todo tengo una hija tranquila, segura, que se siente como pez en el agua en su nuevo colegio, que quiere asistir hasta los fines de semana, que se despide con un beso, un abrazo y una sonrisa en la boca. Y, como resultado, yo me siento celosa, desplazada, poco importante, abandonada, vacía.

Soy una mamá celosa y, al mismo tiempo, soy una niña insegura buscando atención. No entiendo muy bien como ni por qué pero esta etapa me conecta con ese lado mío que sólo yo sé que está vivo y que existe. Ese lado que se despierta en los momentos menos esperados y que me hace re-conocerme y re-descubrirme de maneras insospechadas. 

Soy una mamá celosa y tendré que aprender de este momento. Supongo que estoy acostumbrada a ser el centro de la vida de mi hija, y la entrada al colegio me enfrenta a otra realidad: eso está cambiando y con el tiempo cambiará mucho más. Y me niego a creerlo. Y, de alguna manera inconsciente, no quiero soltarla, soltarme y dejar que todo tome su curso, que fluya. 

Soy una mamá celosa y eso es lo que siento hoy... y espero poder darle a este sentimiento un curso acertado muy pronto. 


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02 septiembre 2014

El colegio grande


Pasado mañana comenzamos una nueva aventura. Y digo "comenzamos" porque esta es una nueva etapa para todos. Sara entra al colegio grande y la mezcla de sentimientos, por lo menos para mí, es un poco abrumadora: estoy feliz pero también preocupada, y un poco ansiosa, llena expectativas, conmovida y, por supuesto, muy emocionada. Todo al mismo tiempo y con una tendencia a incrementarse vertiginosamente, a medida que se acerca el momento. 

No me considero una madre sobreprotectora. De hecho, soy bastante tranquila y hasta "fresca". Sin embargo, llegó el colegio grande y con el un montón de temores y preocupaciones. Repentinamente se ha despertado en mi una faceta de madre ansiosa que hasta ahora desconocía, con una avalancha de preguntas que me rondan permanentemente: ¿y si no le gusta?, ¿y si son muchos niños?, ¿y si odia la comida o a las profesoras o si no hace amigos?, ¿y la madrugada y el desayuno, y la ruta, y las nuevas profesoras?, ¿y si no se adapta porque no es el colegio para ella?.... en fin, son tantas cosas que no hay como acabar de enumerar. Supongo que en unos días las cosas comenzarán a marchar viento en popa y leeré este post y no entenderé por qué me sentía de esta manera. Pero hoy quisiera instalar cámaras secretas por todo el colegio para estar al tanto de todos sus movimientos, o pedir vacaciones por 3 meses y solicitar trabajo en el colegio por el mismo periodo para estar a su lado o, simplemente, tener el tiempo para llevarla todas las mañanas y recogerla todas las tardes, y dedicarme el resto del día a ella, a escuchar sus historias, a consentirla mientras miramos juntas por la ventana de la sala.  Soy un manojo de pura ansiedad y nostalgia.

Por su parte, Sara está radiante y tranquila. Muere por llevar lonchera y usar uniforme por primera vez. No ve la hora de comenzar a aprender italiano y sueña con los nuevos amigos que está por hacer. Para ella, pasar del jardín al colegio es la confirmación tangible de que realmente es una niña grande. Y lo está asumiendo con la alegría, la valentía y el arrojo que la caracteriza. Pregunta todos los días si ya es "el día". Y me habla de lo que se imagina que hará y aprenderá y compartirá. Está feliz y eso debería ser suficiente para que yo estuviera tranquila. Pero no. Mi mente está alerta y no puede parar. Así que prometo contarles cómo nos va el primer día y cómo avanza todo. Deséennos (o mejor deséenme) suerte con el colegio grande. 


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