31 mayo 2015

Reacción en cadena


Sara y yo vamos al parque juntas una tarde cualquiera. Ella, confiada, me asegura que puede pasar el pasamanos sin mi ayuda y de una sola vez. Yo, de inmediato, recuerdo que el pasamanos era mi tormento en el colegio. Que nunca, nunca, nunca pude pasarlo. Recuerdo el dolor en las manos, los brazos que no me daban más, la caída irremediable a la mitad, la vergüenza, el miedo.

Le pregunto a Sara: "Hija ¿estás segura?" y ella, parece leer con su mirada mis sentimientos, mi miedo, mi duda. Yo dudo y ella también duda. Y sólo segundos después, ya no parece tan resuelta y comienza a mirar el pasamanos como un desafío. Yo la afecto, mi experiencia de hace 25 años la afecta hoy. Y decide mejor jugar a otra cosa. Se baja del pasamanos. Ni siquiera lo intenta.

Yo quedo muda. Mi cabeza sólo se pregunta: ¿qué diablos pasó aquí?, ¿qué es esta trasferencia de sentimientos, de inseguridad, así, prácticamente de la nada?, ¿cómo de repente abandona su reto favorito en el parque con una actitud difícil de reconocer en ella?

Y pienso en la inseguridad y en su efecto contagioso que encadena temores, nervios, dolores, a través del tiempo y de la generaciones. Pienso en la confianza que necesitamos todos para atrevernos, para dar un pasó más, para arriesgarnos y seguir adelante. Pienso en cómo buscamos seguridad en las personas que queremos y admiramos; y en cómo a todos nos pasa muchas veces igual que a las dos en el parque cuando sentimos que los demás dudan de nosotros y nos niegan un merecido voto de confianza.

Pienso en la reacción en cadena de los sentimientos y en que nuestros hijos merecen que los contagiemos, principalmente de confianza, de seguridad, de ganas, de alegría, de energía, de arrojo, de poder, de humildad, de amor. El mundo y nuestros hijos no merecen menos.

Entonces, otra tarde cualquiera volvemos al parque. Y Sara, ante el pasamanos me mira y yo sólo sonrío. Sonrío tranquila, olvidándome de mi, de mis miedos, dejando que ella viva su experiencia sin tener nada que ver con la mía, confiando en que lo logrará y en qué si no lo logra, igual puede volver a intentarlo 1.000 veces más. Segura de que ella sabe lo que hace, que es fuerte, que tiene lo que se necesita. Que está en control de si misma. Me suelto y ella, sabia, me sonríe de vuelta y se lanza. Reacción en cadena. Maravillosa reacción en cadena de  libertad, confianza y amor.

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20 mayo 2015

Mucho tiempo


Mucho tiempo sin escribir. Mucho.
Los días pasan y me pregunto por qué las palabras se agolpan en mi cabeza y se atoran justo en la punta de mis dedos.
Ser todo lo que somos, se vuelve una tarea compleja.
Ser todo lo que queremos ser, es arduo y exigente.
Y en medio, el tiempo pasa.
Y, casi sin darme cuenta, mi hija está a punto de cumplir 5 y de terminar su primer año de colegio.
Fui tía por segunda vez.
Compramos apartamento. Y hace poco, algunos muebles nuevos.
Nos fuimos de vacaciones, pasamos felices y volvimos.
Entendí Scrum y ya casi soy Scrum Master.
Di una conferencia en mi alma máter.
Publiqué varias docenas de fotos en redes sociales.
Deje la práctica de yoga (sólo un mes) y la retomé, con más entusiasmo que antes.
Me pinté el pelo no una, ni dos, sino varias veces.
Me enganché con Bloodline y la terminé en tiempo récord.
Vi con Sara todas las películas infantiles de la cartelera de cine.
Aprendí a dibujar a Bob Esponja y a su parranda de amigos submarinos.
Tuve tardes enteras de conversaciones, juegos y baile con mi hija.
También varias noches de llanto y muchos despertares llenos de risas.
Hicimos galletas y también cocinamos salmón al horno para las dos.
Extrañé a mi abuela casi a diario. Y la lloré varias, muchas veces.
Descubrí que tengo que cuidar más la intensión detrás de mis palabras.
Y que el sol de mi tierra, me hace casi tanta falta como estar cerca de mi gente, de mis hermanos y de mis padres.
Trabaje en licitaciones, campañas, estrategias y sufrí... pero también me divertí un montón.
Me di cuenta que estaba dejando de sonreír. Y traté de sonreír aún sin motivos.
Quemé un montón de calorías en el gimnasio y mejoré, por mucho, mi tiempo en los 10k.
Intenté comer menos, sin sal y sin azúcar... y fracasé.
Aprendí, aprendí un montón de cosas.
Intenté amarme más, amar más, amar mi ahora. Y sigo en el intento.
Pero, tal vez lo que más hice fue añorar escribir.
Escribir como antes, como si no hubiera fin, sin importar el cansancio, la felicidad o la tristeza. Escribir y escribir sin excusas.
Porque este espacio también soy yo.
Porque escribir y poner mi alma aquí para mi, para mi hija y para ustedes me define.
Por eso hoy escogí volver, sin importar que estoy muerta de sueño, que aún debo leer un par de briefs, que no está listo el uniforme y la lonchera, o que mañana me levanto a las 4:00 de la mañana.
Escogí dejar de añorar, escribir y no rendirme.
Porque me gusta, porque soy yo y porque, simplemente, no quiero que vuelva a pasar mucho tiempo.

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