31 enero 2011

Recuerdo

Ya pasaron 6 meses desde esa madrugada de sábado en la que nació Sara. Es imposible para mí no acordarme de cada instante de aquel día. Recuerdo muchos detalles y cosas insignificantes. Recuerdo la felicidad y la emoción, el desconcierto y el temor. Recuerdo que hubo mil visitas y que el día me pareció memorablemente largo. Recuerdo la cara de felicidad de todos al verla, pero sobretodo la cara orgullosa de mi esposo y el rostro lleno de amor de mi mamá. Recuerdo sus inmensos ojos almendrados (que casi no abría) y su nariz aplastada por el trabajo de parto. Recuerdo que lloró como un niña consentida y que lo primero que hizo al nacer, fue chuparse los dedos de las manos desesperadamente. Recuerdo cuando tomó mi seno por primera vez, para no desprenderse por mucho, mucho tiempo. Recuerdo que, como ahora, tuve ganas de llorar de felicidad y también un sentimiento de vulnerabilidad y fragilidad imposible de describir. Recuerdo que comencé a encontrarle sentido a muchas cosas y que, al mismo tiempo, mi vida - la que hasta ese momento conocía como mi vida- perdía cualquier tipo de sentido. Recuerdo cuando salimos del hospital, en medio de un aguacero torrencial, llegamos a casa, solos los tres, y nos dedicamos a contemplarla en silencio.

Hoy, 6 meses después aún me parece increible que esta niña de ojos pardos y sonrisa esplendorosa haya llegado a este mundo, de manera milagrosa, a través de mi.

Hoy recuerdo que hace 6 meses deje de ser Zarina para ser la mamá de Sara.
Recién nacida, aún en el hospital.
6 meses después

25 enero 2011

10 cosas que he aprendido de mi hija.

"10 cosas que he aprendido de mi hijo es un carnaval de blogs cuyo propósito es hacernos reflexionar, compartir, reír, emocionarnos y facilitarnos una mirada en retrospectiva acerca de cuánto hemos aprendido desde que emprendimos el camino de la maternidad."

10 cosas que he aprendido de mi hijo

Desde que nació mi pequeña (que cumple 6 meses en una semana) he aprendido mil cosas de ella y de ser mamá. Sin embargo, en aras de cumplir con el propósito de este carnaval de blogs, aquí van las 10 cosas más importantes que he aprendido de Sara:

He aprendido a
1. Despertarme con una profunda y esplendida sonrisa, TODOS los días.
2. Gritar de felicidad.
3. Que todo lo material esta en segundo plano.
4. Comer con una sola mano.
5. Poner el 100% de atención en lo que hago, pero también, a hacer mil cosas a la vez.
6. Actuar siempre por convicción.
7. Hacer siestas a cualquier hora del día.
8. Consolar a todo aquel que llora, sin importar la edad.
9. Que el día puede tener más de 24 horas, y que 5 minutos pueden ser un milenio.
10. Regalarle sonrisas a todo el que se me cruza por el frente, sin importar quien sea.

Y tú, ¿qué has aprendido de tu bebé?





21 enero 2011

Y se acabaron las vacaciones


Hoy regresamos a Bogotá. Tengo que reconocer que, como dicen acá en Colombia, tengo mucho guayabo. Estar un mes en la casa donde crecí con mi bebé fue una experiencia reparadora y gratificante. Disfrute mucho de mis papás y ellos de su nieta. Sara se porto súper. Definitivamente lleva el calor en los genes. Todos nuestros amigos y familiares se portaron de maravilla con nosotros. Nos vamos con el corazón grande, lleno de felicidad (y con 5 kilos de más que pesan todos los regalos que recibió la princesa). 

Estoy segura que Sara va a extrañar los paseos por el muelle, la visita a los amigos, los besos y abrazos de los abuelos, los cariños de la bisabuelita, la recocha con los tíos, los halagos de conocidos y desconocidos, las siestas en la hamaca del patio, los baños diarios en la piscina inflable, la libertad del clima caribe, el mar... Confieso que yo ya estoy extrañando más que todo eso. 

Llegamos a casa con una Sara irreconocible: más viva, tremendamente despierta, que se sienta, se voltea, que ya casi gatea y balbucea "mamá"; que hoy, mientras la bañábamos, se apoyo en el borde de la ponchera y se paro ella solita.  Me siento feliz y bendecida. Sin duda, estas han sido unas de las mejores vacaciones que he disfrutado en mi vida.

19 enero 2011

Mucho por aprender

"Nacemos para amar. Y para ser amados. El amor no es un capricho ni un lujo. Por el contrario es algo central para la supervivencia de nuestra especie. La naturaleza ha previsto que las madres se enamoren de sus bebés desde el nacimiento y que sea este amor el que modele el crecimiento de la criatura."*


No hay duda, la mayoría de nosotros fuimos criados en la cultura del desapego. A nuestras mamás y papás les metieron en la cabeza que sus bebés lo único que necesitaban de ellos era leche de tarro y una cuna en el cuarto de al lado, llena de juguetes pero sin cercanía, ni apego. Los convencieron de que si nos llenaban de mimos, de cariño, de besos y abrazos, durmiendo en la misma cama con ellos, recibiendo teta a demanda, estarían criando a unos pequeños tiranos. Nuestras madres, muy a pesar de sus propios sentimientos e instintos, nos dejaron llorar en la cuna para dormir la noche entera y nos dieron leche artificial, para "alimentarnos más y mejor". Reprimir el afecto, era lo último para tener "buenos niños". Nadie nunca les dijo que lo único que necesitaban hacer por nosotros era llenarnos de amor, sumergirse en la maternidad apoyadas en su tribu natural, permitiendo que su naturaleza materna trabajara como lo había hecho por cientos de años. 

Tantos años de crianza sin apego nos ha hecho olvidar qué significa criar a un bebé con amor. No pongo en duda que nuestros padres efectivamente nos amen y hayan tratado de hacer lo más conveniente para nosotros. Pero estuvieron mal orientados. Y aunque somos personas de bien (la mayoría), podemos ver las fracturas emocionales que esa crianza causo en nosotros, todos los días, cuando intentamos hacerlo con nuestros propios hijos. Criar desde el respeto, con amor, con paciencia, sin someter, nos cuesta trabajo y esfuerzo adicional. No es algo que salga naturalmente. No estamos acostumbrados. Cuando el niño llora, o simplemente es "él" nuestra reacción natural no es de comprensión. Nos queda mucho por aprender (o más bien re-aprender). Tenemos mucho camino que recorrer. Afortunadamente, somos muchos los que ya estamos en marcha y nos esforzamos día a día para dar un paso hacia adelante.


*La ciencia de las madres, por Ibone Olza. Ibone Olza, 2010. Psiquiatra infanto-juvenil y perinatal, profesora en la Universidad Autónoma de Madrid, investigadora y escritora. Artículo Publicado en: Maternidad, ciudadanía y cuidadanía. Ed. Maria Jesús Blázquez García. Prensas Universitarias de Zaragoza. 2010

10 enero 2011

Buscando una tribu

Todo este cuento de la crianza y maternidad con apego llego a mí después de que nació Sara. Siempre tuve claro que quería ser una mamá real para mis hijos, es decir, la persona que los acompañe, los atienda, los consuele, los sostenga, la mayor parte del tiempo. De hecho ahorre mucho para que el tema económico no fuera un impedimento para dedicarme a ellos 100%. Sin embargo, (como a todas, creo) los sentimientos de ser mamá por 1era vez me tomaron por sorpresa. Me prepare para todo, menos para la avalancha de emociones. De hecho, no sabía que eso me sucedería y que, de alguna manera, podría haberme preparado.

Entonces, un día, más o menos, un mes después de que Sara naciera, en medio de mil sentimientos desconocidos, preguntas e incertidumbres sobre lo que me pasaba y estaba haciendo, me tropecé con un artículo que describía claramente el estado del alma que estaba viviendo, que me invitaba a hacerle caso a mis instintos, que me decía que "la maternidad es un periodo de crisis, de cuestionamientos profundos, de dolor mezclado con alegría, pero, esencialmente, es un enfrentamiento con los lugares femeninos más arcaicos y desconocidos"*. Tropezarme con las palabras de Laura Gutman dibujo una sonrisa de identificación en mi rostro. Ese montón de energía femenina desorganizada que me abrumaba, tenía un orden y un sentido. Comencé a leer como loca todo lo que me encontraba en la red al respecto. Solo me preguntaba, "¿por qué no lo vi antes?, y buscaba un artículo más, un blog más, un contacto en twitter de otra mamá que hablara del tema y compartiera su experiencia conmigo...sin saberlo, buscaba una tribu.

Y es que "dicen que para criar a un bebé hace falta toda una tribu, y eso tiene mucho de cierto". Toda mamá necesita un círculo cercano de soportes que le den una mano con su bebé y con todo el devenir de lo que significa se madre. Un círculo natural en la época de mi abuelita (compuesto de tías, primas, hermanas, abuelas y amigas), pero que mi generación no conoce -porque prácticamente no existe- ni sospecha que necesita.

Al momento de nacer Sara, no tenía una tribu. Hoy puedo decir que, virtual y presencialmente, ya se compone de varios miembros. La lista no es muy larga (y espero siga creciendo) y la encabeza mi esposo que orgulloso la duerme, la consiente y la carga, para que yo me bañe, almuerce o simplemente descanse. Luego esta Nelsy, mi empleada, que se queda con Sara a diario para que yo pueda ir al gimnasio, mientras ella le canta amorosa mil canciones de cuna. El 3er puesto lo ocupa mi mamá, que aún viviendo a más de 1.000 km de distancia nos visita casi todos los meses y le parece el mejor plan quedarse complacida una noche con la bebé, si queremos salir a comer o tenemos un compromiso importante. La sigue muy de cerca María del Rosario, mi cuñada, que se desvive por Sara como nadie y que, gustosa, me acompaña tardes enteras a lidiarla en forma, en su casa o en la mia. Luego sigue mi tribu virtual (la de twitter y la de facebook). Todos los que sigo y me siguen, que me leen y leo, que me conversan y comentan, que me preguntan y a quienes acudo en busca de respuestas. Todos me nutren emocionalmente a diario, apoyandome desde donde están, diciéndome lo que necesito oir en el momento preciso, y confiándome sus propias historias de amor y crianza.

Ahora esta es mi tribu, y me siento absolutamente afortunada de contar con ella. ;)


05 enero 2011

Y Sara conoció el mar...

Llevamos ya varios días de vacaciones pero, como sigue lloviendo a cántaros hasta en esta zona que es desértica, el plan de playa no se había podido concretar. Finalmente hace dos días lo logramos!!! Haciéndole caso al pediatra nos levantamos muy temprano para aprovechar el sol antes de 9:00 a.m., nos alistamos a mil y salimos.

Cuando llegamos a la playa, Sara estaba maravillada. Observaba la inmensidad del mar y luego nos miraba sorprendida como preguntándonos: ¿y esto de qué se trata?. No hacia ningún sonido. Detallaba cada cosa llena de curiosidad. La sentamos en la orilla y dejamos que el agua salada mojara poco a poco sus piececitos. Luego la metimos un poco más allá de donde rompen la olas. Se agarraba con fuerza de nosotros pero nunca tuvo miedo, ni lloro. El agua estaba helada pero no le importo. Le encantó la arena entre los dedos y poso para todos en su colorido vestido de baño.

Este ha sido la mejor visita a la playa que hemos tenido en la vida ;) ...


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