26 diciembre 2011

Modo Vacaciones

Estamos a punto de salir para el aeropuerto. Nos esperan 30 días de paseo, mucha comida y un montón de tiempo con la familia y algunos amigos. Para mi, cada viaje es un ritual que disfruto desde que comienzo a preparar maleta hasta el día que regreso a casa exhausta, deseando mi espacio y mi cama. 

Tengo mucha curiosidad por saber ( o más bien vivir) como nos va en tierra caliente con Sara. Ahora que está mucho más grandecita, que camina y balbucea como loca todo el santo día, las cosas serán muy diferentes a las vacaciones pasadas, cuando sólo tenia 5 meses. Sé que lo va a disfrutar mucho. Lleva el calor y el caribe en la sangre, de eso no hay duda.

Muero por ver a mi mamá, mi papá y a mi hermano.. Y por sentir la brisa del nordeste golpeado de frente mi rostro. Muero por estar en mi casa, es decir, la casa donde crecí y pasé la adolescencia, la casa de mis papás. Por abrazar a mi abuela y por que me bendiga en la víspera de año nuevo. Quiero tomar jugo de corozo y comer arepita de chichiguare. Y disfrutar una tarde con los amigos, mientras nuestros hijos corren y se divierten en la terraza.

Es un hecho, comenzaron las vacaciones! Así que por acá espero mantenerlos al tanto de cómo avanzan los días, de cómo nos recibe el calor y la brisa caribe, y de lo bien que la estaremos pasando. Espero que me entiendan si me desaparezco totalmente durante algunos días. Seguro estaré muy ocupada disfrutando de las vacaciones.

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25 diciembre 2011

3 x 3

Mi querida Oli de Azul Celeste se ha inventado un 3 x 3... ¿y eso qué es?

Como ella misma lo dice es un juego para:
  1. Contestar
  2. Agregar
  3. Repartir
Van 3 preguntas de 3, tienes que inventar otras 3 y pasarlo a 3 más ¿Juegas?
Si, Oli, claro que juego!!! Acá van mis respuestas:
1. Tres cosas que agradeces el día de hoy
  • Ver a Sara durmiendo placidamente en mi regazo
  • Tener techo y comida deliciosa para compartir en familia
  • Poder disfrutar del verdadero amor ( con sus claros y sus oscuros)

2. Tres cosas que más te gusten de tu físico y porqué
  • Mis ojos... es lo que me encanta de mi cara
  • Mi pelo... no sé que sería de mi pelo
  • Mis piernas...todo el mundo me las alba...
3. Tres cualidades de tu persona que más destacas
  • Sincera
  • Transparente
  • Organizada

4. Los postres que más disfrutan
  • Helado de cheesecake
  • Torta de chocolate con vainilla
  • Pecan Pie

5. Lugares que más gustaría visitar
  • San Francisco
  • La Provenza en Francia
  • Ciudad del Cabo, Suráfrica

6. Canciones que nos alegra
Mis 3 preguntas adicionales son: 
  • Principales sueños
  • Libros preferidos
  • Actividades preferidas para hacer un domingo por la tarde
Invito a jugar a:
Niñas, a jugar!!! Un abrazo!!!


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22 diciembre 2011

La carta a #PapáConcilia


Querido y apreciado #PapáConcilia:

La verdad es que no sé por donde empezar. Lo cierto es que pedir, nunca ha sido mi fuerte. No sé porque pero desde niña siempre me ha hecho más feliz dar. Sin embargo, hay momentos (este es uno de esos) en que es necesario reconocer que se necesita ayuda súper poderosa y sobrenatural como la tuya. Por eso, me he decidido a escribirte. En 1er lugar, las mamás y los papás de este mundo necesitamos que nos ayudes a ser papás. Muchos sabemos como hacerlo. Nos sale naturalmente escuchando nuestro instinto. Simplemente, la inmensa mayoría, no tiene cuando. En medio de esta agitada vida moderna, sencillamente no hay tiempo para maternar, educar, disfrutar y ver crecer a nuestros pequeños. Por eso, mi primera petición es que nos permitas a todos, encontrar la manera perfecta para tener un trabajo que nos guste, que tenga una remuneración digna y que nos permita pasar tiempo suficiente con nuestros hijos, todos los días. Además, sería ideal que nos permitas gozar de jefes y de entornos laborales más flexibles y abiertos, que podamos trabajar en casa o llevar nuestros hijos al trabajo, que existan más posibilidades de trabajos virtuales, que se valore más la calidad y resultados de lo que hacemos, que el tiempo obligatorio de oficina.

Mi segunda solicitud es para que nos regales un poco ( o más bien mucha) de tolerancia, comprensiónconsciencia. Sobretodo para que los demás, el resto de la humanidad que no es padre, entiendan la importancia de los niños y sus necesidades de cariño y presencia materna/paterna. Es importante que la sociedad interiorice que es primordial que los bebés y los niños sean criados directamente por sus padres, con leche materna, con mirada, con espacios de fusión y compenetración, con muchos mimos, besos y brazos. Además es inmensamente necesario que nos regales tribu. Si, tribu física y virtual para mi y todas las madres del mundo, para que podamos compartir y fortalecernos. Para que la sabiduría de la maternidad vuelva a pasar de unas a otras, para llenarnos de confianza, para volvernos aún más poderosas y fuertes.

Bueno, y para terminar y no abusar demasiado de tu generosidad, mi última solicitud es que nos llenes de  mucha sabiduría y capacidad de amar. Y digo capacidad de amar porque en el fondo de nuestro corazón todos sentimos amor, pero por diversas razones, nos cuesta un montón expresarlo, manifestarlo y demostrarlos a diario, en las cosas más pequeñas y simples, sin sucumbir ante el mal genio y el hastío de la rutina.

Bueno eso es todo. Quiero que tengas en cuenta (esto es muy, pero muy importante) que ésta es mi 1era carta para ti. Si, aunque no lo creas, es la 1era. Revisa en tus archivos si quieres, pero es cierto. Yo, a mis 32 años, nunca te había escrito una carta, ni como Papá Noel o Niño Dios y mucho menos como #PapáConcilia. Las razones, no vienen al caso en este momento. Pero, simplemente lo menciono porque quiero hacer uso (sin posibilidad de réplica) de mi derecho a los deseos y regalos, no pedidos y acumulados, durante todos estos años. No te pido demasiadas cosas, no me gusta abusar. Es sólo que sé que lo que te estoy solicitando necesita de un esfuercito adicional. Si, si, si ...ya sé que recibes muchas peticiones todo el tiempo, pero como yo NUNCA te he pedido nada, quisiera, sino es un atrevimiento, que hagas una excepción y pongas en tus prioridades mis humildes, pero indispensables, peticiones.

Me despido con el corazón lleno de fe y esperanza en que nos concederás, muy pronto, todos nuestros deseos.

Yo pido a #PapaConcilia es un carnaval de blogs iniciado por Conciliación Real Ya(CRYA) cuyo fin es recoger vuestros deseos de conciliación. Decidnos, qué pedís a #PapaConcilia?

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19 diciembre 2011

Viejos Conocidos

No sé que me pasa con esta época del año que la sensibilidad y la "bobada" llorona se me alborota. No se que se remueve dentro de mi, que el nudo en la garganta y la dificultad de respirar se disparan igual cuando escucho "All I want for Christmas is you", que cuando suena en la tv la canción de navidad de Dora La Exploradora. Esta mañana, mientras tendía la cama, pensaba y me preguntaba, qué será lo que estás fechas revive en mi inconsciente que me pongo tan sensible y me siento tan vulnerable. Todos los años es lo mismo. Llega diciembre y, casi de inmediato, me enfrento a una avalancha de nostalgia, acompañada de una tristeza extraña y abrumadora pero perfectamente conocida.

Luces de navidadLa navidad y el año nuevo siempre fueron fechas extrañas para mi. Mi mamá, que no es católica ni cristiana tradicional, nunca celebró estas festividades. Es decir, en mi casa nunco hubo árbol, ni pesebre, ni adornos de papa Noel. Mis hermanos y yo, nunca escribimos cartas al niños Dios, ni recibimos regalos al amanecer del 25 de diciembre. Sin embargo, conocimos y vivimos de cerca el espíritu de la navidad por que apenas salíamos de vacaciones, viajábamos casi al instante a visitar a mi abuela y a mis primos, y allá, el 24 y el 31 de diciembre, siempre se han festejado en grande. Así fue como cantamos villancicos y rezamos novenas, haciendo coreografías como show central de cada celebración, dando el feliz año en medio de pitos y fanfarrias. La pasábamos felices, pero para mi, siempre se sintió extraño. Es decir, era como si me faltara algo o le temiera a algo. Como si tantos momentos de felicidad y euforia fueran un presagio de que la decepción y la tristeza nos estaban esperando a la vuelta de la esquina. O como si, de repente, esos momentos tan esperados, revivieran dentro de mi un sentimiento de perdida vivido cuando era más niña, tal vez cuando era bebé. Y así, con un montón de sensaciones contradictorias que aún me cuesta enunciar, lloraba desconsolada cada 31 de diciembre mientras mi abuela me besaba y me bendecía, llena de felicidad pero también de una inmensa sensación de desamparo. Era como un transe que no podía controlar ni evitar, por mucho que me esforzará. Como un tipo de exorcismo personal e íntimo, que se repetía año tras año. Como si me enfrentara a una suerte de demonios internos que me recordaban un miedo inmenso a perder a los que más quiero.

Con el pasar de los años y el recorrer del tiempo, aprendí a controlarme mucho mejor. Ahora, puedo contener las lagrimas que sin motivo aparente quieren brotar desesperadamente, apenas suenan los pitos y comienzan a repartirse los besos y los abrazos. Sin embargo, aunque las lagrimas se escondan, los sentimientos y la nostalgia aún revolotean en mi alma y en mi corazón. Y, ahora, después de mucho tiempo, tal vez por la luz y la sabiduría que me ha dado la maternidad, intento enfrentarme a estos "viejos conocidos" de otra manera. Creo sentirme capaz de entenderlos y de mirarlos de frente. Los reconozco, y quiero escudriñarlos para tratar de resolver ese sinsabor interno que me angustia y que me llena de lagrimas. Por eso, para mi, estos días más que de fiesta serán de reflexión, de búsqueda. De pensarme mucho, de intentar recordar dónde y cómo algo se rompió dentro de mi hace mucho, y de buscar la goma y la técnica perfecta de unir las piezas, con un nuevo y mejor sentido, para que quizás el próximo año, ya no duela. O por lo menos, duela mucho menos.


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16 diciembre 2011

Un poquito de mi alma

Para despedir esta semana, Sandra de ¡Anda si es mamá! me pasa este premio súper personal "Déjame ver tu alma". Y como es costumbre para dejar ver mi alma debo contestar unas cuantas preguntas.
  • ¿Cómo te definirías a tí misma? Como una persona llena de ganas de vivir y disfrutar de su vida al máximo. Mamá y mujer, 1ero que cualquier cosa. Con mente abierta y con muchos deseos de conectarme con mis sueños y pasiones para encontrar la manera de vivir de hacer lo que me gusta. 
  • ¿Qué es para tí la amistad? Es la que te da la posibilidad de escoger la mejor familia que podrías tener.
  • ¿Crees en el amor vía internet? si crees, ¿te ha sucedido alguna vez enamorarte de alguien por este medio? No, para nada. No para mi, por lo menos. Aunque conozco casos de parejas muy felices y exitosas.
  • ¿Día o noche? Día, sin duda... aunque la noche también tiene su encantó
  • ¿Qué va antes, el amor o el sexo? Siempre el amor... no me imagino el sexo sin amor.
  • ¿Café con o sin leche? Ni café, ni leche.
  • Qué elegirías entre dos cosas, ¿recibir un beso de alguien enamorado de ti pero a quien tú no correspondes o besar a alguien a quien quieres pero que no te corresponda? Ninguna de las dos... he vivido las dos situaciones y ambas son fatales. Nada como ser correspondido.
  • ¿Qué odias y qué te atrae de una persona? Odio que no me escuchen y que no se tomen el tiempo para sentir empatía y ponerse en mis zapatos. Los detalles simples de todos los días, junto con la inteligencia y la capacidad de sostener una conversación realmente interesante.
  • ¿Crees en el amor a primera vista? No, esos solo pasa en los cuentos de hadas.
Y ahora, el turno es para ustedes:

Angela de Logos y filias
LadyVaga de Dolce Far Niente
Eli de Mommy 24/7

Felicitaciones y ahora dejemos ver un poquito de su alma.


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14 diciembre 2011

Madres ideales vs madres reales

Desde que me convertí en madre he vivido en carne propia la presión de las expectativas, irreales y altamente exigentes, que el resto del mundo deposita en nosotras como madres. Ese es un plus con el que comienzas a lidiar desde el 1er día y del cual, no se porque, nadie nunca te advierte. Es irónico porque aunque se nos apoya y sustenta poco, se espera de nosotras, prácticamente, la perfección. El peso de la imagen de una madre ideal, que existe únicamente en el inconsciente colectivo occidental y en los cuentos de hadas, parece aplastarnos sin remedio. Casi todos, a nuestro alrededor, esperan que seamos capaces de cumplir con una lista de estándares bastante alta (por no decir imposible). Se da por hecho que somos una especie de súper seres todopoderosos, madres in-creíbles de esas que nunca pierden la paciencia, que nunca se cansan, que pueden con todo (casa, hijos, marido y jefe incluido), que lo saben todo. De esas que no tienen dudas y que siempre están impecables, de pies a cabeza. Que tienen bajo control todos los asuntos, que no se asustan con nada. Que además de cocinar saben hacer mil y una manualidad. Expertas en todo: matemáticas, biología, plomería, decoración y medicina. Dominando a la perfección el arte de ser controladas, pero siendo a la vez alegres y espontáneas. 

En contraste, todas, sin excepción, somos madres reales, lo que quiere decir, bastante alejadas de esa idea de un espécimen sin tacha, ni errores. Nacemos madres imperfectas, luchando contra nuestra propias carencias y contra lo que piensan de nosotras los demás. La mayoría del tiempo estamos dispuestas pero agotadas; cultivando, con mucho esfuerzo, el arte de la tranquilidad y la paciencia; agobiadas por la falta de tiempo; intentando llegar a todo, sin lograrlo realmente; preocupadas por no saber casi nada, pero sin tiempo para aprender todo lo que se espera; sin saber a ciencia cierta como compaginar el trabajo con el hogar; llenas de dudas, inseguridades y soledades; muy poco arregladas (la mayoría del tiempo); confrontadas con nuestros deseos y sentimientos de madre, en medio de una realidad que nos valora poco y, cada día, nos hace más difíciles las cosas. Que no nos permite ser la clase de mamá que queremos, esa que no está al tanto de ciertos requerimientos y formatos, porque es más importante el orden social establecido que el bienestar de la diada madre e hijo. Somos madres reales, imperfectamente reales, llenas de amor y también de errores, con necesidades de ser soportadas y apoyadas muchas más veces de las que se piensa, con muchas certezas pero también llenas de muchas inseguridades. Somos complejas, somos mujeres. Somos, simple y sencillamente, como cualquier otro ser humano.

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09 diciembre 2011

Criar y ser mamá

Ser mamá es un rol que siempre nos toma desprevenidas. Nada nos prepara para el terremoto emocional que significa verse de un día para otro, de frente, con este pequeño ser que depende enteramente de nuestra capacidad de amar y maternar. Mucho más en estos tiempos modernos donde, la mayoría, no solo estamos solas, sin tribu que nos soporte y ayude, sino que también nos encontramos totalmente desconectadas de nuestro instinto de mujer-madre, que existe, pero que se encuentra relegado a los rincones más escondidos de nuestra consciencia. Solo cuando tenemos a ese diminuto ser entre brazos comprendemos que una cosa es querer ser mamá y otra muy distinta serlo. 

Entonces comienza un proceso que tiene varios caminos. El deseable, el de poder re-conectarnos con nosotras mismas a través de nuestro recién nacido para poder suplir con verdadera entrega y amor sus necesidades emocionales y físicas, es un camino que requiere de mucha valentía y capacidad de introspección. No todas somos capaces de recorrerlo. Duele reconocer que nuestro deseo de traer un niño  al mundo y el amor sin proporción que sentimos por él, no sea garantía de que seremos capaces de afrontar la maternidad de manera natural y placentera. Por eso, muchas prefieren, después del nacimiento, seguir ocultando esos demonios que atormentan y duelen, manteniendo su vida actual lo más parecido posible a lo que era su vida sin un bebé. Entonces, ese bebé se ve forzado a adaptarse a la vida que ya tenía su madre, sin posibilidades de recibir lo que más necesita: tiempo, brazos, leche materna, presencia y contención sin medida. No las culpo, es complicado ir contra corriente. Más aun cuando para la sociedad en la que vivimos, esta crianza desde el desapego y el desconocimiento de las necesidades del recién nacido, lamentablemente, es lo normal, lo usual. Es lo que nos mantiene conectadas a "el mundo" donde somos seres productivos y nada más, impidiéndonos sumergimos en los terrenos desconocidos del postparto, donde nuestra mente y corazón solo tienen  disposición para fusionarse con el bebé.

Por fortuna, cada vez más madres recientes decidimos buscar más allá de lo que a simple vista se vende como normal. Desde el embarazo comenzamos a sentir una necesidad inexplicable de poner por encima de nuestros deseos, los deseos de nuestro hijo. Comenzamos una búsqueda por encontrar una luz que nos sirva de guía para esta ruta que decidimos emprender. Leémos, hablamos, interactuamos con otras madres, nos damos cuenta que nuestras propias carencias infantiles de apego y maternaje afloran de manera inmediata cuando nos convertimos en mamás. Exploramos dentro de nuestra alma, vencemos fantasmas,  luchamos batallas íntimas y personales, y comenzamos a despertar a la maternidad desde nuestro instinto más animal. Desde lo mamíferas que somos. Sin ningún tipo de condicionamientos ni prejuicios, sin explicaciones racionales, dejándonos llevar por las hormonas y la emocionalidad, por la oxitosina que corre por nuestro cuerpo, por la leche que brota de nuestros pechos, por el niño que solo desea estar pegadito a su mamá.

Criar y ser mamá es una experiencia hermosa pero retadora. Nos expone, nos deja sin ningún tipo de mascaras. Nos hace sentir vulnerables. Pero al mismo tiempo, nos conecta (si estamos dispuestas), nos vuelve inmensamente capaces y poderosas, eleva nuestras capacidades, nos hace descubrir nuestros "súper poderes" que van desde alimentar y consolar a punta de teta, hasta curar heridas de la piel y de alma con emplastos de besos y abrazos. Criar y ser mamá es gratificante pero no es nada fácil. Requiere de esfuerzo, de paciencia, de empatía, de capacidad de adaptación al cambio. De un buen estado físico pero mucho más de una desarrollada consciencia emocional, que nos permita reconocer nuestras necesidades y las necesidades de nuestro bebé. Criar y ser mamá es la más importante labor que podemos desarrollar para la sociedad. Donde todos los momentos, sin importar si nos parecen malos, regulares o buenos, valen la pena.

Escrito para El blog de Rana Rosa. Publicado el 4 de diciembre de 2011.


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04 diciembre 2011

Un ramo de flores para "La mamá de Sara"

Silvia de Ser madre: ¡toda una aventura!, Carol de Con ojos de madre y Paola de Creciendo juntas engalanan mi blog con un hermoso ramo de flores!!! Lo recibo feliz y de inmediato lo paso a las siguientes 10 joyas de la blogosfera maternal:
  • Cuando olía a Vainilla: dulce e indispensable, como la vainilla.
  • El oficio de ser mamá: muchas mamás con un solo propósito, compartir su experiencia criando de la mejor manera a sus hijos.
  • Me gusta ser mamá : experiencias sinceras de una mamá de dos pequeños.
  • Azul Celeste: Las aventuras, intereses y desvelo de la vida de Oli, mamá de dos princesas.
  • Carrusel de Sofia: La mamá de Sofia nos cuenta como es experiencia como mamá.
  • Minerva y su mundo: Relatos sinceros de una mamá que cría con leche materna, apego y colecho.
  • Madres Cabreadas: reflexiones de una mamá que dice sin pelos en la lengua lo que le molesta.
  • A flor de pell: Miriam nos cuenta lo que piensa de la vida y de la maternidad.
  • El blog de Sarai Llamas: la maternidad vista con mucho humor.
  • Anda si es mamá: una mamá que "No pretendo dar consejos, juzgar ni sentar cátedra. Simplemente explicar mis experiencias, mis sentimientos, anhelos, alegrías, frustaciones también, relacionadas con mi nuevo papel de ser madre".
Un beso y mil felicitaciones a todas!!!


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03 diciembre 2011

No más mocos!!!

Sara lleva 4 días de mocos, muchos mocos. No tiene nada más, ni fiebre, ni malestar, ni decaimiento, solo un montón de flema que no la deja respirar. Anda brincando por la casa con la boquita abierta, respirando por la boca. Ronca tremendamente cuando duerme. Es más que evidente la dificultad que tiene para respirar. Y yo me la pasó torturándola con el suero fisiológico, unas... veinte veces o más al día. Lo peor es que, al parecer, no hay nada más que hacer. Quisiera que supiera soplarse para que pudiera botar ese montón de secreción que la tienen totalmente tapada. Pero por mucho que he intentado enseñarle, no logro que me entienda y en lugar de soplar, los aspira con fuerza... ya me di por vencida, enseñarle a una niña de 16 meses una maniobra efectiva para deshacerse de sus mocos es un caso perdido. Para rematar y como era de esperarse, yo estoy con la garganta adolorida (otra vez) e igual de mocosa desde ayer. 

Escucho consejos y sugerencias al respecto.... NO QUEREMOS MÁS MOCOS !!!!


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01 diciembre 2011

Los miedos

Tengo claro que los niños son niños y que gracias a eso las travesuras están aseguradas. Y aunque ya estoy bastante acostumbrada a las caídas y golpes que Sara se da a diario, cada vez que ocurre algo más allá de las pilatunas normales, no puedo evitar que mi cabeza se inunde de manera instantánea de miedos. Los miedos... esos mismos que me atormentaron durante los dos primeros meses de mi vida como mamá. Recuerdo que en medio de la avalancha de hormonas y de cambios, los miedos me acosaban. Se ocultaban detrás de cualquier cosa, para asustarme, permanentemente y sin tregua. Eran miedos de todo tipo y clase. Miedo a que se ahogara, a que dejará de respirar, a que no comiera lo suficiente, a que tuviera cólicos, a que se enfermara, a que se me resbalara durante el baño,...miedos a herirla, a perderla. Y ahora, que ya esta grandecita, que dice varias palabras, que camina, que hace mil y una travesuras, los miedos vuelven irremediablemente. 

El lunes salí para mi clase de pilates como todos los días. Llegué me relaje, y me concentré en mi respiración. Extrañamente olvidé poner el celular en silencio como siempre lo hago. Sólo habían pasado 15 o 20 minutos cuando timbró. Y yo, que siempre lo ignoro cuando suena en medio de la clase, sin dudar, me levanté a mirar de quien era la llamada. Mi primer impulso fue ignorarla, para que el celular dejara de timbrar, pero de pronto caí en cuenta que era de la casa. Me pareció muy extraño que la niñera me llamara. En los 12 meses que lleva cuidando de Sara, una o dos horas al día, nunca me había llamado. Tuve la certeza de que algo había pasado. Sentí como los miedos comenzaban a desperezarse, abriendo los ojos, estirando los brazos y asomándose tímidamente de donde habían estado escondidos, descansando, todo este tiempo. Me llene de adrenalina, pero mantuve, con mucho esfuerzo, la calma. Llamé a casa y cuando me contesto la niñera, visiblemente (o más bien audiblemente) nerviosa y asustada me contó que Sara se había encerrado con seguro en la alcoba principal y que no podía sacarla. Yo solo atiné a decir "Ya voy para allá" y salí corriendo como loca, mientras los miedos taladraban mi cabeza. Me la imaginaba llorando a grito herido dentro del cuarto. Pensaba en los peligros del baño, la tina, la ventana, la cama....En 5 minutos estaba en casa. Y efectivamente, como mi esposo ya había vaticinado, Sara, jugando, cerró la puerta detrás de la niñera y acto seguido oprimió el botón del seguro. Intentamos abrirla con todo lo que se nos ocurrió, mientras el cerrajero venía en camino. Yo sentía que la cabeza me iba a explotar y Sara, en el interior del cuarto, hablaba solita, se asomaba por debajo de la puerta pero no lloraba. No quedaba más que guardar la calma y esperar. Los miedos seguían apoderados de mis pensamientos. La niñera le hablaba y le daba indicaciones para que abriera la puerta. Sara, como si no fuera con ella jugaba y hablaba sola por todo el cuarto. Por fin, después de 40 minutos eternos llegó el cerrajero. En 5 minutos había abierto la puerta y la tranquila Sara, para la que todo el momento no había sido más que un divertido juego, ya estaba afuera en mis brazos. 

Como siempre me pasa, después de que este tipo de episodios están resueltos, los miedos me destruyen. Me toman como si fuera un saco de box y me golpean. Mi mente, gracias a su efecto, se vuelve un remolino de malas ideas, de todo lo trágico que hubiera podido pasar, de culpa, de malas posibilidades. Quedo agotada y exhausta debido a una incontrolable paliza de malos pensamientos. Por fortuna, el tiempo pasa y los miedos se cansan, entrando de nuevo en stand by, dándome un espacio, un respiro, dejandome volver a la normalidad.

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