29 marzo 2012

Encuentros

Cada vez que llega otro mes y tenemos un taller más de portabebes con Abrazarte, me doy cuenta de lo mucho que disfruto compartiendo con otras madres y padres, conectandome con ellos, teniendo la oportunidad de transmitirles mi experiencia con el porteo y con la maternidad en general. El taller del mes de marzo fue el sábado pasado y, sin temor a equivocarme, podría decir que este ha sido el mejor de todos los que he hecho. Lo realizamos en el Centro Gestalt de la Sábana que manejan Ana María y Susana. Un lugar lleno de dulzura y alegría, que pretende, dentro de su espacio Niños y Crianza, " acompañar y apoyar a los padres de familia y a sus hijos en los procesos emocionales de la crianza mediante diferentes grupos, talleres y asesoría individual". No sólo me encanto la casa, su energía y lo que trabajan y ofrecen a las familias, sino que también disfruté mucho conocerlas y compartir con ellas durante un rato. El taller no podría haber salido mejor. La asistencia fue muy buena: dos parejas embarazadas y otras tantas mamás con bebés recién nacidos y bebés de brazos. Todos con una actitud muy receptiva y con una ilusión gigante de comenzar a portear a sus bebés o de continuar con esta hermosa experiencia.

Yo me sorprendí gratamente de mi misma. Estuve especialmente concentrada y tranquila. La charla me salió muy natural, no olvide ningún tema. Hable de la importancia de tomar a los bebés en brazos, la postura correcta, los beneficios del porteo, para luego mostrar cada uno de los portabebes, hacer varios nudos con nuestro muñeco-modelo y con un hermoso bebé de 9 meses, que nos acompaño durante todo el taller. La empatía se sentía en el ambiente. La energía era simple, auténtica y maravillosa. Los papás lo disfrutaron y, la verdad, yo también. Todos se fueron muy contentos, con ganas de poner en práctica lo aprendido, de participar de más talleres, de integrarse a los grupos de crianza, de consultar sobre temas específicos de sus niños, de contarle a otros las maravillas del porteo, de disfrutar de sus pequeños, de ser mejores papás y mamás. 

Es increíble lo que se puede disfrutar cuando los papás y mamás nos reunimos sin máscaras y temores, para descubrimos los unos a los otros, hablando y compartiendo nuestra maternidad y paternidad, sin juzgar y criticar. Solo cuando esto pasa descubrimos el potencial que tenemos juntos, lo productivo y saludable que es para  todos sentirnos como grupo, saliendo de la soledad de nuestros apartamentos y de la crianza individual y aislada en la que nos encontramos sumidos. Estamos habidos de estos encuentros, de espacios donde desahogarnos, expresarnos y conectarnos con nuestros pares. Necesitamos comenzar a vivir la crianza de nuestros hijos en grupo, en tribu, mirándonos frente a frente en el rostro de otros como en un espejo, sabiendo que nos conocen, que nos entienden, que saben, por experiencia propia, lo que nos pasa, lo que sentimos, los temores que tenemos, las alegrías que vivimos.
Algunas fotos del taller ;)

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26 marzo 2012

Atesorando

Me levanto y atesoro tu sonrisa.
Tu pelo alborotado y tu mirada de parpados caídos.
Nos despertamos y guardo en mi corazón tus palabras entrecortadas, esas que solo yo entiendo y que pronuncias para decirme "mamá", "bien", "eso".

Atesoro tu olor a canela fresca y a vainilla molida con un dejo a azúcar morena, que se parece a lo que me huele tu padre. Que es a lo que me huele el amor. Hueles a puro amor.

Atesoro la suavidad de tu piel nueva, su tersura,
su color trigo, su frescura.

Y también tu pelo liso y dorado, que crece de a poco pero desordenado,
poniéndose más claro en las puntas, alcanzándote la frente y la nuca.

Atesoro tus ojos gigantes, de color variante,
redondos y profundos, diáfanos e inocentes.

Y procuro no olvidarme de tus manos, fuertes, ágiles, inquietas,
obedientes y fieles a tus deseos de explorar y de comerte el mundo.

Y me embobo con tus pestañas, largas, negras, muy largas.
Y las grabo en mi memoria, para no olvidarlas, por si con el paso del tiempo cambian y son otras.

Y observo tu nariz, pequeñita y perfecta.
Y me pregunto: ¿a quién te pareces princesa?

Y también atesoro tus caprichos... como olvidarme de tus caprichos!!!
De tus ganas de correr libre como una cabra, sin medir ni ver el peligro, de subirte en la mesa de la sala, de sacar todo lo que está en la nevera, de meterte debajo de la cama (así ya no quepas), de empujar las sillas por toda la casa, de bailar y bailar hasta con el ruido de la lavadora, de mirar por la ventana, de abrazar a los perros que pasan.

Y recuerdo que tienes gustos extraños, que te encantan las aceitunas y las salchichas, y que lo pruebas todo, así, al segundo lo escupas. Que no te quieres perder de nada, que cualquier cosa para ti, es toda una aventura.

Y trato de guardarlo todo en mi cabeza, de grabar cada instante que pasa,
cada uno de tus gestos, de tus avances, de tus pocas palabras, de tus gestos y tus miradas.Y velo tu sueño, y te tomo fotos, atesorándote en mi memoria, en mi piel, en cada una de las células de mi ser. Por que sé que el tiempo transcurre rápido y sin tregua. Y que la vida cambia, cambia a prisa, diluyéndose, escapándose de nuestras manos sin darnos cuenta.

Y me descubro enamorada, extasiada en ti, en tu carácter, en tu sonrisa, en tu picardía, en tus ganas de decirlo todo, de aprenderlo todo, de besar, de hacer lo que te da la gana, de trepar por los muebles de la casa y encima de nosotros, de ser única y maravillosa. De ser la pushi o la doradita. De ser Sara.


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22 marzo 2012

Tengo una toddler con carácter

El fin de semana que paso, aprovechando los descuentos del 40% en ropa de un almacén muy conocido,  estuve comprándole a Sara algunas cositas. De pronto me descubrí con una canasta llena de ropa talla 2. Si!!! talla 2. ¿A qué hora deje de comprar ropa con tallas de meses para comprar ropa de toddler? Esta es la evidencia palpable de que ya no tengo una bebé en casa sino una pequeña niña, que come de todo, que tiene su carácter y que ya ha comenzado a decidir y expresar que le gusta y que no.

Por ejemplo, hace unos pocos días me dejo muy claro que ya no quiere usar las pijamas enterizas, esas que a las mamás no parecen súper prácticas por que los cubren de pies a cabeza. Pues no, ahora cuando le pongo una pj de este tipo, simplemente, me pide con todas sus fuerzas que se la quite. Y si trato de hacerme la loca, ella me persigue, me habla, me jala y hasta trata de quitársela por sus propios medios. Sara decidió que no las quiere más. Y bueno, que puedo hacer yo más que respetar su decisión y comprarle pijamas de pantalón y camisa, pijamas de niña grande, talla 2. Con esas no hay problemas, esas si le encantan.

Otro ejemplo de lo grande que esta mi niña y del carácter que tiene lo vimos claramente el sábado pasado. Un sobrino de mi esposo cumplía 7 años y fuimos a visitarlo y a llevarle un regalo. Como siempre, estaba toda la familia. Llegamos, y apenas cruzamos el umbral de la puerta, Sara decidió que no quería saludar a nadie ni que la saludaran. Entonces se hizo la dormida. Si, fingió durante más o menos 2 horas que estaba dormida. Se pego a mi cuello y no quiso abrir los ojos. Si intentaba dejarla en el piso, lloraba como loca pero no abría los ojos. Así estuvo toooodooo el tiempo. No hubo poder humano para lograr que se bajara de encima de mi y jugara con los demás niños. Estoy segura que tanta gente la intimido, algo realmente raro en ella. Pero lo cierto es que no se sentía cómoda, y no quería estar allá. Al final, después de que durmió un rato pensé que se iba a despertar tranquila y se iba a olvidar del tema. Pues no, se levantó y al instante siguió comportándose igual, con los ojos cerrados, encima de mi como garrapata y sin ganas de estar en la reunión. Yo comencé a preocuparme por que nunca había hecho algo como eso. Hasta llegue a pensar que quizás se sentía indispuesta. Así que decidimos irnos. Pero apenas salimos de la casa y nos montamos al carro, volvió a ser ella como por arte de magia. Abrió lo ojos, comenzó a hablar, a reír y se despego de mi cansado cuello. La conclusión saltaba a la vista, por alguna razón no quería estar en el cumpleaños, y lo manifestó de manera clara y consistente durante casi 3 horas.

Esa es mi pequeña toddler con carácter. Que no teme expresar lo que siente y a la que le importa, poco o nada, lo que diga el Manual de Urbanidad Carreño. Esa es mi pequeña y espontánea niña, que a tan corta edad no teme ser clara y directa con sus gestos a pesar de que aún no habla, ni mucho menos expresar claramente lo que le gusta y lo que no. Esa es mi princesa Sara, y así muchos piensen que es caprichosa y malcriada, me encanta que no obedezca sin cuestionar, que ponga en 1er lugar lo que quiere y necesita, y que no se deje intimidar de los demás. Es un hecho, mi bebé se creció y con ella crece su maravillosa personalidad y su fuerte carácter.

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19 marzo 2012

Mi carta

Querida hija mía,
te escribo por que desde que no estamos todo el día juntas, tengo mil cosas atoradas que no he podido decirte. Los días transcurren y, ahora nuestro tiempo es corto, y yo no te he dicho todo lo que estoy sintiendo. No lo he hecho porque no haya querido, sino por que llego cansada, y la memoria se aprovecha de mi y me juega una mala jugada, o por que no me salen las palabras, solo las lágrimas, o porque no quiero pensar en ello, o por cualquier otra excusa que ahora no recuerdo. En estos momentos, trato de vivir un día a la vez, sin pensar mucho en el mañana. Y así han transcurrido estos primeros 15 días, con momentos ideales y momentos fatales, con vacíos permanentes en el estómago y con sobresaltos de felicidad en el corazón. Para mi, todo ha sido como ir en una montaña rusa: un sube y baja de emociones e incertidumbres, que me toman por sorpresa y que apenas estoy descubriendo y aprendiendo a controlar. 

Quiero que sepas que te quiero. O mejor dicho, que te sigo queriendo más que siempre. Que ahora que comencé a trabajar, me he dado cuenta de la dimensión de nuestro vínculo y de lo poderoso de nuestro amor. Imagino, que tu sentirás que las cosas han cambiado mucho. Tal vez, pensarás, que tu mamá ha cambiado demasiado. Y, aunque la realidad es que ya no estamos pegaditas todo el día, la verdad es, mi pequeña, que sigo siendo la misma que conoces de toda la vida. La misma que piensa en ti todo el día. La misma que te ama sin dimensión y con locura. Y así no esté físicamente 24 horas al día, no te he olvidado, ni mucho menos abandonado. Necesito que sepas que mi corazón y mi bendición te acompaña permanentemente. No pienses que no me acuerdo de ti. Lo hago cada segundo, desde que salgo de casa hasta que regreso. No pienses que tu madre te ha relegado. Sigues siendo y siempre serás, la prioridad en mi vida. No creas que he cambiado. Lo que pasa es que nuestra vida ahora es distinta. Esta es tan solo una de las muchas etapas que nos tocará vivir como madre e hija, y mientras nos acoplamos al cambio, las dos, tu y yo, vamos a pasar por una periodo extraño, agridulce, lleno de sentimientos nuevos, de tristes despedidas y emocionantes encuentros.

Por fortuna el tiempo pasa y las cosas se decantan. Solo quiero que mientras eso sucede estés tranquila y segura de que tu mamá no ha dejado de amarte. Que sepas, que pase lo que pase, algo como eso nunca ocurrirá. Todo los cambios parecen terribles al principio, pero luego entendemos el verdadero sentido que tiene lo que nos está sucediendo. Espero que eso pase pronto. Pero por ahora, en el entretiempo, solo quiero recordarte con esta carta, con cada abrazo y con cada beso, que te quiero y te necesito, ahora más que nunca.

Tu mamá que ta ama profundamente.

PD: gracias a Chris Guillebeau por si post There´s a letter you need to write . Ésta es la carta que necesitaba escribir hace días. No solo para sacar lo que llevo dentro sino también para que Sara, en un futuro, cuando la lea, entienda mejor a su mamá y tenga una prueba más del amor que siento por ella.  Como dice Chris "Si amas a alguien, debes decírselo. No esperes. Elije siempre el amor y trata de vivir una vida sin remordimientos". 


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15 marzo 2012

La era de las madres prevenidas

El otro día me paseaba por twitter y decidí contestar a la pregunta desprevenida de una de las mamás que sigo. Ella preguntaba a qué edad podría volver a ir sola al baño, es decir, cuando recuperaría la privacidad para estos menesteres que su pequeño hijo le había robado. Y en medio de las respuestas que dimos varias madres, no estuve de acuerdo con la postura de una en particular y, de inmediato, ella pensó que me había molestado, que me había sentido juzgada o tal vez criticada. Nada más lejos de la realidad. Por fortuna, aclaramos el tema y la cosa no paso de ahí. El caso va a que ese simple hecho me hizo caer en cuenta de lo prevenidas que estamos las madres en general. Estamos tan expuestas a que se nos ponga en tela de juicio que tomamos casi cualquier comentario a la defensiva. Es como si estuviéramos con el escudo siempre puesto, porque no sabemos de dónde ni de quién pueden venir los dardos que nos van a herir. Cuando la postura frente a nuestro desempeño como madres debería ser relajada y abierta, más aún con nuestras colegas de oficio, la realidad es totalmente contraria. Nos cuidamos, nos defendemos, nos cerramos, y poco a poco nos quedamos solas, cuando deberíamos sentirnos arropadas y acompañadas por nuestras iguales.

Lo peor de todo es darse cuenta de que este comportamiento, no es infundado. Yo me considero afortunada, porque puedo decir que cuento con un grupo de excelente amigas-madres, tanto virtual como físicamente. Y realmente, independiente de cual sea mi postura, nunca me he sentido criticada o juzgada  por las que son mis amigas. Pero, tristemente no todas las historias son así. Conozco casos de mamás que boicotean los negocios de otras, que las exponen, en internet y fuera de él, porque son o no son pro-lactancia, por que unas piensan que los niños deben dormir con sus padres y otras no, por que unas quieren escolarizar a sus hijos y otras les quieren enseñar en casa, y una larga lista de cosas que no terminaría de enumerar. La intolerancia es el jinete que cabalga sin rienda en medio de nosotras y no nos hemos dado cuenta. No se que suerte de miedo profundo nos hace pensar que quién no piensa o actúa como yo, está contra mi. Y ahí es cuando dejamos de ser todas simplemente "madres" con los mismos deseos, esperanzas e intenciones, para convertirnos en las buenas o las malas, dependiendo del bando en el que sin pensar no alineemos, simplemente por que discrepamos en el "como hacer", cuando al final, de una u otra manera, todas nos esforzamos sin medida por ser la mejor mamá que podemos. 

Me pregunto si antes, hace mucho tiempo atrás las cosas eran así. Si, hace siglos, las madres no se apoyaban incondicionalmente, respetuosamente, las unas a las otras, solo por ser madres. Si no se guiaban con empatía y cariño. Seguro no habían tantas discusiones a cerca de cómo criar, simplemente se criaba en grupo, en tribu, de manera natural, sin tantos consejos, sin tanto libro, sin nada más que el instinto y todas eran madres felices. Me pregunto cómo hemos llegado hasta este punto y cómo dar vuelta atrás. Como hermanarnos a partir del rol de mamás, con la bandera del respeto y la tolerancia, entendiendo que nos necesitamos unas a otras, y que más allá del "cómo", juntas y apoyadas, podemos ser y hacer mucho más. 

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12 marzo 2012

Nuestro cuento


Sara es un pequeña niña de ojos gigantes y pelo liso y dorado. Ella adora bailar, jugar y cantar. Pero lo que más ama, es besar y abrazar a su mamá. Sara y su mamá son muy felices y muy, pero muy unidas. La mamá de Sara la quiere más que a nada en el mundo y desde que ella nació, pasan mucho tiempo juntas. Disfrutan de los días corriendo en el parque, escuchando canciones infantiles en la sala, jugando con todo el combo de muñecas (Sofi, Cami, Paty, Mona y Rosita) o gritando “zorro no te lo lleves” mientras ven Dora la Exploradora. Algunas tardes, van a nadar en una piscina de agua tibiesita y, otras, a jugar con algunos niños mientras aprenden como se sienten las cosas asperas y las suaves, cuales son las vocales, y como, con un balancín, puede subir y bajar. Sara también quiere mucho a su papá y disfruta ayudándolo a hacer ejercicio todas las noches antes de acostarse a dormir. Él la divierte mucho cantándole cosas linda pero extrañas como “me gusta mi gusarapito bello, me gusta mi gusarapito hermoso, me gusta mi gusarapito bello, mi cabecita de corozo”. Sara también pasa gran parte del día con Nelsy, su nana, que la consiente y cuida cuando mamá y papá no están en casa.

Un día, en la mañana, la mamá de Sara recibió una llamada de Willy de parte del Sr. Leo, para invitarla a trabajar con ellos. La mamá de Sara se emocionó mucho. Trabajar con Willy para el señor Leo, era un sueño hecho realidad. Era la oportunidad de volver a hacer una de las cosas que más disfruta: aprender y jugar con datos, para poder desarrollar ideas innovadoras y creativas. Por eso, después de pensarlo durante varios días y hablarlo con le papá de Sara, la mamá de Sara decidió aceptar la invitación de Willy y del Sr. Leo. 

Entonces, algunas cosas de los días de Sara y de su mamá cambiaron. Ahora, de lunes a viernes, Sara y su mamá se levantan como de costumbre y desayunan, una al lado de la otra, como siempre. Luego disfrutan juntas de la ducha, jugando con los patitos y los tambores. Después se visten. Sara se peina y se perfuma, mientras la mamá de Sara se emperifolla y se pone zapatos de tacón alto. Al rato, llega Nelsy, la nana de Sara, y la saluda diciendo “¿dónde está mi princesa?”. Cuando son las 8:00 a.m. en punto, la mamá de Sara se despide de ella. La besa y la abraza y se va a trabajar con Willy a donde el Sr. Leo.

Mientras, Sara se queda en casa con Nelsy. Juntas, hacen cosas de la casa como limpiar y aspirar, pero también juegan, escuchan música y miran los perros y bebes que pasan por la calle, a través de la ventana. Ahora que la mamá de Sara sale todos los días a trabajar donde el Sr. Leo, Sara va con Nelsy a sus clases de estimulación. Juntas la pasan muy, pero muy bien. Sara aprende los colores y las formas. Canta y baila mucho, principalmente, la canción de los conejos y la del cucarrón marrón. También disfruta mucho sumergiéndose en la piscina llena de pelotas de colores.Al medio día, la mamá de Sara vuelve a casa y la besa y la arruncha mucho. Almuerzan juntas, sentadas una al lado de la otra, en el comedor principal. Luego se lavan los dientes y hacen una pequeña, pero deliciosa siestecita.Todas las tardes, la mamá de Sara vuelve a trabajar, mientras Sara y Nelsy juegan en casa, unas veces con el rompecabezas, otras, con las muñecas.También dibujan con las crayolas, bailan y, si hace sol, salen a disfrutar del parque, recogiendo flores y jugando con otros niños.


Al final de la tarde la mamá y el papá de Sara vuelven del trabajo, y Sara los recibe con muchos besos y abrazos. Nelsy, quien cuida muy bien de Sara, se despide con un abrazo de la princesa y se va para su casa. Al rato, Sara y sus papás comen algo. A veces pan con queso y leche. Otras veces arepitas caseras con aceite de oliva. Luego, hablan los 3 un rato. 1ero, Sara cuenta que hizo en el día, y lo feliz y contenta que la paso con Nelsy. Después, papá habla sobre sus pacientes y le da a Sara muchos besos y saludos que ellos le mandan. Por último, mamá habla de lo contenta que está trabajando con Willy para el señor Leo. Cuenta de sus proyectos y le entrega a Sara una delicia en forma de ponquecito que le manda la tía Viviana. Cuando ya es tarde, todos se cepillan los dientes y se meten en la cama. Juntos se acurrucan y se abrazan. Sara toma leche calientica de la teta de mamá y cierra sus hermosos ojos para comenzar a soñar.

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08 marzo 2012

Me está costando

Estos días han sido una montaña rusa de emociones. Momentos de estrés, de felicidad, de emoción, de ansiedad, en fin... mil sentimientos se me revuelven entre pecho y espalda, me invaden y, la mayoría de las veces, no sé que hacer con ellos. Nunca me imagine que dejar a Sara tanto tiempo sería tan duro. O más bien, si lo imagine pero mi imaginación se quedó corta en todas las dimensiones. 

Los 1eros 2 días fueron sencillos. Pero a medida a que pasa el tiempo, todo se vuelve mucho más complejo emocionalmente. Ayer fue un día terrible. Simplemente no quería despegarme de ella. Y lloré en la mañana, cuando ella se quedó llorando. Y al medio día, cuando fui a almorzar. Y en la noche cuando llegué, también lloré mientras ella me abrazaba de emoción. Y más tarde, continuaba llorando mientras ella, cansada y soñolienta, también lloraba. Hoy las cosas han sido más tranquilas. No siento la angustia de ayer, pero simplemente estoy llena de una tristeza extraña, parca, difícil de asimilar. 

Tengo que reconocer que por mi mente se han cruzado los miedos y las dudas más absurdas: ¿se olvidará de mí?, ¿pensará que la abandoné?, ¿estará feliz?, ¿que consecuencias traerá para nuestra relación a largo plazo esta separación?, ¿qué pasará por su cabecita cada vez que me voy?, ¿que siente cada vez que regreso? Al parecer, Sara está manejando las cosas bastante mejor que yo...y digo, al parecer, por que eso realmente no lo sé. Esta comiendo bien y durmiendo bien. Pero yo la noto más enérgica, más inquieta, más empeñada en hacer mil cosas, en hablar mucho, en no dormirse para seguir jugando y compartiendo el poco tiempo que ahora tenemos juntas. Es evidente que las cosas cambiaron y, con ellas, estamos cambiando nosotras, esta cambiando nuestra relación, esta cambiando nuestra familia.

A veces tengo momentos en que me parece que todo este proceso que estamos viviendo es como una película en donde yo soy, únicamente, una espectadora. Pero, al momento siguiente, despierto y me convenzo de que ésta es nuestra nueva realidad. Tengo que reconocer que me creía más fuerte. Pero la verdad es que me está costando un poco más de lo previsto adaptarme a este nuevo ritmo de vida sin mi pequeña. Si, esa es la verdad.... me está costando separarme, dejarla, no estar ahí todo el día, viéndola, tocándola, besándola, jugándole, cantándole....y al final, la razón por la que me cuesta mucho más, es porque no quiero acostumbrarme a no estar. No quiero que sea lo normal, no quiero que llegue el día en que para mí sea suficiente con verla 3 o 4  horas al día. Sería más fácil abandonarme a la realidad y acostumbrarme. Pero así sea más complicado, yo quiero seguir extrañándola, deseando estar pegadita a ella las 24 horas del día. Quiero conservar en mi corazón esa necesidad de fusión y de contacto permanente. Acostumbrarme sería para mí como renunciar a ella, como dejar de quererla como la quiero. Acostumbrarme sería inmensamente más doloroso.

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05 marzo 2012

Mi hija

"Amamos al niñ@, no sus logros o su comportamiento. 
El amor es un contexto que lo inunda todo". 
Naomi Aldort

Mi hija es un pequeño gusarapito que va a su ritmo y tiene problemas con lo que muchos creen que es disciplina y autoridad. Dicen, las malas lenguas, que sacó el temperamento de su papá. Pero sé que muchos otros piensan que lo que realmente pasa es que está demasiado consentida.

Mi hija hace que habla y habla todo el día. Nos echa unos discursos larguísimos, haciendo caras y gestos, y nosotros, si tenemos suerte, logramos identificar unas 2 o 3 palabras de esta maravillosa retahíla. Sin embargo, tiene momentos en que por mucho que le insistas no dice ni una sílaba. Ella habla si quiere hablar, y le importa poco lo que opinen los demás.

Mi hija pide con autoridad y llora siempre que lo necesita. La mayoría de las veces sus solicitudes y su llanto son por cosas simples: tiene sueño, tiene hambre, quiero un juguete, quiere a mamá o a papá. Otras, pide cosas que no entendemos y llora, por razones que desconocemos. Y, aunque no hay lágrimas muy a menudo, si llora, lo hace con toda su energía y empeño. Por eso, si algo no cuadra dentro de su cabecita, ella, simplemente, llora con todas sus fuerzas.

Mi hija es una niña inmensamente apegada y cariñosa. Claro, con quien ella aprecia y conoce. Es muy atenta con mi mamá, con su abuelita Macu, con mis hermanos y con su tía. Siente una especial afinidad por los demás niños, sin importar si son menores, mayores o de su edad. Pero se siente vulnerable e intimidada en un territorio desconocido, con adultos que poco o nunca ha visto y que intentan, a como de lugar, que ella sea cariñosa con ellos. 

Mi hija come lo que quiere y cuando ella quiere. A pasado por todos los gustos y dietas: predilección por el mango y las aceitunas; días enteros a punta de salchicha; afición repentina por el pan y el agua. Y muy a pesar de que me vaticinaron que moriría de hambre por su afición a la leche materna, cada vez que vistamos a nuestro pediatra, él reporta que sube de talla y de peso con bastante normalidad. 

Mi hija nunca se queda quieta. Ella vive su día intensamente, no para de jugar, bailar y reír. Lo que implica que haga mucho pero mucho desorden no solo en su cuarto, sino por donde pasa. Y cuando va al parque, su idea no es quedarse quieta. Ella corre despavorida como si no hubiera fin, acaricia los perros, se roba las pelotas, besa y abraza a los demás niños, no comparte sus juguetes y se apropia de los ajenos. Siempre quiere ser la 1era en el rodadero, en el sube y baja, en el columpio.

Mi hija casi nunca está perfectamente puesta. Ella no es ese estilo de niña que siempre parece una muñeca. Ya tiene pelo para los moños pero prefiere tener su escasa melena libre de ataduras. Experimenta arrastrándose por el pasto, por el piso, por donde le apetezca. Y a la primera oportunidad se quita la chaqueta, los zapatos y las medias, sin importarle si hace sol o si, por el contrarío, está haciendo muchísimo frío. 

Mi hija ama el agua, sus cuentos y sus muñecas de trapo. Y así como puede jugar mucho tiempo sola en su cuarto, también necesita sentirse acompañada y correspondida por un interlocutor que se ponga a su nivel, que ría con ella, que le canté y que se meta en sus fantasías, que sea niño otra vez.

Mi hija es demandante, a veces muy demandante... pero única y exclusivamente con su madre. Ella prefiere a su mamá sobretodas las cosas. Como dice, mi marido: "Si vé a la mamá todos perdemos el año". Le encanta abrazarme, contemplarme y arruncharse a mi lado. Y me exige, con toda la firmeza del caso, que la mire, que la atienda, que la bañe, que la consienta, que la escuche, que le dé una solución o una respuesta, ya, ahora, no dentro de un rato o una hora, sino en el momento justo y preciso que la pide.

Mi hija es simple y sencillamente, ella. Una niña, de pies a cabeza, con todos sus matices y bemoles. Llena de vida, de energía, de sonrisas, de brillo en la mirada, de inocencia, de seguridad. Puede que no sea precisamente lo que algunos llamarían una "niña juiciosa y buena". Pero Sara es espontánea, auténtica y, lo que realmente importa, es una niña feliz, muy pero muy feliz.


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01 marzo 2012

Un nuevo comienzo

Después de año y medio dedicada únicamente a ser mamá, hoy vuelvo trabajar, 8 horas al día, fuera de casa, en una oficina. Literalmente, de un día para otro, Sara y yo pasamos de compartir todo el tiempo juntas, a vernos entre 4 y 6 horas al día. Lo cierto es que yo no pensaba enfrentarme a esta situación tan pronto. No estaba buscando trabajo. Pero así es la vida. Las oportunidades simplemente llegan cuando uno menos las espera. Y después de hacer un balance de muchas cosas, decidimos que era una excelente oportunidad para mí y que valía la pena intentar ser una mamá que trabaja fuera de casa.

Tengo que decir que todo el tema me tomo por sorpresa y, realmente, fue una decisión más difícil de tomar de lo que me imagine. De hecho, dejar de trabajar, fue mucho más fácil de decidir para mi. Pero me emociona mucho mi nuevo trabajo. Me llena de ilusión todo lo que voy a poder hacer, la gente que voy a conocer, los proyectos en los que voy a participar. Sé que voy a trabajar en lo que me gusta, y en las mejores condiciones posibles. Sé, también, que voy a aprender, a enseñar y a crecer. Y por eso, cuando lo pienso, me brilla la mirada y se dibuja en mi rostro una sonrisa. Pero también tengo que reconocer lo que es evidente: dejar a Sara tanto tiempo va a ser muy duro para mí, y estoy segura, que para ella también. Sin embargo, aunque la ansiedad y un torbellino de sentimientos encontrados me invaden, de alguna forma la satisfacción de todo este tiempo vivido, completa y plenamente, me da mucha tranquilidad.

Soy consciente que nos espera una etapa de adaptación a esta nueva rutina. Una etapa que promete ser emocionalmente compleja y físicamente retadora. Pero estoy segura que pronto vamos a construir juntas nuevos espacios para seguir disfrutándonos sin medida, como siempre. Nuestra lactancia ahora es, sin duda, mi mejor aliada. Agradezco muchísimo no haber desfallecido en los momentos difíciles y continuar aún con este ritual que nos conecta física e íntimamente, de una manera perfecta. Tengo clarísimo que gracias a ella y al colecho, este periodo será más fácil y llevadero para ambas. Pero también sé que será desafiante, pero que pasará, y en un tiempo nos encontraremos otra vez cómodos con nuestras nuevas rutinas y tiempos, y listos para un nuevo comienzo.

PD: Por si las dudas, sigo con todo, con el blog (imposible mi vida sin él) y con mis proyectos, que no se detienen pero que, evidentemente, andarán a un paso más lento. Este también es otro reto para mí, enfrentarme a un trabajo fuera de casa y a la maternidad, sin descuidar este espacio ni mis otros proyectos. Por fortuna en mi tribu tengo excelentes ejemplo de mamás como Bren, Silvia y Miriam, que pueden con todo esto y con mucho más.  Todas ustedes son mi inspiración para continuar.

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