28 marzo 2013

Noticias

Estamos de descanso. Y aunque la idea era desconectarme de todo, incluido este blog, traigo noticias; noticias de unos días hermosos, de tiempo en familia, de mar, de descanso, de Sara feliz hablando sin parar, viviendo la brisa, el calor, el mar, de unos abuelos embobados, de momento únicos e inolvidables, de sentirme plena.



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18 marzo 2013

Gracias

Por un par de días llenos de luz y de una energía diáfana y sencilla. Por las anécdotas y las historias, los hallazgos y los errores. Por ser mis maestros y mis guías, y haberme hecho sentir identificada y querida. Por que nada se compara con la certeza de saber que no estoy sola, que no estamos solos, que la voluntad existe y que se materializa en personas reales, de carne y hueso, con sentimientos humanos  y con un corazón inmenso. 

Gracias por abrirse y brindar su conocimiento, sin miedo, en libertad, sin ningún atisbo de aprehensión. Por estar presentes, cada segundo, con risas, con llanto, con una reflexión sincera, con una sonrisa y un abrazo. 


Gracias por ser la demostración de que estamos en el camino, de que empujamos la misma meta, de que a pesar de los desvíos momentáneos estamos trabajando por lo que realmente importa: por nosotros, por nuestros hijos, por nuestra familias, por las familias, por el mundo. 

Gracias por las inmensas lecciones de humildad y de generosidad, dando sin recelo de lo importante, de lo que apreciamos, de lo que nos importa, de sus corazones. 

Gracias por viajar de otras ciudades y de otros países, por sus voces amigas y hermanas, por el sentimiento compartido de conocernos de siempre, de ser tribu de toda la vida. 

Gracias por enseñarme que hay otras maneras, que siempre hay opciones, que la firmeza y la amabilidad si es posible, que no es una teoría, que la podemos hacer real a diario, en nuestra casa, en el trabajo, con todos los que nos rodean, en nuestra familia. Y que los lazos de amor son verdaderos y fuertes, y que con ellos se construye una red hermosa, cálida, que nos cubre y al mismo tiempo nos soporta, que nos hace fuertes, que nos mantiene vivos, atentos, felices, conectados. Convirtiéndonos un seres poderosos que llevan la magia del cambio en sus voces, en sus mentes y en sus actos.

Gracias por retarme, haciendo evidentes mi errores, sin juicios de valor ni señalamientos, con una mirada que dice "te entiendo, te comprendo, a mi me ha pasado lo mismo, he sentido las mismas angustias, los mismos temores y desasosiegos, no estás sola".

Gracias por que este ha sido un nuevo comienzo, una inmensa puerta que se abre para mí, para ustedes y para las comunidades que nos rodean. Un camino inmenso, lleno de aprendizajes, de significado, de luces brillantes y de nubes grises, un camino importante, nuestro camino.




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12 marzo 2013

Esta semana


Ésta está siendo una semana agotadora. No solo por las mil cosas que tengo que hacer sino más bien porque nuestro descanso esta siendo mínimo: Sara tiene gripa y esos supone pocas, poquísimas horas de sueño. Y yo, la verdad, no se vivir sin, mínimo, 6 horas de sueño profundo. Así que voy como zombie, irritable, cansada. A las 4 de la tarde soy un ente y solo puedo pensar en la cama. Pero llego a casa y quiero hacer lo habitual: jugar con Sara, besarla, dormirla, leer, trabajar en mis temas, chequear las redes...cosas que puedo realizar sin problema cuando no hay trasnocho de por medio...cosas que me roban preciosos minutos para recuperar el sueño atrasado de estos últimos días.

Y esta situación me recuerda un poco los 1eros meses de ser mamá. Esas levantadas tortuosas a las 3 de la mañana, cambiando pañal, dando teta y meciendo a Sara, muchas veces como por inercia. La diferencia de aquella época a hoy era que si no dormía de noche, lo hacía de día, a cualquier hora, en cualquier momento. Por fortuna desarrolle la capacidad de profundizarme en 5 segundos y dormir a penas tenía oportunidad, sin importar el lugar y la hora. Hoy la historia es bastante distinta. Y aun así estoy aquí, con la pequeña pegada a la teta, roncando de la congestión nasal, contándoles de lo cansada que estoy en lugar de irme a dormir. Con una mínima chispa de energía a punto de extingirse, tratando de dar más, por que sí, por que así soy yo.

Entonces confío y espero que la gripa pase, y que con los días, de a poco, el cansancio se vaya. Y esta semana agotadora quede como una nueva anécdota en la memoria, un recuerdo de donde echar mano. Un entrenamiento  más para todas las semanas agotadoras que me hacen falta.


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06 marzo 2013

De allá para acá


Hace ya casi 20 días que Sara duerme en su cama. La verdad, ella y yo estábamos felices durmiendo juntas, pero papá ya reclamaba de vuelta su espacio. Y, como el colecho es cosa de todos los que comparten la cama, decidimos intentar que la pequeña comenzara a dormir en su cuarto. Entonces, ese día sin mayor preámbulo (y un poco en contra de mi voluntad) hable con Sara desde muy temprano. Le conté, como si fuera un cuento, que de ahora en adelante comenzaría a dormir en su cuarto, en su cama, cada noche. Ella, sin entender muy bien de que le estaba hablando - o eso pensaba yo -, me dijo "bueno, mamá". Yo durante todo el día le mencioné varias veces el tema. Y ella, simplemente repetía y asentía. Al llegar la noche, después de comida, pijama y dientes, le conté cual sería nuestra rutina de ahora en adelante: cuento, arrunche, teta y a dormir. Así que leímos tres cuentos, nos arrunchamos un rato, y con la luz tenue y un buen rato de teta, mi hija se quedo profunda en su cama. 

Yo era consciente de la noche que me esperaba. Obviamente se iba a levantar varias veces. Llevaba toda la vida durmiendo a nuestro lado, sintiéndonos cerca, al alcance de estirar su mano. Y no hubo sorpresas. La 1era noche, creo que fueron 3 o 4 despertares. Yo, que realmente estaba totalmente desvelada, me levanté todas las veces que fue necesario, me pase todo el tiempo de un cuarto al otro, de allá para acá. La consolé, la abracé, la calme y ella, simplemente al constatar que yo estaba allí, a su lado, acompañándola como siempre, se durmió nuevamente casi de inmediato. 

Desde ese día, hemos tenido noches buenísimas y otras malísimas. Algunas con un solo despertar y otras con tantos, que me cuesta bien recordar. Realmente, nunca ha llorado mucho. Hace ruidos, tal vez lloriquea, - para cuando eso sucede yo ya estoy a su lado- y casi siempre después, me llama fuerte y duro: "Mamaaá".  Yo corro como por inercia, brinco de la cama como un ringlete, y la toco, la abrazo, la consiento un rato y ella vuelve a dormir sin problema. He descubierto que los despertares muy de madrugada son por hambre. Y entonces pide teta, leche, pan y hasta helado de chocolate. A veces simplemente tiene sed y se toma de un solo el vasito completo de agua. Otras quiere a mamá. Supongo que necesita mi olor, mi calor. Y al sentir mi presencia unos cuantos segundos, sigue durmiendo como si nada hubiera pasado.

Para mí esta nueva situación también ha sido todo un proceso. Los 1eros días simplemente no podía dormir nada, de nada. Oscilaba entre el insomnio total y un sueño ligerísimo, en el cual hasta el más mínimo ruido me despertaba. Me preocupaba quedarme profunda y no oírla (cosa por demás imposible). Con el paso de los días, aunque continúo de aquí para allá, he podido comenzar a dormir mejor, he soltado la aprensión del cambio, relajándome para poder descansar. 

Y así vamos ahora, y aunque estoy cansada y con unas ojeras que van y vienen cada tercer día, la realidad es que las cosas han salido mejor de lo que esperaba. Sara parece estar bien, feliz con sus nuevas sábanas de mariposas. Yo he comenzado a cogerle el gusto otra vez a dormir a mis anchas. No niego que a veces la extraño. De hecho, casi siempre antes de amanecer, inevitablemente ella termina en mi cama o yo termino en la de ella. Pero creo que estamos del otro lado y pronto estas "malas noches", parecidas a las de recién nacida, pasarán. Por que es una nueva etapa, por que no aguanta estar de aquí para allá, para siempre. Y por que todo pasa. Y si no, simplemente lo resolveremos de otra manera. 

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01 marzo 2013

Ha valido la pena


Hace un año exactamente escribía sobre un nuevo comienzo. Dejaba de ser mamá en exclusiva para comenzar a trabajar fuera de casa, otra vez. Hoy miro atrás y me parece increíble que haya pasado tanto tiempo. Ha sido un suspiro. Y, la verdad, estoy feliz. Me encantaría volver a estar en casa, no lo niego.  Sara aún me hace falta. Muchas veces al medio día sueño con quedarme con ella la tarde entera en la casa, dormir juntas una larga siesta y sacarla al parque a diario, como en otras épocas. Creo que este sentimiento, siempre va a estar en mí, nunca va desaparecer. 

Sin embargo, este año como mamá que trabaja fuera de casa ha sido inmensamente enriquecedor. Yo le he vuelto a coger el gustico al ambiente laboral. El trabajo ha sido una oportunidad maravillosa para crecer en muchos aspectos, para reconocerme feliz en otros ambientes, productiva, creativa, fuerte. Descubriendo y reafirmando habilidades, aprendiendo de los errores, aceptándome imperfecta, aprendiendo a soltar, a vivir en el aquí y el ahora, a "estar" a confiar. Disfrutando nuevas amistades que me llenan de luz y buenas energías. 

Y cuando miro en retrospectiva, recuerdo los miedos y las dudas que tenía. Lo que nos costo la separación, los días de tristeza infinita, y como poco a poco, la mayoría de esos sentimientos se fueron desvaneciendo. Como recuperé los espacios perdidos, como hemos podido compensar ciertos tiempos. Como todas las fichas se fueron reacomodando para encontrar un nuevo lugar con otros significado, conservando el vínculo y el amor, acompañándonos mutuamente en el proceso, con toda la conciencia posible, con paciencia, con respeto. Sin renunciar a este blog, a mis otros y nuevos proyectos, sin renunciar a mi maternidad y a mi hija. Haciendo ajustes, transnochando, corriendo, con días de no dar más, pero también segura, convencida y, al final de cuentas, feliz. 

Hoy somos otras, o mejor, somos las mismas pero distintas. Con otras preocupaciones y ansiedades. Con una comunicación diferente, comenzando a vivir nuevas y emocionantes etapas. Vinculadas, conectadas aún, pero cada día menos fusionadas. Con ritmos distintos, rutinas nuevas, sin muchas certezas, o más bien con la certeza de que no hay certezas. Y de que ha valido la pena. Con lo bueno, lo malo, lo bonito y lo feo. Ha valido la pena. Y aquí estamos en el camino, satisfechas y con ganas de seguir enfrentando todos los cambios que nos esperan. 


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