20 noviembre 2013

15 cosas que tienes que hacer con tu hijo antes de que crezca


1. Saltar encima de la cama o el sofa
2. Comer helado hasta no poder más
3. Dormir arrunchados, pegaditos, juntitos hasta que amanezca
4. Jugar a hacer castillos de arena
5. Visitar el mar, recoger caracoles y pescar
6. Tirarse en el parque a descubrir figuras en las nubes
7. Contar estrellas hasta toparse con una estrella fugaz
8. Bailar, bailar y bailar hasta caer muertos del cansancio
9. Cocinar galletas de chispas de chocolate
10. Jugar a las escondidas
11. Tomarse montones de fotos juntos
12. Hacer guerra de almohadas con cosquillas incluidas
13. Inventar una canción que sea solo de los dos
14. Tomar un baño eterno de burbujas en la tina
15. Contemplarse.... y decirle mil veces lo mucho que lo amas.

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13 noviembre 2013

El espejo


Tu llanto me ciega, me nubla, me descentra.

Me hace perder el control y me sumerge en aguas profundas y turbulentas.

Tu llanto me llena de miedo, de un miedo infantil que me invade sin remedio. Sin importar el momento ni el motivo, despierta el mounstro, esa inmensa y terrible criatura que vive en mí, que también soy yo.

Tu llanto me abate sin compasión y de manera mortal. Me golpea y me quita la respiración. Me reduce a nada, me hace olvidar mis habilidades de control.

Tu llanto no me deja pensar, me empuja aún mundo donde solo puedo sentir. Y esos sentimientos que afloran son intensos, egoístas y oscuros. Porque es un llamado directo a mi sombra, la trae, la hace presente, aniquilando mi escasa paciencia, irritándome hasta la inconsciencia.

Cuando eras bebé la cosa era diferente. Tengo la sensación de que tu llanto de ahora, tu llanto de niña es más intenso y poderoso, con  efectos más fuertes y profundos en mí. ¿Será por que ya no hay teta?, ¿será por qué la oxitocina no corre libre en nuestro vínculo como antes?, ¿será por que mi niña interior se refleja en tu frustración, en tu protesta, en tu inconformidad, en tu llanto que me incrimina y me desnuda?... No lo sé.

No único que tengo claro es que tu llanto es mi espejo. Un espejo gigante en el que detesto mirarme. Un espejo en el que no puedo evitar mirarme. Y entonces, en mi incapacidad de lidiar con mis sentimiento y los tuyos al mismo tiempo, te pido cosas incoherentes, hago cosas incoherentes. Y quiero desaparecer. Quiero un abrazo. Quiero tiempo. Quiero atención. Quiero exactamente lo mismo que tu me pides y que no sé como entregarte. Y no logro respirar, ni mantener la calma. Solo atino a solicitarte lo imposible, cuando yo misma no se expresar lo que me pasa y contengo mi propio llanto en un nudo inmenso en la garganta.

Pero no hay más remedio. No hay más opción que enfrentarlo. No tengo más que mirarme de frente en este espejo, cada vez que sea necesario. A pesar del temor, de la tristeza, del dolor. Con coraje, con fuerza, con humildad. Para que algún día pueda acoger esta parte oscura, entenderla, aceptarla, caminar de su mano, entendiendo un poco mejor su dimensión y su misión, que no es otra más que enseñarme, curarme, curarnos a ambas.

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07 noviembre 2013

Liebster Award

Hace rato que no recibía premios blogueros. Este llegó hace unos días y no quiero dejar pasar la oportunidad para contarles lo feliz que estoy de tenerlo y de poder pasarlo a otros blog como es costumbre. Gracias a Damián y Huara de Papi y Ma por leerme y otorgármelo para que muchos otros conozcan este espacio.

Y como todos estos premios tengo tarea: contestar 11 preguntas para que conozcan un poco más de mi. Así que aquí van:



  • Sobre el blog: es mi segundo hogar, mi bien más preciado, mi lampara, mi desahogo, mi pasión, mi sueño hecho realidad.
  • Sobre mi día a día: voy a las 5: 00 a.m al gimnasio y el resto del día es una maratón que termina tipo 11 de la noche con un nuevo poste en el blog.
  • Algo personal: tengo un lugar inmenso de pecas en el cuello, que adoro con locura. 
  • Una manía: ser la salvadora, de todos y de todo.
  • Un defecto: soy tremendamente impaciente y la maternidad esta siendo el mejor PhD en paciencia que podría llegar a hacer
  • Las cositas que me hacen feliz del día a día: desayunar con Sara y cantar en el carro con el equipo a todo volumen. 


  • Las cositas que me hacen infeliz del día a día: el tráfico de mi ciudad y que llueva justo cuando salgo de la oficina. 


  • Un deseo: pasar mucho más tiempo, todos los días, con Sara.


  • Un secreto inconfesable: no puedo vivir sin estar conectada a internet y sin hacer ejercicio. 


  • Un secreto confesable: amo dormir todos los días con mi hija. 

  • Y para terminar decir...: escribir siempre ha sido mi sueño, y solo la maternidad me dió el valor para poner en palabras lo que sentía en mi corazón y se materializaba en mi mente. Otro regalo inmenso de mi pequeña. 

Ahora, las afortunados:


Felicitaciones y disfrútenlo tanto como yo!!

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05 noviembre 2013

Yo te banco



Mi lactancia no hubiera sido la misma sin la ayuda del extractor de leche. El primero que tuve era sencillo, manual, pero súper útil. Lo heredé prácticamente nuevo de una amiga que, aunque tuvo la mejor intensión para dar teta, no lo logró. Recién nació Sara, lo usaba mucho: 2 y hasta 3 veces al día. No me gustaba sentir mis senos templados a punto de explotar, así que le daba a Sara toda la teta que pedía, y además me sacaba toda la leche que no se tomaba para guardarla en bolsitas en la nevera. Alcanzaba a almacenar hasta 12 onzas diarias!!! A ese ritmo, al cabo de unas cuantas semanas mi hija estaba grande y hermosa, y la nevera llena de leche congelada. 

Luego, pase a un extractor un poco más sofisticado, eléctrico, doble. Este me lo presto otra amiga, porque el manual heredado, de tanto uso, se daño. Me costó acostumbrarme a usarlo. Prefería el manualito, más demorado, pero más para mi. Mucho tiempo después entendí que a esa alturas realmente no lo necesitaba. Sara ya tenía un año. La lactancia estaba perfectamente establecida hacia tiempo, y el extractor era más para sentirme aliviada cuando sentía los senos cargados, que para ayudarme a mantener la lactancia de Sara. Pero era imprescindible en mi vida, y así lo use varios meses más. 

Hoy sé que gran parte del éxito de mi lactancia se lo debo a ese par de aparaticos que mis amigas, de manera altruista, me facilitaron. Ellas sin saberlo, me "bancaron". Me ayudaron a establecer exitosamente mi lactancia, a tener la tranquilidad queda una nevera llena de mi leche, a aliviar el dolor cuando tuve alguna obstrucción, a sentirme cómodo en mi propia piel cada vez que lo necesite, cada vez que lo sentí necesario.  

Por eso, cuando estaba revisando el número 4 de la revista Enredo de Las Casildas no pude más que sentirme inmensamente feliz e identificada por la iniciativa "Yo te banco", el primer Banco de Sacaleches de Argentina (y creo que de la región), a través del cual cualquier mujer puede tener acceso al extractor que necesite, usarlo el tiempo que desee y luego, devolverlo para que otra mamá lo use. Simple, inteligente y maravilloso. 

Durante los dos años que tiene la iniciativa, los equipos han viajado por todo el país, ayudando a madres lactantes en sus casas, oficinas y hasta en los hospitales. La mayoría son regalos de otras mamás que al conocer la propuesta, ofrecen el sacaleches que ya no usan. En algunos casos son donaciones de algunas marcas conocidas. ¿No les parece increíble? Esta iniciativa está en pié, funcionando y ayudando de manera desinteresa a muchas mamás que de no ser así, no habrían tenido la oportunidad de disfrutar de los beneficios de un sacaleches. Mujeres ayudando a mujeres. Tribu. Increíble que a ningún gobierno de estos que dicen apoyar la lactancia materna, se le haya ocurrido una idea tan inteligente, útil y sencilla. Esto si es apoyar la lactancia materna.

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