14 diciembre 2014

Pedir perdón


A medida que el tiempo pasa, Sara crece y todo cambia. No sólo lo obvio, como los cuidados, las conversaciones, las preguntas y los juegos. Sino también lo más profundo: las lecciones y retos, los desafíos emocionales, la necesidad de empatía, presencia y consciencia.  

Y esto supone que criar a mi hija me pone en evidencia. A medida que nuestra vida juntas se desarrolla, son mucho más claras y frecuentes mis carencias, mi faltas, mi limitada paciencia, mi enorme deseo de control y perfección. Veo todos mis errores ahí, juntos y revueltos, con una frecuencia alta y verdaderamente incómoda. Evidentes para mi y evidentes para ella que cuando yo los paso por alto (inadvertida o deliberadamente), los saca a la luz con desparpajo,  diciendo "mamá, ¿por qué estás gritando?", o "¿eso quiere decir que estoy castigada?". O, de una manera más sutil,  inventando historias, que no son más que la repetición de la situación que acabamos de vivir, en donde, tal cual como en una fábula, recita la moraleja que debo aprender (reconozco, que muchas veces ella tiene más claro que yo, lo que tengo que aprender). 

Tweet: Y en medio de esta maternidad real y accidentada, donde la culpa acecha sin descanso, pedir perdón nos salva.  Nos lleva de una relación de poder a un contacto desde el amor y la comprensión; y tiende una red que nos mantiene a salvo de las heridas involuntarias e inevitables de ser mamá e hija, de criar-nos. 

Tweet: Decir "lo siento" ha sido la mejor manera de aprender entre las dos que cometemos errores y que nos amamos a pesar de ellos , y que ninguna es una heroína perfecta e inmaculada, sino que somos mujeres hermosas y emocionalmente complejas, mágica y preciosamente humanas.

Pedir perdón es nuestra tabla de salvación. Y hemos aprendido a echar mano de ella siempre que lo necesitamos. Después de la ira, el desconcierto o el miedo, decir "lo siento, me equivoque, estuvo mal" nos humaniza, nos pone de nuevo cerca, de manera personal e íntima, de la manera como necesitamos estar. Nos vuelve seres reales, de carne y hueso, llenos de hermosos y malos momentos, eliminando las jerarquías y ese dañino estado de sumisión y control que muchas veces supone la maternidad.

Dis-culparnos, (disculparme con mi hija) nos libera y nos hace humildes e inmensamente vulnerables. Increíblemente y hermosamente vulnerables. Y en esa vulnerabilidad compartida sólo puede haber comprensión y empatía. En esos momentos, por fortuna, sólo predomina nuestro amor y la certeza de que en esa complejidad, sobrevive, se fortalece y crece de formas increibles e insospechadas.

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29 noviembre 2014

¡Las ganadoras!


Sin más preámbulo, estás son las felices ganadores de 4 suscripciones de 3 meses a Netflix:




¡Felicidades a todas  y mil gracias a Netflix Latam por ayudarme a celebrar por lo alto mi aniversario!.
Mañana, vía correo electrónico, recibirán su premio con todas las instrucciones.
Disfrútenlo al máximo.
Besos y gracias por estar siempre a mi lado en este espacio.


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22 noviembre 2014

¡Feliz Aniversario!


Hoy estamos de cumpleaños. "La mamá de Sara" cumple 4 años y las palabras no me alcanzan para expresar lo feliz y satisfecha que me siento. No se muy bien como llegue hasta aquí, pero aquí estoy, con casi 300 post a cuestas, con un montón de madres amigas, con incontables satisfacciones personales. 

Escribir para mi ha sido liberador. No sólo porque este es mi espacio de expresión natural (y casi sin censura), sino también porque es la herramienta más eficiente para enfrentar y conquistar mis miedos internos con valentía y, a veces, hasta con emoción. La palabra es poderosa y construye realidades. Y con cada palabra escrita en este espacio he podido crecer y transformarme en todo lo que he querido como mamá, como mujer, como ser humano.

Hoy no me preocupa el futuro de "La mamá de Sara". Este blog es un reflejo de mi, un espejo en el que me miro, una ventana abierta a mis emociones y a mi mundo. Una oportunidad inmensa de conexión con los demás, una herramienta de realización personal. Y en esa medida su futuro es inmensamente prometedor porque hace parte integral de mi, como mi piel, como mi alma y mi corazón. 

Así que solo me resta sonreír y gritar emocionada !Feliz Aniversario!, llena de agradecimiento con todos los que me han acompañado, con mis lectores y lectoras fieles, con los que me leen en silencio, con los que me tropiezo en la calle y me agradecen por un post o me piden una recomendación, con los que han creído en mi y me han hecho saber que esto que hago no solo es un placer personal, sino que también es una labor útil y apreciada por otros. 

Y como no hay cumpleaños sin regalos, tengo una sorpresa para celebrar con ustedes: ¡4 membresías gratuitas de 3 meses de Netflix! Así que si quieres disfrutar de una de ellas solo tienes que:


¡Mucha suerte a todos y gracias por seguir a mi lado en este camino!

*Tienes hasta el próximo viernes 28 de noviembre para participar. El lunes 1 de diciembre realizaremos el sorteo de los 4 ganadores a través de la web de Sortea2. Las membresías son válidas para cualquier país. 

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20 noviembre 2014

Cubos vacíos



Somos madres,
y estamos llenas de amor y de sueños,
pero también de miedos y de ansiedad.
Con nuestro hijo en brazos se nos exige pensar;
pensar en lugar de sentir... vivir, dar, sentir, amar.
La vida y sus habitantes llevan años diciéndonos
que no sabemos como ser lo que somos ahora.
Nos han metido en la cabeza que somos cubos vacíos que hay que llenar.
Recibimos consejos que nos invitan a pensar, a racionalizar, a decidir.
A dejar llorar, a ser egoístas, a no empatizar, a bloquear la compasión natural.
Cómo si ser mamá pasará por la cabeza,
cuando pasa por cada célula de nuestro cuerpo
de una manera que sólo se puede sentir
y que poco nos interesa explicar.

Somos madres y no somos cubos vacíos.
No necesitamos instrucciones, ni "escuela para padres".
Somos almas llenas esperando a ser libres para sentir,
para entregar, para dar, para amar.
No necesitamos de expertos.
Nuestros corazones son expertos en amar.

Somos madres y necesitamos libertad para vivir y para dar.
Para ser la madre que nos sale de las entrañas.
Para entender ese maravilloso mundo interior que nos llena de poder y fuerza.
Sin juicios, sin etiquetas, sin estereotipos.
Sin expectativas encasilladas en un modelo fallido que nos deja solas,
aisladas, sin tribu, sin leche, sin piel, sin conocernos, sin sentir-nos.

Somos madres sabias
pero ávidas de soporte y confianza,
de una ancla que posibilite entregarlo todo
y perdernos en nuestro mundo emocional.
De seguridad para conectar,
para destapar nuestro interior.
Sin miedo,
con certeza,
llenas de arrojo y valor,
con la seguridad interior de que no es necesario sabérselas todas.
Con la tranquilidad de que conectadas encontraremos,
naturalmente, nuestras propias respuestas.

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16 noviembre 2014

Mujeres Poderosas


Sonará pretencioso pero es cierto: las madres somos mujeres poderosas. No es que las que no tiene hijos, no lo sean. Es sólo que al convertirnos en madres, sin ninguna otra explicación, comenzamos a estar completamente seguras que somos capaces de hacer y enfrentar, todo aquello que se nos cruce en la vida.

La maternidad nos hace descubrir que siempre hemos tenido el poder de hacer lo que queremos, pero que nos faltaba confianza, certeza, arrojo y hasta ganas. Después de ser madres, las cosas tienen una perspectiva tan distinta, que ninguna montaña parece demasiado alta para poder ser escalada. Simplemente, comenzamos a sentir que somos capaces de dormir pocas horas al día, de emprender un nuevo negocio, de comer, dar teta y tuitear al mismo tiempo, de escribir un blog, o dos o tres... de hacer lo que siempre hemos soñado, lo que siempre hemos querido, de cumplir nuestros sueños y, al mismo tiempo, amar sin medida.

Y cuando nos sentimos así el universo conspira y todo parece encajar de manera perfecta para alcanzar lo que queremos. No digo que no existan problemas, ni mucho menos que no nos encontremos con dificultades y tropiezos. Es solo que, desde nuestra perspectiva, todo es simple y fácil de resolver. De repente todo se puede. Todo vale la pena. Nuestra actitud y disposición a que las cosas funcionen es tan clara y positiva, que todo se da. Es increíble palpar el poder que la maternidad despierta en nosotras. La capacidad de hacernos cambiar, de sacar lo mejor de todo y de todos. Las ganas de perseverar y sobreponernos que poseemos comienza a ser infinita.

Rodeada, física y virtualmente, de tantas mujeres poderosas, he terminado de confirmar que mi teoría, no es una teoría. Veo como se cumple a diario, todo el tiempo. Tengo la certeza de que lo que les digo no es simple palabrería, es pura realidad. Sin importar cuales sean los retos que la vida nos imponga, el poder que despierta en nosotras la maternidad, nos posibilita para salir adelante con optimismo, decisión, amor y felicidad. Lo veo en mi propia madre, en Bren, en Elva, en Oli, en Silvia, en mi vecina, en mis primas, en mis amigas, en el ejemplo que me dio mi abuela.

Así que quiero celebrarlas a todas. Celebrar su fortaleza y su arrojo, sus ganas y su valentía. Celebrar la maternidad como el mejor regalo que he podido recibir y que le a dado vida a una versión de mí que pocas veces imaginé y que, antes de ser mamá, ni siquiera soñaba con ser. 

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14 octubre 2014

Niña buena


Recuerdo que cuando era pequeña sólo quería ser una "niña buena". La recompensa era deseable: cariño y aceptación a raudales. Entonces, durante mucho tiempo fui una de esas mujercitas que van siempre bien puestas, que hacen caso sin dudarlo y que saben que el éxito de su papel radica en no molestar a los adultos. 

Ser niña buena tuvo sus pros y sus contras. Los pros creo que eran más para el entorno que me rodeaba: niña obediente y bien portada, cariñosa y complaciente, buena estudiante y cuidadosa. Los contras me pertenecían y aún, con alguna frecuencia, me pertenecen sólo a mí: miedo a fallar, pavor al que dirán, a no encajar, necesidad de aprobación, inseguridad.

Tal vez por eso de mamá, vivo en un constante debate interno. Me explico. Hoy, veo a mi hija y veo una niña que es de todo, menos una de esas "niñas buenas". Su espíritu está intacto, limpio y claro. Llena de una energía, incorruptible, imposible de chantajear, poderosa y muy temeraria. Veo como nos ama y al mismo tiempo como no nos teme. Como es capaz de opinar a su corta edad y de decir lo que piensa sin sentir ningún riesgo. Insistiendo en lo que desea con un fervor que pocas veces he tenido en mi vida. Nos escucha y observa con atención para luego recordarnos con toda autoridad que no somos coherentes y que, tal vez, estamos equivocados. Expresa su amor y su inconformidad a quien quiere, cómo y cuándo lo desea. Conclusión, hoy mi hija es muy distinta a una "niña buena" y eso me hace una mamá muy orgullosa.

Sin embargo, esto no quiere decir que todo sea color rosa. Amo descubrir a mi hija tan ella, tan genuina y con una capacidad inmensa de atreverse a todo, llena de autenticidad. Amo nuestra relación tan de tú a tú, sin temores ni malsanas expectativas de por medio. Pero tengo que reconocer también que muchas veces, a pesar de que sé lo que significa, me descubro deseando una niña dócil, calmada, una "niña buena". Quizá porque criar a una hija con este espíritu y voluntad no es una tarea sencilla y en medio del cansancio y de mi egoísmo, añoro una tarea más fácil y menos demandante, con una pequeña que juegue sola, que duerma sola, que me quiera mucho pero que me requiera poco.

Lo lógico sería que a una persona como yo este tipo de cosas ni se le ocurrieran. Pero ya ven, la lógica no tiene mucho espacio en la vida real. Y entonces yo, que sé la trampa que es ser esa niña complaciente que pospone sus deseos en aras de llenar las expectativas de los demás, a veces deseo una hija con esas características. Mis recursos emocionales me fallan y me traiciono. Y me sorprendo repitiendo muchos "no hagas", "quédate quieta", "no llores ahora", buscando la manera de una crianza menos demandante que me facilite la vida. Me descubro siendo de nuevo esa niña buena de antes en mi cuerpo de mujer adulta y de mamá abrumada.

Y resulta que lo que creía superado, no lo está del todo. Y en medio de la angustia todo tiene sentido. Porque esta fuerza de la naturaleza que es mi hija, me lleva de la mano a reflexionar, a sonreír montones, a respirar profundo antes de reaccionar, a entender que me tengo que fresquear mucho más, que aún me importa demasiado lo que los demás piensen de mi y de ella (como una extensión de mi misma) y que aún hay mucha "niña buena" que desterrar.


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09 septiembre 2014

Mamá celosa


Soy una mamá celosa y eso es un hecho. Nunca lo hubiera pensado pero soy de esas que se la pasan todo el día anhelando ver a su pequeña, pensando ¿qué estará haciendo?, ¿cuál será su última ocurrencia?, ¿con qué estará lidiando?, y sintiendo una opresión inmensa en el corazón por todo lo que se está perdiendo. 

Soy una mamá celosa y esta emoción me toma por sorpresa y no la comprendo. Esta mañana cuando llegó el bus del colegio y ella grito emocionada : "la ruta, la ruta", me dio mucha felicidad pero también mucho miedo. Miedo a montarla en un vehículo escolar en esta ciudad, miedo a no estar, miedo a perdérmela, a perdernos, a no disfrutar a su lado cada uno de estos nuevos momentos que le corresponde vivir con otros y sin mí. 

Soy una mamá celosa y no es fácil serlo. Estaría mejor tomarme todo con tranquilidad. Después de todo tengo una hija tranquila, segura, que se siente como pez en el agua en su nuevo colegio, que quiere asistir hasta los fines de semana, que se despide con un beso, un abrazo y una sonrisa en la boca. Y, como resultado, yo me siento celosa, desplazada, poco importante, abandonada, vacía.

Soy una mamá celosa y, al mismo tiempo, soy una niña insegura buscando atención. No entiendo muy bien como ni por qué pero esta etapa me conecta con ese lado mío que sólo yo sé que está vivo y que existe. Ese lado que se despierta en los momentos menos esperados y que me hace re-conocerme y re-descubrirme de maneras insospechadas. 

Soy una mamá celosa y tendré que aprender de este momento. Supongo que estoy acostumbrada a ser el centro de la vida de mi hija, y la entrada al colegio me enfrenta a otra realidad: eso está cambiando y con el tiempo cambiará mucho más. Y me niego a creerlo. Y, de alguna manera inconsciente, no quiero soltarla, soltarme y dejar que todo tome su curso, que fluya. 

Soy una mamá celosa y eso es lo que siento hoy... y espero poder darle a este sentimiento un curso acertado muy pronto. 


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02 septiembre 2014

El colegio grande


Pasado mañana comenzamos una nueva aventura. Y digo "comenzamos" porque esta es una nueva etapa para todos. Sara entra al colegio grande y la mezcla de sentimientos, por lo menos para mí, es un poco abrumadora: estoy feliz pero también preocupada, y un poco ansiosa, llena expectativas, conmovida y, por supuesto, muy emocionada. Todo al mismo tiempo y con una tendencia a incrementarse vertiginosamente, a medida que se acerca el momento. 

No me considero una madre sobreprotectora. De hecho, soy bastante tranquila y hasta "fresca". Sin embargo, llegó el colegio grande y con el un montón de temores y preocupaciones. Repentinamente se ha despertado en mi una faceta de madre ansiosa que hasta ahora desconocía, con una avalancha de preguntas que me rondan permanentemente: ¿y si no le gusta?, ¿y si son muchos niños?, ¿y si odia la comida o a las profesoras o si no hace amigos?, ¿y la madrugada y el desayuno, y la ruta, y las nuevas profesoras?, ¿y si no se adapta porque no es el colegio para ella?.... en fin, son tantas cosas que no hay como acabar de enumerar. Supongo que en unos días las cosas comenzarán a marchar viento en popa y leeré este post y no entenderé por qué me sentía de esta manera. Pero hoy quisiera instalar cámaras secretas por todo el colegio para estar al tanto de todos sus movimientos, o pedir vacaciones por 3 meses y solicitar trabajo en el colegio por el mismo periodo para estar a su lado o, simplemente, tener el tiempo para llevarla todas las mañanas y recogerla todas las tardes, y dedicarme el resto del día a ella, a escuchar sus historias, a consentirla mientras miramos juntas por la ventana de la sala.  Soy un manojo de pura ansiedad y nostalgia.

Por su parte, Sara está radiante y tranquila. Muere por llevar lonchera y usar uniforme por primera vez. No ve la hora de comenzar a aprender italiano y sueña con los nuevos amigos que está por hacer. Para ella, pasar del jardín al colegio es la confirmación tangible de que realmente es una niña grande. Y lo está asumiendo con la alegría, la valentía y el arrojo que la caracteriza. Pregunta todos los días si ya es "el día". Y me habla de lo que se imagina que hará y aprenderá y compartirá. Está feliz y eso debería ser suficiente para que yo estuviera tranquila. Pero no. Mi mente está alerta y no puede parar. Así que prometo contarles cómo nos va el primer día y cómo avanza todo. Deséennos (o mejor deséenme) suerte con el colegio grande. 


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23 julio 2014

Cierres


Sara pronto cumplirá sus 4 años. Está emocionada. Ya tiene conciencia de lo que significa. Sabe que está creciendo y eso la llena de una especie de "felicidad ansiosa-nerviosa". Sabe que pronto ya no habrá más jardín, que sus amigos de siempre ya no estarán ahí a diario y que se tendrá que enfrentar a otras experiencias en el colegio grande. Sueña con aprender italiano e inglés. Y con vestir uniforme por primera vez. Tiene plena consciencia de que realmente ya no es más una bebé. Pero no piensa mucho en lo que deja atrás. Como todos cuando niños, tiene mucho afán por crecer. Su cierre es fácil, natural. No tiene tantos apegos. Está feliz de volver a comenzar. 

Yo, por mi parte, ¡pronto cumpliré 4 años de ser mamá! 4 años que parecen una eternidad, una montaña rusa emocional, demasiadas cosas sentidas, vividas y aprendidas. Y ahora, es para mi también un nuevo comienzo. Ya no soy más la mamá de una bebé. De hecho, a veces creo que soy la mamá de una pequeña niña con rasgos muy pre-adolecentes. La maternidad para mi ahora es una aventura distinta, a ratos más difícil, inmensamente retadora pero también igualmente placentera. Una tarea constante de equilibrio entre mis necesidades como individuo y mis responsabilidades como madre, con reflexiones complejas, llena de voluntades y deseos enfrentados con una niña llena de determinación, carácter, claridad y ternura. Con un control diferente sobre las cosas (para mi que soy una controlador empedernida) o, de hecho, sin mucho control. Consciente de mi rol de madre pero también de las necesidades y responsabilidades que tengo conmigo misma como mujer. Con nuevos retos profesionales (cambio pronto de trabajo), con mucha felicidad pero también llena de nostalgia y algo de melancolía.

Así que estamos ad portas de terminar un hermoso ciclo. Es tiempo de cierres, de balances, de tener el corazón abierto y los sentidos despiertos, de agradecer, de dar amor, de estar felices por los lazos construidos, por todo lo entregado y todo lo vivido, recibiendo con muchas ganas lo nuevo que la vida tiene para nosotras. Plenas y a la expectativa por todo lo que nos espera.

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17 junio 2014

Sin ceder


Ayer, después de llegar a casa y seguir la rutina de siempre, estaba realmente agotada. Tu, en cambio, estabas llena de energía, espabilada, con ganas de seguir jugando, sin ninguna intensión de descansar. Pero era tarde y era hora de dormir. 

Y aunque yo no suelo ser tan estricta en esas cosas, ayer realmente no daba más. Así que después de ver mil veces el video que adoras, decidí apagar todo para tratar de bajarte las revoluciones. Pero tu sencillamente no querías dormir. Estabas cansada, eso era evidente, pero deseabas seguir como si fueran las 10 de la mañana. 

Y te frustró mucho mi decisión. Y lloraste, y te enfadaste, y pataleaste, me peleaste. Y yo, mientras, respiré mucho y muy profundo, y trate de estar, de hablarte, de no sentirme desesperada por tu llanto, de ponerme en tus zapatos sin ceder. No porque ceder esté mal, sino porque no era lo que necesitábamos en ese momento, porque muchas veces prefiero ceder, porque me queda fácil, lo mío contigo, es evitar el conflicto a toda costa y, en algunos momentos, es necesario estar, con amor, pero ser firme. 

Parece fácil. Se escribe fácil pero no lo es. Mantenerme firme cuando lo necesitamos es absolutamente necesario para las dos, para nuestra relación, para que ambas aprendamos. Para que descubras y le pongas nombre a tus emociones, y me digas después del llanto: "Mamá es que me siento triste", "Estoy fastidiosa", "Creo que estoy ansiosa". Para que aprendas que cuando no se puede lo que quieres es valido estar triste y sentirse frustrado. Que no complacerte no significa que no te ame. Es más, que cuando no puedo hacerlo o no debo hacerlo, te amo mucho más porque me cuesta, porque tu llanto me duele físicamente, porque mantenerme firme es un trabajo tremendamente difícil para mi. 

Parece fácil pero me resulta complejo aprender a entender tu inconformidad, a acompañarte cuando lloras, cuando estas furiosa y no pareces quererme tanto. Muchas veces te he contado lo que tu llanto trae en mí, esa sombra, la niña asustada, triste y furiosa que vive en mí y que me recuerdas, que no me gusta y que veo a través de ti en estas ocasiones.

Parece fácil pero es muy difícil ser firme y amorosa al mismo tiempo. Sin embargo, es posible y se siente muy bien. Porque a pesar de la dificultad y el miedo que siento, ayer lo logre, lo logramos. Y estoy feliz por eso, porque sé qué es un gran paso.

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28 mayo 2014

Treinta y cinco


Mañana cumplo años. 35 años para ser exacta. Y tengo que reconocer que me aterroriza un poco crecer y volverme mayor. No por las arrugas, ni por los kilos de más o las canas. No. Más bien por el tiempo que pasa tan rápido, por la vida que avanza y que, con el tic tac del reloj, se acorta.

Me parece que la vida es muy corta. Eso es lo único que pienso desde que, hace unas semanas atrás, caí en cuenta de que ahora sí soy una mujer adulta. Ya no tengo que jugar más a ser adulta. Resulta que ahora sí lo soy, lo siento y sé que lo soy. Y con esta adultez, a la que aún no me acostumbro y que, irónicamente, me parece bastante prematura, llegan claridades y certezas inesperadas, dudas y anhelos ocultos, deseos de explorar y de arriesgarme, ganas de vivir con más intensidad, simplemente por que la vida es un milagro inmenso y finito.

Así que la víspera de convertirme en una mujer de 35 años, con la pensadera activada y el corazón pleno, tengo solo razones para celebrar, para recordar, para avanzar, para crecer, para seguir sintiendo con intensidad, para llorar, para sufrir, para darlo todo, para ponerme al límite, para descubrir, para ser la de siempre, para ser mucho más, para disfrutar, para fracasar, para sufrir, para hacer solo lo que quiero, para obligarme a hacer lo que debo, para sorprenderme, para añorar, para bailar y cantar, para aprender, para enseñar, para desear, para amar, para vivir. Para ser quien quiero ser. Para ser feliz.

Felices 35 a la mujer que soy y a la mujer que fui.

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09 mayo 2014

La tormenta


La lluvia nos acompaña a diario estas dos últimas semanas. La lluvia y también la tormenta. Y hace dos días, después de llegar a casa, se desató una muy fuerte, llena de relámpagos y muchos truenos que te asustaron. Nunca habías visto nada igual. Y fue extraño verte decir que sentías miedo. Fue extraño verte miedosa cuando normalmente eres una niña temeraria, que no mide, que se abalanza. 

Entonces decidimos sacarte de donde estabas, subir la cortina y asomarnos contigo a la ventana. Decidimos ayudarte a descubrir la tormenta, a conocerla, a hacerla tu amiga, para despertar a la belleza de esa furia desaforada, a la armonía en los truenos, al brillo de la luz que salía de repente del cielo, luz mágica que te hacía brillar e iluminaba toda la casa. 

Y aprendiste que existe el miedo, y no tuviste reparo en decirlo. Pero también descubriste que sentirlo está bien y es natural. Y que más allá del miedo hay montones de cosas por vivir y disfrutar. Más allá del miedo esta la sonrisa, el asombro, el disfrute simple, el conocimiento, la magia. El miedo es la frontera interna que nos separa de todo eso. Una frontera personal a la que solo nosotros le damos poder. Una frontera que no es más que una invitación a crecer, a vencer, a movernos, a tomar decisiones.  Descubriste que tiene un sabor agridulce, y que dependiendo de lo que hagas, éste se torna dulcísimo y nos permite disfrutar al máximo la vida. 

Descubriste el miedo y lo venciste. Y luego la atormenta se convirtió en una fiesta, llena de risas, esperando cada destello y cada trueno, contando las gotas de lluvia, imaginado un lago inmenso en medio de la calle, los tres juntos, mirando a través de la ventana.  

Descubriste lo que realmente es el miedo... y de paso, en el momento más indicado, me ayudaste a recordarlo.

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01 mayo 2014

Aniversario del destete

Si la memoria no me falla acabamos de cumplir un año del destete de Sara. Un año ya paso sin que nuestro vinculo este mediado por eternas tetadas en las noches o al medio día, cuando regresaba a casa a almorzar. En esos momentos no hablabas tanto, así que la lactancia era nuestro lenguaje. Y tengo que decir que era maravilloso.

Ahora, un año después eres otra. Eres una persona que dice exactamente lo que quiere, y nuestro vínculo, aunque fuerte, es distinto, es otro. Ahora me dices sin reparo que te sientes "ansiosa" o triste, que me extrañas y que no te quieres separar de mi. Que odias que mañana no sea domingo y que quieres dormir a mi lado, que necesitas más besos y un par de fuertes abrazos. 

Ahora, a pesar de que hace más de un año que no lactas, aún te emocionas cuando me ves desnuda. Es como si mi pecho al descubierto te trajera los mejores recuerdos. Se que tienes los mejores recuerdos. Y sonríes, y no te resistes. Y los acaricias, les hablas, les dices que los quieres, te sumerges en ellos, con una mirada llena de felicidad y electricidad, la misma mirada cómplice de los primeros años. 

Para ti, mi pecho no es mío, sigue siendo tuyo. 

Y tengo que decir que ahora también es maravilloso.


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20 abril 2014

El tren

Hace días que no escribo. No porque no tenga muchas cosas que decir. Más bien es por que los días se atiborran unos sobre otros y se me escapan. Prometo estar más, como antes, 2 veces por semana. Porque me hace falta, porque me gusta, porque lo necesito. Por ahora, solo les quiero contar que tuve mi primer paseo en tren. El primero mío y el primero de mi hija. Para nosotras fue la experiencia de la vida. Un viaje pausado, donde no hay nada mejor que hacer que contemplar a través de la ventana la ciudad, el campo, los contrastes. Detallando el ruido de una locomotora vieja que inunda el espacio con su chillido incesante. Identificando el olor a carbón, el hollín en las ventanas, sonriendo con los músicos y la señora que vende empanadas, chocolate y tamal.  Es una tristeza que no exista en nuestro país un sistema de trenes que nos lleven de un lado a otro por toda la geografía nacional, conociendo y disfrutando, de paso, de lo bello que es Colombia. Estas son mis memorias de nuestro paseo en "El tren de la Sabana", feliz y segura de que en el futuro nos esperan muchos más paseos como éste.











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29 marzo 2014

Mentir


Las madres mentimos, y mentimos mucho y a diario. Muchas más veces de lo que los demás siquiera se dan cuenta. Mentimos acerca de lo que sentimos, de lo que nos pasa. Porque una buena madre es fuerte y feliz, a pesar de todo, pase lo que pase. Mentimos cuando somos madres recientes o tenemos años siendo mamás. Mentimos acerca de donde duermen nuestros hijos, de cuantas veces se despiertan en las noches, de si toman teta o tetero, de si ya gatean o aún no caminan, de si con 3 años llevan pañal. Mentimos cuando nuestros hijos son unos bebés y seguimos mintiendo cuando crecen.

Y mentimos por temor. Nos sentimos inseguras, le tenemos miedo al juicio detrás de la pregunta, amenazadas por las palabras que ponen en duda lo que hacemos y decidimos como madres. La mentira opera para nosotras como una protección. Ninguna madre necesita más culpa en su vida, por eso mentir es quizá, la manera más fácil de sobrevivir a ciertas situaciones y seguir adelante. Nos ocultamos, de manera cómoda y segura, detrás de la mentira, sin darnos cuenta de lo que eso implica y representa. 

Y todo el tema nada tiene que ver con los demás se trata solo de nosotras mismas. Por que estoy segura de que en algún momento, al principio, todas intentamos ser sinceras y honestas, pero serlo implicaba un peso enorme, así que nos rendimos, nos cansamos, nos dio jartera, desidia, y resultó, aparentemente, mejor negocio decir lo que la gente quiere escuchar a decir lo que queremos, lo que nos pasa, la verdad.

Entonces es cuestión nuestra empoderarnos y dejar de mentir. Para ser libres de nuestros propios miedos, para ser las madres que queremos, las mujeres que deseamos, sin pensar mucho en los demás, visilizando, normalizando lo que todas sabemos, sentimos y ocultamos. Siendo nosotras mismas, sin silencios, con la confianza y la certeza de que nuestro instinto nos guía por el mejor de los caminos. Sin necesidad de protección, sin necesidad de ocultarnos.

Prometo intentarlo. Prometo dejar de mentir. 

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20 marzo 2014

Instantes



Ayer, temprano en la mañana, cuando estaba a punto de parquear, me tropecé con una mamá que iba con su bebé de brazos y su niña pequeña caminado por la acera. Por un momento nuestras miradas se cruzaron y nos regalamos una sonrisa sincera, de empatía y complicidad. 

Este pequeño encuentro desató en mí una nostalgia que hace rato no sentía. Unas ganas de ser la Zarina de hace dos años, la que estaba en casa, la que disfrutaba sus días entre pañales, tetadas y paseos al parque. Tuve de nuevo ese sentimiento tan conocido, que casi había olvidado porque no me visitaba hace bastante rato. Añoré, en medio segundo y con una intensidad arrolladora, una vida menos agitada, más hacia dentro, sin tanta exposición, enfocada en lo simple, en una felicidad predecible y sencilla. 

Lo curioso es que en ese instante en que mi ojos se cruzaron con los ojos de esta madre, pude ver en ella una nostalgia parecida a la mía. Mas bien noté la misma nostalgia pero en sentido contrario. Leí en su rostro unas ganas de poder salir de casa a vivir una vida adulta, llena de retos laborales, con la prisa de tener mil cosas en la cabeza, con "independencia", persiguiendo logros y reconocimiento público.

¡Qué ironía! Dos caras de una misma moneda. Dos madres, que se miran a los ojos y se leen tranquila y cristalinamente, que se entienden, que se envidian, que son felices, pero que al mismo tiempo están buscando más. Que en un instante y sin mediar palabra, ven el pasto de su vecina frondoso y mucho más verde que el propio, que pierden el foco o que, tal vez, encuentran su verdadera perspectiva. De instantes como estos, mágicos, poderosos y efímeros, se compone la vida.

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12 marzo 2014

Días oscuros



Llevo varios días en silencio. Varios días en el que las palabras se apilan en mi mente para quedarse allí enterradas, en la oscuridad profunda de mi alma, huyéndole a esta página en blanco. 

Estos han sido días difíciles, días oscuros, días sin palabras. Mi abuela murió hace dos días. Y con su muerte mi pesadilla recurrente de niña se hizo realidad. Mi mayor miedo de la infancia cobro vida de repente, ante mi mirada asustada e impotente. La mujer que me cuidó, que me acunó en su regazo, que me consintió, que me hizo sentir especial e inmensamente querida, que me enseñó a entregar sin esperar nada a cambio, que fue mi mamá cuando mi mamá no estuvo, se ha ido. Y yo estoy aquí, ahora, en este mundo, sin ella. Mi familia está ahora sin ella y todo se hace difícil. 

He sentido tanto en estos días que quizá, lo natural sería que tuviera mucho que decir. Pero la verdad es que no hay nada más difícil que darle cuerpo a los sentimientos a través de la palabras. Tal vez por que los sentimientos son un abstracto, un cúmulo de acontecimientos internos, particulares, personales, y las palabras son limitadas en este terreno. Simplemente, para mi, en estos momentos, se quedan cortas. Nada de lo que pueda escribir le hará justicia a lo que siento. 

Así que en este momento las palabras no existen. Solo hay vacío, y tristeza, y amor, y agradecimiento por haberla tenido cuando más lo necesitaba, por que hubiera podido conocer a Sara, por saberme amada por ella, por amarla sin medida y tenerla metida en mi alma y en mi corazón.

Te amo abuelita Carmen. Te amo ahora y para siempre. 


PD: Estos son los resultados del sorteo. Felicidades Beatriz. Pronto me pondré en comunicación contigo. :)



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26 febrero 2014

Estamos de sorteo!!!

Este es el primer sorteo de "La mamá de Sara". En los tres años largos que llevo con este blog solo hasta ahora tengo la oportunidad de retribuirles a todos ustedes, de una manera más tangible, su tiempo, sus palabras y su cariño. Así que si te gusta este espacio y te interesa ganarte una tarjeta de regalo por 30 euros para comprar lo que quieras en la web de Ludilabel, una tienda divina de etiquetas y adhesivos personalizables para la ropa y las cosas de tus niños, solo tienes que seguir los siguientes pasos:


1. Dejarme un comentario en este post contándome que es lo que más te gusta de "La mamá de Sara" y de los productos de Ludilabel.

2. Dejar tu nombre completo y tu mail, esto con el fin de identificar y localizar a él o la ganadora.

3. Dar me gusta en el Fan Page de Ludilabel o seguirlos en su cuenta de twitter, como muestra de agradecimiento por su regalo.

4. Y por último, puedes (si te parece cheveré) dar me gusta en el Fan Page de "La mamá de Sara", y compartir este sorteo donde quieras con quien te interese.
Puede participar cualquier persona en cualquier parte del mundo, a partir de hoy y hasta el 7 de marzo a las 12:00 de la noche, hora de Colombia. 

El día 12 de marzo publicaré el ganador, que será elegido con una lista en estricto orden de publicación de los comentarios, a través de Sortea2.

Mucha suerte a todos y gracias por ser los compañeros en este rinconcito de mi alma, que también es su casa!!!!

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18 febrero 2014

Nuestro gato


Quiero un gato. Quiero una mascota para esta familia. Tengo ganas de llegar a casa y encontrar a un animalito que acariciar. Me hace falta ese contacto simple, ese cariño incondicional, ese "alguien" que siempre está para ti, esa fuente infinita de amor del bueno, un ser más a quien amar.

De niña siempre tuve una mascota. Por mi casa pasaron casi una decena de perros, algunos gatos, loros, pájaros y, en alguna oportunidad, tuvimos hasta una tortuga. Los animales siempre estuvieron presentes y eso, de alguna manera moldeo mi carácter y el carácter de mis hermanos. A través de nuestras mascotas no solo disfrutamos montones, sino que aprendimos a expresar nuestros sentimientos, a ser bondadosos, generosos, responsables, a dar sin esperar nada a cambio. 

Y ahora, después de casi 10 años sin una mascota, quiero una de nuevo en mi vida, en nuestras vidas. Quiero que Sara no se pierda la experiencia de tener un animalito para querer y cuidar. Me parece de una importancia suprema. Casi que necesario y natural. Sin embargo, la decisión no depende únicamente de mi, y llevo varias semanas tratando de convencer, sin mucho éxito, al individuo que duerme a mi lado.

Entonces, por ahora, solo quiero decir que quiero una mascota y que la mejor opción para nosotros como familia es una gato. Así que desde ya sueño con él, con verlo jugando con mi hija, con sentirnos embobados por su personalidad y por sus travesuras. No lo tenemos ahora, pero lo tendremos. Ya sueño con él. Sara y yo, ya soñamos con Horacio. Y estamos seguras que llegará en el momento justo.

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08 febrero 2014

Insoportablemente simple


Mi hija tiene mucho carácter. Y aunque me encanta que así sea, tengo que reconocer que lidiar con este detalle deseable todos los días me está resultando un gran reto. Desde que comenzó a hablar la animé mucho para que aprendiera a tomar sus propias decisiones en cosas sencillas como la comida, el juego y la ropa. Todas las noches ella escoge que cuentos quiere leer, en muchas oportunidades decide lo que quiere comer y, a diario, elige como quiere vestir. Suena maravilloso, ¿cierto?. Y lo es, solo que de un tiempo para acá el tema de la ropa que quiere usar, se ha convertido en una película dramática con visos de película de terror. 

Cada noche, después de cepillarle los dientes y ponerle la pijama, llega la hora de sacar la ropa del día siguiente, y ella, por supuesto, tiene las ideas bien claras sobre lo que quiere usar y lo que no. Y resulta que siempre, por una u otra razón, la escena termina en llanto y tragedia. La ropa que quiere esta sucia, el pantalón que se le antoja ya no existe, la camisa que elige es inapropiada para el clima o para la ocasión. Y, mientras le explico porque el pantalón verde menta es historia o le hago la  sugerencia de que debería usar otra cosa, ella tiene un berrinche inmediato. Llora, grita y no escucha. Así de simple. Así de insoportablemente simple. Y toda la escena me supera. 

Yo, la mayoría de la veces respiro profundo y trato de hablarle, intento que entienda, la abrazo, la escucho, me esfuerzo por explicarle que no hay por que llorar, que tiene montones de cosas que usar, pero ella está tan ensimismada en su rabia que es prácticamente imposible que reaccione. Otras veces, lloro a la par, me enfurezco, grito.... Casi siempre después de 20 o 30 minutos de semejante locura, después de pasar por todos los estados y todos los intentos, se comienza a calmar y, o se decide por otra cosa, o acepta mi sugerencia, o simplemente lo deja y ya. Es agotador. Lo peor es que muchas veces a la mañana siguiente, simplemente cambia de opinión, y la ropa que termino escogiendo después del berrinche la noche anterior, resulta que ya no es lo que quiere, y todo vuelve a comenzar, con la presión del tiempo corriendo en nuestra contra. 

Como ya les había contado antes el llanto de Sara me descoloca, y esta es una muestra clara de que aún me queda mucho por trabajar al respecto. Supongo (y deseo con ansias locas) que todo esto es temporal y que pronto pasará. Por ahora, intento manejarlo con los recursos emocionales que tengo. Espero que por ahora sea suficiente.

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31 enero 2014

La lección


Me cuesta aceptar. Esa es una verdad muy mía, imposible de negar. No se porque pero siempre quiero hacer, cambiar, intervenir todo para que sea como yo quiero, para que esté a mi acomodo. Y resulta que mi empeño por moldear el mundo a mi manera, parece un disco rayado que me dice : "aprende a aceptar"

Lo duro, para mi, es entender que aceptar no quiere decir darse por vencida, resignarse o perder. Aceptar significa amar sin condiciones, recibir agradecida, estar sin esperar. Aceptar es relajarse; ser, sin falsas expectativas; dejar ser a los demás, sin esperanzas equivocadas. Aceptar es tolerar con una sonrisa, complacida por lo que la vida y lo que los demás tienen para nosotros, sin tristezas, sin frustración. Es saber que por fortuna, no todo es mi culpa, ni todo depende de mi. Es tirar esa carga pesada de responsabilidad  auto-impuesta, renunciar a la ilusión de perfección que he creado en mi cabeza, pensando que solo cuando las cosas sean como quiero, encontraré la felicidad. 

Aceptar es la lección que tengo que aprender. Es una lección del tamaño del mundo, que me invita a vivir más, a disfrutar mejor, a no forzar. A entender que muchas cosas son como son, por una razón que me sobrepasa. Y que no gano nada tratando de cambiar al que duerme conmigo en mi cama, o luchando contra la pequeña de 3 años que le encanta gritar y patalear cuando le cepillan los dientes, o negando las decisiones que tome y la vida que elegí, los pasos que me trajeron aquí.

Aprender a aceptar es un camino que estoy llamada a recorrer, por mi, por los que quiero, por mi hija. Es el camino que toca. Es la mejor manera de escubrir, que cuando aprendes a recibir sin esperar nada, sin miedo, no puedes encontrar nada más que felicidad.

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23 enero 2014

Por las noches


La noche sigue siendo nuestro momento, nuestro espacio, nuestro encuentro. La mañana es una prisa constante y el resto del día, pura ausencia. Por eso, cuando llega la noche, nos abrazamos, nos hablamos. Trato de dejar todo lo demás de lado. Nos concentramos, jugamos un rato, nos contamos cosas, peleamos, nos reconciliamos, lloramos, nos exigimos, nos reímos, nos perdonamos, nos hastiamos, nos amamos. Estamos realmente juntas, auténticas, sin velos y sin intermediarios, nos reconocemos y lo disfrutamos. Ese breve espacio de tiempo por las noches, es lo que nos mantiene a flote. Es lo que me mantiene a flote en medio de días eternos llenos de reuniones y de una vida agitada que me atrae y me abruma, al mismo tiempo.   

Y en este espacio de tiempo nocturno, corto y eterno, también leemos, leemos mucho. Tres cuentos por noche, relatos llenos de aventuras de genios, y gatos. Historias de mariposas con sueños alados, de ratones y tractores, de buenos amigos. Cuentos llenos de esperanza, de lecciones de vida que nos indican que la respuesta es el presente, este instante, el aquí y el ahora. Hoy, ya y nada más.

"Es Así" es nuestro preferido. Mi preferido. Y aquí está por que vale compartirlo, para que no nos perdamos de vista, para no perder del horizonte el presente.


Es Así

Algunos ya partieron.
El gato del vecino, la tía Margarita, 
el pescado de la sopa de ayer.

Otros llegarán.
Unos han sido pedidos,
otros vienen sin preguntar.

Los que estamos 
lloramos a los que parten. 
Es bonito recordar.

Los que estamos
nos alegramos por los que llegan.
Hacemos bienvenidas,
nos gusta celebrar.

Hay un instante en que los
que se van y los que vienen
se cruzan en el aire.

Se desean felicidad.

Es Así.

Los que parten 
no saben su destino.
No dependen del viento
ni de la edad.

Los que vienen tampoco lo saben.
Son cosas de la vida, dicen, del azar.

Es un misterio de dónde vienen y adónde van.

Los que estamos, aquí estamos.
Es mejor disfrutar.

No sabemos cuando, pero los que llegan
también un día partirán.

Es así
como la primavera sigue al invierno,
unos llegan y otros se van.

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08 enero 2014

Recuento

Vuelvo 15 días después con un post que debí haber publicado la víspera de año nuevo. La verdad es que he estado tan metida en descansar que, aunque lo tenía en mi cabeza desde mucho antes que repuntara el 2014, solo hasta hoy he sentido ganas de sentarme a escribirlo.


Este año que se acaba de terminar fue realmente intenso para mi. Estuvo lleno de gratos reencuentros y descubrimientos. Si lo analizo en retrospectiva fue como una montaña rusa: una gran consecusión de momentos intensos de felicidad y realización, rodeados de muchos cambios que implicaron frustración, tristeza y dolor. 

2013 fue el año en el que deje de ser la madre fusionada que estaba habituada a ser. De alguna manera recupere la mujer que siempre he sido, con un impetú y una fuerza que nunca había sentido. La misma de siempre con un "no se que" que me ha regalado la maternidad y que me hace sentir realmente a gusto conmigo misma. Soy la misma y soy otra. Y todos estos cambios, del fin del puerperio y de la vida misma, implicaron cosas que pueden parecer sencillas pero que para mi fueron emocionalmente muy complejas. Cosas como el fin de la lactancia; el colecho; el jardín tiempo completo; comenzar a buscar y decidir colegio; aprender a confiar en mi, pero principalmente en Sara; intentar fluir para entenderme y entender a mi niña; renunciar a mis ansias de perfección; mirarme y procurar aceptarme con mis luces y mis sombras para descubrir lo maravilloso de este camino juntas.

Este año descubrí, gracias a ella (y sin anestesia), que me falta mucha paciencia, que su llanto me trasporta a los peores lugares que he conocido, que su sonrisa lo cura todo, que yo puedo con la vida que he elegido, que puedo ser manipuladora y chantajista y que eso no está cheveré, que nuestra felicidad sabe a sal y huele a mar, que no vale la pena pensar en el futuro cuando me estoy perdiendo del presente, que no he vencido a la culpa (y que tal vez, nunca la venza), que soy su modelo de mujer y que mi autoestima su legado, que nuestra conexión sobrevive por que es fuerte aunque ahora sea diferente, que mi cuerpo es sabio y que puedo entenderlo y leerlo si me tomo el tiempo, que soy poeta y que ella es la inspiración para hacer poesía, que la felicidad es un estado que decido yo independiente de cual sea la situación, que soy " La mamá de Sara" pero sigo siendo "Zarina". 

Espero que este año que llega también esté lleno de montañas de aprendizaje, disfrute, tristeza, frustración, reflexión, reencuentros y momentos increíbles. Espero que el amor sea la fuerza que guíe mis actos y mis pensamiento.Confío en que así sea.


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