31 enero 2014

La lección


Me cuesta aceptar. Esa es una verdad muy mía, imposible de negar. No se porque pero siempre quiero hacer, cambiar, intervenir todo para que sea como yo quiero, para que esté a mi acomodo. Y resulta que mi empeño por moldear el mundo a mi manera, parece un disco rayado que me dice : "aprende a aceptar"

Lo duro, para mi, es entender que aceptar no quiere decir darse por vencida, resignarse o perder. Aceptar significa amar sin condiciones, recibir agradecida, estar sin esperar. Aceptar es relajarse; ser, sin falsas expectativas; dejar ser a los demás, sin esperanzas equivocadas. Aceptar es tolerar con una sonrisa, complacida por lo que la vida y lo que los demás tienen para nosotros, sin tristezas, sin frustración. Es saber que por fortuna, no todo es mi culpa, ni todo depende de mi. Es tirar esa carga pesada de responsabilidad  auto-impuesta, renunciar a la ilusión de perfección que he creado en mi cabeza, pensando que solo cuando las cosas sean como quiero, encontraré la felicidad. 

Aceptar es la lección que tengo que aprender. Es una lección del tamaño del mundo, que me invita a vivir más, a disfrutar mejor, a no forzar. A entender que muchas cosas son como son, por una razón que me sobrepasa. Y que no gano nada tratando de cambiar al que duerme conmigo en mi cama, o luchando contra la pequeña de 3 años que le encanta gritar y patalear cuando le cepillan los dientes, o negando las decisiones que tome y la vida que elegí, los pasos que me trajeron aquí.

Aprender a aceptar es un camino que estoy llamada a recorrer, por mi, por los que quiero, por mi hija. Es el camino que toca. Es la mejor manera de escubrir, que cuando aprendes a recibir sin esperar nada, sin miedo, no puedes encontrar nada más que felicidad.

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23 enero 2014

Por las noches


La noche sigue siendo nuestro momento, nuestro espacio, nuestro encuentro. La mañana es una prisa constante y el resto del día, pura ausencia. Por eso, cuando llega la noche, nos abrazamos, nos hablamos. Trato de dejar todo lo demás de lado. Nos concentramos, jugamos un rato, nos contamos cosas, peleamos, nos reconciliamos, lloramos, nos exigimos, nos reímos, nos perdonamos, nos hastiamos, nos amamos. Estamos realmente juntas, auténticas, sin velos y sin intermediarios, nos reconocemos y lo disfrutamos. Ese breve espacio de tiempo por las noches, es lo que nos mantiene a flote. Es lo que me mantiene a flote en medio de días eternos llenos de reuniones y de una vida agitada que me atrae y me abruma, al mismo tiempo.   

Y en este espacio de tiempo nocturno, corto y eterno, también leemos, leemos mucho. Tres cuentos por noche, relatos llenos de aventuras de genios, y gatos. Historias de mariposas con sueños alados, de ratones y tractores, de buenos amigos. Cuentos llenos de esperanza, de lecciones de vida que nos indican que la respuesta es el presente, este instante, el aquí y el ahora. Hoy, ya y nada más.

"Es Así" es nuestro preferido. Mi preferido. Y aquí está por que vale compartirlo, para que no nos perdamos de vista, para no perder del horizonte el presente.


Es Así

Algunos ya partieron.
El gato del vecino, la tía Margarita, 
el pescado de la sopa de ayer.

Otros llegarán.
Unos han sido pedidos,
otros vienen sin preguntar.

Los que estamos 
lloramos a los que parten. 
Es bonito recordar.

Los que estamos
nos alegramos por los que llegan.
Hacemos bienvenidas,
nos gusta celebrar.

Hay un instante en que los
que se van y los que vienen
se cruzan en el aire.

Se desean felicidad.

Es Así.

Los que parten 
no saben su destino.
No dependen del viento
ni de la edad.

Los que vienen tampoco lo saben.
Son cosas de la vida, dicen, del azar.

Es un misterio de dónde vienen y adónde van.

Los que estamos, aquí estamos.
Es mejor disfrutar.

No sabemos cuando, pero los que llegan
también un día partirán.

Es así
como la primavera sigue al invierno,
unos llegan y otros se van.

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08 enero 2014

Recuento

Vuelvo 15 días después con un post que debí haber publicado la víspera de año nuevo. La verdad es que he estado tan metida en descansar que, aunque lo tenía en mi cabeza desde mucho antes que repuntara el 2014, solo hasta hoy he sentido ganas de sentarme a escribirlo.


Este año que se acaba de terminar fue realmente intenso para mi. Estuvo lleno de gratos reencuentros y descubrimientos. Si lo analizo en retrospectiva fue como una montaña rusa: una gran consecusión de momentos intensos de felicidad y realización, rodeados de muchos cambios que implicaron frustración, tristeza y dolor. 

2013 fue el año en el que deje de ser la madre fusionada que estaba habituada a ser. De alguna manera recupere la mujer que siempre he sido, con un impetú y una fuerza que nunca había sentido. La misma de siempre con un "no se que" que me ha regalado la maternidad y que me hace sentir realmente a gusto conmigo misma. Soy la misma y soy otra. Y todos estos cambios, del fin del puerperio y de la vida misma, implicaron cosas que pueden parecer sencillas pero que para mi fueron emocionalmente muy complejas. Cosas como el fin de la lactancia; el colecho; el jardín tiempo completo; comenzar a buscar y decidir colegio; aprender a confiar en mi, pero principalmente en Sara; intentar fluir para entenderme y entender a mi niña; renunciar a mis ansias de perfección; mirarme y procurar aceptarme con mis luces y mis sombras para descubrir lo maravilloso de este camino juntas.

Este año descubrí, gracias a ella (y sin anestesia), que me falta mucha paciencia, que su llanto me trasporta a los peores lugares que he conocido, que su sonrisa lo cura todo, que yo puedo con la vida que he elegido, que puedo ser manipuladora y chantajista y que eso no está cheveré, que nuestra felicidad sabe a sal y huele a mar, que no vale la pena pensar en el futuro cuando me estoy perdiendo del presente, que no he vencido a la culpa (y que tal vez, nunca la venza), que soy su modelo de mujer y que mi autoestima su legado, que nuestra conexión sobrevive por que es fuerte aunque ahora sea diferente, que mi cuerpo es sabio y que puedo entenderlo y leerlo si me tomo el tiempo, que soy poeta y que ella es la inspiración para hacer poesía, que la felicidad es un estado que decido yo independiente de cual sea la situación, que soy " La mamá de Sara" pero sigo siendo "Zarina". 

Espero que este año que llega también esté lleno de montañas de aprendizaje, disfrute, tristeza, frustración, reflexión, reencuentros y momentos increíbles. Espero que el amor sea la fuerza que guíe mis actos y mis pensamiento.Confío en que así sea.


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