26 febrero 2014

Estamos de sorteo!!!

Este es el primer sorteo de "La mamá de Sara". En los tres años largos que llevo con este blog solo hasta ahora tengo la oportunidad de retribuirles a todos ustedes, de una manera más tangible, su tiempo, sus palabras y su cariño. Así que si te gusta este espacio y te interesa ganarte una tarjeta de regalo por 30 euros para comprar lo que quieras en la web de Ludilabel, una tienda divina de etiquetas y adhesivos personalizables para la ropa y las cosas de tus niños, solo tienes que seguir los siguientes pasos:


1. Dejarme un comentario en este post contándome que es lo que más te gusta de "La mamá de Sara" y de los productos de Ludilabel.

2. Dejar tu nombre completo y tu mail, esto con el fin de identificar y localizar a él o la ganadora.

3. Dar me gusta en el Fan Page de Ludilabel o seguirlos en su cuenta de twitter, como muestra de agradecimiento por su regalo.

4. Y por último, puedes (si te parece cheveré) dar me gusta en el Fan Page de "La mamá de Sara", y compartir este sorteo donde quieras con quien te interese.
Puede participar cualquier persona en cualquier parte del mundo, a partir de hoy y hasta el 7 de marzo a las 12:00 de la noche, hora de Colombia. 

El día 12 de marzo publicaré el ganador, que será elegido con una lista en estricto orden de publicación de los comentarios, a través de Sortea2.

Mucha suerte a todos y gracias por ser los compañeros en este rinconcito de mi alma, que también es su casa!!!!

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18 febrero 2014

Nuestro gato


Quiero un gato. Quiero una mascota para esta familia. Tengo ganas de llegar a casa y encontrar a un animalito que acariciar. Me hace falta ese contacto simple, ese cariño incondicional, ese "alguien" que siempre está para ti, esa fuente infinita de amor del bueno, un ser más a quien amar.

De niña siempre tuve una mascota. Por mi casa pasaron casi una decena de perros, algunos gatos, loros, pájaros y, en alguna oportunidad, tuvimos hasta una tortuga. Los animales siempre estuvieron presentes y eso, de alguna manera moldeo mi carácter y el carácter de mis hermanos. A través de nuestras mascotas no solo disfrutamos montones, sino que aprendimos a expresar nuestros sentimientos, a ser bondadosos, generosos, responsables, a dar sin esperar nada a cambio. 

Y ahora, después de casi 10 años sin una mascota, quiero una de nuevo en mi vida, en nuestras vidas. Quiero que Sara no se pierda la experiencia de tener un animalito para querer y cuidar. Me parece de una importancia suprema. Casi que necesario y natural. Sin embargo, la decisión no depende únicamente de mi, y llevo varias semanas tratando de convencer, sin mucho éxito, al individuo que duerme a mi lado.

Entonces, por ahora, solo quiero decir que quiero una mascota y que la mejor opción para nosotros como familia es una gato. Así que desde ya sueño con él, con verlo jugando con mi hija, con sentirnos embobados por su personalidad y por sus travesuras. No lo tenemos ahora, pero lo tendremos. Ya sueño con él. Sara y yo, ya soñamos con Horacio. Y estamos seguras que llegará en el momento justo.

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08 febrero 2014

Insoportablemente simple


Mi hija tiene mucho carácter. Y aunque me encanta que así sea, tengo que reconocer que lidiar con este detalle deseable todos los días me está resultando un gran reto. Desde que comenzó a hablar la animé mucho para que aprendiera a tomar sus propias decisiones en cosas sencillas como la comida, el juego y la ropa. Todas las noches ella escoge que cuentos quiere leer, en muchas oportunidades decide lo que quiere comer y, a diario, elige como quiere vestir. Suena maravilloso, ¿cierto?. Y lo es, solo que de un tiempo para acá el tema de la ropa que quiere usar, se ha convertido en una película dramática con visos de película de terror. 

Cada noche, después de cepillarle los dientes y ponerle la pijama, llega la hora de sacar la ropa del día siguiente, y ella, por supuesto, tiene las ideas bien claras sobre lo que quiere usar y lo que no. Y resulta que siempre, por una u otra razón, la escena termina en llanto y tragedia. La ropa que quiere esta sucia, el pantalón que se le antoja ya no existe, la camisa que elige es inapropiada para el clima o para la ocasión. Y, mientras le explico porque el pantalón verde menta es historia o le hago la  sugerencia de que debería usar otra cosa, ella tiene un berrinche inmediato. Llora, grita y no escucha. Así de simple. Así de insoportablemente simple. Y toda la escena me supera. 

Yo, la mayoría de la veces respiro profundo y trato de hablarle, intento que entienda, la abrazo, la escucho, me esfuerzo por explicarle que no hay por que llorar, que tiene montones de cosas que usar, pero ella está tan ensimismada en su rabia que es prácticamente imposible que reaccione. Otras veces, lloro a la par, me enfurezco, grito.... Casi siempre después de 20 o 30 minutos de semejante locura, después de pasar por todos los estados y todos los intentos, se comienza a calmar y, o se decide por otra cosa, o acepta mi sugerencia, o simplemente lo deja y ya. Es agotador. Lo peor es que muchas veces a la mañana siguiente, simplemente cambia de opinión, y la ropa que termino escogiendo después del berrinche la noche anterior, resulta que ya no es lo que quiere, y todo vuelve a comenzar, con la presión del tiempo corriendo en nuestra contra. 

Como ya les había contado antes el llanto de Sara me descoloca, y esta es una muestra clara de que aún me queda mucho por trabajar al respecto. Supongo (y deseo con ansias locas) que todo esto es temporal y que pronto pasará. Por ahora, intento manejarlo con los recursos emocionales que tengo. Espero que por ahora sea suficiente.

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