Hoy me levante preocupada. Y más o menos a media tarde, caí en cuenta que me dolía un poco la cabeza, que no tenía mucha hambre y que no había dormido bien. No sé en que momento del día de ayer comencé a pensar y a pensar y no pude parar. De pronto, me descubrí haciendo elucubraciones, armando planes, persiguiendo fantasmas, exorcizando miedos. Meditando en posibilidades imposibles, o tal vez, bastante probables. Imaginándome días que no han llegado, y que en el fondo se que llegaran. Viendo, sin ver, como la lluvia cae sobre el asfalto mojando todo, mientras mi cabeza esta recordando, solo recordando.
Y me descubro impaciente, irritable, con una desazón que no entiendo, añorando una lista interminable de cosas, con miedo a perderme, a desperdiciar la felicidad que me rodea pero que, por alguna extraña razón, no alcanzo a sentir. Es raro, muy raro.. tal vez es el síndrome de domingo por la tarde, cuando después de un par de días de estar a tus anchas no quieres volver a la realidad... si la realidad. Y entonces recuerdo que se supone que todo esto tiene que ser divertido, que este paquete que se llama vida, que ser mamá, esposa, mujer, profesional, que ser yo, sencillamente, debería ser fácil y divertido. Y sin razón aparente me rió, por que "se dice de mí" que puedo manejar los cambios, que las transiciones me son naturales (según mi curriculum vitae), que pasar de una situación X a una Y es pan comido...y me río otra vez, por que la tinta y el papel aguantan todo, pero la realidad es otra.
Y regresan las preguntas y todo da vueltas en mi cabeza. Siento dentro un martillo hidráulico que lo destruye todo: ¿qué fue lo que hice?, ¿cómo fue que corrí hacia la salida cuando lo único que deseaba era estar adentro?, ¿por qué volví a vender mi tiempo, mis horas, mi tranquilidad, mi estómago al mejor postor? ¿por qué se supone que mi vida tiene que ser como la del resto, cuando yo ya descubrí que lo que me hace feliz va en el sentido opuesto?, ¿por qué no soy capaz?, ¿por qué me falta valor para hacer de mis días los días que deseo?, ¿o será más bien que le huyo a la responsabilidad?, ¿será que tengo que aprender a aceptar que la realidad es la realidad y no hay nada más?
Dicen que para convertir en hábito una acción, solo tienes que repetirlo decididamente durante 21 días, y listo. Sin embargo, creo que, poco o nada, aplica esta regla para mi nueva rutina. Ya han pasado 30 días y aún no hay hábito, ni deseo, ni disfrute completo. Es cierto que la angustia del principio se ha disipado dándole pasó a una tranquilidad que alcanzo a saborear, sin embargo, no puedo dejar de pensar, y sigo pensando que si ya conocí mi manera de sentirme plena y feliz, ¿por qué desperdiciarlo?, ¿qué más busco?, ¿por qué no me dedico a ello, lo disfruto y lo saco adelante, en lugar de perder el tiempo en lo que por experiencia conozco y no me ha llenado nunca realmente?, ¿qué pasa conmigo?, ¿habré pescado algún virus mental o simplemente habré enloquecido? El hecho es que pienso y pienso, sobre esto y aquello y no puedo parar de pensar.
Y regresan las preguntas y todo da vueltas en mi cabeza. Siento dentro un martillo hidráulico que lo destruye todo: ¿qué fue lo que hice?, ¿cómo fue que corrí hacia la salida cuando lo único que deseaba era estar adentro?, ¿por qué volví a vender mi tiempo, mis horas, mi tranquilidad, mi estómago al mejor postor? ¿por qué se supone que mi vida tiene que ser como la del resto, cuando yo ya descubrí que lo que me hace feliz va en el sentido opuesto?, ¿por qué no soy capaz?, ¿por qué me falta valor para hacer de mis días los días que deseo?, ¿o será más bien que le huyo a la responsabilidad?, ¿será que tengo que aprender a aceptar que la realidad es la realidad y no hay nada más?
Dicen que para convertir en hábito una acción, solo tienes que repetirlo decididamente durante 21 días, y listo. Sin embargo, creo que, poco o nada, aplica esta regla para mi nueva rutina. Ya han pasado 30 días y aún no hay hábito, ni deseo, ni disfrute completo. Es cierto que la angustia del principio se ha disipado dándole pasó a una tranquilidad que alcanzo a saborear, sin embargo, no puedo dejar de pensar, y sigo pensando que si ya conocí mi manera de sentirme plena y feliz, ¿por qué desperdiciarlo?, ¿qué más busco?, ¿por qué no me dedico a ello, lo disfruto y lo saco adelante, en lugar de perder el tiempo en lo que por experiencia conozco y no me ha llenado nunca realmente?, ¿qué pasa conmigo?, ¿habré pescado algún virus mental o simplemente habré enloquecido? El hecho es que pienso y pienso, sobre esto y aquello y no puedo parar de pensar.