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29 marzo 2014

Mentir


Las madres mentimos, y mentimos mucho y a diario. Muchas más veces de lo que los demás siquiera se dan cuenta. Mentimos acerca de lo que sentimos, de lo que nos pasa. Porque una buena madre es fuerte y feliz, a pesar de todo, pase lo que pase. Mentimos cuando somos madres recientes o tenemos años siendo mamás. Mentimos acerca de donde duermen nuestros hijos, de cuantas veces se despiertan en las noches, de si toman teta o tetero, de si ya gatean o aún no caminan, de si con 3 años llevan pañal. Mentimos cuando nuestros hijos son unos bebés y seguimos mintiendo cuando crecen.

Y mentimos por temor. Nos sentimos inseguras, le tenemos miedo al juicio detrás de la pregunta, amenazadas por las palabras que ponen en duda lo que hacemos y decidimos como madres. La mentira opera para nosotras como una protección. Ninguna madre necesita más culpa en su vida, por eso mentir es quizá, la manera más fácil de sobrevivir a ciertas situaciones y seguir adelante. Nos ocultamos, de manera cómoda y segura, detrás de la mentira, sin darnos cuenta de lo que eso implica y representa. 

Y todo el tema nada tiene que ver con los demás se trata solo de nosotras mismas. Por que estoy segura de que en algún momento, al principio, todas intentamos ser sinceras y honestas, pero serlo implicaba un peso enorme, así que nos rendimos, nos cansamos, nos dio jartera, desidia, y resultó, aparentemente, mejor negocio decir lo que la gente quiere escuchar a decir lo que queremos, lo que nos pasa, la verdad.

Entonces es cuestión nuestra empoderarnos y dejar de mentir. Para ser libres de nuestros propios miedos, para ser las madres que queremos, las mujeres que deseamos, sin pensar mucho en los demás, visilizando, normalizando lo que todas sabemos, sentimos y ocultamos. Siendo nosotras mismas, sin silencios, con la confianza y la certeza de que nuestro instinto nos guía por el mejor de los caminos. Sin necesidad de protección, sin necesidad de ocultarnos.

Prometo intentarlo. Prometo dejar de mentir. 

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24 octubre 2013

Mujeres Madres

Para nosotras, las protagonistas de una revolución silenciosa.



Imposible sentirme más identifica y reflejada. Gracias a Cami por difundirlo y a Las Casildas por ayudarnos a visibilizar lo que somos y sentimos las mujeres madres, y lo maravillosa y confrontadora qué es la maternidad.

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26 febrero 2013

Camino al jardín

Llevar a mi hija al jardín esta dentro de mis momentos preferidos del día. Algunas veces vamos en carro, y aprovechamos los 5 minutos que demora el trayecto para hablar del sol que hace en la mañana, de que me ama y la amo mucho, de la canción que suena en la radio. A veces, simplemente miramos por la ventana, y nos dedicamos a cantar.

Otros días -como hoy- vamos caminando, y el recorrido de 4 cuadras es una aventura sin límite para ella. Sale a la calle, con su moral a cuestas y los ojos le brillan, le brillan con la expectativa de quien comienza el mejor de los viajes. Y en ese recorrido, Sara camina sola, camina de mi mano, sonríe y se maravilla. Es como si viera algo que nadie más alcanza a percibir o a notar. Su rostro se ilumina, y yo me lleno de su luz, me alimento de su energía.

Camino al jardín nos encontramos en una dinámica de dar y recibir, de dejar ser, de disfrutar y de disfrutarnos. Y mientras, ella despliega su inmensa capacidad de asombro. Me encanta ver como para Sara todo es un nuevo descubrimiento: piedras, pasto, flores, gente, perros, cielo, luz, sombras, lluvia...todo sin excepción la atrae como un imán, no importa si es la 1er vez que lo ve, o si es algo que conoce desde hace muchísimo tiempo. Disfruta cada paso, brinca, corre y grita a todo pulmón: "soy la más veloz". Se siente libre e independiente. Y me dice: "mamá, yo solita", y esa sencilla frase se convierte en la prueba palpable de lo crecida que está, de lo grande que hace cada segundo. Y de repente el momento se torna agridulce, y siento que nuestros días se nos escurren entre las manos. Y trato de desechar ese sentimiento y de vivir este presente, este momento.Y yo, la disfruto y sonrío, con una sonrisa que me recorre el cuerpo y se deposita en mi alma. Y la guío, la observo, la vivo lo más que puedo. Tratando de que la prisa no me distraiga, y que el día que me espera no empiece antes de tiempo. 






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04 febrero 2013

La huella del abandono


Recuerdo que desde pequeña me cuesta mucho, muchísimo, las despedidas. Recuerdo, como si fuera hoy, la angustia que me daba despedirme de mi abuela a los 6 años después de unas largas vacaciones. O el vacío inmenso que sentí cuando mi mamá estuvo trabajando en otra ciudad por casi un mes, a los 10. Y la soledad que viví a los 16 cuando dejé mi casa y me mude a la "gran ciudad". Decir adiós, desde siempre, me ha enfrentado a unos sentimientos que me cuesta digerir y procesar, y de los que, tengo que reconocer, he huido durante casi toda la vida. 

Desde que soy mamá, la cosa no ha cambiado. Más bien diría que va en franco incremento con visos de no encontrar un "pare" en el camino. Al principio, mi niña era una bebé, yo estaba siempre con ella y ella estaba siempre conmigo, así que los sentimiento no tenían fisura alguna por donde aflorar. Luego, con la entrada al trabajo y la llegada del jardín, regresó la inevitable despedida y reviví de sopetón esa angustia que había olvidado. Con los días se fue disipando, diluyendo, dando paso a cierta calma o, quizás mejor, a la costumbre. Pero, la angustia sigue presente, no desaparece del todo realmente. Más bien a comenzado a ser un sentimiento permanente con el que (odio decirlo), me estoy acostumbrando a con-vivir. 

Tal vez por eso, decidí no huirle más y gracias a esa decisión, poco a poco, el panorama parece aclararse. Así que me propuse enfrentar para entender. Quiero entender. Entender qué pasa y por qué me pasa. Entender qué es ese "no se que" que no se va aún, pero que espero me abandone algún día (o más bien, espero permitirme dejarlo ir muy pronto). Quiero entender para tratar de superar.

Y en ese laberinto de preguntas sin lógica ni orden aparente, logre un avance. No se por que no lo había notado antes. O más bien, si lo había hecho, pero lo había "ignorado" deliberadamente, restándole importancia. Y hace unas semanas, cuando Sara volvió al colegio lo entendí. Lo sentí, como lo siento desde que la dejo todas las mañanas en su jardín, pero esta vez no lo deseche, le dedique un rato y lo vi. Pude identificar con claridad que el momento exacto en que la dejo allá, dispara "ese no se que" dentro de mi. Y no se trata de ella, es decir, no es por que ella este mal, por que se quede llorando o algo por el estilo. No, ella se queda feliz siempre, y yo me voy con ese "no se qué" alborotado, siempre. Y me puse a pensar y, de repente, recordé que me pasa lo mismo con ciertas canciones infantiles. Solo escucharlas me genera de inmediato ganas de llorar, de llorar de verdad a moco tendido. Me alborotan también ese "no se que" sin explicación.

Y así comencé a identificar más cosas, situaciones, momentos, disparadores de la angustia, de mi "no se qué". Cosas que remueven algo en mi inconsciente despertando esa sentimiento que no entiendo. Entonces lo que parece obvio es que no se trata de ahora, se trata de mi pasado, de mis recuerdos que no recuerdo porque la memoria no me da. Es un recuerdo de abandono. De abandono puro y simple. Es su huella que tengo muy grabada y marcada, y que aflora acercándome a mi propia niña sola y triste, a través de mi hija. Que debe ser de mi infancia temprana. De esa niña pequeña que lloraba mucho, que no estuvo con su mamá el 1er año, que recibió poca teta, que se vestía y bañaba sola, que extraño a su abuela casi toda su infancia, que conoció el jardín muy pero muy pequeña, y quizá no quería quedarse allí. Eso es lo que yo me imagino, o más bien lo que siento. Ahora falta mucho, mucho más que entender y enfrentar. Pero ya estoy en el camino.  

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25 enero 2013

Perfección vs libertad


No soy una madre perfecta. No, no lo soy. Aunque muchos a mi alrededor crean que oficio de eso, no lo soy, ni pretendo serlo. Tengo que reconocer que querer ser la madre ideal, esa que solo existe en los libros y las mentes de las personas, que tiene la respuesta a todo, que siempre esta llena de paciencia y de amor, que no reniega nada de la maternidad, a la que todo le fluye de manera natural, que hace siempre lo "correcto", era bastante atractivo para mi. Tanto, que hasta lo intente por un tiempo. Si, reconozco que lo intenté mucho.Trate de ponerme el disfraz de ese espécimen y me di cuenta que no me venía, que me apretaba demasiado, que me incomodaba, que era imposible de vestir, de llevar. Y por un momento me sentí triste, incapaz, decepcionada de mi. Culpable por no llenar adecuadamente el traje que yo misma me había auto-impuesto. Me sentí desorientada, perdida, sin una ruta que seguir. 

Pero afortunadamente, toda esta tormenta de sentimientos me atacó solo por un momento. Fue suficiente solo "un momento". Y rápidamente, encontré otra mirada, una nueva perspectiva. Que no me vino de nadie, ni de nada que leí. Salió naturalmente de mi, de manera sigilosa pero contundente. Y pude comprender que la maternidad no tiene moldes, ni trajes y que se trata mucho más de ser uno mismo, de reconciliarse con sus lugares oscuros y olvidados, para que la luz que existe en nuestro interior salga, resplandeciendo sobre nuestra vida, dejándonos ser, simplemente, la madre que somos naturalmente, esa que llevamos tatuada en cada célula, la mejor madre que podemos ser. 

Y cuando descubrí eso, la maternidad cambió para mi. Dejo de ser restricción para ser libertad. Yo definiría mi maternidad con la palabra libertad. Libertad para ser quien soy, para sentir lo que siento sin importar lo que sea, para exponerlo sin miedo, para saber de que soy capaz, para entender que no necesito parecerme a nadie, que soy única y al mismo tiempo maravillosa en mi especificidad. Para integrar que me voy a equivocar y mucho, muchas veces, y que al final no importa si soy humilde y aprendo, y me disculpo con mi hija, con quien sea necesario, con la vida. Por que mi pequeña no necesita una madre ideal sino una mujer real, que la acompañé a crecer, a vivir, que la deje ser, que le enseñé con actos y no con palabras que el amor incondicional existe, al igual que el cansancio y el hastío y el error,  pero que puede confiar, que vale la pena confiar, para aprender, para vivir y seguir adelante. 

Con esto no quiero decir que todo sea color de rosa. No, no lo es. Pero así lo acepto y lo disfruto por que entendí que no tiene que serlo. Que la perfección es una fábula chimba que nos vendieron de pequeños y que compramos muy fácilmente. Y que la vida es la vida, y no un cuento de hadas. Por que trato de perdonarme, de crecer, de sentir, y de actuar de acuerdo con lo siento dentro. Y que me gusta mucho lo que pasa cuando logro hacerlo.

Por eso, hoy quiero gritar que no soy perfecta, y que no quiero serlo. Por que gracias a la "imperfección" de mi maternidad estoy cada día más cerca de ser verdadera, real y libre.  

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18 junio 2012

Perdidas y ganancias

                                           Source: images.piccsy.com via Lisa on Pinterest


Husmeando por mis mensajes de facebook, me encontré con uno que escribí hace, más o menos, tres años, en uno de los momentos más difíciles que me ha tocado vivir: la perdida de mi bebé. Mi amiga, a la que le escribí en ese momento, enfrentaba también una etapa dolorosa: ver sufrir a los que amas, sin poder hacer absolutamente nada. 

Hoy, cuando el tiempo ha pasado y mi vida es otra, lo leo y mis sentimiento son diferentes. Me siento capaz de compartirlo con ustedes, con la certeza del dolor vivido y las cicatrices de un vacío inmenso, que siempre, siempre, guardaré en lo profundo de mi alma. Por que para mí ese diminuto bebé fue real, existió y lo fue todo. Y ahora vive en mí para siempre.

Y hoy, en parte gracias a él, sé que a pesar de todo, del tiempo, de los nuevos comienzos y de los finales felices, el "cuerpo" de nuestra existencia es un mar infinito lleno de momentos duros e inmensas felicidades, construido a punta de perdidas y ganancias que nos marcan, que nos cambian, que son reales y que nos hacen ser quienes somos, en este preciso instante.

5 de junio de 2009

Hola.
Lamento mucho la perdida de tu amiga. Me alegra mucho ser la parte buena de una noticia como esa. Entiendo perfectamente lo que dices cuando hablas de ilusiones y planes derrumbados en un segundo. Lamentablemente perdí el bebé hace 12 dias. Estuve incapacitada varios días, pero ya estoy mucho mejor, en todos los sentido.
Para bien o para mal, así es la vida. Y aunque ahora el dolor no nos permita entender ni visualizar con claridad por qué nos pasan ciertas cosas, el tiempo es el único que, poco a poco, nos descubre las razones de todo. Que bueno que tu amiga cuente contigo.
Quiero que sepas que tu mensaje también es una muy buena noticia para mi. 
Le doy tus saludos a mi esposo.
Un abrazo.
Zary.

28 mayo 2012

La edad del "no"


Es oficial: Sara está en la etapa del "no". Esta corta pero importante palabra a resurgido en su creciente léxico para quedarse de manera recurrente y reiterativa, por una buena temporada. "No", es su vocablo favorito. Es la sílaba del momento. Es el #TrendingTopic de nuestra familia. Es la respuesta perfecta a todo. En el preciso instante en el que está a punto de contestar cualquier pregunta, se saborea y disfruta pronunciando "no", una y otra vez. 

Dice "no" a pesar de querer decir "si". Repite "no" así en medio de la negativa haga lo que le pides. Dice "no" con una voz dulce, mientras suelta una sonrisa o te aprieta con sus pequeños brazos. Dice "no" una y mil veces al día, con motivos pero sobretodo sin ellos. "No" cuando le pido un beso. "No" a la hora de despertarse. "No" para lavarse los dientes. "No" si le digo que es hora de comer. "No" cuando se baña y también cuando baila. Hasta dormida, mientras sueña, repite una y otra vez "no".

Estoy segura que viene pasando hace días pero solo hasta hoy fui consciente del tema. Esta mañana después de una seguidilla de "noes" en medio de muchas risas, de pronto comprendí que aunque entiende perfectamente el significado de esta palabra, cada vez que la dice lo hace realmente para decirnos: "hey, puedo decidir", "hey, tengo el poder de hacer lo que quiero", "hey, yo soy yo, un ser a parte, una persona diferente e independiente.. yo soy Sara".  

Otra señal más de que está creciendo. Un signo más de que ya casi es un pequeña niña que habla, de que está a punto de cumplir 2 años. Y ahora su manera de decirme que el tiempo pasa y que ella está cambiando es oponiéndose a todo, reafirmándose como la niña que ya es, autónoma, distinta de su mamá. 

Que felicidad verla crecer feliz y vital. Y que nostalgia también, revuelta, mezclada y sentida al mismo tiempo. La bebé crece y el puerperio se me va. En dos meses cumple 2 años. Muy pronto serán muchos más. Me queda el sabor dulce de esta etapa vivida, disfrutada a tope. Mucha felicidad tatuada en el alma. Hermosos recuerdos que regresan con cada "no" que dice Sara y que entrelíneas me dice que el mundo no se detiene y que nosotros crecemos a la par de nuestros pequeños. 

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17 mayo 2012

También me pasa

No sé a ustedes pero a mi también me pasa que después de un día agitado, lleno de mil cosas y mucho trabajo, no puedo desconectarme al llegar a casa, para simplemente estar. Me pasa que los días transcurren demasiado rápido y, en un abrir y cerrar de ojos, se me escapan, casi sin haberlos disfrutado. Me pasa que no tengo tiempo para muchas cosas, y me canso y me agoto y pierdo la paciencia. Y sueño cosas extrañas y, a pesar de haber dormido, me levanto cansada.

También me pasa que soporto poco y espero mucho. Y añoro poner la mente en blanco y no pensar en nada. Y me descubro un tanto molesta, perdida, pensando en el pasado, ignorando sin querer el presente. Deseando realidades irreales, desperdiciando las energías en utopías. Y entonces, trato de concentrarme y centrarme, dándole el valor justo a las cosas y a las situaciones. Porque sé con certeza que nada es tan grave, que todo pasa, que cuando el horizonte se ve negro, realmente no lo es tanto, es solo el efecto distorsionado del cansancio, el desespero, la impaciencia.

Y de repente el mundo se ilumina. La risa desenfrenada de Sara aclara la bruma. El tiempo se detiene y la mente parece por fin encontrarse nuevamente, viendo claramente lo que vale la pena, lo que le da sentido a todo, viendo una pequeña niña correr, llorar, reír, hablar, descubrir el mundo. Un abrazo de mi esposo me conforta. Y ahora el sol brilla y el resto de universo pierde importancia. Y el mundo se detiene nuevamente. Por un momento ya no gira. Y sé que soy afortunada. De repente, tengo la certeza de mi fortuna, por que sé que a pesar del cansancio y de la falta de tiempo, y de los aparentes problemas, vivo una vida maravillosa, llena de personas valiosas, de momentos perfectos, de sonrisas eternas. 

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10 mayo 2012

#LoMejorDeSerMamá (2da parte)

Lo mejor de ser mamá comienza desde el instante mismo en que te sientes embarazada. Una felicidad inexplicable ocupa cada célula de tu cuerpo. Sabes que todo va a cambiar pero, en medio de la ansiedad y el susto, te dices: "no lo puedo creer, voy a ser mamá!". Luego tu barriga crece y crece, y tu cuerpo cambia, y tu cabeza y tus emociones también. Y, aunque te cuesta acostumbrarte, disfrutas ver tu cuerpo crecer, ponerse redondo, vital, sabiéndote feliz y fertil.

Y un día tu bebé nace, y cuando lo vez por primera vez, aún tibio y sucio de sangre, piensas: "tenerte, sentirte, conocerte, es lo mejor de ser mamá". Te parece increíble que ese pequeño ser se haya gestado dentro de ti, que haya salido de ti, que sea real, que respire, que todo sea cierto. Y la maternidad comienza a verse y sentirse más claramente. Disfrutas y sufres cada cambio, cada dificultad, cada momento. Y un día, después de una tetada a las 2 de la madrugada, tu bebé te sonríe y piensas: "verte sonreír es lo mejor de ser mamá".

Y tu vida comienza a llenarse de momentos e instantes memorables, mientras ves como tu bebé crece y se hace mayor. Y una tarde cualquiera, con la casa patas arriba y visiblemente cansada, tu bebé te sorprende una vez más y te dice "mamá", y tu, simplemente, te derrites instantaneamente y sin duda piensas: "esto es lo máximo, esto es lo mejor de ser mamá"

Entonces, sin aviso, te descubres enamorada de tu hijo, de ti y tu maternidad. Sintiendo un amor incondicional, una entrega total, maravillándote con su personalidad y sus ojos gigantes, disfrutando de sus logros y sus ocurrencias, teniendo la oportunidad de verlo crecer, de verte crecer y madurar, aprendiendo a ver el mundo desde otra perspectiva, con ojos de responsabilidad, llena de una inmensa esperanza. 

La vida transcurre y pasa rápido. Pero en la maratón de cada día encuentras montones de instantes mágicos llenos de miradas, de abrazos, de nuevas palabras, de besos, de amor. Y descubres que lo mejor de ser mamá es, sencillamente, serlo. Con todo lo que disfrutas, con lo que sufres, con lo que aprendes. Por que en el momento en que concibes un hijo, como por arte de magia, tienes la posibilidad de comenzar a ser una mejor persona, con habilidades antes desconocidas, llena de poder (de súper poderes) y de una inmensa capacidad de amar. Eso es lo mejor de ser mamá.


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07 mayo 2012

#LoMejorDeSerMamá (1era parte)

Para mi, #LoMejorDeSerMamá es:

  • Amamantar hasta que tu hijo y tu lo deseen.
  • Albergar vida dentro de ti por nueve meses y sentirla en el corazón durante el resto de tus días.
  • Aprender de los más grandes y sabios maestros: nuestros hijos. 
  • Babear de amor cuando tu pequeño te dice "má te quielo mucho"
  • Conocer nuevas y poderosas formas de vivir, de alimentar, de amar
  • Descubrir que la felicidad esta en las cosas pequeñas, simples y sencillas
  • Disfrutar de un vínculo único, exclusivo e incomparable
  • Entregarse sin reservas ni condiciones para toda la vida
  • Fabricar mundos fantásticos a punta de crayolas y sonrisas
  • Hablar sin parar en un lenguaje desconocido e indescifrable que solo tu hijo entiende
  • Impactar la vida de otro ser humano de una manera inimaginable
  • Jugar, jugar y jugar durante horas sin parar
  • Lanzar besos enormes desde la ventana con la certeza de que llegarán directo a la mejilla de tu pequeño
  • Maravillarte cuando te das cuenta que le salió un diminuto diente, o que camina por 1era vez
  • Naufragar en medio de cobijas de colores, muñecos de peluche y cubos de construcción
  • Obrar sin ningún tipo de interés, solo por el más grande y profundo amor
  • Perseguir fantasmas inexistentes debajo de la cama 
  • Preguntarle: "¿eres feliz?" y que te responda: "chi"
  • Reconectarte con tu interior, con la femineidad, con la naturaleza, con la madre tierra
  • Sentir amor puro, verdadero e incondicional
  • Ser mujer poderosa (super poderosa) y mágica
  • Ser participe del milagro de la vida
  • Transformar tu vida en otra totalmente distinta, que de verás te hace la mujer más feliz
  • Unirte de manera indisoluble a la vida de otro ser humano, para siempre
  • Un instante de ternura y contemplación mutua
  • Ver como se iluminan los ojos de tu bebé cuando llegas a casa
  • Volver a ser niño a través de tus hijos
  • Saber que la felicidad tiene nombre propio y ese nombre es Sara
Te invito a seguir participando en este carnaval tuitero convocado por @mamatambiensabe con el hashtag #lomejordesermamá, como una forma de autocelebrar lo que nos une y lo que más nos apasiona: el hecho de ser madres. 

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09 abril 2012

Buen balance

Hace un año para estas fechas estaba terriblemente agotada. Los días de descanso de semana santa habían sido una autentica prueba de resistencia física y emocional. Hoy el balance es bastante diferente. Hemos disfrutado de 4 días en familia casi perfectos: salimos de paseo, fuimos al parque, vimos películas, nos dormimos temprano y tratamos de levantarnos tarde, visitamos amigos y familiares, y tuvimos uno que otro almuerzo en absoluta tranquilidad. Lo cierto es que los momentos de estrés fueron mínimos, y pudimos disfrutar de cada segundo juntos, los tres, con planes para la pequeña y planes para nosotros, sin carreras, sin expectativas demasiado altas, viendo transcurrir los días con tranquilidad, a nuestro ritmo, al ritmo de Sara, sin presiones y felices. ¡Que distinto de la semana santa pasada!

Si reviso, la situación sigue siendo muy parecida a la de hace una año, pero en definitiva nuestra actitud frente a muchas cosas ha cambiado, y eso, sin duda, es lo que ha hecho la diferencia. Nos hemos convertidos en unos padres más tranquilos y seguros, y tenemos nuestros roles y rutinas definidos y asumidos. Mi esposo ya no teme quedarse solo con Sara. Y yo no temo salir porque sé que los dos la pasan fenomenal juntos. Esto nos ha permitido reconquistar espacios de cada uno por separado, para ir al gimnasio, hacer una vuelta o salir a tomarse un café con algún amigo. Pero también hemos aprendido a disfrutar de nuestro tiempo juntos, como una familia de tres. Parecerá un poco extraño lo que digo pero lo cierto es que llevábamos mucho tiempo siendo solo dos y la llegada de un tercero implico un proceso de re-acomodación en toda nuestra vida, en nuestros días, en nuestras noches, en nuestra visión como pareja y en nuestra manera de vivir la vida juntos, ahora con una bebé. 

Por otra parte, también Sara ha crecido y, aunque sigue siendo igual de demandante y activa, ya es una personita con gustos bastante definidos, que se comunica, que comprende, que comparte con nosotros, que nos llena de besos y abrazos mil veces al día, y a la que conocemos y sabemos muy bien como atender y manejar. Los bebés son hermosos pero para nadie es un secreto que no pueden expresarnos sus cariño y amor con tanta claridad como un niño mayor, lo que muchas veces hace la labor de cuidarlos y atenderlos más difícil y hasta frustrante, ya que no vemos una recompensa palpable de nuestro trabajo. Con 20 meses, Sara ríe, habla en su media lengua, nos da besos, abrazos, baila, zapatea y hace cada cosa que nos llena de felicidad, de satisfacción y nos hace olvidar de inmediato el cansancio y el agotamiento. 

También siento que yo misma he comenzado a ver todo con nuevos ojos. Volver al trabajo me ha hecho centrarme más en disfrutar de mi hija y de mi esposo cuando estamos juntos, sin poner tanta atención en cosas que antes me mortificaban y preocupaban. El tiempo sigue siendo apretado, de hecho ahora es más escaso que nunca. Pero, tal vez por eso mismo, trato de afrontar los momentos difíciles con tranquilidad y hasta con humor. Siendo como soy, a veces me cuesta relajarme y deconectarme. De hecho me he descubierto a punto de armar una tormenta en un vaso de agua cuando no vale la pena, simplemente porque estoy estresada o molesta por una pequeñez. Entonces, la mayoría de las veces, respiro, sonrío y sigo adelante, convencida de que lo más importante es disfrutar del momento, sin fijarme si el cuarto esta desordenado, o si no alcance a ir a la peluquería, o si Sara regó la papilla, o si se nos hizo tarde. Al final, todo pasa a un 2do plano, si tengo claro que lo importante es disfrutarnos mutuamente, ahora, en este momento. 

En conclusión, hoy les puedo decir, que estos fueron unos buenos días, con tiempo para mi, para mi hija, para mi esposo, para los amigos, para mi tribu, con muchas risas, comida deliciosa, abrazos, buena compañía, descanso, relax, cero prisas, mucho disfrute. Hoy les puedo decir, lo que hace un año no pude: esta fue una feliz semana santa.
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