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18 noviembre 2011

Que raro!! primera vez que oigo eso!!

Señora: Sara está divina y ya come de todo?
Esposo: si claro!! come carne, pollo, le encanta el arroz, también la fruta y completa con teta, claro!!
Señora: ¿Teta?, ¿cómo así?, ¿aún toma teta?, ¿y eso porqué?, ¿tiene algo?, ¿está enferma?
Esposo: no, nada!!! de hecho nunca se ha enfermado!!
Señora: y ¿por qué toma teta aún?, ¿luego no es hasta los 3 meses?
Esposo: No, se recomienda hasta los dos años. Además, mamá e hija quieren. 
Señora: que raro!! primera vez que oigo eso!!


La lactancia prolongada sigue siendo una rareza. Conversaciones como estás me recuerdan el largo camino que aún nos toca recorrer. Hay que enseñar mucho al respecto, con palabras pero más con el ejemplo. Normalizar que un niño mayor de un año tome seno, no es nada fácil. Por fortuna, cada día somos más las madres que nos esforzamos, pasando por encima de los prejuicios y de las dificultades, para sacar adelante nuestra lactancia prolongada. A pesar de todo, estoy feliz de seguir adelante con la lactancia de Sara. 

31 octubre 2011

15 meses

Si, eso es lo que cumplimos hoy, 15 meses: mi pequeña, de haber llegado a nuestras vidas, y nosotros, de ser unos felices y orgullosos papás. 

Recuerdo que el año pasado para esta fecha, cumplíamos tan solo 3 mesesitos. Yo, aún sumida en las confusiones del puerperio, pasaba mis días pegadita a ella. No me atrevía a desampararla casi para nada. Estaba embriagada de amor pero también ahogada de miedo. Ella ya había crecido un montón. No era más la recién nacida dormilona y tragona. Comenzaba a interactuar con nosotros, mostrando sus habilidades y su personalidad. Y ya, en menos de nada, Sara ha crecido y tiene 15 meses. Como pasa el tiempo!!!

Ahora, corre y juega por toda la casa. 

Dice mamá, papá, teta, mapa, mochia (mochila), pamama (paloma) y tía. Además claro, de milquientas palabras más, en una media lengua extraña que no comprendemos. 

Sonrié casi todo el tiempo. 

Le encanta dar besos y abrazos no solicitados. 

Es tremendamente sociable, con los niños y con los adultos. Es más, estoy segura que cuando entre al colegio va a ser la "comandante", como dice su papá. 

Aún toma teta, y no sólo la pide cuando tiene hambre, sino cuando quiere olerme, cuando necesita sentir mi calor y mi cercanía. 

No le gusta mucho el dulce, a menos que sea helado (igual que a mi). Prefiere la comida de sal, como las galletas y el queso. 

Ama con locura a sus muñecas y las reconoce a cada una por su nombre: Sofí, Paty, Mona y Mini. 

Por fin tiene pelo y es de color caramelo, muy, muy liso. Pero detesta que la peinen y le pongan lazos en la cabeza (igualita a su abuela). 

Pesa 11 kilos y mide 87 cms. 

Es increíblemente observadora. 

Le encanta la ducha (después de que la detestaba) y cuando la baño, detalla el agua con calma, intenta atraparla y sonríe con asombro, como si se tratará de magia. 

No se puede estar quieta ni por un segundo (igual que su papá). La tortura cualquier artefacto inventado para detenerla (silla de comer, silla del carro, etc). Prefiere la libertad de hacer, de sentir, de pedir lo que quiere, de jugar sola o acompañada, de bailar y cantar, de perseguir palomas y aviones a través de la ventana, de disfrutar del parque cuando hace sol. 

Carga por toda la casa los libros y cuentos que tiene; se sienta y hace como que pasa las hojas y lee. 

El cd de rondas que le regalaron es un éxito total. A su manera lo pide y puede escuchar las 35 canciones que tiene sin parar, aplaudiendo, dando vueltas y bailando. 

Habla dormida (como su tía) y entre sueños nos llama: mamá, papá. 

Sabe donde está su cabeza y, si se lo pides, te saca la lengua. 

Nunca se rinde. Muy pocas veces se resigna. 

Trata de imitarme cuando me peino o me pongo el gorro de baño. Y se pone mis zapatos, chancleteando sin cansancio por todos los corredores. 

Muchas veces me acompaña en la mesa a desayunar y a comer. Ya sabe que con esa cosa llamada "cuchara" se puede llevar la comida a la boca y le encanta intentar hacerlo ella sola. 

Está creciendo y aprendiendo a toda velocidad, disfrutando de su mundo, riendo y explorando sin parar. Siendo, simple y sencillamente, una bebé feliz.

El tiempo pasa y no sólo Sara ha crecido. Nosotros también lo hemos hecho. Somos distintos en muchos aspectos. Hacemos cosas que, en otras épocas, ni imaginaríamos. Salimos menos pero disfrutamos más. Hemos aprendido a reírnos de todo lo que pasa y pulimos, todos los días, nuestra capacidad de adaptarnos a las circunstancias. Nos queda un hermoso y largo camino aún por recorrer. No tenemos afán. Solo deseamos poder vivirlo, en 1era persona, de cuerpo y mente presente, con amor y respeto, y también con mucha paciencia. Poniendo siempre 1ero a Sara. Poniendo en 1er lugar a nuestra familia.
De 3 meses disfrazada de pantera rosa

Hoy disfrazada de Flor

18 agosto 2011

Cuadro de llenura aguda

Ayer fue uno de esos días en los que Sara no quería comer mucho. Se levanto a las 7:00 a.m. (como casi siempre) y, extrañamente, tomó mucha teta. Luego, por mucho que insistimos no quiso su papilla de la mañana. Al medio día, intentamos con sopa de verduras y carne, pero se negó rotundamente. Tengo que decir, que no me preocupa en lo más mínimo cuando no quiere comer. Estamos acostumbrados a que, en lo que respecta a la comida, Sara sea totalmente impredecible: unos días come muy bien, otros muy mal, algunos mucha leche materna, otros prácticamente nada de nada. Por eso, y porque creo que a los niños no se les debe obligar a comer, mi política al respecto es dejarla que coma lo que quiera y cuando quiera, claro, dentro de las cosas que se supone debe comer una bebé de un año (muchas proteínas, pocos dulces, frutas, verduras, cereales y, por supuesto, leche materna).  Sin embargo, ayer pasó algo que nunca había pasado y, como era de esperarse, pagamos todos las consecuencias. Después de 2:00 p.m., sin ninguna explicación, Sara comenzó a comer como loca: arroz, carne, la papilla de la mañana, gelatina, galletas y leche, mucha leche materna. Nos sorprendió que comiera y comiera como barril sin fondo, porque realmente nunca había comido de esa manera. Sin embargo, como es nuestra política y no había comido nada en todo el día, la dejamos comer todo lo que quiso. La tarde pasó sin ningún contratiempo. La disfrutamos entretenidas jugando y, como es habitual, cayó rendida a las 7:30 p.m.  

Iban a ser las 11:00 p.m. y yo estaba a punto de dormirme. Sara llevaba un poco más de 3 horas dormida, cuando de repente sentí que se levantó de un tiro, se sentó en la cama y comenzó a vomitar. Yo solo atiné a despertar a mi marido de un grito mientras ella seguía vomitando por todas partes. En pocos segundos había vomito por toda la cama, encima de Sara, encima mío, de la almohada, de las sabanas...desastre total. Nosotros nos mirábamos sin saber por donde comenzar y mi pequeña lloraba. Como pude me levanté de la cama tratando de no ensuciar nada más, le quite su pijama y me quité la mía. Mientras, mi esposo, medio dormido, recogía el desastre de la cama. El vomito era una mezcla de gelatina y leche materna. Observe a Sara, estaba un poco asustada, pero estaba bien. No tenía fiebre, ni salpullido, tampoco estaba llorando. Solo estaba sucia de vomito y muerta de sueño. Yo sólo pensaba, ¿que le habrá caído mal?, ella bostezaba y temblaba un poco del frío, mientras yo la limpiaba y le ponía de nuevo su pijama. Treinta minutos después, estábamos metidos en la cama otra vez, con sábanas y cobijas nuevas, tratando de que se durmiera. Como es habitual le di teta, mientras ella se movía de un lado para otro, intentando conciliar el sueño. De repente, se levanta de nuevo de un tiro, se sienta en la cama y si, vomita otra vez. Ahora el vomito era solo leche materna, claramente, era la leche que se acababa de tomar. Vomitó mucho menos que la 1era vez, pero el desastre fue prácticamente igual. Confieso que por un momento me alcance a asustar. Pero luego la mire, me sonrió y supe que estaba bien. También me acordé de todo lo que había comido en la tarde y, de inmediato, supuse que todo esto no era más que un cuadro de lo que yo llamo un "cuadro de llenura aguda". De nuevo, operación cambio de cama, de cobijas, de pijamas...30 minutos después, todos a la cama otra vez. Esta vez la entretuve con el chupo mientras se dormía. No le quise dar más teta por miedo a que vomitará de nuevo. Gracias a Dios, amanecimos todos secos y limpios. Sara cayó profunda y durmió hasta las 7 de la mañana de hoy sin ningún otro contratiempo. Mi esposo también cayó como piedra. Yo tengo que reconocer que dormí súper mal. Me desperte unas 10 veces más. Al menor ruido de Sara me levantaba alarmada pensando que vomitaría otra vez. Lo cierto es que no dormí....

Y Sara hoy amaneció como si nada, feliz, sonriente, comiendo lo normal, tomado teta como de costumbre, gritando, corriendo, jugando de manera habitual....que sustos los que nos hacen pasar, no? sin duda, gajes del oficio de ser papás.

30 marzo 2011

Experimentando

Hace más o menos un mes les conté lo bien que nos estaba saliendo todo con la alimentación complementaria de Sara. La princesa estaba disfrutando de sus compotas, sopas y papillas hechas en casa. Ya hasta habíamos detectado cuáles eran sus preferidas. Sin embargo, hace unos días amaneció con fiebrecita, (que le duro uno o dos días) y el fin de semana siguiente aparecieron los mocos. Después de este episodio, casi como por arte de magia, el gusto por sus sopas, cereales y compotas desapareció. Ahora, no quiere ni verlas. Todos los días le ofrezco, pero ella prueba una o dos cucharas, y luego se niega por completo a comer. Al principio era obvia la inapetencia: tenía muchos mocos y, a lo mejor, le dolía hasta la garganta. Pero ahora, que todo el malestar, incluidos los mocos, se ha ido, ¿por qué no quiere comer? No tengo idea!

Lo hemos intentado todo: darle la comida cuando tiene mucha hambre, darle solo lo que creíamos que más le gustaba, darle jugos, hacerle colada en lugar de papilla, hacerlas más espesas, más liquidas, con fruta más dulce, en fin...lo que se les ocurra, pero nada funciona. Apenas nos ve venir con el plato y la cuchara, para sentarla en la silla, aprieta la boca, y después de varios intentos, se pone a llorar. Entonces, llevamos 15 días haciendo compotas, papillas y sopas, y votándolas a la basura. La verdad es que desde que se enfermó, el hambre en general se le ha espantado. Claro que toma leche materna a diario, pero ya no pide tanta como antes y se demora menos en las tomas. ¿Qué será lo que le pasa? Ya tenemos varias teorías:
  1. Prefiere jugar a comer. Seguro le parece mucho más divertido gatear y explorar con sus juguetes que comer. Ya me lo había advertido el pediatra. Al parecer Sara no es de las que va a dejar de disfrutar en su mundo por un plato de comida. 
  2. No le pasa nada. Los niños son así, comen por temporadas. El día menos pensado volverá a comer, solo es cuestión de paciencia.
  3. No le gusta la comida que le damos. Puede ser. Me llama la atención que no quiera nada masacotudo pero chupe feliz calados y pedazos de fruta. De hecho, siempre que me ve comer se le van los ojos y trata de meterme la mano en el plato. A lo mejor, no quiere más los masacotes y quiere comida de verdad, como la que ve comer a su papá y a su mamá; comida que ella pueda coger con la mano y llevarse a la boca. 
  4. Le cogió fobia a la cuchara. Claro, la medicina que detesta se la intentamos dar con su cuchara.
Por eso hoy, después de tanta teoría y de probar una vez más con la papilla de cereales y la sopa de verduras, decidimos experimentar: le dimos un poco de arroz (del que hicimos para todos), con la mano, sin cuchara y en la cocina, no en la silla. Increíblemente se lo comió todo. Conclusión: todas las teorías pueden ser ciertas, entonces, hay que seguir experimentando. Mañana vamos a intentar con más arroz, verduras y pollo al vapor. Les cuento como nos va.

01 marzo 2011

Aprendiendo a comer

Tengo que reconocer que le tenía mucha flojera a la alimentación complementaria de Sara. Apenas cumplió 6 meses todo el mundo comenzó a preguntarme si ya comía fruta, verdura, huevo y no sé qué tantas cosas. Y en realidad, ella únicamente tomaba leche materna y a mí no me interesaba darle nada más. Sinceramente no me llamada para nada la atención (lo reconozco) ponerme en la tarea de preparar alimentos, coger fruta por fruta, verdura por verdura, dársela tres días seguidos, dos veces al día, verificar si le gusta, si no, si le da alergia o le hace daño. Repito, me daba mucha flojera. Cómo no, si yo estoy acostumbrada a la practicidad y rapidez de la leche materna. Solo una vez le dimos una papilla de manzana (de la cual no comió nada), y eso porque mi mamá se la preparo. Pero bueno, tiene que aprender a comer comida sólida, no? Entonces hace 15 días, después de ir al pediatra (quien no le puso mucha tiza al asunto y le pareció perfecto que le siguiera dando leche materna) mi esposo me dijo: "Zary, hay que comenzar a ponerse en la tarea de que Sara aprenda a comer otra cosa". Entonces no me tuve más, que dejar la flojera a un lado y dedicarme al tema.

Al principio, como es normal, comía 1/2 cucharada y se untaba el resto. Desde hace 4 días, abre juiciosa la boca, traga y se saborea, conoce la cuchara, toca la papilla pero prácticamente ni se ensucia. No puede dejar de asombrarme lo rápido que aprenden y se adaptan los niños. Ya le hemos dado compota de muchas frutas y verduras*. También papilla de arroz con leche materna**. Su preferida: la compota de mango de azúcar (gusto costeño heredado de su padre, sin duda). En fin, el tema que antes me parecía una jartera se ha convertido en el mejor plan de todos los días. Ella sigue con su teta a demanda, pero a media mañana le doy su compota de fruta y a media tarde su papilla de arroz. Se nota que lo disfruta, y tengo que reconocer, que yo también.


*Compota de fruta o verdura hecha en casa: lava la fruta bien y quítale la cascara. Échala en un procesador de comidas o en la licuadora con un poquito de agua hervida. Procésala y ya está. Las mejores frutas para comenzar son: mango, papaya, banano (aunque a veces causa estreñimiento), manzana y pera. Con las verduras, es necesario cocinarla al vapor 1ero, hasta que este blanda, y luego, se realiza el mismo proceso. Trata de no sobre cocinar las verduras, porque pierden todos sus nutrientes y, utiliza la misma agüita en la que la cocinaste para procesarla.

**Papilla de arroz hecha en casa: cocina dos cucharadas de arroz con 3/4 de un pocillo de agua. Cuando seque, vuelve a echarle la misma cantidad de agua. Cuando vuelva a secar, apágalo y verifica que el arroz se deshaga cuando lo aprietas con tus dedos. Luego, echa el arroz en un procesador de alimentos con una onza de leche materna, si es el caso, o de leche de tarro si es lo que le das a tu bebé. Procesa y ya está.
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