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20 marzo 2014

Instantes



Ayer, temprano en la mañana, cuando estaba a punto de parquear, me tropecé con una mamá que iba con su bebé de brazos y su niña pequeña caminado por la acera. Por un momento nuestras miradas se cruzaron y nos regalamos una sonrisa sincera, de empatía y complicidad. 

Este pequeño encuentro desató en mí una nostalgia que hace rato no sentía. Unas ganas de ser la Zarina de hace dos años, la que estaba en casa, la que disfrutaba sus días entre pañales, tetadas y paseos al parque. Tuve de nuevo ese sentimiento tan conocido, que casi había olvidado porque no me visitaba hace bastante rato. Añoré, en medio segundo y con una intensidad arrolladora, una vida menos agitada, más hacia dentro, sin tanta exposición, enfocada en lo simple, en una felicidad predecible y sencilla. 

Lo curioso es que en ese instante en que mi ojos se cruzaron con los ojos de esta madre, pude ver en ella una nostalgia parecida a la mía. Mas bien noté la misma nostalgia pero en sentido contrario. Leí en su rostro unas ganas de poder salir de casa a vivir una vida adulta, llena de retos laborales, con la prisa de tener mil cosas en la cabeza, con "independencia", persiguiendo logros y reconocimiento público.

¡Qué ironía! Dos caras de una misma moneda. Dos madres, que se miran a los ojos y se leen tranquila y cristalinamente, que se entienden, que se envidian, que son felices, pero que al mismo tiempo están buscando más. Que en un instante y sin mediar palabra, ven el pasto de su vecina frondoso y mucho más verde que el propio, que pierden el foco o que, tal vez, encuentran su verdadera perspectiva. De instantes como estos, mágicos, poderosos y efímeros, se compone la vida.

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07 octubre 2013

Mamás Emprendedoras: Happy Hamlet


Hace un tiempo recibí un mail de Ana, un mail donde me contaba su proyecto de familia, y al instante me pareció una aventura maravillosa y valiente, digna de compartir y contar. Ana es española y vive en Barcelona, con su pareja y sus dos niños. Su proyecto gira alrededor de lo que ella y su familia más aman: viajar!!!  Así nace Happy Hamlet, una comunidad de familias de todo el mundo que intercambian sus casa para irse de vacaciones, compartiendo y disfrutando su deseo de viajar y sentirse en casa siempre, sin importar el lugar que quieran conocer o visitar. 

¿Como surgió este proyecto happyhamlet.com para promocionar el intercambio de casas?
Surgió de nuestra propia experiencia, primero como pareja y después ya con niños llevamos 8 años intercambiando casas. Han sido 20 intercambios en diferentes partes del mundo. Y queríamos crear un lugar de encuentro para familias que quisieran probar esta forma de viajar.

¿Cuáles son las ventajas de esta forma de viajar? 
La más evidente es el tema económico, de entrada te ahorras el hotel o apartamento lo que supone un ahorro muy importante. También cuando el precio del alojamiento no es un condicionante puedes hacer vacaciones más largas y tomártelo todo con más calma respetando las rutinas familiares, especialmente si hay bebés o niños pequeños. Y poco a poco vas descubriendo otras ventajas, por ejemplo, poder descubrir otros países como un local lo haría, alejados de las zonas turísticas y algo que nos parece importante, enseñarle a nuestros hijos la importancia de compartir... su casa, sus juguetes al mismo tiempo que otra familia hace lo mismo por ti.

¿Y por qué la gente no lo hace más a menudo?
Creo que el miedo es el freno más importante. Y lo entiendo perfectamente, todos hemos pasado nervios sobretodo la primera vez. Pero una vez lo pruebas descubres que esa otra familia solo busca lo mismo que tú. Un bonito y agradable lugar donde pasar las vacaciones y sentirse como en casa.

¿Nos cuentas algún viaje que recuerdes especialmente?
Este verano de 2013 pasamos tres semanas en Dinamarca, en una preciosa casa de campo donde cuidamos de dos caballos. Tengo que decir que es poco común intercambiar casa con animales pero en este caso decidimos dar el paso porque nos pareció una experiencia fantástica para nuestros dos niños. ¡Y lo fue! Cuidar de los caballos sólo nos llevaba una hora al día y fue un cambio total sobre nuestra vida habitual en una gran ciudad.

¿Qué le dirías a la gente que se queda en casa por falta de medios económicos?
Que ante la crisis hay que tener creatividad. Y que no es cierto como alguna vez he oído que "cuando tienes niños es más difícil viajar". El intercambio es una forma barata y cómoda de viajar a cualquier lugar del mundo. Por supuesto aún tienes el coste de los billetes de avión pero por ejemplo en Europa hay billetes muy baratos o incluso puedes hacer un intercambio cercano y hacer el viaje en tren o autobús.

¿Qué le dirías a la gente que puede tener miedo de intercambiar las casas?
Que lo pruebe, especialmente si tienes niños. Que es una experiencia muy bonita para toda la familia y que no se arrepentirán. En nuestros 20 intercambios no hemos tenido ninguna mala experiencia, al  contrario algunas muy agradables como por ejemplo que alguna familia te deje su casa para alojarte sin que haya siquiera intercambio (porque tenían otros planes en vacaciones y prefieren que haya alguien a que se queden unas semanas vacía) o que nos hayan ofrecido su coche a pesar de que nosotros no podemos ofrecerle uno (no tenemos). Es una forma fantástica de viajar para las familias, ¡sólo hay que probarlo!

Gracias Ana por compartir tu proyecto e inviatrnos a vivir este tipo de experiencias en familia. Y tú, ¿te ánimas a unirte a Happy Hamlet?


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01 marzo 2013

Ha valido la pena


Hace un año exactamente escribía sobre un nuevo comienzo. Dejaba de ser mamá en exclusiva para comenzar a trabajar fuera de casa, otra vez. Hoy miro atrás y me parece increíble que haya pasado tanto tiempo. Ha sido un suspiro. Y, la verdad, estoy feliz. Me encantaría volver a estar en casa, no lo niego.  Sara aún me hace falta. Muchas veces al medio día sueño con quedarme con ella la tarde entera en la casa, dormir juntas una larga siesta y sacarla al parque a diario, como en otras épocas. Creo que este sentimiento, siempre va a estar en mí, nunca va desaparecer. 

Sin embargo, este año como mamá que trabaja fuera de casa ha sido inmensamente enriquecedor. Yo le he vuelto a coger el gustico al ambiente laboral. El trabajo ha sido una oportunidad maravillosa para crecer en muchos aspectos, para reconocerme feliz en otros ambientes, productiva, creativa, fuerte. Descubriendo y reafirmando habilidades, aprendiendo de los errores, aceptándome imperfecta, aprendiendo a soltar, a vivir en el aquí y el ahora, a "estar" a confiar. Disfrutando nuevas amistades que me llenan de luz y buenas energías. 

Y cuando miro en retrospectiva, recuerdo los miedos y las dudas que tenía. Lo que nos costo la separación, los días de tristeza infinita, y como poco a poco, la mayoría de esos sentimientos se fueron desvaneciendo. Como recuperé los espacios perdidos, como hemos podido compensar ciertos tiempos. Como todas las fichas se fueron reacomodando para encontrar un nuevo lugar con otros significado, conservando el vínculo y el amor, acompañándonos mutuamente en el proceso, con toda la conciencia posible, con paciencia, con respeto. Sin renunciar a este blog, a mis otros y nuevos proyectos, sin renunciar a mi maternidad y a mi hija. Haciendo ajustes, transnochando, corriendo, con días de no dar más, pero también segura, convencida y, al final de cuentas, feliz. 

Hoy somos otras, o mejor, somos las mismas pero distintas. Con otras preocupaciones y ansiedades. Con una comunicación diferente, comenzando a vivir nuevas y emocionantes etapas. Vinculadas, conectadas aún, pero cada día menos fusionadas. Con ritmos distintos, rutinas nuevas, sin muchas certezas, o más bien con la certeza de que no hay certezas. Y de que ha valido la pena. Con lo bueno, lo malo, lo bonito y lo feo. Ha valido la pena. Y aquí estamos en el camino, satisfechas y con ganas de seguir enfrentando todos los cambios que nos esperan. 


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29 agosto 2012

Cantidad y calidad

Después de ver este video de Leslie no he podido dejar de pensar en lo cierto y contundente de sus palabras, y en lo anesteciados que estamos todos, la sociedad en general, frente a algo tan importante y evidente: nuestros hijos nos necesitan y nosotros los necesitamos a ellos. Y esta necesidad primaria y primordial de presencia y compañía es muy difícil de satisfacer, actualmente por la mayoría de los padres, de manera efectiva y real, por que no tenemos tiempo. La mayoría de los padres y madres, estamos 10 o más horas del día en la oficina, mientras nuestra vida pasa y nuestros hijos crecen sin nosotros.


Aquí es cuando nace el tema de "calidad vs cantidad" en un intento de disculparnos, de no sentirnos tan mal, de pensar que así es la vida y que no hay nada que hacer al respecto, que todos hemos crecido así, con los papás trabajando y que aquí estamos, aparentemente bien. Y entonces, sin mucho esfuerzo, mi memoria me juega una mala pasada y casi sin advertirlo, recuerdo un vacío, un sentimiento de "falta", tardes enteras con la empleada, unas ganas inmensas de estar más tiempo con mi papas, un "rencor" por todo aquello que me los robaba... un rencor principalmente por que sentir que dedicaban más tiempo a trabajar que a estar conmigo. Y eso no quiere decir que no me sintiera amada, simplemente necesitaba más tiempo para ser y estar con ellos, con su atención, con su presencia. 

No quiero que Sara tenga esos recuerdos. No quiero anestesiarme frente a mi deseo y mis ganas de estar más tiempo con ella, presente, día a día, todos los días. No quiero aceptar y olvidar que lo que me hace sentir más plena y feliz es ser su mamá, compartir con ella cada minuto del día, maravillándome con sus ocurrencias, acompañándola, velando su sueño y su fiebre, estando a su lado, observando de cerca como crece y aprende. Quiero tener tiempo para ser una mamá presente de manera permanente, con calidad y cantidad, con tiempo para ella y para mi, para volver al gimnasio, para escribir, para aprender italiano y perfeccionar el inglés, para terminar mi libro, para trabajar también, claro que si, pero sin que el trabajo se convierta en lo único en mi vida. 

Por eso estoy decidida a hacer algo, a cambiar esta realidad, este sentimiento de que no hay más que vida para trabajar. Estoy decidida y con las manos y la mente en la obra, para que las cosas,  más pronto que tarde, funcionen de otra manera.


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06 agosto 2012

Sueño, espero, alucino, confío

Sueño con una época en la que pueda estar con mi hija la mayor parte del día, mucho más tiempo, una gran tajada de los momentos de mi vida. Donde los demás comprendan que realmente me siento realizada siendo sólo mamá, y que aunque amo mi trabajo podría prescindir de él sin reparo. Que mi realización personal está en cosas más simples, realmente sencillas, que me llenan el alma y el corazón de vida.


Sueño con un tiempo en el que los parques estén llenos de madres y padres con sus hijos. En que las vacaciones de los pequeños sean un tiempo para disfrutar y explorar en familia. En el que el llanto de un pequeño toque las fibras de la sociedad como toca las mías.

Espero un tiempo en el que todos sonrían cuando me vean dando teta; sin importar las edad del pequeño, ni el lugar, ni el momento. Y que este acto de dar de mamar a mi bebé no sea algo privado y escondido, que sonroja a los demás y que nos hace sentir tímidas y ocultas.

Alucino con criar en tribu, en manada, rodeada, apoyada. Con espacios llenos de comprensión y oxitocina, viéndome de frente con mis pares, consolándoles y consolándome en ellos. Con padres conectados con sus pequeños, dispuestos a criar a la par con nosotras, apoyándonos, respetando nuestros transes, nuestros tiempos, nuestro puerperio, las introspecciones y complejidades del alma femenina, del alma materna.

Espero ver a mi hija siendo mujer libre, madre instintiva, conectada con su alma femenina, empoderada desde su escencia, clara, serena, sabia, bella; sabiendo ser la madre que sus entrañas le dictan, al ritmo de su corazón y de su naturaleza. Con una familia extensa. Con sus objetivos claros, con una mente amplia, fuerte pero al mismo tiempo tierna.

Confío en que llegará el momento en que la maternidad y la infancia recuperen el lugar privilegiado que merecen. Y que la gente entienda que el sentir de una madre no es despreciable, que está lleno de un valor profundo y ancestral, que nos hace felices a todos y que garantiza los cimientos de una sociedad amorosa y en paz.


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11 junio 2012

Haciendo malabares

Estos días se me han ido como agua entre las manos. De hecho, desde que trabajo siento, más que nunca, que los días transcurren a una velocidad increíble. De lunes a viernes no me alcanza más que para lo estrictamente necesario: levantarme a las 6, arruncharme un rato con Sara, desayunar, bañarnos y salir corriendo para el trabajo; volver al medio día, almorzar y regresar a la oficina; estar en casa a las 7:00 p.m., comer algo, jugar un poco con la pequeña y ya está, se acabo el día y no logre hacer nada más. 

Los fines de semana, aunque no trabajo (o precisamente por que trabajo el resto de la semana) transcurren a un ritmo muy parecido: clases de natación, almuerzos, cumpleaños, invitaciones, vueltas varias, citas médicas, mercado... llega la noche del domingo y no se a que hora se acabó el fin de semana, por que el trajín fue tal, que estoy igual de cansada. Tal vez por eso me descubro, más a menudo de lo que quisiera, soñando despierta, en medio del trancón o de una reunión aburrida, pensando todo lo que podría hacer si los días tuvieran 36 horas o, mejor, si las semanas tuvieran diez días. Podría volver al gimnasio, escribiría todo lo que quiero en este blog, terminaría mi libro, pasaría más tiempo con Sara, la llevaría al parque y a sus clases, podría cocinar más, leer más, vivir más en lugar de soñar de más.  

Y si, estoy soñando de más, soñando con fuerza y sin intensiones de rendirme. Con unas ganas locas de unos minutos adicionales cada día que me sirvan para digerir la vida, para dejar de correr como loca de un lado para otro, para sentarme a degustar con calma un té, para ver crecer a Sara y enterarme directamente que ya sabe contar hasta 10, para poder disfrutar de un masaje sin mirar el reloj cada minuto, para caminar con pausa.

Pero como diría un amigo, "esto es lo que hay", y por ahora no me queda más que ingeniármelas haciendo malabares, estirando segundos, tratando de sacar tiempo de donde no existe para Sara y para mi, en medio de los días y las semanas que se van volando, con la certeza de que el tiempo, en que pueda comprar tiempo, llegará, porque sé, por experiencia, que los sueños, tarde o temprano se pueden volver realidad.


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01 marzo 2012

Un nuevo comienzo

Después de año y medio dedicada únicamente a ser mamá, hoy vuelvo trabajar, 8 horas al día, fuera de casa, en una oficina. Literalmente, de un día para otro, Sara y yo pasamos de compartir todo el tiempo juntas, a vernos entre 4 y 6 horas al día. Lo cierto es que yo no pensaba enfrentarme a esta situación tan pronto. No estaba buscando trabajo. Pero así es la vida. Las oportunidades simplemente llegan cuando uno menos las espera. Y después de hacer un balance de muchas cosas, decidimos que era una excelente oportunidad para mí y que valía la pena intentar ser una mamá que trabaja fuera de casa.

Tengo que decir que todo el tema me tomo por sorpresa y, realmente, fue una decisión más difícil de tomar de lo que me imagine. De hecho, dejar de trabajar, fue mucho más fácil de decidir para mi. Pero me emociona mucho mi nuevo trabajo. Me llena de ilusión todo lo que voy a poder hacer, la gente que voy a conocer, los proyectos en los que voy a participar. Sé que voy a trabajar en lo que me gusta, y en las mejores condiciones posibles. Sé, también, que voy a aprender, a enseñar y a crecer. Y por eso, cuando lo pienso, me brilla la mirada y se dibuja en mi rostro una sonrisa. Pero también tengo que reconocer lo que es evidente: dejar a Sara tanto tiempo va a ser muy duro para mí, y estoy segura, que para ella también. Sin embargo, aunque la ansiedad y un torbellino de sentimientos encontrados me invaden, de alguna forma la satisfacción de todo este tiempo vivido, completa y plenamente, me da mucha tranquilidad.

Soy consciente que nos espera una etapa de adaptación a esta nueva rutina. Una etapa que promete ser emocionalmente compleja y físicamente retadora. Pero estoy segura que pronto vamos a construir juntas nuevos espacios para seguir disfrutándonos sin medida, como siempre. Nuestra lactancia ahora es, sin duda, mi mejor aliada. Agradezco muchísimo no haber desfallecido en los momentos difíciles y continuar aún con este ritual que nos conecta física e íntimamente, de una manera perfecta. Tengo clarísimo que gracias a ella y al colecho, este periodo será más fácil y llevadero para ambas. Pero también sé que será desafiante, pero que pasará, y en un tiempo nos encontraremos otra vez cómodos con nuestras nuevas rutinas y tiempos, y listos para un nuevo comienzo.

PD: Por si las dudas, sigo con todo, con el blog (imposible mi vida sin él) y con mis proyectos, que no se detienen pero que, evidentemente, andarán a un paso más lento. Este también es otro reto para mí, enfrentarme a un trabajo fuera de casa y a la maternidad, sin descuidar este espacio ni mis otros proyectos. Por fortuna en mi tribu tengo excelentes ejemplo de mamás como Bren, Silvia y Miriam, que pueden con todo esto y con mucho más.  Todas ustedes son mi inspiración para continuar.

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24 noviembre 2011

Ni es lo mismo, ni es igual

Por estos días la blogosfera maternal, puntualmente la española, ha estado revolucionada. Y aunque no soy de allá, ni vivo en la Gran Vía, me he encontrado absorta en el tema durante varios días. Todo comenzó el pasado domingo después del anunciado triunfo en la elecciones del Partido Popular (PP), cuando en medio de la celebración en un balcón, apareció doña Soraya Saénz de Santamaría. Para un espectador cualquiera, este simple hecho hubiera pasado totalmente desapercibido. Pero para muchas mamás españolas que luchan por una baja maternal justa y respetada por empresarios y sociedad, y por unas políticas adecuadas de conciliación trabajo-familia, el hecho de que este personaje público (y ahora en el poder), apareciera tan campante en la celebración, habiendo dado a luz hace tan solo 15 días, ha sido como un baldado de agua fría en pleno invierno. La indignación a crecido aún más cuando después se conoció que además, ha renunciado a su licencia de maternidad para asumir la responsabilidad de ser quien realice el traspaso de poderes entre en gobierno saliente del PSOE y el entrante del PP. Lo cierto es que la discusión está servida. Y, la polarización a la orden del día. Las opiniones al respecto abarcan todos los tonos y colores. La mitad, la condena y la otra mitad, la absuelve. Casi todos con los mismos detalles y la misma información, la excusan tranquilamente o la condenan a muerte. Para unas es una "mala madre" que además de dejar a su bebé cuando más la necesita, da un pésimo ejemplo al no tomarse, por lo menos, los días obligatorios de baja maternal a los que tiene derecho. Para otras es un ejemplo de mujer, que tiene claro que algunas oportunidades solo se ven una vez en la vida y que, lamentablemente para su bebé, la oportunidad de su vida le ha llegado ahora que acaba de convertirse en mamá, y por nada del mundo la puede desaprovechar. Al parecer todo el tema se reduce a dos bandos. No existen, termino medio en la discusión. Los grises pecan, una ve más, por su ausencia. Y, para mi, desde el otro lado del mundo, este es un tema de grises. Si, de grises, de términos medios, de tolerancia, de respeto, de verdadera conciliación. 

Por una parte, y haciendo de abogado del diablo, más allá de las fotos de doña Soraya en el balcón celebrando el triunfo de su partido y el anuncio de que será la encargada de la transición, no sabemos nada. De esos simples datos, parte toda suerte de especulación al respecto. No sabemos cuál es su sentir, cuál es su situación, qué piensa su marido, cómo va a ser su reincorporación, cómo piensa manejar su día a día... en fin, no tenemos ningún otro detalle que nos de luces de que es lo que realmente pasa por su cabeza, ni de si se sintió obligada o no tuvo otra opción (aunque yo soy de las que piensa que si sabes lo que quieres, siempre tienes opciones). Por lo tanto, es un poco ligero juzgar su decisión (si es que tenemos derecho a hacerlo). Por la otra, creo que lo importante de todo este tema es poder garantizar que las madres y padres tengamos opciones reales para elegir, libremente, con conocimiento y sin presión, como deseamos organizar nuestra vida laboral y familiar. Desde ese punto de vista, cualquiera de las decisiones que tomemos deben ser validas y respetables. Tanto la de la mamá que desea dedicarse 100% a sus hijos (como yo), como la de la que prefiere ceder su tiempo de baja al papá para regresar al trabajo cuanto antes, así como la de la que quiere trabajar sólo medio tiempo para estar con su familia el resto del día. Cada familia es un mundo, así que cada quien vera que le horma mejor. 

Pero también es cierto, que independientemente de que cada decisión sea personal, valida y respetable, cada una tiene implicaciones muy diferentes. Decidir una u otra cosa, ni es lo mismo, ni es igual. El hecho de que se tenga la posibilidad de escoger volver al día siguiente al trabajo después de haber dado a luz, no quiere decir que sea lo mejor para mamá, bebé, familia y sociedad. Y aunque cada quien tiene derecho a decidir que hacer y a tener opciones, que es por lo que se lucha al final, claramente lo deseable sería que a ningún bebé se le negará este periodo de fusión con su mamá, de extero-gestación, que también es su derecho. Sin duda, la carencia de este periodo de maternaje, al final, termina pasando factura. No solo al bebé, sino también a la madre, a la familia y a todos y cada uno de nosotros, como sociedad.

Para mi, lo único claro al final, es que todo este asunto de las decisiones de la futura ministra pone en evidencia que la conciliación es un tema que tiene que comenzar con un cambio de mentalidad de todos. De los que nos dirigen, de nuestra familia, de nuestros esposos, de nosotros mimos. La idea de que podamos llevar y disfrutar de manera equilibrada nuestra vida profesional y familiar es, sin duda, inmensamente revolucionaria. El equilibrio, como siempre, es una virtud difícil de conseguir pero absolutamente necesaria. También creo que la ministra perdió una oportunidad de oro, para potencialidad su situación como madre reciente y mujer en el poder. Su situación era perfecta para demostrar, con detalles como llevar a su bebé en un fular, que ella y su partido están realmente conscientes y conectados con la conciliación familiar. Que lástima que nadie, ni siquiera ella, lo hubiera visto así. 

Por ahora, independientemente de las decisiones que tomen los demás, hay que seguir luchando por una verdadera conciliación, por tener opciones para ser mamás si queremos, para trabajar si es lo que deseamos, para compaginar las dos cosas de la mejor manera, si es lo que necesitamos. Reivindicando nuestros derechos como mujeres, como madres, como profesionales, pero sin sobreponerlos a los derechos y necesidades de nuestros hijos. Es imposible pretender que todos sientan y vivan la maternidad paternidad como nosotros. Si queremos respeto, primero debemos manifestarlo respetando las decisiones de los demás así no la compartamos. Así pensemos desde nuestra perpectiva, que no son correctas, que son erradas y equivocadas. Así sepamos que ni es lo mismo, ni es igual

26 octubre 2011

Un día como hoy

Un día como hoy, hace un año, debía volver a trabajar. Mi hija tenía exactamente 2 meses y 26 días y, según las leyes, mi tiempo con ella debía reducirse a 2 horas en la mañana y, tal vez, 2 horas más al finalizar la tarde, durante 5 días a la semana. Debía conformarme con eso y con los fines de semana. 

Sara de 21/2 meses
Necesitaba buscar alguien que se quedará con ella. Necesitaba que alguien me reemplazará durante 8 o, quizás, 10 horas al día. Alguien que la bañara cada mañana, que escogiera su ropa, que cambiará sus pañales, que descongelara mi leche y se la diera con un tetero, que consolará su llanto, que la quisiera tanto como yo. Alguien que fuera su mamá, mientras yo dedicaba mis energías a hacer un montón de actividades que no me interesaban para nada. Mientras yo gastaba mis energías lidiando con clientes y campañas web, otra persona diferente a mi, se quedaría con sus primeras sonrisas y balbuceos, con sus siestas, sus suspiros, con sus 1eros intentos de gatear, con sus miradas profundas, con sus gestos, con sus intentos de decir una palabra, con cada uno de los detalles de esa bebé que cada día crecía y se hacía más grande, siendo siempre otra, distinta a la de ayer. 

Yo debía perderme de ver y vivir a mi hija. Debía haber enfundado mis pechos llenos de leche en mi ropa de antes, y haber salido, sin mirar atrás, sin pensar que allá, en casa, se quedaba un ser que me necesitaba cada segundo de los 86.400 segundos que tiene el día. Yo debía haberme tragado sin ningún reparo mis sentimientos, conteniendo mi deseo materno, ocultando las ganas profundas e inexplicables de contenerla,  renunciando a disfrutar plenamente del amor que se me salía por los poros, de la necesidad de estar pegadita a ella, todo el tiempo, día y noche. Ella debía, sin entender siquiera porque, haberse conformado con el olor de la cuna y los sonidos del móvil. Debía consolarse, la mayoría del tiempo, en el regazo de otra persona. Debía acostumbrase a tomar leche de mamá, pero en tetero. Debía privarse, sin mayor remedio, de la mirada permanente de su madre, del calor irrestricto de sus pechos, de la mayoría de su tiempo, de vivir y recibir mucho, mucho de su amor.

Un día como hoy, hace más o menos un año, decidí hacer lo que mi ser profundo, mi corazón de madre y mujer necesitaba hacer. Decidí poner en pausa mi vida laboral y ser sólo mamá por un tiempo. Decidí darle prioridad a mi bebé, a mi y a mi familia. Decidí estar siempre, viviendo al máximo cada segundo de esta etapa que, sin duda, es un privilegio que muy pocos quieren o pueden disfrutar. 

28 septiembre 2011

Si, yo si quiero

Si, yo si quiero cambiar las cosas. Quiero un mundo distinto, un mundo mejor, un mundo donde tengamos tiempo para nuestros hijos sin renunciar a desarrollarnos profesionalmente, tiempo para ser felices en familia, tiempo para vivir la vida. 

Yo si quiero aportar para que las cosas cambien para bien, para nuestro bien, para el bien de la humanidad entera. Poner un granito de arena para que en España, en Argentina, en Colombia y, por que no, en el mundo entero, la prioridad de todos sea nuestros niños.

Estoy convencida que ya está bueno. Que ya es hora de que lo importante sea lo primero. Que nuestros hijos tengan derecho a ser criados por sus madres y padres, que podamos contar con una licencia de maternidad de por lo menos 6 meses, que tengamos a la mano opciones para trabajar desde casa, oportunidades de trabajo por media jornada, guarderías en las empresas, espacios para laboral y crecer profesionalmente sin tener que abandonar todo el día, todos los días, a nuestros bebes al cuidado de otras personas. Ya es hora que se nos valore por ser madres, por maternar, y no solo por tener un título profesional y producir un cheque mensual lleno de ceros a la derecha (en el mejor de los casos), a costa de la salud emocional de nuestros pequeños, de su felicidad, de nuestra felicidad.

Si, yo si creo que entre todas podemos. A punto de millones de esfuerzos, de unir nuestros deseos, nuestros pensamientos. A punta de muchas palabras a través de estos espacios y de nuestra redes digitales, de esta tribu contemporánea que se teje con post, coments, likes y tweets. Solo necesitamos voluntad, unión y perseverancia. Ya es hora de hacer sentir nuestra fuerza. Es el momento. Nosotras lo gritamos. Nuestros hijos lo necesitan. La sociedad entera esta impaciente por comenzar a calmar la sed de cariño que años enteros de desamor y desapego han generado en su núcleo, en cada familia, en todos los seres humanos.

Yo tengo la fortuna de poder estar en casa con Sara desde que nació. Mis circunstancias me han permitido no perderme de nada, disfrutar cada segundo de sus 14 meses de vida, acunarla, consolarla, mirarla, atenderla, mimarla, besarla, amarla, todo el tiempo que he querido, sin tener que salir corriendo a cumplir con obligaciones laborales, sin tener que dejarla en una guardería o al cuidado de una niñera para poder llegar a las 8:00 a.m. a la oficina, pasando todo el día alejada de ella, gastando mi tiempo de madre, gastando el tiempo de mi hija, en cosas que, en este momento, no son tan importantes. No me imagino como será el día en que tenga que regresar a esa rutina. Solo pensarlo me produce nauseas. Sobretodo, si cuando ese día llega, ella aún no es lo suficientemente grande para entenderlo. Sobretodo, porque sé que encontrar el punto medio, en la profesión en la que me desempeño, es casi imposible. Por que sé que cuando tenga una fiebre, sin importar la edad que tenga, no podré salir corriendo. Por que me perderé de varias visitas al pediatra y muchas salidas del colegio. Por que no estaré para escuchar algunas de sus 1eras palabras. Por que ella sentirá que su mamá no está como ella el tiempo que quisiera. Por que nos haremos mucha, pero mucha falta. Por que ese será un tiempo perdido entre las dos, imposible de recuperar.

Por eso y por que sé que entre todas podemos hacer que la utopia de la conciliación sea una realidad, les dijo que si, que yo si quiero trabajar para cambiar las cosas... tal vez sea hora de que tú también te preguntes que quieres hacer, qué estamos dispuestas ha hacer para que todo esto cambie.

Únete ya a nuestro grupo en facebook haciendo clic aquí y participa de todas las actividades que se están "cocinando" para que exista una Conciliación Real Ya!!

18 marzo 2011

Quiero ser mamá freelance!!!!

Ya desde hace varios meses le vengo echando cabeza al tema de trabajar desde casa. Y aunque he leído y escuchado todo tipo de opiniones al respecto (y que sé que no será nada fácil), creo que puedo hacerlo y estoy decidida a intentarlo. Desde siempre mis planes han sido dedicarme únicamente a Sara un año y medio, sin embargo, son varias las razones que me motivan a cambiar un poco mis planes. No es que ser mamá 24/7 no me llene por completo, ni que añore las angustias laborales y los días interminables llenos de reuniones de 7 de la mañana a 10 de la noche. No, nada de eso. Simplemente que me he dado cuenta que ahora que estoy feliz y tranquila en casa con mi hija, tengo la oportunidad que hace rato estaba esperando para buscar allá en el fondo, muy dentro de mi, para redescubrir lo que realmente disfruto hacer y, sin mayor presión, comenzar a trabajar para poder vivir de eso. 

Tengo que reconocer que, últimamente, mi  trabajo había dejado de ser una de las pasiones de mi vida. No porque no me gustara lo que hacía, sino porque las circunstancias no me permitían hacerlo a mi manera, a mi estilo, con respeto por los demás, trabajando de verdad en equipo, haciendo cosas lindas y exitosas para los clientes, construyendo conocimiento para todos, haciendo amigos. Si, lo reconozco, me desencanté de mi trabajo. Y, ahora tengo un chance de poder trabajar en algo que disfrute realmente, que me encante como antes, que quiera como al principio. Claro, sin dejar de hacer lo que más amo hacer ahora: cuidar y criar a Sara. ¿Cómo despreciar tal oportunidad?

No voy a negar que el tema económico es otra de las razones. Ahora no me hace falta la plata, pero poco a poco veo como se va empequeñeciendo el saldo de mi cuenta de ahorros y, sinceramente, eso me pone un tanto nerviosa. Aún me queda suficiente para, más o menos, un año, pero seria muy bueno poder ganar por lo menos lo de mis gastos básicos y que mis ahorros se vieran menos afectados.

Por otro lado, aunque cuando renuncié estaba bastante saturada y aburrida de todo el tema laboral, y mi sentir era el de no querer saber de nada por mucho tiempo, se que no es nada inteligente ni conveniente desconectarse del todo, si algún día quiero volver a retomar mi carrera donde la dejé. 

Por eso, después de mucho pensar, de recordar por que hace algunos años decidí estudiar Comunicación y de disfrutar semana a semana escribiendo en este blog, quiero ser mamá freelance produciendo contenidos editoriales. Desde luego no tengo la experiencia de un redactor experimentado, pero amo escribir y para hacerlo cada vez mejor, sólo tengo que investigar y escribir. Escribir mucho. Solo decirlo me llena el alma de una sensación ambivalente. Mi rol como madre trabajadora es algo amorfo en mi mente, que temo no poder manejar. Además, salvo algunos días de incapacidad y fines de semana, nunca he trabajado desde mi casa. Mi cabeza esta llena de preguntas: ¿podré organizar el tiempo?, ¿será que es mucho pedir y descuidaré a Sara?. Pero muy a pesar de mis miedos e inseguridades, (y de mi gen perfeccionista, que seguro va a estar bajo mucha presión) me voy a lanzar al agua. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Que no funcione. Entonces, les contaré que todo fue un fiasco, y otra cosa me inventaré con la satisfacción de haberlo intentado. 
PD: ya estoy estoy haciendo gestiones para un proyecto. Crucen los dedos por mi!! Ahhh y no hace falta decir que estoy a la orden para cualquier tema que tengan en sus agencias, empresas, proyectos, etc.

29 noviembre 2010

Decisiones y maternidad


Desde que nació Sara confirmé que no me quiero perder absolutamente nada de lo que pase en su vida. Es fascinante ver como esta pequeña que no hacia prácticamente nada recién nacida, ahora reconoce mi voz, mi rostro, se ríe a carcajadas y habla una jeringonza con la que sostenemos largas y profundas conversaciones. Mi bebe es una maravilla y es claro que cuando decidimos tenerla lo hicimos porque queríamos disfrutar de cada una de las pequeñas cosas que significan verla crecer. Como dice mi esposo "queremos ser papás 24/7". Yo más bien pienso que no es tan importante lo que queramos. Lo realmente importante es que Sara me necesita 24/7. Y en definitiva, si puedo, quiero estar con ella todo el tiempo que sea necesario.

Y ahí es donde surge la cuestión, porque muchas veces se puede querer mucho estar con los hijos tiempo completo, pero en definitiva no se puede. No todo el mundo puede dejar de trabajar, para contar con el tiempo. Si, porque la cuestión es de tiempo. Tiempo para estar con ella todos los días. Y no sólo tiempo de calidad sino tiempo en abundancia; para estar cuando diga su primera palabra, o este enfermita, cuando gatee o de su primeros pasitos. Tiempo para "estar" ahí, a su lado. Sobre todo ahora que es una bebé.
Por eso, cuando llegó el momento, la prioridad estaba clara y la decisión era más que obvia: renuncio por un tiempo y me dedico exclusivamente a Sara. Tengo que reconocer que aunque no fue una decisión difícil de tomar, sentí bastante nostalgia y un poco de dolor de estomago nervioso, porque disfruto la independencia que me da el trabajo y me encanta lo que hago. Sin embargo, no había nada más que pensar. Y así fue, en octubre renuncié a mi trabajo como Directora de Cuentas en una agencia, para dedicarme "full time" a ser la mamá de Sara. En ese momento me sentí valiente y afortunada. Sin embargo, a medida que compartía mi decisión con mis amigos y amigas, y con los amigos de mis amigos y amigas, y escuchaba 10.000 historias y situaciones diferentes, seguí sintiéndome afortunada pero ya no tan valiente.

Y es que, por lo menos en mi circulo social, son muy pocas las mamás que se pueden quedar con sus hijos más allá de los 3 meses reglamentarios de licencia. Simplemente no tienen opción, no pueden dejar de trabajar. Y, en mi opinión, dejar a tu bebé en casa con una niñera, así sea la mejor niñera del mundo, requiere de una gran dosis de valentía. Todas las mamás que salen a trabajar a diario y dejan a sus bebés al cuidado de otro, son mujeres valientes y admirables de verdad. Porque más allá de su voluntad afrontan el rol de mamás trabajadoras con amor, dedicación y entereza. Escuchando esas historias comprendí realmente lo afortunada que soy y entendí que mi valentía solo me alcanza para dejar a Sara con la empleada una hora al día, mientras voy al gimnasio.

Para terminar les enlazo este artículo de "Tenemos tetas" que seguramente les va a encantar, por que la lactancia es la mejor aliada de las mujeres trabajadoras!
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