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12 junio 2013

Para bien y para mal


He estado alejada, y la gripa es la culpable.

Llevo dos semanas con ella acuesta, y ha sido pesada, muy pesada, pero también, en algunos casos, me ha hecho la vida más ligera.

La gripa es la culpable de mi creciente impaciencia pero también de mi atención extrema. 

Y de que el mal genio se haya instalado y se me note a leguas. 

De mis ganas de llorar y de sentir a millón, como si el mundo se fuera a acabar. Y de reconocer que a veces no puedo con todo... si, yo no puedo con todo.

De forzarme a bajar el ritmo y calmarme, por qué se me estalla la cabeza. De aprender a pedir ayuda y a delegar y a confiar.

De sacar tiempo para estar y para pensar, y también de mandar todo al cuerno por qué estoy harta y no aguanto más. 

De volver a conversar, en la cama, con la cabeza en la almohada como hace tanto, como siempre.

De dedicarme a mi casa y a esos detalles que el día a día agitado no me deja ver. 

Y de pasar noches enteras en vela por que respirar es casi imposible de hacer.

La gripa me regalo un fin de semana junto a mi hija, con mi esposo, en familia. Sin compromisos sociales ni obligaciones que distraen, permitiéndonos almorzar juntos,  dormir temprano y levantarnos un poco más tarde. 

Pero también ha sido una compañera insufrible que a traído de nuevo al monstruo, que me hace gritar y ser esa mamá que odio ser... ese ser lleno de mala energía que lo repele todo, absolutamente todo.

Y acá estoy, tratando de sobrevivir a ella, con afán de sacármela de encima pero no se logra. Y ella está feliz, a sus anchas, acomodada y nada que se va. Sigue aquí, viviendo entre nuestra cobijas, colándose en el desayuno y en la comida, para bien y para mal. 


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13 noviembre 2011

Peleando conmigo misma

Hoy amanecí peleando conmigo misma, en contra de mis teorías y deseos conscientes. Hoy, mi lado oscuro, mi inconsciente, me traiciona, me hace sentir exhausta de tanta teta, de los paños de agua tibia, de los masajes, de los chorros de leche retenidos y estancados que se niegan a salir. Hoy, cuando mis senos se congestionan y los conductos se tapan, y todo el tejido se pone duro como piedra y duele, duele mucho, odio la lactancia materna. Y comienzo a pensar y a desear cosas indeseables. Sintiéndome prisionera del dolor. Pensando, incluso, en terminar con todo esto pidiendo a mi ginecólogo una inyección.

La noche de anoche fue terrible. El dolor no me dejaba dormir. La ansiedad por que Sara mamara para amanecer mejor, me despertada a cada momento. Entre sueños trataba de adivinar que pasa, por qué de repente, sin ninguna razón real o aparente, mi cuerpo se descuadra y no funciona como siempre. Y me castiga, haciéndome dudar, sembrando semillas de astío, acercándome de a poco a tirar la toalla. Añorando cosas que mi yo consciente, de solo escuchar, se aterraría. 

Hoy amanecí peleando conmigo misma. Con ganas de no sentir lo que siento. Con ganas de desahogarme. No quiere decir que no este feliz de todo lo que la lactancia nos ha regalado. Ha sido hermosa y llena de cosas positivas: un vínculo inigualable con mi hija, una conexión mágica, una bebé de 15 meses saludable, que nunca se ha enfermado, que es tremendamente feliz, que sonríe todo el día. Gracias a ella, estamos colmadas de momentos maravillosos, que no tienen precio. Sin embargo, días como hoy pienso si ya no es suficiente. Si después de 15 meses no es hora de parar. El dolor y el cansancio nubla mi mente y no logro ver más allá con claridad. 

Nuestra lactancia ha sido un camino fácil y dulce. Tal vez por eso estas esporádicas crisis, son verdaderas crisis para mi. Entiendo(y siento) perfectamente porque tantas madres abandonan: con dolor, sin apoyo, con las hormonas y los sentimientos revueltos, con la sombra de las carencias infantiles acechando, con el regreso al trabajo, no dudo que yo también habría abandonado. Días como hoy me doy cuenta que no soy tan fuerte ni tan valiente como pienso. Días como hoy estoy segura de que mi lactancia ha sido exitosa más por que la suerte nos ha acompañado, que por mi entereza de carácter. La verdad es que hoy quisiera dejar de lactar, sin reparar en si es o no el tiempo, sin pensar en nada más. 


28 junio 2011

Cuestión de actitud

Hemos salido adelante con el fin de semana. Es más, puedo decir que hemos salido más que adelante: estos han sido tres días para atesorar y recordar. No sé si fue mi "mentalizada" o qué, pero no fue ni tan grave, ni tan difícil como esperaba. Sara se portó como la princesa que es, lo que no quiere decir que no fueran unos días agotadores. Sin embargo, y a pesar de mi malestar, la pasamos maravillosamente. Tanto, que me atrevería a decir que éste ha sido de los mejores fines de semana desde que somos tres. Y creo que la clave estuvo en mi actitud y mi buen ánimo. Simplemente me negué a estar "de malas", y solo eso basto para que todo funcionara de una manera diferente. Tengo que reconocer que el hecho de que el dolor de cabeza y cuerpo desaparecieran, me ayudo mucho. El acetaminofén minimizo el dolor de garganta, y lo hizo bastante manejable, aunque no me lo quito del todo (de hecho aún me sigue doliendo). Pero, sin lugar a dudas, el éxito del fin de semana se lo debemos a mi buena actitud. Gracias a ella (porque tengo que reconocer que mi esposo está siempre de muy buena actitud) disfrutamos plenamente de los 3 días. Nada de disgustos, ni frustraciones, ni peleas, ni llantos inesperados, ni mala cara. A pesar de mi malestar y del clima, salimos, paseamos, hicimos las vueltas que necesitábamos y disfrutamos en familia, con los amigos.

Sara se gozó cada momento del fin de semana. Ahora que camina, tiene un repentino ataque de independencia y, los ratos que hizo sol, la dejamos a sus anchas en el pasto para que hiciera lo que quisiera, y así fue. Caminoteó de un lado a otro, descubrió flores, arbustos, piedras, hormigas...comió de lo de ella y de lo nuestro, jugó con sus juguetes y con cualquier otra cosa que se encontró en su camino, rió a carcajadas, exploró, se asoleó...en fin, la pasó de maravilla. La vi tan libre y tan independiente, que me parece mentira que hasta hace unos meses fuera tan chiquita e indefensa. Obviamente, tanto disfrute de Sara, repercutió en nuestros niveles de cansancio (promedio alto-súper alto). Pero estábamos los tres de tan buen mood, que a pesar de estar agotados, nunca perdimos la paciencia, manejamos todas las situaciones con tranquilidad y serenidad. En conclusión, fuimos simplemente felices. Y, como es lógico, la buena actitud se veía reflejada en Sara: aguanto sin problema mucho tiempo en el carro, disfruto su comida, participó de los paseos, se sonrió con todo el mundo, hizo mil gracias y monerías, durmió por 1era vez hasta las 8:30 a.m., se dejó filmar, fotografiar...en fin, mejor imposible!! Increíble, no? A veces perdemos de vista que el poder de ser felices y disfrutar de la vida está solo en nuestras manos.

PD: si llegaste hasta aquí fue porque leíste todo el post, por eso te pido que me cuentes si te gustó o no, votando más abajito en el renglón de "reacciones". Gracias!!!

24 junio 2011

¿Qué hacer con los bebés cuando estamos enfermas?

Ni idea... yo precisamente ahora estoy con un resfriado que ni se imaginan, donde los escalofríos y el dolor de cabeza-garganta-cuerpo (como le digo yo), se han manifestado en todo su esplendor. Si no fuera por mi empleada y mi marido, no sé qué haría. Solo que me toquen, es doloroso. Y, como es lógico, Sara ni se da por enterada. Ella sigue a su ritmo, o, más bien, acelera el ritmo día tras día, sin importar si los demás estamos bien o mal. Gracias a Dios en el día está Nelsy, para seguirle la jarana y, en la noche, su papá se encarga de ella si es necesario. Menos mal y para mi fortuna tipo 6:30 p.m. se duerme, y por lo pronto, yo, detrás de ella.
Ayer pase una noche malísima: escalofríos, insomnio, dolor en el cuerpo, mucho calor, más insomnio, ardor en la garganta, en fin...Como estoy lactando no he tomado más que acetaminofén, lo que quiere decir que me esperan 3 o 4 días de malestar hasta que se me pase. Espero que no sea nada viral, para que no se le pegue a Sara o a mi esposo. Eso sería FATAL. No me imagino un cuadro de los 3 enfermos. Lo que me tiene pensando es que hoy es viernes y todo este malestar me va  tocar en un fin de semana con puente: NO PUEDE SER!!!! No solo me voy a perder de disfrutar estos días, sino que además, no va a estar Santa Nelsy para ayudarme....no hay duda...me esperan unos días difíciles, por eso, estoy tratando de mentalizarme y ser consciente de que así será, para ver si logro no estresarme ni sobre exigirme (tengo esa muy mala costumbre), lo que por lo general termina con frustración, cansancio, mal genio y malos recuerdos. 

Entonces, ¿qué hacer con los bebés cuando estamos enfermas? repito, no tengo ni idea. Escucho sugerencias. Por lo pronto, a mi me tocará sacar fuerzas de donde no las tengo y rogar al cielo para que mi pequeña se entretenga feliz con Baby Tv, sus juguetes y el papá. Deséennos mucha suerte!!
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