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20 marzo 2014

Instantes



Ayer, temprano en la mañana, cuando estaba a punto de parquear, me tropecé con una mamá que iba con su bebé de brazos y su niña pequeña caminado por la acera. Por un momento nuestras miradas se cruzaron y nos regalamos una sonrisa sincera, de empatía y complicidad. 

Este pequeño encuentro desató en mí una nostalgia que hace rato no sentía. Unas ganas de ser la Zarina de hace dos años, la que estaba en casa, la que disfrutaba sus días entre pañales, tetadas y paseos al parque. Tuve de nuevo ese sentimiento tan conocido, que casi había olvidado porque no me visitaba hace bastante rato. Añoré, en medio segundo y con una intensidad arrolladora, una vida menos agitada, más hacia dentro, sin tanta exposición, enfocada en lo simple, en una felicidad predecible y sencilla. 

Lo curioso es que en ese instante en que mi ojos se cruzaron con los ojos de esta madre, pude ver en ella una nostalgia parecida a la mía. Mas bien noté la misma nostalgia pero en sentido contrario. Leí en su rostro unas ganas de poder salir de casa a vivir una vida adulta, llena de retos laborales, con la prisa de tener mil cosas en la cabeza, con "independencia", persiguiendo logros y reconocimiento público.

¡Qué ironía! Dos caras de una misma moneda. Dos madres, que se miran a los ojos y se leen tranquila y cristalinamente, que se entienden, que se envidian, que son felices, pero que al mismo tiempo están buscando más. Que en un instante y sin mediar palabra, ven el pasto de su vecina frondoso y mucho más verde que el propio, que pierden el foco o que, tal vez, encuentran su verdadera perspectiva. De instantes como estos, mágicos, poderosos y efímeros, se compone la vida.

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04 febrero 2013

La huella del abandono


Recuerdo que desde pequeña me cuesta mucho, muchísimo, las despedidas. Recuerdo, como si fuera hoy, la angustia que me daba despedirme de mi abuela a los 6 años después de unas largas vacaciones. O el vacío inmenso que sentí cuando mi mamá estuvo trabajando en otra ciudad por casi un mes, a los 10. Y la soledad que viví a los 16 cuando dejé mi casa y me mude a la "gran ciudad". Decir adiós, desde siempre, me ha enfrentado a unos sentimientos que me cuesta digerir y procesar, y de los que, tengo que reconocer, he huido durante casi toda la vida. 

Desde que soy mamá, la cosa no ha cambiado. Más bien diría que va en franco incremento con visos de no encontrar un "pare" en el camino. Al principio, mi niña era una bebé, yo estaba siempre con ella y ella estaba siempre conmigo, así que los sentimiento no tenían fisura alguna por donde aflorar. Luego, con la entrada al trabajo y la llegada del jardín, regresó la inevitable despedida y reviví de sopetón esa angustia que había olvidado. Con los días se fue disipando, diluyendo, dando paso a cierta calma o, quizás mejor, a la costumbre. Pero, la angustia sigue presente, no desaparece del todo realmente. Más bien a comenzado a ser un sentimiento permanente con el que (odio decirlo), me estoy acostumbrando a con-vivir. 

Tal vez por eso, decidí no huirle más y gracias a esa decisión, poco a poco, el panorama parece aclararse. Así que me propuse enfrentar para entender. Quiero entender. Entender qué pasa y por qué me pasa. Entender qué es ese "no se que" que no se va aún, pero que espero me abandone algún día (o más bien, espero permitirme dejarlo ir muy pronto). Quiero entender para tratar de superar.

Y en ese laberinto de preguntas sin lógica ni orden aparente, logre un avance. No se por que no lo había notado antes. O más bien, si lo había hecho, pero lo había "ignorado" deliberadamente, restándole importancia. Y hace unas semanas, cuando Sara volvió al colegio lo entendí. Lo sentí, como lo siento desde que la dejo todas las mañanas en su jardín, pero esta vez no lo deseche, le dedique un rato y lo vi. Pude identificar con claridad que el momento exacto en que la dejo allá, dispara "ese no se que" dentro de mi. Y no se trata de ella, es decir, no es por que ella este mal, por que se quede llorando o algo por el estilo. No, ella se queda feliz siempre, y yo me voy con ese "no se qué" alborotado, siempre. Y me puse a pensar y, de repente, recordé que me pasa lo mismo con ciertas canciones infantiles. Solo escucharlas me genera de inmediato ganas de llorar, de llorar de verdad a moco tendido. Me alborotan también ese "no se que" sin explicación.

Y así comencé a identificar más cosas, situaciones, momentos, disparadores de la angustia, de mi "no se qué". Cosas que remueven algo en mi inconsciente despertando esa sentimiento que no entiendo. Entonces lo que parece obvio es que no se trata de ahora, se trata de mi pasado, de mis recuerdos que no recuerdo porque la memoria no me da. Es un recuerdo de abandono. De abandono puro y simple. Es su huella que tengo muy grabada y marcada, y que aflora acercándome a mi propia niña sola y triste, a través de mi hija. Que debe ser de mi infancia temprana. De esa niña pequeña que lloraba mucho, que no estuvo con su mamá el 1er año, que recibió poca teta, que se vestía y bañaba sola, que extraño a su abuela casi toda su infancia, que conoció el jardín muy pero muy pequeña, y quizá no quería quedarse allí. Eso es lo que yo me imagino, o más bien lo que siento. Ahora falta mucho, mucho más que entender y enfrentar. Pero ya estoy en el camino.  

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27 febrero 2012

Fio nos cuenta por que ama a su tribu

"Por que amo a mi tribu", es una iniciativa de "Amo ser mamá" y de "La mamá de Sara", para reconocer la importancia de las personas que nos soportan y  ayudan en la labor de ser mamás y papás. Es nuestra manera de agradecer a esta red de mujeres y hombres, que nos entienden, nos escuchan y nos apoyan a la hora de criar a nuestros hijos con amor, respeto y consciencia."

Hoy, por primera vez, sedo este espacio para que otra mamá y amiga, nos cuente porque su tribu es fundamental para ella. A Fiorella la conozco hace mucho y, la maternidad a logrado unirnos no solo como madres, sino también como mujeres y amigas. Ella es una persona admirable, fuerte, con una inmensa capacidad para afrontar la vida con entereza y salir adelante. Sus palabras confirman, una vez más, que para criar necesitamos de apoyo y compañía, necesitamos a nuestra tribu. 

"Amo mi tribu porque sin ella sería mucho más difícil salir adelante con mi bebé. 
Esa personita que se ha apoderado de cada segundo de mi ser 
desde que está conmigo y se ha convertido en mi ¡verdadera vida!. 
A veces me vence el agotamiento, por no parar ni un solo segundo. 
Y ahí llega mi back up, entre mi mamá, mi papá y mi hermana se encargan 
de suplir, por minutos, todo el amor que tengo 
para darle a mi bebé, para poder tomar un baño, alistar y organizar sus cosas,
 mientras Mr. travieso se encarga de robarle todas las carcajadas a ellos. 
O cuando, con todo el dolor de mi alma, salgo a trabajar todos los días
 y dejo de ver esa carita que me sonríe cuando me ve. 
Amo mi tribu porque con ella tengo espacio para hablar de mis sentimientos,
mis ilusiones, mis preocupaciones, 
sin importar lo que opinen los demás.
 Debo admitir que a veces no es fácil 
pero contando con mi tribu ¡¡¡todo es posible!!!"


Gracias Fio, por compartir tu pensamientos y un poquito de tu maternidad con nosotros.


Si quieres participar de este Carnaval de Blogs, consulta como puedes hacerlo aquí

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30 enero 2012

Sobre crianza en brazos, apego y otros supuestos demonios

Cuando te conviertes en mamá, casi de inmediato, te das cuenta de lo mal visto que esta seguir tus sentimientos, hacerle caso a tu instinto. A las madres recientes, el resto del mundo nos ve como mujeres débiles, indefensas y torpes, que deben ser alumnas obedientes de los designios de los demás, de lo que dicen las suegras y abuelas, y hasta de lo que dice cualquier desconocido en la calle, que ni siquiera ha sido papá. Dejarte llevar por lo que te place y nace del corazón, parece ser un error. De repente, todos saben más que tú sobre criar (o más bien eso te quieren hacer creer). Y tus ganas de maternar, de abrazar, de cargar y de estar pegadita, día y noche, a ese pequeño bebé parecen diluirse en un mar de instrucciones y recomendaciones erróneas, que van en contra de las necesidades de madres y, lo que es más importante, de las necesidades de los indefensos bebés.

Para la sabiduría popular (que la mayoría de las veces es de todo, menos sabia), amar de manera incondicional, con apego y respecto, es sinónimo de malcriar. Aspectos tan naturales de la maternidad como los brazos, el colecho (dormir con los bebés), la lactancia a demanda y el respeto por los bebés como seres conscientes y de la misma categoría que los adultos, son dibujados por nuestro entorno como los demonios que nos convierten en malas mamás. Al parecer, la ecuación es sencilla: si amas mucho, eres mala mamá; si no muestras autoridad, eres mala mamá; si duermes con tu bebé, eres mala mamá; si lo cargas mucho, eres mala mamá; si lo dejas explorar "sin control", eres mala mamá. De repente la crianza se convierte en un eterno tormento, una lucha permanente entre lo que el corazón nos indica y el resto del mundo nos dice. Momentos que tendrían que ser de apoyo incondicional y soporte permanente a la madre y al bebé, se transforman en espacios para señalar y juzgar una conducta saludable y natural. 

Por fortuna cada vez más voces, científicas y de la sociedad en general, se unen para reivindicar la crianza en brazos, la lactancia materna, el respeto y el apego, como las conductas naturalmente adecuadas para tener niños felices y saludables, tanto física como emocionalmente. Esos supuestos demonios que todo el mundo trata de erradicar son realmente la clave para que nuestra sociedad comiencen a ser menos violenta y más pacifica. Dejar que las madres sean madres, en todo el sentido de la palabra, disfrutando y dando rienda suelta a su instinto maternal, debería ser casi que una política de estado. Las madres no necesitamos consejos de nadie para criar. No requerimos de la opinión, ni de la sabiduría de nadie, ni de las ideas de ningún experto que ha escrito montones de libros, para saber como amar y criar adecuadamente a nuestros bebés. Solo necesitamos apoyo y auto confianza, porque el conocimiento está, naturalmente, en cada pedazo de nuestro ser, en cada una de nuestras células. Nosotras somos las expertas en todo lo que tiene que ver con este nuevo bebé. Nadie mejor que nosotras sabe que necesita y que quiere. Nadie mejor que cada madre sabe porque llora su hijo, porque necesita un beso, porque quiere teta, porque pide brazos. La madre que todas tenemos dormida, de pronto, se despierta con ímpetu, con verdadera y saludable  sabiduría. Esa madre poderosa, amorosa, decidida y sabia, vive dentro de todas nosotras. Solo necesitamos que nos dejen lactar, colechar, portear, cargar y amar como nuestro corazón nos dicta a nuestros bebés. Solo necesitamos que nos dejen convivir y disfrutar con nuestros hijos, de estos supuestos demonios.

Escrito para Cerquita Mío. Publicado el 8 de diciembre de 2011.

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14 diciembre 2011

Madres ideales vs madres reales

Desde que me convertí en madre he vivido en carne propia la presión de las expectativas, irreales y altamente exigentes, que el resto del mundo deposita en nosotras como madres. Ese es un plus con el que comienzas a lidiar desde el 1er día y del cual, no se porque, nadie nunca te advierte. Es irónico porque aunque se nos apoya y sustenta poco, se espera de nosotras, prácticamente, la perfección. El peso de la imagen de una madre ideal, que existe únicamente en el inconsciente colectivo occidental y en los cuentos de hadas, parece aplastarnos sin remedio. Casi todos, a nuestro alrededor, esperan que seamos capaces de cumplir con una lista de estándares bastante alta (por no decir imposible). Se da por hecho que somos una especie de súper seres todopoderosos, madres in-creíbles de esas que nunca pierden la paciencia, que nunca se cansan, que pueden con todo (casa, hijos, marido y jefe incluido), que lo saben todo. De esas que no tienen dudas y que siempre están impecables, de pies a cabeza. Que tienen bajo control todos los asuntos, que no se asustan con nada. Que además de cocinar saben hacer mil y una manualidad. Expertas en todo: matemáticas, biología, plomería, decoración y medicina. Dominando a la perfección el arte de ser controladas, pero siendo a la vez alegres y espontáneas. 

En contraste, todas, sin excepción, somos madres reales, lo que quiere decir, bastante alejadas de esa idea de un espécimen sin tacha, ni errores. Nacemos madres imperfectas, luchando contra nuestra propias carencias y contra lo que piensan de nosotras los demás. La mayoría del tiempo estamos dispuestas pero agotadas; cultivando, con mucho esfuerzo, el arte de la tranquilidad y la paciencia; agobiadas por la falta de tiempo; intentando llegar a todo, sin lograrlo realmente; preocupadas por no saber casi nada, pero sin tiempo para aprender todo lo que se espera; sin saber a ciencia cierta como compaginar el trabajo con el hogar; llenas de dudas, inseguridades y soledades; muy poco arregladas (la mayoría del tiempo); confrontadas con nuestros deseos y sentimientos de madre, en medio de una realidad que nos valora poco y, cada día, nos hace más difíciles las cosas. Que no nos permite ser la clase de mamá que queremos, esa que no está al tanto de ciertos requerimientos y formatos, porque es más importante el orden social establecido que el bienestar de la diada madre e hijo. Somos madres reales, imperfectamente reales, llenas de amor y también de errores, con necesidades de ser soportadas y apoyadas muchas más veces de las que se piensa, con muchas certezas pero también llenas de muchas inseguridades. Somos complejas, somos mujeres. Somos, simple y sencillamente, como cualquier otro ser humano.

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24 noviembre 2011

Ni es lo mismo, ni es igual

Por estos días la blogosfera maternal, puntualmente la española, ha estado revolucionada. Y aunque no soy de allá, ni vivo en la Gran Vía, me he encontrado absorta en el tema durante varios días. Todo comenzó el pasado domingo después del anunciado triunfo en la elecciones del Partido Popular (PP), cuando en medio de la celebración en un balcón, apareció doña Soraya Saénz de Santamaría. Para un espectador cualquiera, este simple hecho hubiera pasado totalmente desapercibido. Pero para muchas mamás españolas que luchan por una baja maternal justa y respetada por empresarios y sociedad, y por unas políticas adecuadas de conciliación trabajo-familia, el hecho de que este personaje público (y ahora en el poder), apareciera tan campante en la celebración, habiendo dado a luz hace tan solo 15 días, ha sido como un baldado de agua fría en pleno invierno. La indignación a crecido aún más cuando después se conoció que además, ha renunciado a su licencia de maternidad para asumir la responsabilidad de ser quien realice el traspaso de poderes entre en gobierno saliente del PSOE y el entrante del PP. Lo cierto es que la discusión está servida. Y, la polarización a la orden del día. Las opiniones al respecto abarcan todos los tonos y colores. La mitad, la condena y la otra mitad, la absuelve. Casi todos con los mismos detalles y la misma información, la excusan tranquilamente o la condenan a muerte. Para unas es una "mala madre" que además de dejar a su bebé cuando más la necesita, da un pésimo ejemplo al no tomarse, por lo menos, los días obligatorios de baja maternal a los que tiene derecho. Para otras es un ejemplo de mujer, que tiene claro que algunas oportunidades solo se ven una vez en la vida y que, lamentablemente para su bebé, la oportunidad de su vida le ha llegado ahora que acaba de convertirse en mamá, y por nada del mundo la puede desaprovechar. Al parecer todo el tema se reduce a dos bandos. No existen, termino medio en la discusión. Los grises pecan, una ve más, por su ausencia. Y, para mi, desde el otro lado del mundo, este es un tema de grises. Si, de grises, de términos medios, de tolerancia, de respeto, de verdadera conciliación. 

Por una parte, y haciendo de abogado del diablo, más allá de las fotos de doña Soraya en el balcón celebrando el triunfo de su partido y el anuncio de que será la encargada de la transición, no sabemos nada. De esos simples datos, parte toda suerte de especulación al respecto. No sabemos cuál es su sentir, cuál es su situación, qué piensa su marido, cómo va a ser su reincorporación, cómo piensa manejar su día a día... en fin, no tenemos ningún otro detalle que nos de luces de que es lo que realmente pasa por su cabeza, ni de si se sintió obligada o no tuvo otra opción (aunque yo soy de las que piensa que si sabes lo que quieres, siempre tienes opciones). Por lo tanto, es un poco ligero juzgar su decisión (si es que tenemos derecho a hacerlo). Por la otra, creo que lo importante de todo este tema es poder garantizar que las madres y padres tengamos opciones reales para elegir, libremente, con conocimiento y sin presión, como deseamos organizar nuestra vida laboral y familiar. Desde ese punto de vista, cualquiera de las decisiones que tomemos deben ser validas y respetables. Tanto la de la mamá que desea dedicarse 100% a sus hijos (como yo), como la de la que prefiere ceder su tiempo de baja al papá para regresar al trabajo cuanto antes, así como la de la que quiere trabajar sólo medio tiempo para estar con su familia el resto del día. Cada familia es un mundo, así que cada quien vera que le horma mejor. 

Pero también es cierto, que independientemente de que cada decisión sea personal, valida y respetable, cada una tiene implicaciones muy diferentes. Decidir una u otra cosa, ni es lo mismo, ni es igual. El hecho de que se tenga la posibilidad de escoger volver al día siguiente al trabajo después de haber dado a luz, no quiere decir que sea lo mejor para mamá, bebé, familia y sociedad. Y aunque cada quien tiene derecho a decidir que hacer y a tener opciones, que es por lo que se lucha al final, claramente lo deseable sería que a ningún bebé se le negará este periodo de fusión con su mamá, de extero-gestación, que también es su derecho. Sin duda, la carencia de este periodo de maternaje, al final, termina pasando factura. No solo al bebé, sino también a la madre, a la familia y a todos y cada uno de nosotros, como sociedad.

Para mi, lo único claro al final, es que todo este asunto de las decisiones de la futura ministra pone en evidencia que la conciliación es un tema que tiene que comenzar con un cambio de mentalidad de todos. De los que nos dirigen, de nuestra familia, de nuestros esposos, de nosotros mimos. La idea de que podamos llevar y disfrutar de manera equilibrada nuestra vida profesional y familiar es, sin duda, inmensamente revolucionaria. El equilibrio, como siempre, es una virtud difícil de conseguir pero absolutamente necesaria. También creo que la ministra perdió una oportunidad de oro, para potencialidad su situación como madre reciente y mujer en el poder. Su situación era perfecta para demostrar, con detalles como llevar a su bebé en un fular, que ella y su partido están realmente conscientes y conectados con la conciliación familiar. Que lástima que nadie, ni siquiera ella, lo hubiera visto así. 

Por ahora, independientemente de las decisiones que tomen los demás, hay que seguir luchando por una verdadera conciliación, por tener opciones para ser mamás si queremos, para trabajar si es lo que deseamos, para compaginar las dos cosas de la mejor manera, si es lo que necesitamos. Reivindicando nuestros derechos como mujeres, como madres, como profesionales, pero sin sobreponerlos a los derechos y necesidades de nuestros hijos. Es imposible pretender que todos sientan y vivan la maternidad paternidad como nosotros. Si queremos respeto, primero debemos manifestarlo respetando las decisiones de los demás así no la compartamos. Así pensemos desde nuestra perpectiva, que no son correctas, que son erradas y equivocadas. Así sepamos que ni es lo mismo, ni es igual

22 noviembre 2011

Regalo de aniversario

Hace unos días recibí un mensaje maravilloso. Cada una de sus palabras estaban rebosantes de paz y de esperanza. Era un mensaje de una amiga, que se siente mucho más cercana a mi ahora, debido a su propia maternidad. Me escribe emocionada. Y yo me emocione profundamente con sus palabras. Me cuenta que pronto nacerá su bebé. Me habla de crianza con apego saludable y de parto respetado, temas que hasta hace un tiempo no me imagine tocar con ella, ni con nadie. Me dice todo lo que está disfrutando de sus últimos días de embarazo. Confiesa que me lee. Yo estoy sorprendida y muy, pero muy emocionada. Nunca pensé que ella leyera mis palabras y desahogos maternos. Encontrarse con mi blog, según escribe, con mis posts y con mi vida llena de Sara, le da alegría. A mi todo su mensaje me parece increíble y me llena de satisfacción. No solo por que me siento honrada de ser la depositaria de sus palabras y su confianza, sino por que al llegar, preciso en este momento, cuando cumplo un año de estar escribiendo semana tras semana este blog, las siento como un bálsamo, como una bendición, como un regalo de aniversario. 

Hace 12 meses, cuando comencé a escribir una entrada tras otra, nunca imaginé lo lejos y lo hondo que podrían llegar estos pensamientos tan particulares, tan míos. Nunca pensé que me daría tantas satisfacciones y regalos, que me acercaría a viejos amigos y nuevos conocidos, de una manera tan diferente, de una manera totalmente desconocida y especial para mi. Este blog, me ha llenado de confianza y me ha regalado la confianza de los demás. Que inmenso regalo, ¿no creen? Cada uno de los comentarios que recibo, han estado llenos de buenas energías, de apoyo, de puro y simple amor. Escribirlo, me ha permitido ir descubriendo caminos distintos de encuentro, desde mi experiencia como madre y mujer, desde las vivencias maternales y paternales de cientos de amigos, conocidos y desconocidos. Ha sido un camino de autoconocimiento y exploración interna. Me ha enseñado que la palabra "amistad" tiene un significado más grande, amplio y complejo, del que yo conocía. Me ha ayudado a tener más fe, a confiar y a querer, sin siquiera conocer en persona, al depositario de mis afectos. Me ha ayudado a crecer, a utilizar los errores y los momentos difíciles como un trampolín para aprender, para curar a la niña que aún llevo dentro. Me ha permitido vibrar con las historias de otros, constatando que la tribu crece, que cada día hay más mamás y papás que confían en sus instintos y que creen que el amor respetuoso es la mejor manera de criar a sus hijos. Hoy, gracias a cada mensaje, cada comentario, cada palabra que mis palabras han inspirado, me siento feliz y orgullosa de haber perdido el miedo a escribir, a exponer y publicar mi alma y mi corazón en "La mamá de Sara". 

Gracias a todos ustedes por leerme, comentarme y llenarme de cariño con su tiempo y sus palabras. Gracias a ustedes, ser una mamá bloguera es una maravillosa experiencia.


Feliz aniversario a "La mamá de Sara"!!!

PD: y este además es mi post número 100!! :D

28 septiembre 2011

Si, yo si quiero

Si, yo si quiero cambiar las cosas. Quiero un mundo distinto, un mundo mejor, un mundo donde tengamos tiempo para nuestros hijos sin renunciar a desarrollarnos profesionalmente, tiempo para ser felices en familia, tiempo para vivir la vida. 

Yo si quiero aportar para que las cosas cambien para bien, para nuestro bien, para el bien de la humanidad entera. Poner un granito de arena para que en España, en Argentina, en Colombia y, por que no, en el mundo entero, la prioridad de todos sea nuestros niños.

Estoy convencida que ya está bueno. Que ya es hora de que lo importante sea lo primero. Que nuestros hijos tengan derecho a ser criados por sus madres y padres, que podamos contar con una licencia de maternidad de por lo menos 6 meses, que tengamos a la mano opciones para trabajar desde casa, oportunidades de trabajo por media jornada, guarderías en las empresas, espacios para laboral y crecer profesionalmente sin tener que abandonar todo el día, todos los días, a nuestros bebes al cuidado de otras personas. Ya es hora que se nos valore por ser madres, por maternar, y no solo por tener un título profesional y producir un cheque mensual lleno de ceros a la derecha (en el mejor de los casos), a costa de la salud emocional de nuestros pequeños, de su felicidad, de nuestra felicidad.

Si, yo si creo que entre todas podemos. A punto de millones de esfuerzos, de unir nuestros deseos, nuestros pensamientos. A punta de muchas palabras a través de estos espacios y de nuestra redes digitales, de esta tribu contemporánea que se teje con post, coments, likes y tweets. Solo necesitamos voluntad, unión y perseverancia. Ya es hora de hacer sentir nuestra fuerza. Es el momento. Nosotras lo gritamos. Nuestros hijos lo necesitan. La sociedad entera esta impaciente por comenzar a calmar la sed de cariño que años enteros de desamor y desapego han generado en su núcleo, en cada familia, en todos los seres humanos.

Yo tengo la fortuna de poder estar en casa con Sara desde que nació. Mis circunstancias me han permitido no perderme de nada, disfrutar cada segundo de sus 14 meses de vida, acunarla, consolarla, mirarla, atenderla, mimarla, besarla, amarla, todo el tiempo que he querido, sin tener que salir corriendo a cumplir con obligaciones laborales, sin tener que dejarla en una guardería o al cuidado de una niñera para poder llegar a las 8:00 a.m. a la oficina, pasando todo el día alejada de ella, gastando mi tiempo de madre, gastando el tiempo de mi hija, en cosas que, en este momento, no son tan importantes. No me imagino como será el día en que tenga que regresar a esa rutina. Solo pensarlo me produce nauseas. Sobretodo, si cuando ese día llega, ella aún no es lo suficientemente grande para entenderlo. Sobretodo, porque sé que encontrar el punto medio, en la profesión en la que me desempeño, es casi imposible. Por que sé que cuando tenga una fiebre, sin importar la edad que tenga, no podré salir corriendo. Por que me perderé de varias visitas al pediatra y muchas salidas del colegio. Por que no estaré para escuchar algunas de sus 1eras palabras. Por que ella sentirá que su mamá no está como ella el tiempo que quisiera. Por que nos haremos mucha, pero mucha falta. Por que ese será un tiempo perdido entre las dos, imposible de recuperar.

Por eso y por que sé que entre todas podemos hacer que la utopia de la conciliación sea una realidad, les dijo que si, que yo si quiero trabajar para cambiar las cosas... tal vez sea hora de que tú también te preguntes que quieres hacer, qué estamos dispuestas ha hacer para que todo esto cambie.

Únete ya a nuestro grupo en facebook haciendo clic aquí y participa de todas las actividades que se están "cocinando" para que exista una Conciliación Real Ya!!

05 mayo 2011

Madres que dan a otras madres

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Las madres nos necesitamos unas a otras. Esa es una verdad de apuño que uno solo entiende cuando se convierte en una de ellas. Tal vez, lo más difícil de la maternidad es la soledad que la acompaña. Cuando nos convertimos en mamás necesitamos compañía, respaldo; necesitamos compartir y hablar, necesitamos empatía, necesitamos a otras mamás. Pero, después de 9 meses de espera un día nace nuestro bebé y nos enfrentamos a la soledad. Una soledad muy particular y extraña. Que no se parece a la soledad que como ser humano puedes haber sentido antes. Es un estado particular y extraño, que aún no puedo ni describir bien, pero que es totalmente real para mi y para la mayoría de las mamás en occidente. La soledad de la maternidad es un estado contemporáneo, realmente reciente. Un estado del que no padecieron nuestras abuelas, ni bisabuelas, y que nosotras no padeceríamos si contáramos con una red de apoyo, si tuviéramos una red de madres, como las que ellas tenían. 

Entonces, cuando me convertí en madre y me encontré cara a cara con esta soledad, comencé a buscar. Y en esa búsqueda obsesiva me he topado con mi red. No es la red tradicional. De hecho, no es una red presencial (no me he visto cara a cara con ninguno de sus integrantes), aunque si muy útil y real. Es mi red virtual, o mi tribu virtual, como me gusta llamarla. Por eso cuando vi la invitación de Vivian de Nace una mamá para reivindicar la solidaridad madre a madre, a través de un carnaval de blogs, solo pude pensar que esta era la ocasión perfecta para agradecer a todas las madres que día a día, por medio de la red, me escuchan, me hablan, me leen, me comentan, comparten mis angustias y mis tristezas, sonríen con las gracias de mi pequeña, entienden cuando mi corazón se estruja, comparten mis experiencias, me enseñan, me suben el ánimo o simplemente están ahí, de manera amorosa y desinteresada para compartir sus vidas y al mismo tiempo acompañar, soportar y sostener a esta madre primeriza. Todas ustedes son la red que yo añoraba y las encontré en el momento preciso. Creo que, muchos días, sin ustedes al otro lado del computador, habría estado perdida. Por esto y por muchas cosas más, solo les puedo decir gracias. Gracias por estar ahí, gracias por permitirme pertenecer, gracias por crear este #tribuclub que nos orienta, gracias por escuchar, gracias por no juzgar, gracias por la generosidad, gracias por acompañarme y salvarme de vivir sola mi maternidad. Gracias a ustedes he podido comprobar por mi misma que, como dice Vivian, "Las madres no estamos solas. Nos tenemos unas a otras".


Feliz mes de la madre para todas ustedes mis virtuales y reales amigas.

PD: espero verlas cara a cara algún día no muy lejano, para darles un merecido y fortísimo abrazo.


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