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17 julio 2015

No estás


Pasan los días y la vida sigue sin ti.
Todos siguen sin ti.
Yo vivo sin ti.
No hay remedio y es difícil.
Es realmente difícil.

Se siente inmenso no tenerte.
Querer sentirte aquí, ahora, y saber que no estarás.
Recordar el sonido de tu voz y tratar de no perderte del todo.
Escuchar una canción y esperar despertar del sueño de tu ausencia.

El tiempo no cura nada.
En estos casos el tiempo no sana.
El tiempo lo hace todo más difícil.
Su pasó nos confirma lo irremediable, la soledad, el vacío, la necesidad, la tristeza, la perdida.

Yo te recuerdo a diario y Sara te nombra, a diario.
Me sorprendo reviviendo tu sonrisa, tus abrazos, tus ganas de llenarnos de atenciones.
Y Sara parece que leyera mi mente.
Te menciona, se entristece conmigo, me consuela, inventa historias con las 3.
Historias que pudieron ser realidad.
Y no estás.

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06 septiembre 2011

Sin derecho a quejarnos


Creo que ayer descubrí porque son muy pocas las mujeres-madres que se atreven a contarle a las futuras mamás, que la maternidad no es solo felicidad, sino que también está llena de momentos agridulces y difíciles. La concepción de que la maternidad es un estado perfecto donde todo transcurre en calma y paz, levitando con una sonrisa permanente de oreja a oreja, transciende todos los ámbitos. Estamos tan impregnados de imágenes que nos transmiten una idea rosa y romántica al respecto, que para la  mayoría de los círculos sociales parece una herejía ver una mamá que se niega a continuar propagando la farsa gritando a los cuatro vientos, que se siente mal, que no sabe qué hacer, que no puede más. Esas mamás valientes son miradas como bichos raros y, en el peor de los casos, tildadas de flojas, escandalosas y exageradas. Desde hace varios días he tenido que escuchar cómo se critica a una nueva mamá que se siente sobrepasada por la maternidad y, que sin ningún temor ni tapujo lo ha contado, seguro buscando alguna explicación a sus expectativas insatisfechas. Ayer, me tocó otra tanda de "pero que exagerada", "pero que poca voluntad tiene", "quien dijo que ser mamá es así de dificil como lo pinta". Y ya no aguante más. No saben como me afectan este tipo de cosas. Me resulta muy triste e injusto ser espectadora, y reconozco que a veces me falta claridad mental y fluidez de palabra para explicar el tema de manera clara, lógica y coherente. Sobretodo cuando la indignación me embarga.

En este tema yo solo puedo hablar por mi, desde mi experiencia personal y, tal vez, desde la experiencia de varias de las mamás de mi tribu. Y lo que sé muy bien al respecto es que desde que una mujer se convierte en madre se enfrenta permanentemente a muchas presiones y cuestionamientos, cuando debería ser todo lo contrario: lo único que necesitamos las madres recientes es apoyo y comprensión; una voz cercana que nos soporte llenándonos de tranquilidad y de confianza, mientras nosotros podemos comenzar a digerir todo lo que nos está pasando. Por el contrario, estamos rodeadas de un montón de gente que opina desde el desconocimiento y que ante un comentario que no cumpla con los estándares de una "feliz mamá", no abrazan, no alientan, sino que aplastan de manera desconsiderada, saboteando la autoconfianza de la madre y la relación mamá-bebé. Lo peor de todo es que lo hacen sin siquiera caer en cuenta de lo que propician, respaldados en sus buenas intensiones. 

Al parecer, socialmente, para la mujer puérpera solo hay una opción: ser feliz sin derecho a quejarse. Cualquier otra variante, la pone directo en la picota pública. Entonces, con esta situación la ecuación es sencilla: si expresar sin tapujos que te sientes inmensamente sola, que no sabes ni para dónde vas ni de dónde vienes, que la lactancia es difícil y agotadora, que no hay nada más triste y deprimente que mirarte al espejo, que a veces no quieres ni que te determinen pero que si nadie lo hace pareces morirte, que todo tu mundo se convirtió en algo caótico e incontrolable, te expone a las criticas, es más conveniente decir lo que los demás quieren oír y guardar para nosotras lo que realmente sentimos. Por eso, las mamás callamos o mentimos a cerca de experiencia de ser mamá. Generalmente nos sentimos cohibidas de expresar lo que nos pasa, porque nuestra experiencia no coincide en nada con la versión azucarada que nos habían contado acerca de la maternidad. Y eso no quiere decir que no amemos con locura y sin medida, a ese pequeñito/ta que nos ha cambiado la vida. No, simplemente también nos pasan muchas otras cosas, menos amables, menos fascinantes y mucho más desafiantes, que además no podemos compartir. En definitiva, son escasos los espacios en los que nos sentimos libres de abrir nuestra alma y corazón para contar la realidad, sin sentirnos juzgadas. Frente a esa presión, la mayoría de las mujeres calla o finge ser pura felicidad, perpetuando, sin querer, un mensaje equivocado para todos. 

Y al final, no entiendo cual es el problema de decir y enfrentar la verdad. El hecho de que la maternidad no sea un cuento de hadas, no es ni malo ni bueno, es la realidad. Y qué bueno sería para madres e hijos, y para el bienestar final de toda la sociedad que se llamara a las cosas por su nombre, sin juicios de valor. Es increíble que las mamás no tengamos derecho a ser sinceras con la vorágine de sentimientos y cambios que nos atropellan cuando nos encontramos con un bebé en brazos. Se nos niega el derecho a decir lo que sentimos y a encontrar la deseada comprensión. Y claro, cuando existe una mamá valiente que se atreve a decir lo que la mayoría no, medio mundo le cae encima, condenándola sin ni siquiera escuchar con atención sus argumentos. Ser mamá es hermoso, pero es duro, es difícil, es desestabilizador. Tal vez para unas sea menos traumático que para otras, pero en general, todas pasamos por situaciones y sentimientos muy parecidos, donde vemos nuestra vida patas arriba, sin saber muy bien cómo hacernos cargo hasta de las cosas cotidianas que antes eran tan sencillas de resolver. Lo cierto es que ya está bueno de callar. ¿Qué hay de malo en eso?, ¿por qué no podemos decirlo?, ¿no tenemos ni siquiera derecho a quejarnos, a desahogarnos?

05 mayo 2011

Madres que dan a otras madres

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Las madres nos necesitamos unas a otras. Esa es una verdad de apuño que uno solo entiende cuando se convierte en una de ellas. Tal vez, lo más difícil de la maternidad es la soledad que la acompaña. Cuando nos convertimos en mamás necesitamos compañía, respaldo; necesitamos compartir y hablar, necesitamos empatía, necesitamos a otras mamás. Pero, después de 9 meses de espera un día nace nuestro bebé y nos enfrentamos a la soledad. Una soledad muy particular y extraña. Que no se parece a la soledad que como ser humano puedes haber sentido antes. Es un estado particular y extraño, que aún no puedo ni describir bien, pero que es totalmente real para mi y para la mayoría de las mamás en occidente. La soledad de la maternidad es un estado contemporáneo, realmente reciente. Un estado del que no padecieron nuestras abuelas, ni bisabuelas, y que nosotras no padeceríamos si contáramos con una red de apoyo, si tuviéramos una red de madres, como las que ellas tenían. 

Entonces, cuando me convertí en madre y me encontré cara a cara con esta soledad, comencé a buscar. Y en esa búsqueda obsesiva me he topado con mi red. No es la red tradicional. De hecho, no es una red presencial (no me he visto cara a cara con ninguno de sus integrantes), aunque si muy útil y real. Es mi red virtual, o mi tribu virtual, como me gusta llamarla. Por eso cuando vi la invitación de Vivian de Nace una mamá para reivindicar la solidaridad madre a madre, a través de un carnaval de blogs, solo pude pensar que esta era la ocasión perfecta para agradecer a todas las madres que día a día, por medio de la red, me escuchan, me hablan, me leen, me comentan, comparten mis angustias y mis tristezas, sonríen con las gracias de mi pequeña, entienden cuando mi corazón se estruja, comparten mis experiencias, me enseñan, me suben el ánimo o simplemente están ahí, de manera amorosa y desinteresada para compartir sus vidas y al mismo tiempo acompañar, soportar y sostener a esta madre primeriza. Todas ustedes son la red que yo añoraba y las encontré en el momento preciso. Creo que, muchos días, sin ustedes al otro lado del computador, habría estado perdida. Por esto y por muchas cosas más, solo les puedo decir gracias. Gracias por estar ahí, gracias por permitirme pertenecer, gracias por crear este #tribuclub que nos orienta, gracias por escuchar, gracias por no juzgar, gracias por la generosidad, gracias por acompañarme y salvarme de vivir sola mi maternidad. Gracias a ustedes he podido comprobar por mi misma que, como dice Vivian, "Las madres no estamos solas. Nos tenemos unas a otras".


Feliz mes de la madre para todas ustedes mis virtuales y reales amigas.

PD: espero verlas cara a cara algún día no muy lejano, para darles un merecido y fortísimo abrazo.


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