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06 marzo 2013

De allá para acá


Hace ya casi 20 días que Sara duerme en su cama. La verdad, ella y yo estábamos felices durmiendo juntas, pero papá ya reclamaba de vuelta su espacio. Y, como el colecho es cosa de todos los que comparten la cama, decidimos intentar que la pequeña comenzara a dormir en su cuarto. Entonces, ese día sin mayor preámbulo (y un poco en contra de mi voluntad) hable con Sara desde muy temprano. Le conté, como si fuera un cuento, que de ahora en adelante comenzaría a dormir en su cuarto, en su cama, cada noche. Ella, sin entender muy bien de que le estaba hablando - o eso pensaba yo -, me dijo "bueno, mamá". Yo durante todo el día le mencioné varias veces el tema. Y ella, simplemente repetía y asentía. Al llegar la noche, después de comida, pijama y dientes, le conté cual sería nuestra rutina de ahora en adelante: cuento, arrunche, teta y a dormir. Así que leímos tres cuentos, nos arrunchamos un rato, y con la luz tenue y un buen rato de teta, mi hija se quedo profunda en su cama. 

Yo era consciente de la noche que me esperaba. Obviamente se iba a levantar varias veces. Llevaba toda la vida durmiendo a nuestro lado, sintiéndonos cerca, al alcance de estirar su mano. Y no hubo sorpresas. La 1era noche, creo que fueron 3 o 4 despertares. Yo, que realmente estaba totalmente desvelada, me levanté todas las veces que fue necesario, me pase todo el tiempo de un cuarto al otro, de allá para acá. La consolé, la abracé, la calme y ella, simplemente al constatar que yo estaba allí, a su lado, acompañándola como siempre, se durmió nuevamente casi de inmediato. 

Desde ese día, hemos tenido noches buenísimas y otras malísimas. Algunas con un solo despertar y otras con tantos, que me cuesta bien recordar. Realmente, nunca ha llorado mucho. Hace ruidos, tal vez lloriquea, - para cuando eso sucede yo ya estoy a su lado- y casi siempre después, me llama fuerte y duro: "Mamaaá".  Yo corro como por inercia, brinco de la cama como un ringlete, y la toco, la abrazo, la consiento un rato y ella vuelve a dormir sin problema. He descubierto que los despertares muy de madrugada son por hambre. Y entonces pide teta, leche, pan y hasta helado de chocolate. A veces simplemente tiene sed y se toma de un solo el vasito completo de agua. Otras quiere a mamá. Supongo que necesita mi olor, mi calor. Y al sentir mi presencia unos cuantos segundos, sigue durmiendo como si nada hubiera pasado.

Para mí esta nueva situación también ha sido todo un proceso. Los 1eros días simplemente no podía dormir nada, de nada. Oscilaba entre el insomnio total y un sueño ligerísimo, en el cual hasta el más mínimo ruido me despertaba. Me preocupaba quedarme profunda y no oírla (cosa por demás imposible). Con el paso de los días, aunque continúo de aquí para allá, he podido comenzar a dormir mejor, he soltado la aprensión del cambio, relajándome para poder descansar. 

Y así vamos ahora, y aunque estoy cansada y con unas ojeras que van y vienen cada tercer día, la realidad es que las cosas han salido mejor de lo que esperaba. Sara parece estar bien, feliz con sus nuevas sábanas de mariposas. Yo he comenzado a cogerle el gusto otra vez a dormir a mis anchas. No niego que a veces la extraño. De hecho, casi siempre antes de amanecer, inevitablemente ella termina en mi cama o yo termino en la de ella. Pero creo que estamos del otro lado y pronto estas "malas noches", parecidas a las de recién nacida, pasarán. Por que es una nueva etapa, por que no aguanta estar de aquí para allá, para siempre. Y por que todo pasa. Y si no, simplemente lo resolveremos de otra manera. 

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22 marzo 2012

Tengo una toddler con carácter

El fin de semana que paso, aprovechando los descuentos del 40% en ropa de un almacén muy conocido,  estuve comprándole a Sara algunas cositas. De pronto me descubrí con una canasta llena de ropa talla 2. Si!!! talla 2. ¿A qué hora deje de comprar ropa con tallas de meses para comprar ropa de toddler? Esta es la evidencia palpable de que ya no tengo una bebé en casa sino una pequeña niña, que come de todo, que tiene su carácter y que ya ha comenzado a decidir y expresar que le gusta y que no.

Por ejemplo, hace unos pocos días me dejo muy claro que ya no quiere usar las pijamas enterizas, esas que a las mamás no parecen súper prácticas por que los cubren de pies a cabeza. Pues no, ahora cuando le pongo una pj de este tipo, simplemente, me pide con todas sus fuerzas que se la quite. Y si trato de hacerme la loca, ella me persigue, me habla, me jala y hasta trata de quitársela por sus propios medios. Sara decidió que no las quiere más. Y bueno, que puedo hacer yo más que respetar su decisión y comprarle pijamas de pantalón y camisa, pijamas de niña grande, talla 2. Con esas no hay problemas, esas si le encantan.

Otro ejemplo de lo grande que esta mi niña y del carácter que tiene lo vimos claramente el sábado pasado. Un sobrino de mi esposo cumplía 7 años y fuimos a visitarlo y a llevarle un regalo. Como siempre, estaba toda la familia. Llegamos, y apenas cruzamos el umbral de la puerta, Sara decidió que no quería saludar a nadie ni que la saludaran. Entonces se hizo la dormida. Si, fingió durante más o menos 2 horas que estaba dormida. Se pego a mi cuello y no quiso abrir los ojos. Si intentaba dejarla en el piso, lloraba como loca pero no abría los ojos. Así estuvo toooodooo el tiempo. No hubo poder humano para lograr que se bajara de encima de mi y jugara con los demás niños. Estoy segura que tanta gente la intimido, algo realmente raro en ella. Pero lo cierto es que no se sentía cómoda, y no quería estar allá. Al final, después de que durmió un rato pensé que se iba a despertar tranquila y se iba a olvidar del tema. Pues no, se levantó y al instante siguió comportándose igual, con los ojos cerrados, encima de mi como garrapata y sin ganas de estar en la reunión. Yo comencé a preocuparme por que nunca había hecho algo como eso. Hasta llegue a pensar que quizás se sentía indispuesta. Así que decidimos irnos. Pero apenas salimos de la casa y nos montamos al carro, volvió a ser ella como por arte de magia. Abrió lo ojos, comenzó a hablar, a reír y se despego de mi cansado cuello. La conclusión saltaba a la vista, por alguna razón no quería estar en el cumpleaños, y lo manifestó de manera clara y consistente durante casi 3 horas.

Esa es mi pequeña toddler con carácter. Que no teme expresar lo que siente y a la que le importa, poco o nada, lo que diga el Manual de Urbanidad Carreño. Esa es mi pequeña y espontánea niña, que a tan corta edad no teme ser clara y directa con sus gestos a pesar de que aún no habla, ni mucho menos expresar claramente lo que le gusta y lo que no. Esa es mi princesa Sara, y así muchos piensen que es caprichosa y malcriada, me encanta que no obedezca sin cuestionar, que ponga en 1er lugar lo que quiere y necesita, y que no se deje intimidar de los demás. Es un hecho, mi bebé se creció y con ella crece su maravillosa personalidad y su fuerte carácter.

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30 enero 2012

Sobre crianza en brazos, apego y otros supuestos demonios

Cuando te conviertes en mamá, casi de inmediato, te das cuenta de lo mal visto que esta seguir tus sentimientos, hacerle caso a tu instinto. A las madres recientes, el resto del mundo nos ve como mujeres débiles, indefensas y torpes, que deben ser alumnas obedientes de los designios de los demás, de lo que dicen las suegras y abuelas, y hasta de lo que dice cualquier desconocido en la calle, que ni siquiera ha sido papá. Dejarte llevar por lo que te place y nace del corazón, parece ser un error. De repente, todos saben más que tú sobre criar (o más bien eso te quieren hacer creer). Y tus ganas de maternar, de abrazar, de cargar y de estar pegadita, día y noche, a ese pequeño bebé parecen diluirse en un mar de instrucciones y recomendaciones erróneas, que van en contra de las necesidades de madres y, lo que es más importante, de las necesidades de los indefensos bebés.

Para la sabiduría popular (que la mayoría de las veces es de todo, menos sabia), amar de manera incondicional, con apego y respecto, es sinónimo de malcriar. Aspectos tan naturales de la maternidad como los brazos, el colecho (dormir con los bebés), la lactancia a demanda y el respeto por los bebés como seres conscientes y de la misma categoría que los adultos, son dibujados por nuestro entorno como los demonios que nos convierten en malas mamás. Al parecer, la ecuación es sencilla: si amas mucho, eres mala mamá; si no muestras autoridad, eres mala mamá; si duermes con tu bebé, eres mala mamá; si lo cargas mucho, eres mala mamá; si lo dejas explorar "sin control", eres mala mamá. De repente la crianza se convierte en un eterno tormento, una lucha permanente entre lo que el corazón nos indica y el resto del mundo nos dice. Momentos que tendrían que ser de apoyo incondicional y soporte permanente a la madre y al bebé, se transforman en espacios para señalar y juzgar una conducta saludable y natural. 

Por fortuna cada vez más voces, científicas y de la sociedad en general, se unen para reivindicar la crianza en brazos, la lactancia materna, el respeto y el apego, como las conductas naturalmente adecuadas para tener niños felices y saludables, tanto física como emocionalmente. Esos supuestos demonios que todo el mundo trata de erradicar son realmente la clave para que nuestra sociedad comiencen a ser menos violenta y más pacifica. Dejar que las madres sean madres, en todo el sentido de la palabra, disfrutando y dando rienda suelta a su instinto maternal, debería ser casi que una política de estado. Las madres no necesitamos consejos de nadie para criar. No requerimos de la opinión, ni de la sabiduría de nadie, ni de las ideas de ningún experto que ha escrito montones de libros, para saber como amar y criar adecuadamente a nuestros bebés. Solo necesitamos apoyo y auto confianza, porque el conocimiento está, naturalmente, en cada pedazo de nuestro ser, en cada una de nuestras células. Nosotras somos las expertas en todo lo que tiene que ver con este nuevo bebé. Nadie mejor que nosotras sabe que necesita y que quiere. Nadie mejor que cada madre sabe porque llora su hijo, porque necesita un beso, porque quiere teta, porque pide brazos. La madre que todas tenemos dormida, de pronto, se despierta con ímpetu, con verdadera y saludable  sabiduría. Esa madre poderosa, amorosa, decidida y sabia, vive dentro de todas nosotras. Solo necesitamos que nos dejen lactar, colechar, portear, cargar y amar como nuestro corazón nos dicta a nuestros bebés. Solo necesitamos que nos dejen convivir y disfrutar con nuestros hijos, de estos supuestos demonios.

Escrito para Cerquita Mío. Publicado el 8 de diciembre de 2011.

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09 diciembre 2011

Criar y ser mamá

Ser mamá es un rol que siempre nos toma desprevenidas. Nada nos prepara para el terremoto emocional que significa verse de un día para otro, de frente, con este pequeño ser que depende enteramente de nuestra capacidad de amar y maternar. Mucho más en estos tiempos modernos donde, la mayoría, no solo estamos solas, sin tribu que nos soporte y ayude, sino que también nos encontramos totalmente desconectadas de nuestro instinto de mujer-madre, que existe, pero que se encuentra relegado a los rincones más escondidos de nuestra consciencia. Solo cuando tenemos a ese diminuto ser entre brazos comprendemos que una cosa es querer ser mamá y otra muy distinta serlo. 

Entonces comienza un proceso que tiene varios caminos. El deseable, el de poder re-conectarnos con nosotras mismas a través de nuestro recién nacido para poder suplir con verdadera entrega y amor sus necesidades emocionales y físicas, es un camino que requiere de mucha valentía y capacidad de introspección. No todas somos capaces de recorrerlo. Duele reconocer que nuestro deseo de traer un niño  al mundo y el amor sin proporción que sentimos por él, no sea garantía de que seremos capaces de afrontar la maternidad de manera natural y placentera. Por eso, muchas prefieren, después del nacimiento, seguir ocultando esos demonios que atormentan y duelen, manteniendo su vida actual lo más parecido posible a lo que era su vida sin un bebé. Entonces, ese bebé se ve forzado a adaptarse a la vida que ya tenía su madre, sin posibilidades de recibir lo que más necesita: tiempo, brazos, leche materna, presencia y contención sin medida. No las culpo, es complicado ir contra corriente. Más aun cuando para la sociedad en la que vivimos, esta crianza desde el desapego y el desconocimiento de las necesidades del recién nacido, lamentablemente, es lo normal, lo usual. Es lo que nos mantiene conectadas a "el mundo" donde somos seres productivos y nada más, impidiéndonos sumergimos en los terrenos desconocidos del postparto, donde nuestra mente y corazón solo tienen  disposición para fusionarse con el bebé.

Por fortuna, cada vez más madres recientes decidimos buscar más allá de lo que a simple vista se vende como normal. Desde el embarazo comenzamos a sentir una necesidad inexplicable de poner por encima de nuestros deseos, los deseos de nuestro hijo. Comenzamos una búsqueda por encontrar una luz que nos sirva de guía para esta ruta que decidimos emprender. Leémos, hablamos, interactuamos con otras madres, nos damos cuenta que nuestras propias carencias infantiles de apego y maternaje afloran de manera inmediata cuando nos convertimos en mamás. Exploramos dentro de nuestra alma, vencemos fantasmas,  luchamos batallas íntimas y personales, y comenzamos a despertar a la maternidad desde nuestro instinto más animal. Desde lo mamíferas que somos. Sin ningún tipo de condicionamientos ni prejuicios, sin explicaciones racionales, dejándonos llevar por las hormonas y la emocionalidad, por la oxitosina que corre por nuestro cuerpo, por la leche que brota de nuestros pechos, por el niño que solo desea estar pegadito a su mamá.

Criar y ser mamá es una experiencia hermosa pero retadora. Nos expone, nos deja sin ningún tipo de mascaras. Nos hace sentir vulnerables. Pero al mismo tiempo, nos conecta (si estamos dispuestas), nos vuelve inmensamente capaces y poderosas, eleva nuestras capacidades, nos hace descubrir nuestros "súper poderes" que van desde alimentar y consolar a punta de teta, hasta curar heridas de la piel y de alma con emplastos de besos y abrazos. Criar y ser mamá es gratificante pero no es nada fácil. Requiere de esfuerzo, de paciencia, de empatía, de capacidad de adaptación al cambio. De un buen estado físico pero mucho más de una desarrollada consciencia emocional, que nos permita reconocer nuestras necesidades y las necesidades de nuestro bebé. Criar y ser mamá es la más importante labor que podemos desarrollar para la sociedad. Donde todos los momentos, sin importar si nos parecen malos, regulares o buenos, valen la pena.

Escrito para El blog de Rana Rosa. Publicado el 4 de diciembre de 2011.


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29 noviembre 2011

Enseñando sobre porteo

Como muchos saben, desde que nació Sara, yo hago parte de la familia Abrazarte Portabebes, no sólo usando sus productos para cargar a mi pequeña princesa a todos lados, sino también como distribuidora en Bogotá. Esta labor hermosa de enseñar a otros como pueden llevar a sus hijos bien pegaditos la mayor parte del día, realmente me encanta. Hoy precisamente tuvimos nuestro taller. Una vez al mes convocamos a todos los interesados en el tema y a los que ya tienen un portabebé ergonómico en uso, para hablar de los beneficios de llevar a nuestros hijos en brazos, de las posturas correctas y las incorrectas, además de mostrar todos los tipos de portabebes que tenemos, practicar nuevos nudos y formas de utilizarlos. El taller dura dos horas y siempre es una oportunidad de oro para compartir y conocer a otras mamás y papás, preocupados e interesados por el bienestar de sus hijos. Sin importar si viene una sola pareja o los asistentes son un montón, siempre salgo recargada de estos encuentros. Es increíble como el hecho de compartir con otros, cara a cara, mi experiencia como mamá y como usuaria satisfecha de los productos, se convierte en una terapia que me llena de felicidad. Ni se diga cuando veo la cara de satisfacción de otros padres al encontrar en lo que ofrecemos, aquello que han estado buscando por tanto tiempo. Nuestras palabras llenas de respeto y empatía por los niños y sus necesidad, hacen eco en ellos, validando lo que en el fondo de su corazón ya saben. 

Ver el salon lleno de padres con niños de todas las edades, mamás lactando a sus bebés sin ninguna preocupación, todos concentrados en nuestros hijos y enamorados de ellos, compartiendo nuestro sentir y nuestra experiencia, me hace pensar que algo está cambiando. Que existe un deseo genuino de muchos padres por hacer las cosas de manera diferente, por criar más desde el corazón, por dejar de reprimir el amor que necesitan nuestros pequeños, por estar a su lado, compartiendo su tiempo, brindando presencia la mayor parte del tiempo. Con ganas de no separarse de ellos los primeros años, conscientes de lo importante de esta etapa que se pasa volando.

Criar a mi hija con presencia, leche materna, colecho y respeto, así como enseñar a otros sobre porteo, me permite ser parte activa de este movimiento lleno de empatía y amor, que cada día toma más y más impulso en el mundo y en nuestro país. Aún somos pocos, pero de a uno en uno, estoy segura que en poco tiempo, seremos muchos. Estoy segura que criar con amor, contacto, respeto y empatía a nuestros hijos, es la mejor manera de cambiar el mundo.

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16 noviembre 2011

Todas hacemos historia

Todas las madres hacemos historia. Sin quererlo y, tal vez, sin saberlo de manera consciente, nosotras construimos sociedad. Nosotras tenemos en nuestras manos el poder de cambiar el mundo, a través de nuestros hijos. La manera en que los criamos y amamos es muy poderosa. Cuando criamos no solo moldeamos a los hombres y mujeres del futuro, sino también la clase de mundo que ellos vivirán y disfrutaran. Por eso, ser madre es una gran responsabilidad. Este premio, "Soy una madre que hace historia",  me parece una excelente oportunidad para recordarnos lo valiosas, poderosas e importantes que somos. Gracias Miriam de A Flor de Pellpor otorgármelo. Bueno y para recibirlo, con todas las de la ley, tengo que contar dos hermosos recuerdos de mi infancia:

  • Recuerdo el olor dulce como a canela y menta de mi abuela, y su arrullo sordo y melodioso, mientras yo estaba recostada en su regazo y ella me mecía cariñosamente, con el ruido de la brisa de diciembre, que hacía rugir las hojas de los almendros y cauchos en el fondo.
  • Recuerdo tardes enteras de juego con mi hermano y mis primos. Bajando mangos y subiéndonos a los árboles. Vendiendo naranjas, limones y agua de cocó a los vecinos, haciendo una pequeña fortuna para comprar muchos helados.
Que lindos recuerdos!!! Le pasó este premio a Bren de Amo ser Mamá y a Oli, de Azul Celeste. Muero por conocer sus dos hermosos recuerdos de infancia!!

18 octubre 2011

En otro idioma

Así es como me siento últimamente: hablando en otro idioma, como si fuera de otro planeta. No se porque razones la vida siempre me lleva por el camino de la diferencia; de lo fuera de lo común, de lo que se sale del statu quo, de lo establecido como "normal", de lo que la mayoría entiende y hace. Tengo que confesar que ser la "diferente" no se me da tan fácil. Desde que era muy joven creo con convicción en lo que predico y trato de ser lo más consecuente posible con mis decisiones y actuaciones, pero muchas veces se me hace un camino solitario y difícil de recorrer. 

Con mi maternidad, las cosas no podrían ser diferentes. Todo lo que digo y hago parece, a los ojos de los demás, bastante traído de los cabellos: que si la lactancia prolongada, que si no considero el castigo físico como una opción necesaria, que si la libertad que le brindo no es más que mala crianza y nada de límites, que si mis teorías no son demasiado hippies e inocentes... en fin... lo cierto es que argumentar y argumentar cada cosa se me hace, hoy por hoy, demasiado cansado. Más aún, cuando en mi día a día no cuento con nadie que siquiera piense de manera parecida a mi. Soy una sola voz, sin eco en ninguna parte. Y es que, aún que sé que estoy haciendo lo correcto, cada vez que alguien me pone en tela de juicio, las dudas, de manera irremediable, comienzan a agobiarme. Sin embargo, aunque casi siempre, logro disiparlas rápidamente para volver a sentirme igual de decidida y tranquila, todo el tema es agotador. No puedo evitar pensar, que las cosas deberían ser distintas. Que el mundo está al revés y que, en definitiva, nos queda mucho por hacer para que criar a nuestros hijos de manera natural, respetando sus tiempos y deseos, sea lo común y habitual.

Por ahora, yo contribuiré siguiendo en lo mío y soñando con que muy pronto, con relación a la crianza de los niños, todos hablemos el mismo idioma, el idioma del amor, el respeto, el instinto y el corazón. Un idioma que muchos han olvidado y que otros tantos estamos aprendiendo a hablar desde que somos madres.

28 septiembre 2011

Si, yo si quiero

Si, yo si quiero cambiar las cosas. Quiero un mundo distinto, un mundo mejor, un mundo donde tengamos tiempo para nuestros hijos sin renunciar a desarrollarnos profesionalmente, tiempo para ser felices en familia, tiempo para vivir la vida. 

Yo si quiero aportar para que las cosas cambien para bien, para nuestro bien, para el bien de la humanidad entera. Poner un granito de arena para que en España, en Argentina, en Colombia y, por que no, en el mundo entero, la prioridad de todos sea nuestros niños.

Estoy convencida que ya está bueno. Que ya es hora de que lo importante sea lo primero. Que nuestros hijos tengan derecho a ser criados por sus madres y padres, que podamos contar con una licencia de maternidad de por lo menos 6 meses, que tengamos a la mano opciones para trabajar desde casa, oportunidades de trabajo por media jornada, guarderías en las empresas, espacios para laboral y crecer profesionalmente sin tener que abandonar todo el día, todos los días, a nuestros bebes al cuidado de otras personas. Ya es hora que se nos valore por ser madres, por maternar, y no solo por tener un título profesional y producir un cheque mensual lleno de ceros a la derecha (en el mejor de los casos), a costa de la salud emocional de nuestros pequeños, de su felicidad, de nuestra felicidad.

Si, yo si creo que entre todas podemos. A punto de millones de esfuerzos, de unir nuestros deseos, nuestros pensamientos. A punta de muchas palabras a través de estos espacios y de nuestra redes digitales, de esta tribu contemporánea que se teje con post, coments, likes y tweets. Solo necesitamos voluntad, unión y perseverancia. Ya es hora de hacer sentir nuestra fuerza. Es el momento. Nosotras lo gritamos. Nuestros hijos lo necesitan. La sociedad entera esta impaciente por comenzar a calmar la sed de cariño que años enteros de desamor y desapego han generado en su núcleo, en cada familia, en todos los seres humanos.

Yo tengo la fortuna de poder estar en casa con Sara desde que nació. Mis circunstancias me han permitido no perderme de nada, disfrutar cada segundo de sus 14 meses de vida, acunarla, consolarla, mirarla, atenderla, mimarla, besarla, amarla, todo el tiempo que he querido, sin tener que salir corriendo a cumplir con obligaciones laborales, sin tener que dejarla en una guardería o al cuidado de una niñera para poder llegar a las 8:00 a.m. a la oficina, pasando todo el día alejada de ella, gastando mi tiempo de madre, gastando el tiempo de mi hija, en cosas que, en este momento, no son tan importantes. No me imagino como será el día en que tenga que regresar a esa rutina. Solo pensarlo me produce nauseas. Sobretodo, si cuando ese día llega, ella aún no es lo suficientemente grande para entenderlo. Sobretodo, porque sé que encontrar el punto medio, en la profesión en la que me desempeño, es casi imposible. Por que sé que cuando tenga una fiebre, sin importar la edad que tenga, no podré salir corriendo. Por que me perderé de varias visitas al pediatra y muchas salidas del colegio. Por que no estaré para escuchar algunas de sus 1eras palabras. Por que ella sentirá que su mamá no está como ella el tiempo que quisiera. Por que nos haremos mucha, pero mucha falta. Por que ese será un tiempo perdido entre las dos, imposible de recuperar.

Por eso y por que sé que entre todas podemos hacer que la utopia de la conciliación sea una realidad, les dijo que si, que yo si quiero trabajar para cambiar las cosas... tal vez sea hora de que tú también te preguntes que quieres hacer, qué estamos dispuestas ha hacer para que todo esto cambie.

Únete ya a nuestro grupo en facebook haciendo clic aquí y participa de todas las actividades que se están "cocinando" para que exista una Conciliación Real Ya!!

13 septiembre 2011

¡A jugar familias! Otra manera de amar

¡A jugar Familias! es un Carnaval de Blogs abierto a todos de El Blog de Sarai Llamas para el mes de la Crianza con Apego 2011 con el cual se pretende hacer un llamamiento a todos los padres invitándolos a jugar con sus hijos y a compartir con ellos un tiempo precioso y de un valor incalculable.

Jugar juntas es algo que, Sara y yo, hemos ido descubriendo de a poco. Cuando estaba aún más pequeñita, me encantaba balancearla apretada a mi pecho hasta que su cara se iluminaba de emoción y pequeñas carcajadas flotaban por el aire. Ahora, que ya es toda una niña, que corre y camina, nos encanta perseguirnos por toda la casa. O refugiarnos bajo las cobijas a descubrir como la luz se cuela por entre el tejido, a señalar los círculos de colores de su manta, a hacernos cosquillas en medio de abrazos y besos, a disfrutarnos.

Hace poco descubrimos que juntas es más divertido escuchar "Pim Pon", y nos sentamos por horas en el sofá a corear (cada cual en su lengua) mil canticuentos de un cd interminable. Jugamos también a gatear, y cuando lo hacemos, a Sara le encanta subirse en mi espalda, y gritar con locura y emoción, mientras me persigue y me llena de besos y abrazos apenas me alcanza. Jugar a abrazarnos es maravilloso y ella sabe que cuando yo abro mis brazos de par en par, lo único que tiene que hacer, es sonreír y correr a toda velocidad para encontrarse, en pocos segundos, calientita en mi regazo. 

El parque es nuestra cita obligada de todos los días, siempre y cuando el sol nos invite a salir, con sus largos rayos brillantes. Recolectar hojas es de nuestros juegos preferidos, mientras descubrimos que los mejores juguetes están allí, en la naturaleza. Subirse al rodadero caminando, agarrada de mi mano, es su gran hazaña. La parada en los columpios es obligatoria. Meciéndonos de un lado a otro, muy juntitas, sentimos cosquillas en el estómago, mientras el aire nos acaricia, suave y sutilmente. 

Las escondidas es de los juegos que más disfrutamos desde que era muy, pero muy pequeñita. Y no me refiero a esconderme debajo de la cama, o detrás de la puerta, ni mucho menos a contar hasta 10. Para desaparecer ante sus ojos, basta con tapar mi cara con la almohada o con cubrirme los ojos con las manos. Las carcajadas son inigualables. La cara de felicidad y de sorpresa, insuperables. Algo tan simple, es diversión en toda la extensión de la palabra. Y ni que decir de "pescar palomas" a través la ventana. Me abraza y mientras la cargo, busca las palomas en el cielo, en los edificios, en los cables de la luz. Y las sigue con su mirada hasta el horizonte mientras alzan vuelo. 

Jugar con Sara es la mejor manera de conocernos, de entendernos. De sabernos felices, cómplices, amigas. De descubrir el mundo, de aprender, de explorar. De fortalecer nuestro lazo, de hacer irrompible nuestro vínculo. Jugar no es más que otra manera de amar.



14 agosto 2011

Jugando, jugando, ando...

Silvia de Ser Madre: ¿toda una aventura! y Carol de Con ojos de Madres me invitaron a jugar algo llamado El Blog Topao en el que la idea es, según entiendo, revivir y volver a compartir entradas de tu blog, de acuerdo a unos categorías definidas. Luego se pueden invitar 7 blogs más para que sigan jugando y participen con un post en la actividada.


Entonces, sin más preámbulo, a jugar!!!


1. La entrada más hermosa: Recuerdo de como deje de ser Zarina, para ser "La mamá de Sara".
2. La entrada más popular: 
Des - bloqueo: mi cumpleaños de como transcurrió mi 1er cumpleaños siendo mamá.
3. La entrada más controvertida: La mamá de Sara declara... 
acerca de 
los principios y pautas con las cuales estoy criando a Sara desde el amor, la comprensión el respeto y el apego.
4. La entrada más útil: Lo natural es la teta, no el tetero! de como el conocimiento, la confianza y el apoyo son fundamentales para el éxito de la lactancia materna.
5. La entrada cuyo éxito te sorprendió: Agotada, así fue como termine después de los supuesto días de descanso de Semana Santa.
6. La entrada que no recibió la atención que esperabas:
 La mejor visita de lo bien que me hace estar rodeada de mi familia.
7. Entrada de la que estás más orgullosa: El parto que decidí tener
la historia de cómo la princesa de ojos gigantes y pelo acaramelado llegó una madrugada a nuestras vidas, y las cambio para siempre.

Y ahora invito a participar de este juego a:

Bren de Amo ser Mamá
Oli de Azul Celeste
Ana de Creciendo con David
Katrina de Criandonos
@Mousikh de Una mirada al otro lado


Muero por leer sus respuestas!!! 

09 agosto 2011

Mi historia personal de Lactancia Materna

Fiesta Bloguera de Lactancia
Gracias a Mónica de Familialibre.com por darnos la oportunidad de participar en la Semana Mundial de Lactancia a través de esta iniciativa.

Cuando trato de recordar cuando decidí que le daría leche materna a Sara, sinceramente no lo recuerdo. Creo que esa idea vivía en mi inconsciente desde pequeña porque vi a mi mamá amamantar a mis hermanos, y a mi tía hacer lo mismo con mis 4 primas. En mi familia materna siempre había escuchado que todas eran súper lecheras, así que nunca dude que me saldría leche. Luego, cuando tenía como 4 meses de embarazo, fui a visitar a una amiga (que también estaba embarazada de su 2do hijo y tenía los mismos meses que yo) y ella me regalo "La Alegría de Amamantar" de María Eugenia Carvajal. El libro me fascino. De manera clara y sencilla, no sólo explicaba toda la fisiología del amamantamiento sino como instaurarla, mantenerla y disfrutarla. Sin embargo, lo más importante que hizo este libro por mí, fue llenarme de una confianza inquebrantable: yo estaba segura de que lactar a mí bebe era algo que podía hacer con éxito. Y con esa confianza en mi mente y corazón, pasaron los meses y Sara nació. La tuve por parto natural en el cuarto del hospital. Tan pronto salió, la enfermera la puso sobre mi vientre y luego, ella se prendió de mi pecho.  Ese fue el 1er instante de amor entre las dos. 

Sinceramente, escogí ese hospital únicamente porque allí eran pro lactancia y pro parto natural. Conocía de la importancia de ese primer encuentro del bebé con su mamá y con su teta. Tengo que reconocer que se me agrietaron un poco los pezones, pero las enfermeras del hospital me recomendaron emplastos de hierbabuena para la cicatrización, y los utilice juiciosa los primeros 15 días. Nunca fue doloroso para mi, y, como había leído, cada vez que Sara lloraba yo le daba teta, sin importar si era de día o de noche, o si le acababa de dar. El apoyo de mi esposo fue fundamental. El solo me dejo seguir mis instintos y se lo agradezco de todo corazón. Mis senos crecieron muchísimo, y pesaban una barbaridad. Tal vez es lo único que me ha resultado incomodo del tema: el tamaño y el peso de los senos. Desde el comienzo tuve que extraerme leche porque producía tanta, que Sara no alcanzaba a tomarla toda. Le tenía pánico a una mastitis, así que procuraba sacarme todo lo que podía, hasta dos veces al día. De hecho, aún me extraigo casi a diario, porque hoy, 12 meses después, sigo produciendo igual o más leche que el primer día. A veces la producción es de 3 0 4 oz, y otras veces, 10 o hasta 12. Y sin embargo, después de cada extracción, Sara aún toma de la teta todo el día, todo lo que le apetece. 

Almacene mucha leche hasta los 5 meses. Luego, cuando ya en el refrigerador no había casi espacio, concluí que debía hacer algo con ella. Era obvio que Sara nunca se la tomaría toda. Intente donarla y nadie me la recibió. Lamentablemente en nuestro país existe la particular y "conveniente" idea de que tomar leche donada es peligroso para el bebé. Finalmente la deseché. Pasaba el tiempo y no encontré nada más que hacer. Cada vez que me acuerdo, algo dentro de mí se arrepiente. Fueron muchas onzas, (aunque con certeza no sé cuantas) que pudieron haber nutrido a muchos bebés, como lo han hecho con mi princesa. Ya hace casi 7 meses que no almaceno más. Aunque siempre tengo un tetero o dos con leche al día, para hacerle la papilla a Sara o para que se la tome, si se antoja y yo no estoy. 

La lactancia me ha regalado momentos increíbles al lado de Sara. La ha hecho crecer sana, feliz, llena de salud pero, sobre todo, radiante de amor. Sin duda es el mejor regalo que nos podemos dar como madres e hijas. Si, se que, especialmente los 1eros días, hay veces que no nos acomodamos en nuestra propia piel, en ese cuerpo crecido con senos enormes. Y muchas veces pensamos que es doloroso, incomodo, que no nos cierra la blusa, que no vale la pena, y queremos desistir. Pero son solo unos días, que pasan más rápido de lo que nos imaginamos. Y cuando menos pensamos, todo el momento se vuelve placentero, cómodo, tierno, feliz. Nos sentimos agradecidas y recompensadas por haber seguido adelante, por haber tenido confianza, por haber estado seguras de que lo mejor era acunar al bebé, dormir con él, llenarlo de leche de nuestro seno materno. Y esperamos en nuestro corazón con la misma certeza, que este regalo nos dure muchos días más, para disfrutar de él hasta que nuestro bebé lo quiera.http://www.muchoslibros.com/libro-La-Alegria-de-Amamantar/Carvajal,-Maria/9789580487708/EC/

07 julio 2011

¿Soy una súper mamá?

Eso cree Bren, mi querida amiga y mamá tuitera. Y tengo que confesar, ante ella y ante todos ustedes, que no me creo una súper mamá, aunque realmente me esfuerce y trabaje cada día para tratar de serlo. De hecho, sería más acertado decir que mi objetivo, del día a día, es ser la mejor mamá que creo puedo llegar a ser para Sara. Claro que desde mi perspectiva, que sin duda, puede ser muy diferente a la perspectiva de los demás. Y es que estoy segura que mi idea de lo que es una súper mamá va en contravía de lo que piensa mucha gente. Yo creo que para ser una súper mamá no es necesario ser una mamá perfecta, ni una mamá que nunca comete errores, ni se equivoca. Para mí el único requisito que debe tener una mamá para ser "súper" es la consciencia. La consciencia te hacer explorar, buscar, aprender, encontrar. La consciencia te lleva al respecto por el otro, al respecto por tu hijo, por sus tiempos, por sus procesos. La consciencia cambia el enfoque de ti, y te hace enfocarte en él, en lo que le conviene, en lo que realmente importa. La consciencia te permite conectarte con tu instinto, te permite redescubrir el adn maternal que llevas dentro, la herencia de amor de nuestras madres y abuelas. La consciencia te permite intentar una y otra vez, a pesar de los errores, sin desfallecer, con todas las ganas y todas las fuerzas de tu corazón, porque en el fondo sabes que nada más, vale tanto la pena. Y bueno, además de la sonrisa y los abrazos de mi hija, lo que más me gusta de ser mamá es que la maternidad me ha brindado la oportunidad de ser una mujer más fuerte, pero sobretodo mucho más consciente de mi pero también de los demás, de mi femineidad, de mi fuerza, de mi amor, de mi bondad, de mis fortalezas y también de mis debilidades. Por eso, más que una súper mamá, todos los días trato de ser una mamá consciente.

Y como este premio no puede parar, se lo entrego a:


Un abrazo a todas: mamás conscientes = súper mamás !

10 mayo 2011

Padres hiperexigentes, niños infelices

No hay duda que vivimos en una sociedad en extremo exigente y competitiva. Y, a veces para bien pero normalmente para mal, la maternidad y/o paternidad no escapa de esta situación. Desde que los niños nacen, muchos padres sentimos la obligación social de hacer todo lo posible para tener un hijo sobresaliente, que se destaque entre los demás, ya sea por su belleza, inteligencia, dotes artísticas, habilidades musicales o deportivas. Por eso no es extraño ver programas donde se evidencia como los padres someten a sus hijos a este tipo de presión. Donde prácticamente los obligan a someterse a rutinas extenuantes todo en aras del "triunfo temprano y el éxito", en el desarrollo de una carrera. En definitiva, tener un niño "regular" o "estándar", no está de moda y, por el contrario, parece ser sinónimo de que nuestro hijo, muy probablemente, va a ser poco exitoso en un futuro y de que los padres no estamos haciendo lo suficiente para dotarlos de herramientas útiles para la vida adulta. Sin duda, la infancia de hoy en día está bajo mucha presión.


Conozco muchos padres que en su afán por tener el hijo sobresaliente, entran (e introducen a su pequeño) en la vorágine de la estimulación temprana, de los dvd´s de Baby Einstein, de las clases privadas de pintura, del curso de piano, de las lecciones de natación. De un día para otro, la agenda de estos niños (y de muchos bebés) está más apretada que la del presidente de la república, y sus padres perfectamente convencidos de estar haciendo lo adecuado, de estar trabajando por su futuro, de estarlos preparando para ser felices y exitosos. Sin duda y sin malas intenciones (por supuesto), muchos padres someten a sus hijos a una presión que normalmente no desean  ni soportan, convirtiendo sus gustos y pasiones en una carrera por el éxito, por el éxito como padres a través de sus logros. Y, en mi opinión, ahí es cuando muchas cosas comienzan a andar mal. Los altos estándares de nuestra sociedad y la cultura del perfeccionismo que promueve nos permean, afectándonos, afectando a nuestros hijos, afectados la familia y la sociedad entera.

Entonces, ¿qué debemos hacer?, ¿por qué nos cuesta respetar sus tiempos, sus ciclos, sus gustos y dejarlos ser ellos?, ¿por qué es tan difícil entender que nuestros hijos necesitan cosas simples pero valiosas:  mirada, respeto, soporte y comprensión?, ¿por qué nos falta confianza para seguir nuestros instintos, dejando que el mercado manipule nuestros miedos y culpas?, ¿por qué simplemente no dejamos que nuestros niños sean niños, sean lo que quieran ser?...todas estas cuestiones rondan en mi cabeza y no me pueden conducir nada más que a la reflexión

No sé cómo ni cuándo, pero al parecer nos hemos convertido en una sociedad de padres inseguros e hiperexigente y, lo que es peor, de niños infelices. Este pensamiento me ha rondado todo el día después de ver una entrevista en tv del escritor canadiense Carl Honoré, en la que presentaba su libro "Bajo Presión. Cómo educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente". Sus palabras realmente me han calado y me han hecho pensar que los padres, en nuestro afán por darle lo mejor a nuestros hijos, nos hemos convertido en una espacie altamente manipulable, a merced de demasiados intereses oscuros. Este afán desmedido, nos impulsa al control y a la competitividad y, sin querer queriendo, terminamos "secuestrado la infancia de nuestros hijos", sometiéndolos a demasiada presión, y desconociendo sus gustos, necesidades y propios ritmos. 

Si analizamos con detenimiento, desde que los niños nacen, los padres y la sociedad no desean más que controlarlos: horarios para la teta, formulas para que duerman cuando queremos, para que hagan lo que queremos, para que sean exitosos en los que los padres desean. Me atrevería a decir que existe todo un protocolo de cómo tratarlos y qué hacer para tenerlos bajo nuestro control. Protocolo que lentamente mutila su espíritu y los hace muy infelices. Por supuesto, esto no es una apología a ser unos padres desinteresados, dejando a nuestros hijos con la rienda suelta. Es más bien, una invitación personal a pensar sobre la maternidad y paternidad, sobre el bienestar de nuestros pequeños, para que enfoquemos nuestros esfuerzos, no tanto en controlarles la vida sino en ser padres equilibrados y respetuosos, que confían en sus instintos y que escuchan a sus hijos. Una invitación a tener más sentido común y reflexionar más a la hora de criar a nuestros hijos. Ahora, me daré a la tarea de leer el libro de Honoré, que por las reseñas que he visto parece ser digno de recomendar. Espero más adelante contarles que tal me ha parecido.

19 enero 2011

Mucho por aprender

"Nacemos para amar. Y para ser amados. El amor no es un capricho ni un lujo. Por el contrario es algo central para la supervivencia de nuestra especie. La naturaleza ha previsto que las madres se enamoren de sus bebés desde el nacimiento y que sea este amor el que modele el crecimiento de la criatura."*


No hay duda, la mayoría de nosotros fuimos criados en la cultura del desapego. A nuestras mamás y papás les metieron en la cabeza que sus bebés lo único que necesitaban de ellos era leche de tarro y una cuna en el cuarto de al lado, llena de juguetes pero sin cercanía, ni apego. Los convencieron de que si nos llenaban de mimos, de cariño, de besos y abrazos, durmiendo en la misma cama con ellos, recibiendo teta a demanda, estarían criando a unos pequeños tiranos. Nuestras madres, muy a pesar de sus propios sentimientos e instintos, nos dejaron llorar en la cuna para dormir la noche entera y nos dieron leche artificial, para "alimentarnos más y mejor". Reprimir el afecto, era lo último para tener "buenos niños". Nadie nunca les dijo que lo único que necesitaban hacer por nosotros era llenarnos de amor, sumergirse en la maternidad apoyadas en su tribu natural, permitiendo que su naturaleza materna trabajara como lo había hecho por cientos de años. 

Tantos años de crianza sin apego nos ha hecho olvidar qué significa criar a un bebé con amor. No pongo en duda que nuestros padres efectivamente nos amen y hayan tratado de hacer lo más conveniente para nosotros. Pero estuvieron mal orientados. Y aunque somos personas de bien (la mayoría), podemos ver las fracturas emocionales que esa crianza causo en nosotros, todos los días, cuando intentamos hacerlo con nuestros propios hijos. Criar desde el respeto, con amor, con paciencia, sin someter, nos cuesta trabajo y esfuerzo adicional. No es algo que salga naturalmente. No estamos acostumbrados. Cuando el niño llora, o simplemente es "él" nuestra reacción natural no es de comprensión. Nos queda mucho por aprender (o más bien re-aprender). Tenemos mucho camino que recorrer. Afortunadamente, somos muchos los que ya estamos en marcha y nos esforzamos día a día para dar un paso hacia adelante.


*La ciencia de las madres, por Ibone Olza. Ibone Olza, 2010. Psiquiatra infanto-juvenil y perinatal, profesora en la Universidad Autónoma de Madrid, investigadora y escritora. Artículo Publicado en: Maternidad, ciudadanía y cuidadanía. Ed. Maria Jesús Blázquez García. Prensas Universitarias de Zaragoza. 2010

13 diciembre 2010

Conversando con la teta

Sara me sorprende todos los días. El viernes pasado fue la chupada de los dedos de los pies y hoy la conversada con la teta. Y es que lleva dos días que la quiere, la pide y hasta la llora y, al minuto siguiente, no quiere saber nada de ella. Yo se la ofrezco cada vez que creo que debe comer o que la necesita y toma un ratico, pero al minuto siguiente, la suelta con cara de que no quiere más. En la noche la recibe con gusto y hasta ansiosa, pero apenas llega el día, le hace el feo.

Hoy mientras estábamos en esa tarea y yo solo me preguntaba ¿qué le pasará?, de un momento a otro, la estrujo con fuerza y le hablo, directo y gritao, de frente al pezón. Otra muestra del carácter que tiene mi hija. No tengo idea que le diría, pero la conversación fue seria y con un tono de franco reclamo. Creo que la teta se resintió. Sara se desahogo. Aún no ha habido reconciliación pero si claros acercamientos que auguran un happy ending. Porque la relación de mi hija con mi teta puede tener sus altibajos, pero en definitiva, es una relación que va para largo.



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