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20 marzo 2014

Instantes



Ayer, temprano en la mañana, cuando estaba a punto de parquear, me tropecé con una mamá que iba con su bebé de brazos y su niña pequeña caminado por la acera. Por un momento nuestras miradas se cruzaron y nos regalamos una sonrisa sincera, de empatía y complicidad. 

Este pequeño encuentro desató en mí una nostalgia que hace rato no sentía. Unas ganas de ser la Zarina de hace dos años, la que estaba en casa, la que disfrutaba sus días entre pañales, tetadas y paseos al parque. Tuve de nuevo ese sentimiento tan conocido, que casi había olvidado porque no me visitaba hace bastante rato. Añoré, en medio segundo y con una intensidad arrolladora, una vida menos agitada, más hacia dentro, sin tanta exposición, enfocada en lo simple, en una felicidad predecible y sencilla. 

Lo curioso es que en ese instante en que mi ojos se cruzaron con los ojos de esta madre, pude ver en ella una nostalgia parecida a la mía. Mas bien noté la misma nostalgia pero en sentido contrario. Leí en su rostro unas ganas de poder salir de casa a vivir una vida adulta, llena de retos laborales, con la prisa de tener mil cosas en la cabeza, con "independencia", persiguiendo logros y reconocimiento público.

¡Qué ironía! Dos caras de una misma moneda. Dos madres, que se miran a los ojos y se leen tranquila y cristalinamente, que se entienden, que se envidian, que son felices, pero que al mismo tiempo están buscando más. Que en un instante y sin mediar palabra, ven el pasto de su vecina frondoso y mucho más verde que el propio, que pierden el foco o que, tal vez, encuentran su verdadera perspectiva. De instantes como estos, mágicos, poderosos y efímeros, se compone la vida.

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14 diciembre 2011

Madres ideales vs madres reales

Desde que me convertí en madre he vivido en carne propia la presión de las expectativas, irreales y altamente exigentes, que el resto del mundo deposita en nosotras como madres. Ese es un plus con el que comienzas a lidiar desde el 1er día y del cual, no se porque, nadie nunca te advierte. Es irónico porque aunque se nos apoya y sustenta poco, se espera de nosotras, prácticamente, la perfección. El peso de la imagen de una madre ideal, que existe únicamente en el inconsciente colectivo occidental y en los cuentos de hadas, parece aplastarnos sin remedio. Casi todos, a nuestro alrededor, esperan que seamos capaces de cumplir con una lista de estándares bastante alta (por no decir imposible). Se da por hecho que somos una especie de súper seres todopoderosos, madres in-creíbles de esas que nunca pierden la paciencia, que nunca se cansan, que pueden con todo (casa, hijos, marido y jefe incluido), que lo saben todo. De esas que no tienen dudas y que siempre están impecables, de pies a cabeza. Que tienen bajo control todos los asuntos, que no se asustan con nada. Que además de cocinar saben hacer mil y una manualidad. Expertas en todo: matemáticas, biología, plomería, decoración y medicina. Dominando a la perfección el arte de ser controladas, pero siendo a la vez alegres y espontáneas. 

En contraste, todas, sin excepción, somos madres reales, lo que quiere decir, bastante alejadas de esa idea de un espécimen sin tacha, ni errores. Nacemos madres imperfectas, luchando contra nuestra propias carencias y contra lo que piensan de nosotras los demás. La mayoría del tiempo estamos dispuestas pero agotadas; cultivando, con mucho esfuerzo, el arte de la tranquilidad y la paciencia; agobiadas por la falta de tiempo; intentando llegar a todo, sin lograrlo realmente; preocupadas por no saber casi nada, pero sin tiempo para aprender todo lo que se espera; sin saber a ciencia cierta como compaginar el trabajo con el hogar; llenas de dudas, inseguridades y soledades; muy poco arregladas (la mayoría del tiempo); confrontadas con nuestros deseos y sentimientos de madre, en medio de una realidad que nos valora poco y, cada día, nos hace más difíciles las cosas. Que no nos permite ser la clase de mamá que queremos, esa que no está al tanto de ciertos requerimientos y formatos, porque es más importante el orden social establecido que el bienestar de la diada madre e hijo. Somos madres reales, imperfectamente reales, llenas de amor y también de errores, con necesidades de ser soportadas y apoyadas muchas más veces de las que se piensa, con muchas certezas pero también llenas de muchas inseguridades. Somos complejas, somos mujeres. Somos, simple y sencillamente, como cualquier otro ser humano.

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24 noviembre 2011

Ni es lo mismo, ni es igual

Por estos días la blogosfera maternal, puntualmente la española, ha estado revolucionada. Y aunque no soy de allá, ni vivo en la Gran Vía, me he encontrado absorta en el tema durante varios días. Todo comenzó el pasado domingo después del anunciado triunfo en la elecciones del Partido Popular (PP), cuando en medio de la celebración en un balcón, apareció doña Soraya Saénz de Santamaría. Para un espectador cualquiera, este simple hecho hubiera pasado totalmente desapercibido. Pero para muchas mamás españolas que luchan por una baja maternal justa y respetada por empresarios y sociedad, y por unas políticas adecuadas de conciliación trabajo-familia, el hecho de que este personaje público (y ahora en el poder), apareciera tan campante en la celebración, habiendo dado a luz hace tan solo 15 días, ha sido como un baldado de agua fría en pleno invierno. La indignación a crecido aún más cuando después se conoció que además, ha renunciado a su licencia de maternidad para asumir la responsabilidad de ser quien realice el traspaso de poderes entre en gobierno saliente del PSOE y el entrante del PP. Lo cierto es que la discusión está servida. Y, la polarización a la orden del día. Las opiniones al respecto abarcan todos los tonos y colores. La mitad, la condena y la otra mitad, la absuelve. Casi todos con los mismos detalles y la misma información, la excusan tranquilamente o la condenan a muerte. Para unas es una "mala madre" que además de dejar a su bebé cuando más la necesita, da un pésimo ejemplo al no tomarse, por lo menos, los días obligatorios de baja maternal a los que tiene derecho. Para otras es un ejemplo de mujer, que tiene claro que algunas oportunidades solo se ven una vez en la vida y que, lamentablemente para su bebé, la oportunidad de su vida le ha llegado ahora que acaba de convertirse en mamá, y por nada del mundo la puede desaprovechar. Al parecer todo el tema se reduce a dos bandos. No existen, termino medio en la discusión. Los grises pecan, una ve más, por su ausencia. Y, para mi, desde el otro lado del mundo, este es un tema de grises. Si, de grises, de términos medios, de tolerancia, de respeto, de verdadera conciliación. 

Por una parte, y haciendo de abogado del diablo, más allá de las fotos de doña Soraya en el balcón celebrando el triunfo de su partido y el anuncio de que será la encargada de la transición, no sabemos nada. De esos simples datos, parte toda suerte de especulación al respecto. No sabemos cuál es su sentir, cuál es su situación, qué piensa su marido, cómo va a ser su reincorporación, cómo piensa manejar su día a día... en fin, no tenemos ningún otro detalle que nos de luces de que es lo que realmente pasa por su cabeza, ni de si se sintió obligada o no tuvo otra opción (aunque yo soy de las que piensa que si sabes lo que quieres, siempre tienes opciones). Por lo tanto, es un poco ligero juzgar su decisión (si es que tenemos derecho a hacerlo). Por la otra, creo que lo importante de todo este tema es poder garantizar que las madres y padres tengamos opciones reales para elegir, libremente, con conocimiento y sin presión, como deseamos organizar nuestra vida laboral y familiar. Desde ese punto de vista, cualquiera de las decisiones que tomemos deben ser validas y respetables. Tanto la de la mamá que desea dedicarse 100% a sus hijos (como yo), como la de la que prefiere ceder su tiempo de baja al papá para regresar al trabajo cuanto antes, así como la de la que quiere trabajar sólo medio tiempo para estar con su familia el resto del día. Cada familia es un mundo, así que cada quien vera que le horma mejor. 

Pero también es cierto, que independientemente de que cada decisión sea personal, valida y respetable, cada una tiene implicaciones muy diferentes. Decidir una u otra cosa, ni es lo mismo, ni es igual. El hecho de que se tenga la posibilidad de escoger volver al día siguiente al trabajo después de haber dado a luz, no quiere decir que sea lo mejor para mamá, bebé, familia y sociedad. Y aunque cada quien tiene derecho a decidir que hacer y a tener opciones, que es por lo que se lucha al final, claramente lo deseable sería que a ningún bebé se le negará este periodo de fusión con su mamá, de extero-gestación, que también es su derecho. Sin duda, la carencia de este periodo de maternaje, al final, termina pasando factura. No solo al bebé, sino también a la madre, a la familia y a todos y cada uno de nosotros, como sociedad.

Para mi, lo único claro al final, es que todo este asunto de las decisiones de la futura ministra pone en evidencia que la conciliación es un tema que tiene que comenzar con un cambio de mentalidad de todos. De los que nos dirigen, de nuestra familia, de nuestros esposos, de nosotros mimos. La idea de que podamos llevar y disfrutar de manera equilibrada nuestra vida profesional y familiar es, sin duda, inmensamente revolucionaria. El equilibrio, como siempre, es una virtud difícil de conseguir pero absolutamente necesaria. También creo que la ministra perdió una oportunidad de oro, para potencialidad su situación como madre reciente y mujer en el poder. Su situación era perfecta para demostrar, con detalles como llevar a su bebé en un fular, que ella y su partido están realmente conscientes y conectados con la conciliación familiar. Que lástima que nadie, ni siquiera ella, lo hubiera visto así. 

Por ahora, independientemente de las decisiones que tomen los demás, hay que seguir luchando por una verdadera conciliación, por tener opciones para ser mamás si queremos, para trabajar si es lo que deseamos, para compaginar las dos cosas de la mejor manera, si es lo que necesitamos. Reivindicando nuestros derechos como mujeres, como madres, como profesionales, pero sin sobreponerlos a los derechos y necesidades de nuestros hijos. Es imposible pretender que todos sientan y vivan la maternidad paternidad como nosotros. Si queremos respeto, primero debemos manifestarlo respetando las decisiones de los demás así no la compartamos. Así pensemos desde nuestra perpectiva, que no son correctas, que son erradas y equivocadas. Así sepamos que ni es lo mismo, ni es igual

28 septiembre 2011

Si, yo si quiero

Si, yo si quiero cambiar las cosas. Quiero un mundo distinto, un mundo mejor, un mundo donde tengamos tiempo para nuestros hijos sin renunciar a desarrollarnos profesionalmente, tiempo para ser felices en familia, tiempo para vivir la vida. 

Yo si quiero aportar para que las cosas cambien para bien, para nuestro bien, para el bien de la humanidad entera. Poner un granito de arena para que en España, en Argentina, en Colombia y, por que no, en el mundo entero, la prioridad de todos sea nuestros niños.

Estoy convencida que ya está bueno. Que ya es hora de que lo importante sea lo primero. Que nuestros hijos tengan derecho a ser criados por sus madres y padres, que podamos contar con una licencia de maternidad de por lo menos 6 meses, que tengamos a la mano opciones para trabajar desde casa, oportunidades de trabajo por media jornada, guarderías en las empresas, espacios para laboral y crecer profesionalmente sin tener que abandonar todo el día, todos los días, a nuestros bebes al cuidado de otras personas. Ya es hora que se nos valore por ser madres, por maternar, y no solo por tener un título profesional y producir un cheque mensual lleno de ceros a la derecha (en el mejor de los casos), a costa de la salud emocional de nuestros pequeños, de su felicidad, de nuestra felicidad.

Si, yo si creo que entre todas podemos. A punto de millones de esfuerzos, de unir nuestros deseos, nuestros pensamientos. A punta de muchas palabras a través de estos espacios y de nuestra redes digitales, de esta tribu contemporánea que se teje con post, coments, likes y tweets. Solo necesitamos voluntad, unión y perseverancia. Ya es hora de hacer sentir nuestra fuerza. Es el momento. Nosotras lo gritamos. Nuestros hijos lo necesitan. La sociedad entera esta impaciente por comenzar a calmar la sed de cariño que años enteros de desamor y desapego han generado en su núcleo, en cada familia, en todos los seres humanos.

Yo tengo la fortuna de poder estar en casa con Sara desde que nació. Mis circunstancias me han permitido no perderme de nada, disfrutar cada segundo de sus 14 meses de vida, acunarla, consolarla, mirarla, atenderla, mimarla, besarla, amarla, todo el tiempo que he querido, sin tener que salir corriendo a cumplir con obligaciones laborales, sin tener que dejarla en una guardería o al cuidado de una niñera para poder llegar a las 8:00 a.m. a la oficina, pasando todo el día alejada de ella, gastando mi tiempo de madre, gastando el tiempo de mi hija, en cosas que, en este momento, no son tan importantes. No me imagino como será el día en que tenga que regresar a esa rutina. Solo pensarlo me produce nauseas. Sobretodo, si cuando ese día llega, ella aún no es lo suficientemente grande para entenderlo. Sobretodo, porque sé que encontrar el punto medio, en la profesión en la que me desempeño, es casi imposible. Por que sé que cuando tenga una fiebre, sin importar la edad que tenga, no podré salir corriendo. Por que me perderé de varias visitas al pediatra y muchas salidas del colegio. Por que no estaré para escuchar algunas de sus 1eras palabras. Por que ella sentirá que su mamá no está como ella el tiempo que quisiera. Por que nos haremos mucha, pero mucha falta. Por que ese será un tiempo perdido entre las dos, imposible de recuperar.

Por eso y por que sé que entre todas podemos hacer que la utopia de la conciliación sea una realidad, les dijo que si, que yo si quiero trabajar para cambiar las cosas... tal vez sea hora de que tú también te preguntes que quieres hacer, qué estamos dispuestas ha hacer para que todo esto cambie.

Únete ya a nuestro grupo en facebook haciendo clic aquí y participa de todas las actividades que se están "cocinando" para que exista una Conciliación Real Ya!!

13 septiembre 2011

¡A jugar familias! Otra manera de amar

¡A jugar Familias! es un Carnaval de Blogs abierto a todos de El Blog de Sarai Llamas para el mes de la Crianza con Apego 2011 con el cual se pretende hacer un llamamiento a todos los padres invitándolos a jugar con sus hijos y a compartir con ellos un tiempo precioso y de un valor incalculable.

Jugar juntas es algo que, Sara y yo, hemos ido descubriendo de a poco. Cuando estaba aún más pequeñita, me encantaba balancearla apretada a mi pecho hasta que su cara se iluminaba de emoción y pequeñas carcajadas flotaban por el aire. Ahora, que ya es toda una niña, que corre y camina, nos encanta perseguirnos por toda la casa. O refugiarnos bajo las cobijas a descubrir como la luz se cuela por entre el tejido, a señalar los círculos de colores de su manta, a hacernos cosquillas en medio de abrazos y besos, a disfrutarnos.

Hace poco descubrimos que juntas es más divertido escuchar "Pim Pon", y nos sentamos por horas en el sofá a corear (cada cual en su lengua) mil canticuentos de un cd interminable. Jugamos también a gatear, y cuando lo hacemos, a Sara le encanta subirse en mi espalda, y gritar con locura y emoción, mientras me persigue y me llena de besos y abrazos apenas me alcanza. Jugar a abrazarnos es maravilloso y ella sabe que cuando yo abro mis brazos de par en par, lo único que tiene que hacer, es sonreír y correr a toda velocidad para encontrarse, en pocos segundos, calientita en mi regazo. 

El parque es nuestra cita obligada de todos los días, siempre y cuando el sol nos invite a salir, con sus largos rayos brillantes. Recolectar hojas es de nuestros juegos preferidos, mientras descubrimos que los mejores juguetes están allí, en la naturaleza. Subirse al rodadero caminando, agarrada de mi mano, es su gran hazaña. La parada en los columpios es obligatoria. Meciéndonos de un lado a otro, muy juntitas, sentimos cosquillas en el estómago, mientras el aire nos acaricia, suave y sutilmente. 

Las escondidas es de los juegos que más disfrutamos desde que era muy, pero muy pequeñita. Y no me refiero a esconderme debajo de la cama, o detrás de la puerta, ni mucho menos a contar hasta 10. Para desaparecer ante sus ojos, basta con tapar mi cara con la almohada o con cubrirme los ojos con las manos. Las carcajadas son inigualables. La cara de felicidad y de sorpresa, insuperables. Algo tan simple, es diversión en toda la extensión de la palabra. Y ni que decir de "pescar palomas" a través la ventana. Me abraza y mientras la cargo, busca las palomas en el cielo, en los edificios, en los cables de la luz. Y las sigue con su mirada hasta el horizonte mientras alzan vuelo. 

Jugar con Sara es la mejor manera de conocernos, de entendernos. De sabernos felices, cómplices, amigas. De descubrir el mundo, de aprender, de explorar. De fortalecer nuestro lazo, de hacer irrompible nuestro vínculo. Jugar no es más que otra manera de amar.



02 septiembre 2011

Des-interés

Algunos habrán notado, sobretodo en twitter, que llevo varios días un poco desconectada, cosa que no es nada habitual en mí. No sé cuál es la razón pero no me apetece para nada el computador, muchos menos el BB. No me muero por estar navegando, mucho menos siento (las normales) ansias de devorar todos los blogs que encuentro a mi paso, ni siento el permanente interés por no perderme ni un tweet de mi timeline. 

Tampoco he tenido muchas ganas de escribir. Después de casi 10 meses escribiendo mínimo una vez por semana, de pronto, no siento tantas ganas. Y no es que no tenga tema, de hecho tengo en mente varias entradas (una sobre "Una nueva maternidad", otra sobre mis positivas experiencias en el parque con Sara, una más sobre nuestra rutina sin rutina, otra sobre el maravilloso libro de Carlos González, "Bésame Mucho", que estoy por terminar de leer), es solo que se me pasa. Los días llegan y se van y no me dan ganas.

También, me he sorprendido inusualmente callada. No me provoca mucho hablar, y quienes me conocen saben que eso si es bien raro en mí, porque soy una parlanchina consumada. De hecho, me ha costado mucho hacer MamáPos, y públicamente he culpado de mi desidia a la falta de tiempo, aunque en el fondo sé que no es más que desconcentración, puro y físico des-interés. Si, des-interés...pero no en el sentido peyorativo de la expresión. Es más bien como si este no fuera el momento de "esas" cosas que me gusta hacer, es como si este fuera el tiempo de interesarme en algo más. Y no es que este mal de ánimo, ni que tenga la depre, es, simplemente, que mi cabeza está en otro lado. 

Tal vez sea una especie de etapa de reflexión interior, de conversación interna, donde no necesito un interlocutor, sino que necesito escucharme sólo a mí, donde estoy re-descubriendo el disfrute de cosas triviales, olvidadas por alguna razón. Tal vez es una re-conexión: al encontrarme des-interesada de mis habituales intereses, me he sorprendido disfrutando más del sol, de la lluvia, de una taza de té, de un paseo hasta la tienda, de un libro, de la música... Me he descubierto des-interesada en muchas cosas, pero más interesada en mí. Como si por 1er vez después de 13 meses comenzara a recuperar la consciencia propia como persona, como individuo, más allá de mi rol de madre, más allá de Sara. 

No sé si me explico, pero en el fondo es como si muchas piezas de quién soy yo, de quien he sido por 30 años, comenzaran a re-encajar de manera armoniosa después de haber estado guardadas en el fondo del cajón de mi vida, dándole prioridad a las nuevas fichas que aparecieron cuando me convertí en mamá. Es una sensación nueva, y extraña. De cambio y conmemoración a la vez. Siento que estoy asimilando nuevamente mi vida y que estos espacios colmados de des-interés, no son más que necesarias capsulas de tiempo para poder entender, para poder digerir, para comprender, para asimilar. 

Supongo que en algún momento la etapa culminará y volverá el interés, y regresaré a ser y a sentirme "normal" otra vez, concentrada en lo habitual, conectada con ustedes y con el mundo, otra vez.

24 junio 2011

¿Qué hacer con los bebés cuando estamos enfermas?

Ni idea... yo precisamente ahora estoy con un resfriado que ni se imaginan, donde los escalofríos y el dolor de cabeza-garganta-cuerpo (como le digo yo), se han manifestado en todo su esplendor. Si no fuera por mi empleada y mi marido, no sé qué haría. Solo que me toquen, es doloroso. Y, como es lógico, Sara ni se da por enterada. Ella sigue a su ritmo, o, más bien, acelera el ritmo día tras día, sin importar si los demás estamos bien o mal. Gracias a Dios en el día está Nelsy, para seguirle la jarana y, en la noche, su papá se encarga de ella si es necesario. Menos mal y para mi fortuna tipo 6:30 p.m. se duerme, y por lo pronto, yo, detrás de ella.
Ayer pase una noche malísima: escalofríos, insomnio, dolor en el cuerpo, mucho calor, más insomnio, ardor en la garganta, en fin...Como estoy lactando no he tomado más que acetaminofén, lo que quiere decir que me esperan 3 o 4 días de malestar hasta que se me pase. Espero que no sea nada viral, para que no se le pegue a Sara o a mi esposo. Eso sería FATAL. No me imagino un cuadro de los 3 enfermos. Lo que me tiene pensando es que hoy es viernes y todo este malestar me va  tocar en un fin de semana con puente: NO PUEDE SER!!!! No solo me voy a perder de disfrutar estos días, sino que además, no va a estar Santa Nelsy para ayudarme....no hay duda...me esperan unos días difíciles, por eso, estoy tratando de mentalizarme y ser consciente de que así será, para ver si logro no estresarme ni sobre exigirme (tengo esa muy mala costumbre), lo que por lo general termina con frustración, cansancio, mal genio y malos recuerdos. 

Entonces, ¿qué hacer con los bebés cuando estamos enfermas? repito, no tengo ni idea. Escucho sugerencias. Por lo pronto, a mi me tocará sacar fuerzas de donde no las tengo y rogar al cielo para que mi pequeña se entretenga feliz con Baby Tv, sus juguetes y el papá. Deséennos mucha suerte!!

29 noviembre 2010

Decisiones y maternidad


Desde que nació Sara confirmé que no me quiero perder absolutamente nada de lo que pase en su vida. Es fascinante ver como esta pequeña que no hacia prácticamente nada recién nacida, ahora reconoce mi voz, mi rostro, se ríe a carcajadas y habla una jeringonza con la que sostenemos largas y profundas conversaciones. Mi bebe es una maravilla y es claro que cuando decidimos tenerla lo hicimos porque queríamos disfrutar de cada una de las pequeñas cosas que significan verla crecer. Como dice mi esposo "queremos ser papás 24/7". Yo más bien pienso que no es tan importante lo que queramos. Lo realmente importante es que Sara me necesita 24/7. Y en definitiva, si puedo, quiero estar con ella todo el tiempo que sea necesario.

Y ahí es donde surge la cuestión, porque muchas veces se puede querer mucho estar con los hijos tiempo completo, pero en definitiva no se puede. No todo el mundo puede dejar de trabajar, para contar con el tiempo. Si, porque la cuestión es de tiempo. Tiempo para estar con ella todos los días. Y no sólo tiempo de calidad sino tiempo en abundancia; para estar cuando diga su primera palabra, o este enfermita, cuando gatee o de su primeros pasitos. Tiempo para "estar" ahí, a su lado. Sobre todo ahora que es una bebé.
Por eso, cuando llegó el momento, la prioridad estaba clara y la decisión era más que obvia: renuncio por un tiempo y me dedico exclusivamente a Sara. Tengo que reconocer que aunque no fue una decisión difícil de tomar, sentí bastante nostalgia y un poco de dolor de estomago nervioso, porque disfruto la independencia que me da el trabajo y me encanta lo que hago. Sin embargo, no había nada más que pensar. Y así fue, en octubre renuncié a mi trabajo como Directora de Cuentas en una agencia, para dedicarme "full time" a ser la mamá de Sara. En ese momento me sentí valiente y afortunada. Sin embargo, a medida que compartía mi decisión con mis amigos y amigas, y con los amigos de mis amigos y amigas, y escuchaba 10.000 historias y situaciones diferentes, seguí sintiéndome afortunada pero ya no tan valiente.

Y es que, por lo menos en mi circulo social, son muy pocas las mamás que se pueden quedar con sus hijos más allá de los 3 meses reglamentarios de licencia. Simplemente no tienen opción, no pueden dejar de trabajar. Y, en mi opinión, dejar a tu bebé en casa con una niñera, así sea la mejor niñera del mundo, requiere de una gran dosis de valentía. Todas las mamás que salen a trabajar a diario y dejan a sus bebés al cuidado de otro, son mujeres valientes y admirables de verdad. Porque más allá de su voluntad afrontan el rol de mamás trabajadoras con amor, dedicación y entereza. Escuchando esas historias comprendí realmente lo afortunada que soy y entendí que mi valentía solo me alcanza para dejar a Sara con la empleada una hora al día, mientras voy al gimnasio.

Para terminar les enlazo este artículo de "Tenemos tetas" que seguramente les va a encantar, por que la lactancia es la mejor aliada de las mujeres trabajadoras!
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