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01 marzo 2013

Ha valido la pena


Hace un año exactamente escribía sobre un nuevo comienzo. Dejaba de ser mamá en exclusiva para comenzar a trabajar fuera de casa, otra vez. Hoy miro atrás y me parece increíble que haya pasado tanto tiempo. Ha sido un suspiro. Y, la verdad, estoy feliz. Me encantaría volver a estar en casa, no lo niego.  Sara aún me hace falta. Muchas veces al medio día sueño con quedarme con ella la tarde entera en la casa, dormir juntas una larga siesta y sacarla al parque a diario, como en otras épocas. Creo que este sentimiento, siempre va a estar en mí, nunca va desaparecer. 

Sin embargo, este año como mamá que trabaja fuera de casa ha sido inmensamente enriquecedor. Yo le he vuelto a coger el gustico al ambiente laboral. El trabajo ha sido una oportunidad maravillosa para crecer en muchos aspectos, para reconocerme feliz en otros ambientes, productiva, creativa, fuerte. Descubriendo y reafirmando habilidades, aprendiendo de los errores, aceptándome imperfecta, aprendiendo a soltar, a vivir en el aquí y el ahora, a "estar" a confiar. Disfrutando nuevas amistades que me llenan de luz y buenas energías. 

Y cuando miro en retrospectiva, recuerdo los miedos y las dudas que tenía. Lo que nos costo la separación, los días de tristeza infinita, y como poco a poco, la mayoría de esos sentimientos se fueron desvaneciendo. Como recuperé los espacios perdidos, como hemos podido compensar ciertos tiempos. Como todas las fichas se fueron reacomodando para encontrar un nuevo lugar con otros significado, conservando el vínculo y el amor, acompañándonos mutuamente en el proceso, con toda la conciencia posible, con paciencia, con respeto. Sin renunciar a este blog, a mis otros y nuevos proyectos, sin renunciar a mi maternidad y a mi hija. Haciendo ajustes, transnochando, corriendo, con días de no dar más, pero también segura, convencida y, al final de cuentas, feliz. 

Hoy somos otras, o mejor, somos las mismas pero distintas. Con otras preocupaciones y ansiedades. Con una comunicación diferente, comenzando a vivir nuevas y emocionantes etapas. Vinculadas, conectadas aún, pero cada día menos fusionadas. Con ritmos distintos, rutinas nuevas, sin muchas certezas, o más bien con la certeza de que no hay certezas. Y de que ha valido la pena. Con lo bueno, lo malo, lo bonito y lo feo. Ha valido la pena. Y aquí estamos en el camino, satisfechas y con ganas de seguir enfrentando todos los cambios que nos esperan. 


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11 junio 2012

Haciendo malabares

Estos días se me han ido como agua entre las manos. De hecho, desde que trabajo siento, más que nunca, que los días transcurren a una velocidad increíble. De lunes a viernes no me alcanza más que para lo estrictamente necesario: levantarme a las 6, arruncharme un rato con Sara, desayunar, bañarnos y salir corriendo para el trabajo; volver al medio día, almorzar y regresar a la oficina; estar en casa a las 7:00 p.m., comer algo, jugar un poco con la pequeña y ya está, se acabo el día y no logre hacer nada más. 

Los fines de semana, aunque no trabajo (o precisamente por que trabajo el resto de la semana) transcurren a un ritmo muy parecido: clases de natación, almuerzos, cumpleaños, invitaciones, vueltas varias, citas médicas, mercado... llega la noche del domingo y no se a que hora se acabó el fin de semana, por que el trajín fue tal, que estoy igual de cansada. Tal vez por eso me descubro, más a menudo de lo que quisiera, soñando despierta, en medio del trancón o de una reunión aburrida, pensando todo lo que podría hacer si los días tuvieran 36 horas o, mejor, si las semanas tuvieran diez días. Podría volver al gimnasio, escribiría todo lo que quiero en este blog, terminaría mi libro, pasaría más tiempo con Sara, la llevaría al parque y a sus clases, podría cocinar más, leer más, vivir más en lugar de soñar de más.  

Y si, estoy soñando de más, soñando con fuerza y sin intensiones de rendirme. Con unas ganas locas de unos minutos adicionales cada día que me sirvan para digerir la vida, para dejar de correr como loca de un lado para otro, para sentarme a degustar con calma un té, para ver crecer a Sara y enterarme directamente que ya sabe contar hasta 10, para poder disfrutar de un masaje sin mirar el reloj cada minuto, para caminar con pausa.

Pero como diría un amigo, "esto es lo que hay", y por ahora no me queda más que ingeniármelas haciendo malabares, estirando segundos, tratando de sacar tiempo de donde no existe para Sara y para mi, en medio de los días y las semanas que se van volando, con la certeza de que el tiempo, en que pueda comprar tiempo, llegará, porque sé, por experiencia, que los sueños, tarde o temprano se pueden volver realidad.


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04 junio 2012

La teoría de los 3 meses



Mi jefe tiene una teoría. Él dice que los 3 primeros meses de todo, de cualquier cosa nueva que hagamos en la vida, son tremendamente difíciles. Sin importar si estamos hablando de cambiarnos de casa o de país, o si el asunto tiene que ver con modificar nuestros hábitos alimenticios o con comenzar a ir al gimnasio, o si más bien son cosas del corazón y terminamos una relación, todos los cambios importantes, sin excepción, nos confrontan, nos desestabilizan, nos retan y nos cuestan mucho, muchísimo, al principio.

Sin embargo, de acuerdo con su teoría, una vez pasados estos difíciles 90 días, de repente, todo comienza a tomar su curso. Las piezas comienzan a encajar. Comenzamos a dominar la situación, a sentirnos cómodos y a gusto otra vez. Después de este periodo de tiempo, el mundo, nuestro universo, entra nuevamente, así no más, en el sendero de la normalidad. 

La verdad nunca lo había visto así. Pero desde el momento en que mi jefe me comentó su teoría, no he podido dejar de pensar que es cierta y que tiene toda la razón. De hecho, mientras conversábamos al respecto la semana pasada, no pude evitar recordar que cuando nació Sara, para mi, todo comenzó a tener sentido y lógica, solo 3 meses después

Y hoy, terminando mis 3 primeros meses con este nuevo trabajo, con este nuevo comienzo, con una nueva rutina, con un nuevo sentido de todo, de mi vida como mamá o, mejor, como mamá que trabaja, puedo decir que tenemos entre manos un buen balance. Como dice la teoría y se hace realidad en la práctica, nos costó. Separarnos fue realmente difícil. Pasar de estar siempre juntas, a vernos solo 4 o 5 horas en el día, fue un cambio brusco para ambas. Un cambio enorme que cada una manifestó, sufrió y superó a su manera. 

Además, el vértigo y la velocidad del trabajo me tomo por sorpresa. Después de estar casi dos años a mi propio ritmo, me sentí atropellada por una locomotora de responsabilidades, obligaciones y cosas por resolver. Enfrentarme de nuevo al estrés de la agencia, a su velocidad y tiempos de respuesta fue realmente abrumador. Fueron días y noches complejas, con la sensibilidad y los recuerdos a flor de piel, pensando demasiado, queriendo dejar de sentir y de pensar.

Pero hoy, ya han pasado 3 meses y las cosas son diferentes. Al parecer estamos del otro lado. No quiere decir que lo tenemos completamente superado, no. Aún se me arruga el corazón cuando la dejo en la mañana o cuando tiene mamitis aguda y quiere recordar nuestros tiempos de tardes enteras arrunchadas. Pero las cosas son diferentes. Los matices han cambiado. La fortaleza ha regresado ocupando el espacio de la culpa y de la tristeza inicial. Todo está de nuevo en su sitio, en el lugar correcto. Comienzo a encajar en la oficina. Sara se ve feliz y a gusto con la nueva rutina, con nuestros nuevos espacios y momentos. Se hace mayor y parece adaptarse mejor que yo a cualquier cambio. 

Por fortuna, hoy puedo decir otra vez, que todo tiene sentido 3 meses después. 

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21 mayo 2012

Mi propia conciliación #Equilibrando

Conciliar no es una tarea fácil. En mi opinión, tratar de mantener un equilibrio saludable entre el trabajo, la vida y la familia, es una especie de maratón que nunca termina. Desde que empecé a trabajar, hace ya casi 3 meses, hemos comenzado a conjugar este verbo en todos los tiempos posibles. 

En nuestro caso, por fortuna, las cosas han funcionado bastante bien gracias a los horarios de nuestros trabajos y a nuestra niñera. Si bien mi esposo sale temprano casi todos los días y yo entro más tarde que en cualquier otro trabajo promedio, sino fuera por mi súper empleada y niñera, sería imposible tal conciliación.  

Ella llega tipo 8 a.m. a la casa para hacer los quehaceres y quedarse con la pequeña. La mayoría de las veces la encuentra bañada y cambiada, sino, ella la ducha y la viste. La mañana se les pasa entre los las tareas de la casa y los juegos que juntas se inventan. Nelsy distrae a Sara, le da la comida, le cambia el pañal, la acompaña a hacer la siesta. 

Cuando llego al medio día, la pequeña ya ha almorzado y está con mi esposo esperándome, con los ojos medio empijamados, con ganas de su teta para caer rendida en una larga siesta. Cuando se levanta, ya no estamos. Entonces Nelsy la consuela, si se despierta llorando, le da la merienda y pasan la tarde escuchando música, o de paseo en el parque. Si el clima no lo permite se quedan en casa y bailan, pintan o juegan a las muñecas. 

También la lleva a sus clases de estimulación y allá, brincan, cantan y aprenden juntas, todo el tiempo. Mi esposo llega entre 5:30 p.m. y 6:30 p.m. y Nelsy se va. Yo llego a las 7:00 p.m., y mientras aparezco, ellos dos tienen su tiempo de padre e hija. Los encuentro tirados en el piso, armando rompecabezas o viendo Dora o haciendo recocha. 

Así se pasan los días, de lunes a viernes. Los fines de semana la historia es otra. Los weekend son nuestros. Solo estamos los 3 para los 3. Este es nuestro tiempo exclusivo, es nuestro momento para vivir cada segundo del día juntitos, sin prisas ni horarios, para dormir todo lo que queramos, para duchas largas, para juegos ilimitados, sin perdernos ni un segundo, disfrutándonos mutuamente, como la familia que somos.  

Esta es nuestra conciliación. Y aunque aún siento que el tiempo que paso con Sara es muy poco para mi gusto, no me puedo quejar. Las cosas están funcionando mejor de lo que yo pensaba. Sé que la falta que me hace Sara y la falta que yo le hago a ella, nunca se va a disipar completamente, sin embargo, reconozco que tenemos la fortuna de contar con Nelsy, con su amor a Sara y su excelente disposición, lo que nos a permitido organizar la vida para que mi regreso al trabajo esté siendo cero traumático y bastante llevadero. 

Eso si, aunque las cosas caminan bien, la conciliación sigue siendo una maratón: me levanto a las 6 de la mañana para organizarla y organizarme, voy y vengo en un taxi 4 veces al día, almuerzo siempre con ella pegada a la teta en mi regazo, la duermo a las 8:30 de la noche, pero mi "día" sigue hasta la media noche. La verdad es que no puedo darme el lujo de perder un segundo y, aunque ya me estoy acostumbrando, es bastante agotador y satisfactorio a la vez (irónico, no?).

Esta es nuestra conciliación, única y particular como todas. Hecha y diseñada a nuestra medida. Lo mejor que podemos hacer. Lo que nos funciona a nosotros la mayoría del tiempo, así a veces queramos que sea de otra manera. Por que en medio de todo seguimos soñando con imposibles: un trabajo medio tiempo con el mismo sueldo de tiempo completo, un trabajo desde casa bien remunerado, un trabajo igual de satisfactorio y seguro que no nos estrese tanto, que no nos absorba montones. 

Sin embargo y a pesar de nuestros deseos e inconformidades, sé que somos privilegiados. La situación de la mayoría de las familias en mi país son muchísimo menos favorables que la nuestra. Veo historias de mamás que ven a sus bebés una hora al día, a veces, una hora a la semana. Madres y padres sin apoyo de nadie, que hacen malabares para poder trabajar y tener una familia. Por eso, cada día se hace más palpable para mi la importancia de una verdadera conciliación, de horarios y jornadas especiales, de trabajos a distancia, de la reglamentación del teletrabajo, de jardines in house en las empresas. Ahora más que nunca es necesario que tanto trabajadores como empresarios, seamos conscientes de que conciliar trabajo y familia es una necesidad urgente para todos.

Este post hace parte del Carnaval de Blogs convocado por Conciliación Real Ya, con motivo del Día Internacional de la Familia (que fue el 15 de mayo), para que compartamos nuestras historias de conciliación  llenas de  esfuerzos por encontrar el equilibrio entre la familia y el trabajo.



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02 abril 2012

Parar de pensar

Hoy me levante preocupada. Y más o menos a media tarde, caí en cuenta que me dolía un poco la cabeza, que no tenía mucha hambre y que no había dormido bien. No sé en que momento del día de ayer comencé a pensar y a pensar y no pude parar. De pronto, me descubrí haciendo elucubraciones, armando planes, persiguiendo fantasmas, exorcizando miedos. Meditando en posibilidades imposibles, o tal vez, bastante probables. Imaginándome días que no han llegado, y que en el fondo se que llegaran. Viendo, sin ver, como la lluvia cae sobre el asfalto mojando todo, mientras mi cabeza esta recordando, solo recordando.

Y me descubro impaciente, irritable, con una desazón que no entiendo, añorando una lista interminable de cosas, con miedo a perderme, a desperdiciar la felicidad que me rodea pero que, por alguna extraña razón, no alcanzo a sentir. Es raro, muy raro.. tal vez es el síndrome de domingo por la tarde, cuando después de un par de días de estar a tus anchas no quieres volver a la realidad... si la realidad. Y entonces recuerdo que se supone que todo esto tiene que ser divertido, que este paquete que se llama vida, que ser mamá, esposa, mujer, profesional, que ser yo, sencillamente, debería ser fácil y divertido. Y sin razón aparente me rió, por que "se dice de mí" que puedo manejar los cambios, que las transiciones me son naturales (según mi curriculum vitae), que pasar de una situación X a una Y es pan comido...y me río otra vez, por que la tinta y el papel aguantan todo, pero la realidad es otra.

Y regresan las preguntas y todo da vueltas en mi cabeza. Siento dentro un martillo hidráulico que lo destruye todo: ¿qué fue lo que hice?, ¿cómo fue que corrí hacia la salida cuando lo único que deseaba era estar adentro?, ¿por qué volví a vender mi tiempo, mis horas, mi tranquilidad, mi estómago al mejor postor? ¿por qué se supone que mi vida tiene que ser como la del resto, cuando yo ya descubrí que lo que me hace feliz va en el sentido opuesto?, ¿por qué no soy capaz?, ¿por qué me falta valor para hacer de mis días los días que deseo?, ¿o será más bien que le huyo a la responsabilidad?, ¿será que tengo que aprender a aceptar que la realidad es la realidad y no hay nada más?

Dicen que para convertir en hábito una acción, solo tienes que repetirlo decididamente durante 21 días, y listo. Sin embargo, creo que, poco o nada, aplica esta regla para mi nueva rutina. Ya han pasado 30 días y aún no hay hábito, ni deseo, ni disfrute completo. Es cierto que la angustia del principio se ha disipado dándole pasó a una tranquilidad que alcanzo a saborear, sin embargo, no puedo dejar de pensar, y sigo pensando que si ya conocí mi manera de sentirme plena y feliz, ¿por qué desperdiciarlo?, ¿qué más busco?, ¿por qué no me dedico a ello, lo disfruto y lo saco adelante, en lugar de perder el tiempo en lo que por experiencia conozco y no me ha llenado nunca realmente?, ¿qué pasa conmigo?, ¿habré pescado algún virus mental o simplemente habré enloquecido? El hecho es que pienso y pienso, sobre esto y aquello y no puedo parar de pensar.

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19 marzo 2012

Mi carta

Querida hija mía,
te escribo por que desde que no estamos todo el día juntas, tengo mil cosas atoradas que no he podido decirte. Los días transcurren y, ahora nuestro tiempo es corto, y yo no te he dicho todo lo que estoy sintiendo. No lo he hecho porque no haya querido, sino por que llego cansada, y la memoria se aprovecha de mi y me juega una mala jugada, o por que no me salen las palabras, solo las lágrimas, o porque no quiero pensar en ello, o por cualquier otra excusa que ahora no recuerdo. En estos momentos, trato de vivir un día a la vez, sin pensar mucho en el mañana. Y así han transcurrido estos primeros 15 días, con momentos ideales y momentos fatales, con vacíos permanentes en el estómago y con sobresaltos de felicidad en el corazón. Para mi, todo ha sido como ir en una montaña rusa: un sube y baja de emociones e incertidumbres, que me toman por sorpresa y que apenas estoy descubriendo y aprendiendo a controlar. 

Quiero que sepas que te quiero. O mejor dicho, que te sigo queriendo más que siempre. Que ahora que comencé a trabajar, me he dado cuenta de la dimensión de nuestro vínculo y de lo poderoso de nuestro amor. Imagino, que tu sentirás que las cosas han cambiado mucho. Tal vez, pensarás, que tu mamá ha cambiado demasiado. Y, aunque la realidad es que ya no estamos pegaditas todo el día, la verdad es, mi pequeña, que sigo siendo la misma que conoces de toda la vida. La misma que piensa en ti todo el día. La misma que te ama sin dimensión y con locura. Y así no esté físicamente 24 horas al día, no te he olvidado, ni mucho menos abandonado. Necesito que sepas que mi corazón y mi bendición te acompaña permanentemente. No pienses que no me acuerdo de ti. Lo hago cada segundo, desde que salgo de casa hasta que regreso. No pienses que tu madre te ha relegado. Sigues siendo y siempre serás, la prioridad en mi vida. No creas que he cambiado. Lo que pasa es que nuestra vida ahora es distinta. Esta es tan solo una de las muchas etapas que nos tocará vivir como madre e hija, y mientras nos acoplamos al cambio, las dos, tu y yo, vamos a pasar por una periodo extraño, agridulce, lleno de sentimientos nuevos, de tristes despedidas y emocionantes encuentros.

Por fortuna el tiempo pasa y las cosas se decantan. Solo quiero que mientras eso sucede estés tranquila y segura de que tu mamá no ha dejado de amarte. Que sepas, que pase lo que pase, algo como eso nunca ocurrirá. Todo los cambios parecen terribles al principio, pero luego entendemos el verdadero sentido que tiene lo que nos está sucediendo. Espero que eso pase pronto. Pero por ahora, en el entretiempo, solo quiero recordarte con esta carta, con cada abrazo y con cada beso, que te quiero y te necesito, ahora más que nunca.

Tu mamá que ta ama profundamente.

PD: gracias a Chris Guillebeau por si post There´s a letter you need to write . Ésta es la carta que necesitaba escribir hace días. No solo para sacar lo que llevo dentro sino también para que Sara, en un futuro, cuando la lea, entienda mejor a su mamá y tenga una prueba más del amor que siento por ella.  Como dice Chris "Si amas a alguien, debes decírselo. No esperes. Elije siempre el amor y trata de vivir una vida sin remordimientos". 


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12 marzo 2012

Nuestro cuento


Sara es un pequeña niña de ojos gigantes y pelo liso y dorado. Ella adora bailar, jugar y cantar. Pero lo que más ama, es besar y abrazar a su mamá. Sara y su mamá son muy felices y muy, pero muy unidas. La mamá de Sara la quiere más que a nada en el mundo y desde que ella nació, pasan mucho tiempo juntas. Disfrutan de los días corriendo en el parque, escuchando canciones infantiles en la sala, jugando con todo el combo de muñecas (Sofi, Cami, Paty, Mona y Rosita) o gritando “zorro no te lo lleves” mientras ven Dora la Exploradora. Algunas tardes, van a nadar en una piscina de agua tibiesita y, otras, a jugar con algunos niños mientras aprenden como se sienten las cosas asperas y las suaves, cuales son las vocales, y como, con un balancín, puede subir y bajar. Sara también quiere mucho a su papá y disfruta ayudándolo a hacer ejercicio todas las noches antes de acostarse a dormir. Él la divierte mucho cantándole cosas linda pero extrañas como “me gusta mi gusarapito bello, me gusta mi gusarapito hermoso, me gusta mi gusarapito bello, mi cabecita de corozo”. Sara también pasa gran parte del día con Nelsy, su nana, que la consiente y cuida cuando mamá y papá no están en casa.

Un día, en la mañana, la mamá de Sara recibió una llamada de Willy de parte del Sr. Leo, para invitarla a trabajar con ellos. La mamá de Sara se emocionó mucho. Trabajar con Willy para el señor Leo, era un sueño hecho realidad. Era la oportunidad de volver a hacer una de las cosas que más disfruta: aprender y jugar con datos, para poder desarrollar ideas innovadoras y creativas. Por eso, después de pensarlo durante varios días y hablarlo con le papá de Sara, la mamá de Sara decidió aceptar la invitación de Willy y del Sr. Leo. 

Entonces, algunas cosas de los días de Sara y de su mamá cambiaron. Ahora, de lunes a viernes, Sara y su mamá se levantan como de costumbre y desayunan, una al lado de la otra, como siempre. Luego disfrutan juntas de la ducha, jugando con los patitos y los tambores. Después se visten. Sara se peina y se perfuma, mientras la mamá de Sara se emperifolla y se pone zapatos de tacón alto. Al rato, llega Nelsy, la nana de Sara, y la saluda diciendo “¿dónde está mi princesa?”. Cuando son las 8:00 a.m. en punto, la mamá de Sara se despide de ella. La besa y la abraza y se va a trabajar con Willy a donde el Sr. Leo.

Mientras, Sara se queda en casa con Nelsy. Juntas, hacen cosas de la casa como limpiar y aspirar, pero también juegan, escuchan música y miran los perros y bebes que pasan por la calle, a través de la ventana. Ahora que la mamá de Sara sale todos los días a trabajar donde el Sr. Leo, Sara va con Nelsy a sus clases de estimulación. Juntas la pasan muy, pero muy bien. Sara aprende los colores y las formas. Canta y baila mucho, principalmente, la canción de los conejos y la del cucarrón marrón. También disfruta mucho sumergiéndose en la piscina llena de pelotas de colores.Al medio día, la mamá de Sara vuelve a casa y la besa y la arruncha mucho. Almuerzan juntas, sentadas una al lado de la otra, en el comedor principal. Luego se lavan los dientes y hacen una pequeña, pero deliciosa siestecita.Todas las tardes, la mamá de Sara vuelve a trabajar, mientras Sara y Nelsy juegan en casa, unas veces con el rompecabezas, otras, con las muñecas.También dibujan con las crayolas, bailan y, si hace sol, salen a disfrutar del parque, recogiendo flores y jugando con otros niños.


Al final de la tarde la mamá y el papá de Sara vuelven del trabajo, y Sara los recibe con muchos besos y abrazos. Nelsy, quien cuida muy bien de Sara, se despide con un abrazo de la princesa y se va para su casa. Al rato, Sara y sus papás comen algo. A veces pan con queso y leche. Otras veces arepitas caseras con aceite de oliva. Luego, hablan los 3 un rato. 1ero, Sara cuenta que hizo en el día, y lo feliz y contenta que la paso con Nelsy. Después, papá habla sobre sus pacientes y le da a Sara muchos besos y saludos que ellos le mandan. Por último, mamá habla de lo contenta que está trabajando con Willy para el señor Leo. Cuenta de sus proyectos y le entrega a Sara una delicia en forma de ponquecito que le manda la tía Viviana. Cuando ya es tarde, todos se cepillan los dientes y se meten en la cama. Juntos se acurrucan y se abrazan. Sara toma leche calientica de la teta de mamá y cierra sus hermosos ojos para comenzar a soñar.

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08 marzo 2012

Me está costando

Estos días han sido una montaña rusa de emociones. Momentos de estrés, de felicidad, de emoción, de ansiedad, en fin... mil sentimientos se me revuelven entre pecho y espalda, me invaden y, la mayoría de las veces, no sé que hacer con ellos. Nunca me imagine que dejar a Sara tanto tiempo sería tan duro. O más bien, si lo imagine pero mi imaginación se quedó corta en todas las dimensiones. 

Los 1eros 2 días fueron sencillos. Pero a medida a que pasa el tiempo, todo se vuelve mucho más complejo emocionalmente. Ayer fue un día terrible. Simplemente no quería despegarme de ella. Y lloré en la mañana, cuando ella se quedó llorando. Y al medio día, cuando fui a almorzar. Y en la noche cuando llegué, también lloré mientras ella me abrazaba de emoción. Y más tarde, continuaba llorando mientras ella, cansada y soñolienta, también lloraba. Hoy las cosas han sido más tranquilas. No siento la angustia de ayer, pero simplemente estoy llena de una tristeza extraña, parca, difícil de asimilar. 

Tengo que reconocer que por mi mente se han cruzado los miedos y las dudas más absurdas: ¿se olvidará de mí?, ¿pensará que la abandoné?, ¿estará feliz?, ¿que consecuencias traerá para nuestra relación a largo plazo esta separación?, ¿qué pasará por su cabecita cada vez que me voy?, ¿que siente cada vez que regreso? Al parecer, Sara está manejando las cosas bastante mejor que yo...y digo, al parecer, por que eso realmente no lo sé. Esta comiendo bien y durmiendo bien. Pero yo la noto más enérgica, más inquieta, más empeñada en hacer mil cosas, en hablar mucho, en no dormirse para seguir jugando y compartiendo el poco tiempo que ahora tenemos juntas. Es evidente que las cosas cambiaron y, con ellas, estamos cambiando nosotras, esta cambiando nuestra relación, esta cambiando nuestra familia.

A veces tengo momentos en que me parece que todo este proceso que estamos viviendo es como una película en donde yo soy, únicamente, una espectadora. Pero, al momento siguiente, despierto y me convenzo de que ésta es nuestra nueva realidad. Tengo que reconocer que me creía más fuerte. Pero la verdad es que me está costando un poco más de lo previsto adaptarme a este nuevo ritmo de vida sin mi pequeña. Si, esa es la verdad.... me está costando separarme, dejarla, no estar ahí todo el día, viéndola, tocándola, besándola, jugándole, cantándole....y al final, la razón por la que me cuesta mucho más, es porque no quiero acostumbrarme a no estar. No quiero que sea lo normal, no quiero que llegue el día en que para mí sea suficiente con verla 3 o 4  horas al día. Sería más fácil abandonarme a la realidad y acostumbrarme. Pero así sea más complicado, yo quiero seguir extrañándola, deseando estar pegadita a ella las 24 horas del día. Quiero conservar en mi corazón esa necesidad de fusión y de contacto permanente. Acostumbrarme sería para mí como renunciar a ella, como dejar de quererla como la quiero. Acostumbrarme sería inmensamente más doloroso.

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01 marzo 2012

Un nuevo comienzo

Después de año y medio dedicada únicamente a ser mamá, hoy vuelvo trabajar, 8 horas al día, fuera de casa, en una oficina. Literalmente, de un día para otro, Sara y yo pasamos de compartir todo el tiempo juntas, a vernos entre 4 y 6 horas al día. Lo cierto es que yo no pensaba enfrentarme a esta situación tan pronto. No estaba buscando trabajo. Pero así es la vida. Las oportunidades simplemente llegan cuando uno menos las espera. Y después de hacer un balance de muchas cosas, decidimos que era una excelente oportunidad para mí y que valía la pena intentar ser una mamá que trabaja fuera de casa.

Tengo que decir que todo el tema me tomo por sorpresa y, realmente, fue una decisión más difícil de tomar de lo que me imagine. De hecho, dejar de trabajar, fue mucho más fácil de decidir para mi. Pero me emociona mucho mi nuevo trabajo. Me llena de ilusión todo lo que voy a poder hacer, la gente que voy a conocer, los proyectos en los que voy a participar. Sé que voy a trabajar en lo que me gusta, y en las mejores condiciones posibles. Sé, también, que voy a aprender, a enseñar y a crecer. Y por eso, cuando lo pienso, me brilla la mirada y se dibuja en mi rostro una sonrisa. Pero también tengo que reconocer lo que es evidente: dejar a Sara tanto tiempo va a ser muy duro para mí, y estoy segura, que para ella también. Sin embargo, aunque la ansiedad y un torbellino de sentimientos encontrados me invaden, de alguna forma la satisfacción de todo este tiempo vivido, completa y plenamente, me da mucha tranquilidad.

Soy consciente que nos espera una etapa de adaptación a esta nueva rutina. Una etapa que promete ser emocionalmente compleja y físicamente retadora. Pero estoy segura que pronto vamos a construir juntas nuevos espacios para seguir disfrutándonos sin medida, como siempre. Nuestra lactancia ahora es, sin duda, mi mejor aliada. Agradezco muchísimo no haber desfallecido en los momentos difíciles y continuar aún con este ritual que nos conecta física e íntimamente, de una manera perfecta. Tengo clarísimo que gracias a ella y al colecho, este periodo será más fácil y llevadero para ambas. Pero también sé que será desafiante, pero que pasará, y en un tiempo nos encontraremos otra vez cómodos con nuestras nuevas rutinas y tiempos, y listos para un nuevo comienzo.

PD: Por si las dudas, sigo con todo, con el blog (imposible mi vida sin él) y con mis proyectos, que no se detienen pero que, evidentemente, andarán a un paso más lento. Este también es otro reto para mí, enfrentarme a un trabajo fuera de casa y a la maternidad, sin descuidar este espacio ni mis otros proyectos. Por fortuna en mi tribu tengo excelentes ejemplo de mamás como Bren, Silvia y Miriam, que pueden con todo esto y con mucho más.  Todas ustedes son mi inspiración para continuar.

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