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27 noviembre 2015

Todo llega


Vivimos en un mundo cortoplacista donde las cosas tienen que ser ya y ahora. Y, gracias a esa cultura de la inmediatez, muchas veces pensamos que todo vale con tal de conseguir nuestros objetivos. No queremos pagar el precio, no queremos ninguna espera. Se nos olvida que si trabajamos con amor y disciplina en lo que queremos, tarde o temprano, todo llega.


Yo lo he vivido en muchos sentidos. Soy impaciente por naturaleza y hace unos años, recién parida, me montaba en la báscula, veía mis 16 kilos de más y pensaba: “voy a hacer la dieta más estricta del mundo porque en 3 meses tengo que entrar en mis jeans talla 8 otra vez”. Estaba obsesionada con adelgazar. Pensaba que si comía 1.000 calorías y hacia 2 horas de ejercicio al día, todos los días, sería, en uno o dos meses, una esbelta mamá de revista.


Me da risa ahora, pero en ese momento estaba convencida. Tanto lo estaba que intente todas esas fórmulas extremas, sin ningún éxito, por supuesto. Se me olvidaba que esos 16 kilos los acumule durante 12 meses, que engordar es más fácil que adelgazar, que ya no tengo 15, que estaba amamantando, que las dietas exageradas no son lo más recomendable. En fin, el tema era mucho más complejo y con montones de variables.  Por fortuna, al poco tiempo recapacité y me relajé.


Entonces decidí comenzar a vivir para mi maternidad con mi nueva figura, y no para ser flaca otra vez. Me enfoque en lo que me hacía feliz, en mi hija, en mi familia, en mi blog, en mi nueva vida. Claro, sin dejar de trabajar en mi objetivo pero sin desesperarme, comiendo mejor, yendo al gimnasio una hora larga, cada vez que podía. Y solo cuando me tranquilice y me enfoque en lo realmente importante, poco a poco los kilos de más comenzaron a desaparecer.


Esta mañana mientras me vestía y pensaba: “¿en qué momento adelgace?”, entendí que si hacemos las cosas como corresponde, todo llega: la talla de tu pantalón, el hombre que esperas, el hijo que deseas, el trabajo que añoras, el tiempo que anhelas, la vida que sueñas. Todo llega si nos enfocamos, sin ansiedad, y trabajamos un poco todo los días por ello.


Hoy, me acuerdo de esos primeros meses, llena de frustración porque no bajaba ni una libra, desesperada porque nada me quedaba y veo, claramente, lo equivocada que estaba pensando que, en ese momento de mi vida, iba a encontrar la felicidad en la talla de mi pantalón y no en el tamaño de mi corazón, en todo lo que mi mente y mi alma necesitaban recibir y entregar.


Me miro a mi misma, y a pesar de esta pequeña victoria siento que tengo mucho aún que trabajar al respecto. Miro a mi alrededor y veo un montón de mujeres igual que yo, dejando de vivir su vida por cuestiones similares, porque quieren resultados ya y ahora sin pagar el precio, sin hacer el trabajo, sin en enfocarse en lo importante, pensando que parte de la felicidad está en llenar las expectativas físicas e intelectuales que los demás tienen de nosotras.

Por eso necesito recordar, permanentemente, que el control de mi vida lo tengo yo y que la solución de aquello que no me gusta (mi peso, mi casa, mi trabajo, mi vida) está en mis manos, y que si le dedico el tiempo, la constancia y el esfuerzo requerido, las cosas cambian y todo, absolutamente todo lo que queremos, llega.


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10 marzo 2015

Todavía me pasa


Te extraño.
Me pasa que todavía te extraño mucho.
No es más que un lunes cualquiera, pero aún no me acostumbro
y te extraño hija mía.

El tiempo que estamos juntas parece que no nos basta.
Los fines de semana son un bálsamo, pero llega la semana y nos pesa tanto tiempo la una sin la otra.
No nos conformamos.
¿Cómo conformarnos?

A diario me sorprendo pensándote.
Haciéndome preguntas que no debería hacerme.
Queriendo saber si tu también me estás pensando.
Si en el mismo instante en el que en medio de una reunión me pierdo en tus recuerdos, tu también estás queriendo abrazarme.

Todavía me pasa que me duele separarme de ti.
Todavía nos pasa que la separación es un momento terrible.
El tiempo no mata ni atenúa el vacío que siento cuando estamos lejos.
Intuyo que tu también sientes lo mismo.
Lo intuyo y lo confirmo en tu mirada, en tus abrazos,
en tu: "mamá, pero es que yo quiero estar contigo".

Todavía me pasa que extraño tu olor en el transcurso del día.
Y me pregunto que estarás comiendo y cuántos amigos estarás haciendo.
Y muero por recogerte del colegio cada día,
y que camino a casa me hables en italiano y me cuentes todo lo que has aprendido.

Todavía me pasa que siento miedo.
Que te extraño mucho y que temo que se abra una brecha.
Que de pronto, en un momento que no pueda identificar,
tanto tiempo separadas nos gane la partida.
Y todo entre nosotras cambie para siempre.

Todavía me pasa que siento un inmenso vacío cuando tengo que dejarte.
Y el vacío dura todo el día.
Y a veces no pasa, incluso cuando te vuelvo a ver.
Porque todavía siento que es nuestro momento.
No quiero que deje de ser nuestro momento.
No quiero que este vínculo único que nos une se diluya con el tiempo.

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01 abril 2013

Felicidad


La brisa sopla, recia, fuerte, y nos acaricia envolviéndonos;
 nos abraza, nos da la bienvenida. 
Reímos y caminamos de la mano. 
Nos creemos gaviotas retando al viento. 
Corremos. 
Saltamos. 
Nos miramos. 
Nos sentamos en la orilla en silencio.  
La espuma nos moja y nuestra piel se dora. 
Escarbamos. 
Enterramos las manos y descubrimos la vida, la textura de la vida, los matices de estas diminutas partículas de arena suelta, de piedras preciosas. 
Y nos llenamos de energía mientras un caracol nos saluda y los cangrejos salen nerviosos de su guarida.
Y decidimos averiguar por qué las nubes tienen prisa y no se detienen. 
Y queremos saber la razón de la sombra que nos persigue inquieta e incansable, sin perdernos de vista.  
El sol es nuestro vigía. 
Nos cobija. 
Y el mundo es aquí y ahora. 
No hay mejor momento que ahora. 
Porque, aunque el tiempo pasa, nosotros estamos detenidos en el presente, saboreando cada instante, sin pesar en nada más, sin espacio para nada más. 
Y el cielo cambia. 
La marea viva y sagrada, sube y baja, y nos lleva bailando en su vaivén y nos cura, nos sana el alma. 
Nos bendice y ahora nuestra piel sabe a sal. 
Nos saboreamos integras, no sé por cuanto tiempo,
 y entendemos que a esto sabe nuestra felicidad. 


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12 marzo 2013

Esta semana


Ésta está siendo una semana agotadora. No solo por las mil cosas que tengo que hacer sino más bien porque nuestro descanso esta siendo mínimo: Sara tiene gripa y esos supone pocas, poquísimas horas de sueño. Y yo, la verdad, no se vivir sin, mínimo, 6 horas de sueño profundo. Así que voy como zombie, irritable, cansada. A las 4 de la tarde soy un ente y solo puedo pensar en la cama. Pero llego a casa y quiero hacer lo habitual: jugar con Sara, besarla, dormirla, leer, trabajar en mis temas, chequear las redes...cosas que puedo realizar sin problema cuando no hay trasnocho de por medio...cosas que me roban preciosos minutos para recuperar el sueño atrasado de estos últimos días.

Y esta situación me recuerda un poco los 1eros meses de ser mamá. Esas levantadas tortuosas a las 3 de la mañana, cambiando pañal, dando teta y meciendo a Sara, muchas veces como por inercia. La diferencia de aquella época a hoy era que si no dormía de noche, lo hacía de día, a cualquier hora, en cualquier momento. Por fortuna desarrolle la capacidad de profundizarme en 5 segundos y dormir a penas tenía oportunidad, sin importar el lugar y la hora. Hoy la historia es bastante distinta. Y aun así estoy aquí, con la pequeña pegada a la teta, roncando de la congestión nasal, contándoles de lo cansada que estoy en lugar de irme a dormir. Con una mínima chispa de energía a punto de extingirse, tratando de dar más, por que sí, por que así soy yo.

Entonces confío y espero que la gripa pase, y que con los días, de a poco, el cansancio se vaya. Y esta semana agotadora quede como una nueva anécdota en la memoria, un recuerdo de donde echar mano. Un entrenamiento  más para todas las semanas agotadoras que me hacen falta.


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01 marzo 2013

Ha valido la pena


Hace un año exactamente escribía sobre un nuevo comienzo. Dejaba de ser mamá en exclusiva para comenzar a trabajar fuera de casa, otra vez. Hoy miro atrás y me parece increíble que haya pasado tanto tiempo. Ha sido un suspiro. Y, la verdad, estoy feliz. Me encantaría volver a estar en casa, no lo niego.  Sara aún me hace falta. Muchas veces al medio día sueño con quedarme con ella la tarde entera en la casa, dormir juntas una larga siesta y sacarla al parque a diario, como en otras épocas. Creo que este sentimiento, siempre va a estar en mí, nunca va desaparecer. 

Sin embargo, este año como mamá que trabaja fuera de casa ha sido inmensamente enriquecedor. Yo le he vuelto a coger el gustico al ambiente laboral. El trabajo ha sido una oportunidad maravillosa para crecer en muchos aspectos, para reconocerme feliz en otros ambientes, productiva, creativa, fuerte. Descubriendo y reafirmando habilidades, aprendiendo de los errores, aceptándome imperfecta, aprendiendo a soltar, a vivir en el aquí y el ahora, a "estar" a confiar. Disfrutando nuevas amistades que me llenan de luz y buenas energías. 

Y cuando miro en retrospectiva, recuerdo los miedos y las dudas que tenía. Lo que nos costo la separación, los días de tristeza infinita, y como poco a poco, la mayoría de esos sentimientos se fueron desvaneciendo. Como recuperé los espacios perdidos, como hemos podido compensar ciertos tiempos. Como todas las fichas se fueron reacomodando para encontrar un nuevo lugar con otros significado, conservando el vínculo y el amor, acompañándonos mutuamente en el proceso, con toda la conciencia posible, con paciencia, con respeto. Sin renunciar a este blog, a mis otros y nuevos proyectos, sin renunciar a mi maternidad y a mi hija. Haciendo ajustes, transnochando, corriendo, con días de no dar más, pero también segura, convencida y, al final de cuentas, feliz. 

Hoy somos otras, o mejor, somos las mismas pero distintas. Con otras preocupaciones y ansiedades. Con una comunicación diferente, comenzando a vivir nuevas y emocionantes etapas. Vinculadas, conectadas aún, pero cada día menos fusionadas. Con ritmos distintos, rutinas nuevas, sin muchas certezas, o más bien con la certeza de que no hay certezas. Y de que ha valido la pena. Con lo bueno, lo malo, lo bonito y lo feo. Ha valido la pena. Y aquí estamos en el camino, satisfechas y con ganas de seguir enfrentando todos los cambios que nos esperan. 


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26 febrero 2013

Camino al jardín

Llevar a mi hija al jardín esta dentro de mis momentos preferidos del día. Algunas veces vamos en carro, y aprovechamos los 5 minutos que demora el trayecto para hablar del sol que hace en la mañana, de que me ama y la amo mucho, de la canción que suena en la radio. A veces, simplemente miramos por la ventana, y nos dedicamos a cantar.

Otros días -como hoy- vamos caminando, y el recorrido de 4 cuadras es una aventura sin límite para ella. Sale a la calle, con su moral a cuestas y los ojos le brillan, le brillan con la expectativa de quien comienza el mejor de los viajes. Y en ese recorrido, Sara camina sola, camina de mi mano, sonríe y se maravilla. Es como si viera algo que nadie más alcanza a percibir o a notar. Su rostro se ilumina, y yo me lleno de su luz, me alimento de su energía.

Camino al jardín nos encontramos en una dinámica de dar y recibir, de dejar ser, de disfrutar y de disfrutarnos. Y mientras, ella despliega su inmensa capacidad de asombro. Me encanta ver como para Sara todo es un nuevo descubrimiento: piedras, pasto, flores, gente, perros, cielo, luz, sombras, lluvia...todo sin excepción la atrae como un imán, no importa si es la 1er vez que lo ve, o si es algo que conoce desde hace muchísimo tiempo. Disfruta cada paso, brinca, corre y grita a todo pulmón: "soy la más veloz". Se siente libre e independiente. Y me dice: "mamá, yo solita", y esa sencilla frase se convierte en la prueba palpable de lo crecida que está, de lo grande que hace cada segundo. Y de repente el momento se torna agridulce, y siento que nuestros días se nos escurren entre las manos. Y trato de desechar ese sentimiento y de vivir este presente, este momento.Y yo, la disfruto y sonrío, con una sonrisa que me recorre el cuerpo y se deposita en mi alma. Y la guío, la observo, la vivo lo más que puedo. Tratando de que la prisa no me distraiga, y que el día que me espera no empiece antes de tiempo. 






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15 febrero 2013

El fin


Creo que estoy llegando al fin de una etapa. De repente he comenzado a sentir ganas de hacer cosas que me gustaban hacer antes de quedar embarazada. No es nada del otro mundo, ni extraño, ni descabellado. Me refiero a cosas sencillas, típicas de una mujer cualquiera. Es como si de la nada algo hubiera cambiado y, sin dejar de ser quien soy ahora, vuelvo a ser un poco la de antes. 

Me miro al espejo y me siento física y emocionalmente diferente a como me sentía hace unos días. Si, ha sido cuestión de días. Sé que el tiempo ha pasado: ya cumplimos 3 años y 3 meses desde que ví las dos rayitas rojas en la prueba de embarazo. Y ahora es evidente que ya no nos necesitamos tanto. O mejor, nos necesitamos mucho pero con un sentimiento de urgencia distinto. O tal vez, sin ese sentimiento de urgencia. 

Es evidente que hemos comenzado a desprendernos un poquito. La fusión emocional que hemos vivido desde hace tanto se está diluyendo de manera natural. Y veo como ella comienza a sentirse como una personita a parte de mi, distinta de mamá, con deseos y pensamientos propios. Y eso ha hecho que tome un poco de distancia, que deje un poco la teta, que comience a dormir algunas noches en su cuarto, que escuche atentamente mis explicaciones y algunas veces asienta y la mayoría no. Que quiera hacerlo todo "ella solita".

Y todo esto se traduce en mí como un acto reflejo. De un momento a otro perdí esas ganas inmensas de estar sumergida en nuestro mundo materno, de vivir enroscada en mí misma, concentrada en mis propios pensamientos y sentimientos. Ahora se me antoja estar más hacia afuera, pasar un rato con las amigas, salir de compras, hablar de otras cosas, tomarme una copa de vino y disfrutar un rato a un restaurante. Muero por ir a cine una y otra vez, y también por salir una noche a bailar hasta que me canse. 

Reconozco que me tomó por sorpresa. Sabía, racionalmente, que en algún momento esta etapa tendría que acabar, el puerperio llegaría algún día a su fin. Sin embargo, hasta hace poco pensaba que aún estaba lejano, convencida de que nos faltaba mucho más. Y resulta que no y está bien. Estamos bien. Tal vez por que, sencillamente ya era el momento y también por que disfrutamos segundo a segundo, de todo este tiempo inmersas la una en la otra. 

Así que ahora estamos aquí, al final de una etapa y ad portas de la siguiente. Felices por lo vivido y emocionadas por lo que estamos por vivir. Esta maravillosa aventura continua. 

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10 febrero 2013

Aprender a confiar

Nos cuesta confiar. Confiar en nosotros mucho, pero más, confiar en nuestros pequeños. No se nos cruza pensar que ellos llegan a este mundo sabios, si sabios y claros, mucho más que nosotros. Y que solos, con mucho amor y poca intervención de nuestra parte, pueden crecer de manera adecuada y saludable. Tenemos tan grabado en la cabeza que no pueden, que no saben cómo y que nos corresponde "educar", que se nos olvida que educar no es llenarlos de nuestras reglas y deseos, sino darles amor sin medida, contención y libertad. Por que educar es también confiar, confiar sinceramente en su conexión y sapiencia natural. 

Pero es difícil...casi imposible porque no nos parece razonable que estos seres tan pequeños tenga la capacidad de avanzar sin que nosotros les digamos cual debe ser el siguiente paso. Somos tan arrogantes y no nos damos cuenta. Nuestro ego nos domina y de paso los aplasta ellos. No confiamos y no los dejamos ser. 

Y lo cierto es que nos cuesta creer que no necesitan que les enseñemos casi nada, mucho menos a dormir, a dejar los pañales o a comer. No entendemos que sea posible que después de dormir tres años en la cama de papá y mamá un día se levanten pidiendo su propio espacio su propio cuarto. No consideramos que ellos puedan, simplemente, manifestar un día que no quieren usar nunca más un pañal, que ya estuvo bueno de la teta, por que para la mayoría de nosotros, ellos no tienen esa capacidad de autoregularse.

Entonces vamos por esta vida de padres en una lucha eterna contra ellos. Comparándolos con tablas que no nos dicen la verdad, llenas de estándares que no pueden a aplicarse a nuestro hijo, que es único e irrepetible. Siguiendo consejos que desconocen su naturaleza. Haciéndonos los sordos y los ciegos a sus señales, a lo que nos dicen con su comportamiento, con sus llantos y sus enfermedades. Mirando para otro lado, aplicando el "deber ser" por que sí, sin la capacidad de dejarlos fluir, y al mismo tiempo, fluir con ellos, aprendiendo con humildad lo que nos vienen a enseñar. Confiando y reconociendo, con el corazón abierto, que ellos son los verdaderos maestros. Entendiendo que necesitamos urgentemente aprender a confiar.

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07 febrero 2013

Mami



Para ti, desde hace unos días, ya no soy "mamá". Ahora soy "mami". Y, de repente, un cambio tan sutil, diminuto, de una sola letra, se ha convertido en todo un acontecimiento para nosotras. Jamás pensé que algo así llegaría a representara tanto para mi, para las dos. Tampoco imaginé que algún día cambiaras porque sí la manera de nombrarme. No hubo señales ni aviso. Simplemente llegó de repente, de sopetón, con una sonrisa inmensa, con un emoción profunda, y fue, para mi, un flechazo directo al corazón.

Y yo morí al instante. Caí rendida ante esta nueva muestra de amor. Y, ahora, me derrito a diario una y mil veces cada vez que repites "mami, mami" para que te ayude, o para contarme de tu día, o para decirme que me amas, no solo con tu voz sino también con la expresión de tu rostro y de tus inmensos ojos cafés.  

Y desde ese día sonrío, sonrío mucho más que antes. Por que esta palabra, aparentemente corriente y simple, me dice tanto de ti, me habla de la niña que eres, de la madre que soy, de la relación que hemos construido juntas. Mi niña bella, me haces feliz, inmensamente feliz, y no puedo estar más que inmensamente agradecida por eso.

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04 febrero 2013

La huella del abandono


Recuerdo que desde pequeña me cuesta mucho, muchísimo, las despedidas. Recuerdo, como si fuera hoy, la angustia que me daba despedirme de mi abuela a los 6 años después de unas largas vacaciones. O el vacío inmenso que sentí cuando mi mamá estuvo trabajando en otra ciudad por casi un mes, a los 10. Y la soledad que viví a los 16 cuando dejé mi casa y me mude a la "gran ciudad". Decir adiós, desde siempre, me ha enfrentado a unos sentimientos que me cuesta digerir y procesar, y de los que, tengo que reconocer, he huido durante casi toda la vida. 

Desde que soy mamá, la cosa no ha cambiado. Más bien diría que va en franco incremento con visos de no encontrar un "pare" en el camino. Al principio, mi niña era una bebé, yo estaba siempre con ella y ella estaba siempre conmigo, así que los sentimiento no tenían fisura alguna por donde aflorar. Luego, con la entrada al trabajo y la llegada del jardín, regresó la inevitable despedida y reviví de sopetón esa angustia que había olvidado. Con los días se fue disipando, diluyendo, dando paso a cierta calma o, quizás mejor, a la costumbre. Pero, la angustia sigue presente, no desaparece del todo realmente. Más bien a comenzado a ser un sentimiento permanente con el que (odio decirlo), me estoy acostumbrando a con-vivir. 

Tal vez por eso, decidí no huirle más y gracias a esa decisión, poco a poco, el panorama parece aclararse. Así que me propuse enfrentar para entender. Quiero entender. Entender qué pasa y por qué me pasa. Entender qué es ese "no se que" que no se va aún, pero que espero me abandone algún día (o más bien, espero permitirme dejarlo ir muy pronto). Quiero entender para tratar de superar.

Y en ese laberinto de preguntas sin lógica ni orden aparente, logre un avance. No se por que no lo había notado antes. O más bien, si lo había hecho, pero lo había "ignorado" deliberadamente, restándole importancia. Y hace unas semanas, cuando Sara volvió al colegio lo entendí. Lo sentí, como lo siento desde que la dejo todas las mañanas en su jardín, pero esta vez no lo deseche, le dedique un rato y lo vi. Pude identificar con claridad que el momento exacto en que la dejo allá, dispara "ese no se que" dentro de mi. Y no se trata de ella, es decir, no es por que ella este mal, por que se quede llorando o algo por el estilo. No, ella se queda feliz siempre, y yo me voy con ese "no se qué" alborotado, siempre. Y me puse a pensar y, de repente, recordé que me pasa lo mismo con ciertas canciones infantiles. Solo escucharlas me genera de inmediato ganas de llorar, de llorar de verdad a moco tendido. Me alborotan también ese "no se que" sin explicación.

Y así comencé a identificar más cosas, situaciones, momentos, disparadores de la angustia, de mi "no se qué". Cosas que remueven algo en mi inconsciente despertando esa sentimiento que no entiendo. Entonces lo que parece obvio es que no se trata de ahora, se trata de mi pasado, de mis recuerdos que no recuerdo porque la memoria no me da. Es un recuerdo de abandono. De abandono puro y simple. Es su huella que tengo muy grabada y marcada, y que aflora acercándome a mi propia niña sola y triste, a través de mi hija. Que debe ser de mi infancia temprana. De esa niña pequeña que lloraba mucho, que no estuvo con su mamá el 1er año, que recibió poca teta, que se vestía y bañaba sola, que extraño a su abuela casi toda su infancia, que conoció el jardín muy pero muy pequeña, y quizá no quería quedarse allí. Eso es lo que yo me imagino, o más bien lo que siento. Ahora falta mucho, mucho más que entender y enfrentar. Pero ya estoy en el camino.  

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21 enero 2013

Regreso al jardín


Esta semana mi hija regresa al jardín y todos en casa tenemos un sentimiento diferente. 

Ella está ansiosa, lo siento. Me lo ha manifestado varias veces, a su manera, algunas veces entre sueños y otras preguntando por sus compañeritos, insistiendo en que si mañana la puedo llevar al "cole-cole", contándole a la abuela que mañana volverá.  

Mi esposo, por su parte, parece aliviado: la pasó muy bien estos días solo con ella, pero necesita urgente volver a su rutina de siempre. 

Yo, tengo un sentimiento extraño. No es que no quiera que vuelva, no me mal entiendan. Me encanta el jardín en el que está y a ella también; y en definitiva, si ella es feliz en el allá, yo también lo soy. De hecho, verla con tantas ganas de volver es una confirmación de que lo disfruta y que ese es un espacio necesario en su rutina. 

Sin embargo, este regreso al colegio, tiene un sabor algo amargo, de perdida, parecido al sin sabor que sentí cuando volví al trabajo. A partir de ahora Sara almorzará en el colegio. Eso implica que se quedará allá desde la mañana hasta las 4 de la tarde; lo que quiere decir que ya no la voy a ver una hora larga, todos los días al medio día. Para algunos parecerá una tontería. Otros, pensaran que estamos muy apegadas, que ella la pasa feliz con sus amigos, que allá tiene con quien jugar, en lugar de pasar la tarde viendo tv en la casa, que así es la rutina de la mayoría de los niños de su edad. Pero para mí, este es un cambio muy grande. Ver a mi pequeña solo un rato en la mañana y en la noche, durante la mayor parte de la semana, se me hace muy poco. No dudo que pasará feliz pero sé también que yo le haré falta, que ella me hará demasiada falta a mí, y que extrañaremos ese espacio, vernos, tocarnos, conversar un poco, arruncharnos un rato, hacer una pequeña siesta juntas. Por eso este 1er regreso al colegio es para mi, bastante agridulce, tal vez porque desde que trabajo 8 horas al día, cada momento con ella tiene un significado muy importante, y este espacio a la mitad del día es nuestra manera de mantenernos conectadas, de sintonizarnos, de recargarnos la una de la otra, para poder sobrevivir al resto del día,  sin un sentimiento de lejanía, de distancia y abandono. 

Ahora, con esta nueva situación siento como algunos de mis antiguos miedos despiertan: miedo a que me necesite y no estar, miedo a que nuestro vínculo se debilite demasiado, miedo a lo que significa esta ausencia para ella, miedo a soltar y a dejar que todo pase. Lo cierto es que me cuesta aceptar que nuestro tiempo juntas sea tan poco, no me resigno a tan poco. Por eso, para mi esta nueva etapa de jardín tiene un inmenso sentimiento de perdida, de cambios, de incertidumbre.

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30 diciembre 2012

La presión

La presión me está enloqueciendo. Por mucho que trato de ignorarla, ella parece ser más fuerte que yo y, sinceramente, ya no la soporto. Me persigue día y noche, sin darme 5 minutos de tregua. Y yo la esquivo sin suerte, tropezándomela de frente, en forma de "y, ¿cuándo la van a educar para que vaya al baño?", "¿y hasta cuándo la teta?", "¿ y, aún duerme con ustedes?", y me cuesta sonreír, ignorar, explicar, justificar lo injustificable, entender. 


Tal vez "entender" es lo que más difícil se me hace. Por que no me cabe en la cabeza este afán que le cae al mundo entero porque los niños crezcan a destiempo, por someterlos a la voluntad egoísta de los adultos, convencidos de que es lo mejor para ellos, sin cuestionarse, sin tratar de empatizar, sin la más mínima gana de dejarlos ser, considerando sus tiempos, dejando que se descubran así mismos, tratando de  meterlos en un molde sin pensar ni sopesar sus verdaderos y validos deseos y necesidades infantiles. Pensando desde la visión de los adultos, con más afán por disciplinar y regañar, que por compartir y dar amor. El amor visto como debilidad. La naturaleza infantil vista como un estorbo.

Y ahí comienza a cabalgar la presión sobre los padres, o por lo menos, sobre mí. La diferencia me pone un punto rojo en la frente cual tiro al blanco y si, como negarlo, me siento atacada, señalada, sin importar si cada comentario, frase, palabra o silencio, tiene otra intención. Y tengo que oír cada cosa, que a veces me provoca coger a mi hija y salir corriendo sin dar la más mínima explicación. La mayoría del tiempo lo manejo o lo evito, pero me incomoda. Y me molesta dejarme incomodar. Me irrita sentirme cuestionada como madre. No hay nada que me afecte más, sin importar lo convencida que estoy de la crianza que intento llevar. 

La situación entera me entristece, por cómo me hace sentir y por los niños en general, la gran mayoría criados sin mirada, sin empatía, sin ser considerados como lo que son, desde lo que realmente necesitan. Y no se me hace extraño que la mayoría siga la corriente, y crié con imposiciones y violencia, que eduque como fue criando, perpetuando los mismos comportamientos, convencidos de estar haciendo lo correcto. Por que cuesta mucho seguir otros caminos, cuestionarse y enfrentar los propios demonios. Cuesta lidiar con la presión, que viene de todas partes, en todo momento y de quién uno menos se imagina. Cuesta.. si que cuesta...pero a pesar de estos sentimiento, sé que vale toda la pena. 

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19 diciembre 2012

Amigas

La carta de Nyla para Sara
Mi hija tiene una amiga por correspondencia. Si, así como lo oyen: Sara, de dos años y medio, y Nyla, de 20 meses, comenzaron una amistad a punta de papel y tinta, una amistad como del siglo pasado, gracias a nosotras sus madres. Calee, una amiga jamaiquina, que conocí hace algunos años, gracias a mis ganas de aprender inglés y a sus ganas de hablar español, tuvo esta idea genial y hermosamente romántica, que yo de inmediato secundé: hacer a nuestras hijas amigas a pesar de la distancia. 

Entonces hace como dos semanas Sara recibió una carta de Nyla en inglés, donde la invitó a conocerla, le contó sobre ella (con foto incluida) y le mandó unos hermosos stickers. Y ahora, Sara y yo escribimos una carta en español como respuesta, agradeciéndoles a Nyla y a Calee por los animalitos brillantes que Sara pegó por toda la casa, contándoles que Sara también ama a "Dora" y que muere por  las aceitunas y el chocolate. 


La carta de Sara para Nyla se va esta semana y mientras, las 4 estamos ilusionadas soñando con las historias que vendrán, felices por esta amistad de 4 mujeres, unas madres y otras hijas, que construimos a 8 manos, en dos idiomas, uniendo nuestros sueños, nuestras vidas, nuestros anhelos y alegrías con palabras y con pegatinas y con colores, como si todas fueramos niñas, seguras de que podemos estar cerca, compartiendo y disfrutando a nuestras hijas, compartiendo nuestra vida y nuestra maternidad, maximizando nuestra amistad, prolongándola a través de nuestras chiquitas.

La carta de Sara para Nyla
Gracias Calee por invitarnos a ser parte de esta maravillosa aventura.

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29 noviembre 2012

Operación fallida (por ahora..)

Hace un par de meses escribí sobre las señales que veía en mi hija y que me hacían pensar que era hora de comenzar con la operación pañal. Pues este post es para contarles que estamos exactamente igual: mismas señales y pocos avances. 

La verdad es que en este tema me siento un poco perdida. Sinceramente no me preocupa ni molesta en lo más mínimo que lleve aún pañal. De hecho yo pensaba esperar hasta los 2 años y medio para abordar el tema. Sin embargo, mi marido insistía que ya era hora de dar este paso y como vi ciertas señales, pensé que estaba en lo correcto.

Creo que nos equivocamos. Llevamos dos meses en el tema y ni pa lante, ni pa trás. Y tengo que reconocer que el 99% de la culpa ha sido nuestra: hemos sido totalmente inconsistentes en el proceso. Un día pañal, el otro no, en la mañana si, en la tarde no, en el jardín si, en la casa no, entre semana si, los fines de semana no. En fin...creo que nadie esta preparado en casa para este tema por ahora. Para Sara no es más que un juego esporádico que disfruta pero que olvida al segundo siguiente. Avisa, pero generalmente cuando ya se ha hecho encima, lo que quiere decir que le molesta, pero no demasiado como para avisar antes. 

Yo quisiera una temporada de vacaciones para poder pasar todo el día con la princesa y dedicarme de lleno al tema, porque sé que es un asunto de tiempo y dedicación y, lamentablemente, trabajando es bastante complicado. Mi niñera y el jardín hacen lo que corresponde, pero no es suficiente. Siento que ella nos necesita más presentes en este proceso y no la hemos podido acompañarla como quisiéramos. 

Así que está decidido: la operación pañal está abortada temporalmente. Llegará el momento en que Sara lo pida más claramente, cuando lo tenga realmente interiorizado, cuando haya crecido un poquito más, cuando nosotros también estemos más claros, con más energías, tiempo y ganas de ponerle empeño. Seguro ese día llegará, por ahora el pañal sigue en la lista del mercado y, la verdad, no nos preocupa demasiado. 

¿Cómo les fue con sus peque en este proceso? o si están como yo en el camino ¿cómo le ha ido?

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01 octubre 2012

Encuentros reveladores

La semana pasada asistí al 2do taller de padres en el jardín de Sara. El asunto a tratar: "Género: un tema de debate". La verdad es que cuando vi la invitación, no le puse mucha atención. Sin embargo me agendé y me alegra mucho haber asistido.

El taller tenía una dinámica sencilla: en grupos de 4 o 5 padres, debíamos dibujar a un hombre y a una mujer, y construir una historia alrededor de ellos. Esta actividad fue suficiente para romper el hielo e integrarnos, y también, para que nuestros estereotipos e imaginarios de lo que "debe ser" un hombre y una mujer, comenzaran a aflorar. 

Entonces aparecieron los prejuicios y los miedos. Los modelos trastocados, la intolerancia, los patrones estereotipados. Las luchas permanentes por tratar de no repetir nuestras propias historias, ni la manera como muchos fuimos criados y encasillados. El feminismo malentendido, el machismo exacerbado. Las confesiones de emociones castradas, bajo patrones equivocados de una masculinidad insensible. Historias increíbles donde el género marca el nivel de respecto con el que somos tratados, las oportunidades que tenemos a la mano, el sueldo que nos ganamos. Montones y montones de preocupaciones teñidas de desigualdad y prevención, que nos ciegan como padres y nos impiden ver que no hay "juegos de niños", ni "cosas de niñas". Una lluvia de confesiones. Una catarsis sincera y colectiva.

Y después de exponernos y escucharnos por un buen rato, llego el momento de la reflexión, la mirada en el espejo, la sorpresa al escucharnos con detenimiento y el deseo inmenso de cambiar las cosas desde nuestras casas, desde la manera como criamos y educamos a nuestros hijos, por que aunque es innegable que hemos avanzado mucho como sociedad en cuanto a la equidad de genero, fue más que evidente que aún nos falta mucho camino por recorrer. Por que aunque al parecer tenemos ideas claras sobre la concepción correcta de hombre y mujer que debería existir en nuestra comunidad, la cultura juega un papel muy fuerte e importante en lo que realmente decimos y hacemos.

Y nos sorprendimos mucho, y me sorprendí, por que prácticamente sin darnos cuenta, repetimos frases, hacemos bromas, reaccionamos de cierta manera ante algunas situaciones, de manera automática y desprevenida, perpetuando lo que decimos no querer perpetuar: superioridad de unos sobre otros, de hombres sobre mujeres, de adultos sobre niños, de fuertes sobre débiles, de ricos sobre pobres y así.  Patriarcado en su máxima expresión.

Bueno y después de semejante baldado de agua fría, allí estábamos un grupo de papás reunidos, sin máscaras, una tribu de carne y hueso, hablando de un tema importante, sin miedo a ser juzgados y con ganas de hacer las cosas de otra manera, felices por el espacio y por el encuentro, seguros de estar en el camino indicado, buscando la forma de hacer lo correcto.


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24 septiembre 2012

Gracias por estar aquí


Sara, gracias por tu risa
Por tus juegos y por tus caricias
Por tus palabras y tu abracadabra
Y por hacer mi vida feliz.

Muchas gracias por estar aquí
Por verte en la mañana sonreír
Gracias por tus manos, por tus pies
Por enseñarme a ser niño otra vez.

Sara, gracias por tu ojos
Por tus besos y por tus antojos
Por tus sentimientos y descubrimientos
Y por hacer mi vida feliz.

Muchas gracias por estar aquí
Por verte en la mañana sonreír
Gracias por tus manos, por tus pies
Por enseñarme a ser niño otra vez.

Sara gracias por tu vida
Por llenar la casa de alegría
Por tu imaginación y tu corazón
Y por hacer mi vida feliz.

Muchas gracias por estar aquí
Por verte en la mañana sonreír
Gracias por tus manos, por tus pies
Por enseñarme a ser niño otra vez.



Gracias a La Totuga por este regalo tan hermoso que endulzó nuestra semana. ;)

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