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06 marzo 2013

De allá para acá


Hace ya casi 20 días que Sara duerme en su cama. La verdad, ella y yo estábamos felices durmiendo juntas, pero papá ya reclamaba de vuelta su espacio. Y, como el colecho es cosa de todos los que comparten la cama, decidimos intentar que la pequeña comenzara a dormir en su cuarto. Entonces, ese día sin mayor preámbulo (y un poco en contra de mi voluntad) hable con Sara desde muy temprano. Le conté, como si fuera un cuento, que de ahora en adelante comenzaría a dormir en su cuarto, en su cama, cada noche. Ella, sin entender muy bien de que le estaba hablando - o eso pensaba yo -, me dijo "bueno, mamá". Yo durante todo el día le mencioné varias veces el tema. Y ella, simplemente repetía y asentía. Al llegar la noche, después de comida, pijama y dientes, le conté cual sería nuestra rutina de ahora en adelante: cuento, arrunche, teta y a dormir. Así que leímos tres cuentos, nos arrunchamos un rato, y con la luz tenue y un buen rato de teta, mi hija se quedo profunda en su cama. 

Yo era consciente de la noche que me esperaba. Obviamente se iba a levantar varias veces. Llevaba toda la vida durmiendo a nuestro lado, sintiéndonos cerca, al alcance de estirar su mano. Y no hubo sorpresas. La 1era noche, creo que fueron 3 o 4 despertares. Yo, que realmente estaba totalmente desvelada, me levanté todas las veces que fue necesario, me pase todo el tiempo de un cuarto al otro, de allá para acá. La consolé, la abracé, la calme y ella, simplemente al constatar que yo estaba allí, a su lado, acompañándola como siempre, se durmió nuevamente casi de inmediato. 

Desde ese día, hemos tenido noches buenísimas y otras malísimas. Algunas con un solo despertar y otras con tantos, que me cuesta bien recordar. Realmente, nunca ha llorado mucho. Hace ruidos, tal vez lloriquea, - para cuando eso sucede yo ya estoy a su lado- y casi siempre después, me llama fuerte y duro: "Mamaaá".  Yo corro como por inercia, brinco de la cama como un ringlete, y la toco, la abrazo, la consiento un rato y ella vuelve a dormir sin problema. He descubierto que los despertares muy de madrugada son por hambre. Y entonces pide teta, leche, pan y hasta helado de chocolate. A veces simplemente tiene sed y se toma de un solo el vasito completo de agua. Otras quiere a mamá. Supongo que necesita mi olor, mi calor. Y al sentir mi presencia unos cuantos segundos, sigue durmiendo como si nada hubiera pasado.

Para mí esta nueva situación también ha sido todo un proceso. Los 1eros días simplemente no podía dormir nada, de nada. Oscilaba entre el insomnio total y un sueño ligerísimo, en el cual hasta el más mínimo ruido me despertaba. Me preocupaba quedarme profunda y no oírla (cosa por demás imposible). Con el paso de los días, aunque continúo de aquí para allá, he podido comenzar a dormir mejor, he soltado la aprensión del cambio, relajándome para poder descansar. 

Y así vamos ahora, y aunque estoy cansada y con unas ojeras que van y vienen cada tercer día, la realidad es que las cosas han salido mejor de lo que esperaba. Sara parece estar bien, feliz con sus nuevas sábanas de mariposas. Yo he comenzado a cogerle el gusto otra vez a dormir a mis anchas. No niego que a veces la extraño. De hecho, casi siempre antes de amanecer, inevitablemente ella termina en mi cama o yo termino en la de ella. Pero creo que estamos del otro lado y pronto estas "malas noches", parecidas a las de recién nacida, pasarán. Por que es una nueva etapa, por que no aguanta estar de aquí para allá, para siempre. Y por que todo pasa. Y si no, simplemente lo resolveremos de otra manera. 

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22 marzo 2012

Tengo una toddler con carácter

El fin de semana que paso, aprovechando los descuentos del 40% en ropa de un almacén muy conocido,  estuve comprándole a Sara algunas cositas. De pronto me descubrí con una canasta llena de ropa talla 2. Si!!! talla 2. ¿A qué hora deje de comprar ropa con tallas de meses para comprar ropa de toddler? Esta es la evidencia palpable de que ya no tengo una bebé en casa sino una pequeña niña, que come de todo, que tiene su carácter y que ya ha comenzado a decidir y expresar que le gusta y que no.

Por ejemplo, hace unos pocos días me dejo muy claro que ya no quiere usar las pijamas enterizas, esas que a las mamás no parecen súper prácticas por que los cubren de pies a cabeza. Pues no, ahora cuando le pongo una pj de este tipo, simplemente, me pide con todas sus fuerzas que se la quite. Y si trato de hacerme la loca, ella me persigue, me habla, me jala y hasta trata de quitársela por sus propios medios. Sara decidió que no las quiere más. Y bueno, que puedo hacer yo más que respetar su decisión y comprarle pijamas de pantalón y camisa, pijamas de niña grande, talla 2. Con esas no hay problemas, esas si le encantan.

Otro ejemplo de lo grande que esta mi niña y del carácter que tiene lo vimos claramente el sábado pasado. Un sobrino de mi esposo cumplía 7 años y fuimos a visitarlo y a llevarle un regalo. Como siempre, estaba toda la familia. Llegamos, y apenas cruzamos el umbral de la puerta, Sara decidió que no quería saludar a nadie ni que la saludaran. Entonces se hizo la dormida. Si, fingió durante más o menos 2 horas que estaba dormida. Se pego a mi cuello y no quiso abrir los ojos. Si intentaba dejarla en el piso, lloraba como loca pero no abría los ojos. Así estuvo toooodooo el tiempo. No hubo poder humano para lograr que se bajara de encima de mi y jugara con los demás niños. Estoy segura que tanta gente la intimido, algo realmente raro en ella. Pero lo cierto es que no se sentía cómoda, y no quería estar allá. Al final, después de que durmió un rato pensé que se iba a despertar tranquila y se iba a olvidar del tema. Pues no, se levantó y al instante siguió comportándose igual, con los ojos cerrados, encima de mi como garrapata y sin ganas de estar en la reunión. Yo comencé a preocuparme por que nunca había hecho algo como eso. Hasta llegue a pensar que quizás se sentía indispuesta. Así que decidimos irnos. Pero apenas salimos de la casa y nos montamos al carro, volvió a ser ella como por arte de magia. Abrió lo ojos, comenzó a hablar, a reír y se despego de mi cansado cuello. La conclusión saltaba a la vista, por alguna razón no quería estar en el cumpleaños, y lo manifestó de manera clara y consistente durante casi 3 horas.

Esa es mi pequeña toddler con carácter. Que no teme expresar lo que siente y a la que le importa, poco o nada, lo que diga el Manual de Urbanidad Carreño. Esa es mi pequeña y espontánea niña, que a tan corta edad no teme ser clara y directa con sus gestos a pesar de que aún no habla, ni mucho menos expresar claramente lo que le gusta y lo que no. Esa es mi princesa Sara, y así muchos piensen que es caprichosa y malcriada, me encanta que no obedezca sin cuestionar, que ponga en 1er lugar lo que quiere y necesita, y que no se deje intimidar de los demás. Es un hecho, mi bebé se creció y con ella crece su maravillosa personalidad y su fuerte carácter.

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30 enero 2012

Sobre crianza en brazos, apego y otros supuestos demonios

Cuando te conviertes en mamá, casi de inmediato, te das cuenta de lo mal visto que esta seguir tus sentimientos, hacerle caso a tu instinto. A las madres recientes, el resto del mundo nos ve como mujeres débiles, indefensas y torpes, que deben ser alumnas obedientes de los designios de los demás, de lo que dicen las suegras y abuelas, y hasta de lo que dice cualquier desconocido en la calle, que ni siquiera ha sido papá. Dejarte llevar por lo que te place y nace del corazón, parece ser un error. De repente, todos saben más que tú sobre criar (o más bien eso te quieren hacer creer). Y tus ganas de maternar, de abrazar, de cargar y de estar pegadita, día y noche, a ese pequeño bebé parecen diluirse en un mar de instrucciones y recomendaciones erróneas, que van en contra de las necesidades de madres y, lo que es más importante, de las necesidades de los indefensos bebés.

Para la sabiduría popular (que la mayoría de las veces es de todo, menos sabia), amar de manera incondicional, con apego y respecto, es sinónimo de malcriar. Aspectos tan naturales de la maternidad como los brazos, el colecho (dormir con los bebés), la lactancia a demanda y el respeto por los bebés como seres conscientes y de la misma categoría que los adultos, son dibujados por nuestro entorno como los demonios que nos convierten en malas mamás. Al parecer, la ecuación es sencilla: si amas mucho, eres mala mamá; si no muestras autoridad, eres mala mamá; si duermes con tu bebé, eres mala mamá; si lo cargas mucho, eres mala mamá; si lo dejas explorar "sin control", eres mala mamá. De repente la crianza se convierte en un eterno tormento, una lucha permanente entre lo que el corazón nos indica y el resto del mundo nos dice. Momentos que tendrían que ser de apoyo incondicional y soporte permanente a la madre y al bebé, se transforman en espacios para señalar y juzgar una conducta saludable y natural. 

Por fortuna cada vez más voces, científicas y de la sociedad en general, se unen para reivindicar la crianza en brazos, la lactancia materna, el respeto y el apego, como las conductas naturalmente adecuadas para tener niños felices y saludables, tanto física como emocionalmente. Esos supuestos demonios que todo el mundo trata de erradicar son realmente la clave para que nuestra sociedad comiencen a ser menos violenta y más pacifica. Dejar que las madres sean madres, en todo el sentido de la palabra, disfrutando y dando rienda suelta a su instinto maternal, debería ser casi que una política de estado. Las madres no necesitamos consejos de nadie para criar. No requerimos de la opinión, ni de la sabiduría de nadie, ni de las ideas de ningún experto que ha escrito montones de libros, para saber como amar y criar adecuadamente a nuestros bebés. Solo necesitamos apoyo y auto confianza, porque el conocimiento está, naturalmente, en cada pedazo de nuestro ser, en cada una de nuestras células. Nosotras somos las expertas en todo lo que tiene que ver con este nuevo bebé. Nadie mejor que nosotras sabe que necesita y que quiere. Nadie mejor que cada madre sabe porque llora su hijo, porque necesita un beso, porque quiere teta, porque pide brazos. La madre que todas tenemos dormida, de pronto, se despierta con ímpetu, con verdadera y saludable  sabiduría. Esa madre poderosa, amorosa, decidida y sabia, vive dentro de todas nosotras. Solo necesitamos que nos dejen lactar, colechar, portear, cargar y amar como nuestro corazón nos dicta a nuestros bebés. Solo necesitamos que nos dejen convivir y disfrutar con nuestros hijos, de estos supuestos demonios.

Escrito para Cerquita Mío. Publicado el 8 de diciembre de 2011.

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09 diciembre 2011

Criar y ser mamá

Ser mamá es un rol que siempre nos toma desprevenidas. Nada nos prepara para el terremoto emocional que significa verse de un día para otro, de frente, con este pequeño ser que depende enteramente de nuestra capacidad de amar y maternar. Mucho más en estos tiempos modernos donde, la mayoría, no solo estamos solas, sin tribu que nos soporte y ayude, sino que también nos encontramos totalmente desconectadas de nuestro instinto de mujer-madre, que existe, pero que se encuentra relegado a los rincones más escondidos de nuestra consciencia. Solo cuando tenemos a ese diminuto ser entre brazos comprendemos que una cosa es querer ser mamá y otra muy distinta serlo. 

Entonces comienza un proceso que tiene varios caminos. El deseable, el de poder re-conectarnos con nosotras mismas a través de nuestro recién nacido para poder suplir con verdadera entrega y amor sus necesidades emocionales y físicas, es un camino que requiere de mucha valentía y capacidad de introspección. No todas somos capaces de recorrerlo. Duele reconocer que nuestro deseo de traer un niño  al mundo y el amor sin proporción que sentimos por él, no sea garantía de que seremos capaces de afrontar la maternidad de manera natural y placentera. Por eso, muchas prefieren, después del nacimiento, seguir ocultando esos demonios que atormentan y duelen, manteniendo su vida actual lo más parecido posible a lo que era su vida sin un bebé. Entonces, ese bebé se ve forzado a adaptarse a la vida que ya tenía su madre, sin posibilidades de recibir lo que más necesita: tiempo, brazos, leche materna, presencia y contención sin medida. No las culpo, es complicado ir contra corriente. Más aun cuando para la sociedad en la que vivimos, esta crianza desde el desapego y el desconocimiento de las necesidades del recién nacido, lamentablemente, es lo normal, lo usual. Es lo que nos mantiene conectadas a "el mundo" donde somos seres productivos y nada más, impidiéndonos sumergimos en los terrenos desconocidos del postparto, donde nuestra mente y corazón solo tienen  disposición para fusionarse con el bebé.

Por fortuna, cada vez más madres recientes decidimos buscar más allá de lo que a simple vista se vende como normal. Desde el embarazo comenzamos a sentir una necesidad inexplicable de poner por encima de nuestros deseos, los deseos de nuestro hijo. Comenzamos una búsqueda por encontrar una luz que nos sirva de guía para esta ruta que decidimos emprender. Leémos, hablamos, interactuamos con otras madres, nos damos cuenta que nuestras propias carencias infantiles de apego y maternaje afloran de manera inmediata cuando nos convertimos en mamás. Exploramos dentro de nuestra alma, vencemos fantasmas,  luchamos batallas íntimas y personales, y comenzamos a despertar a la maternidad desde nuestro instinto más animal. Desde lo mamíferas que somos. Sin ningún tipo de condicionamientos ni prejuicios, sin explicaciones racionales, dejándonos llevar por las hormonas y la emocionalidad, por la oxitosina que corre por nuestro cuerpo, por la leche que brota de nuestros pechos, por el niño que solo desea estar pegadito a su mamá.

Criar y ser mamá es una experiencia hermosa pero retadora. Nos expone, nos deja sin ningún tipo de mascaras. Nos hace sentir vulnerables. Pero al mismo tiempo, nos conecta (si estamos dispuestas), nos vuelve inmensamente capaces y poderosas, eleva nuestras capacidades, nos hace descubrir nuestros "súper poderes" que van desde alimentar y consolar a punta de teta, hasta curar heridas de la piel y de alma con emplastos de besos y abrazos. Criar y ser mamá es gratificante pero no es nada fácil. Requiere de esfuerzo, de paciencia, de empatía, de capacidad de adaptación al cambio. De un buen estado físico pero mucho más de una desarrollada consciencia emocional, que nos permita reconocer nuestras necesidades y las necesidades de nuestro bebé. Criar y ser mamá es la más importante labor que podemos desarrollar para la sociedad. Donde todos los momentos, sin importar si nos parecen malos, regulares o buenos, valen la pena.

Escrito para El blog de Rana Rosa. Publicado el 4 de diciembre de 2011.


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16 noviembre 2011

Todas hacemos historia

Todas las madres hacemos historia. Sin quererlo y, tal vez, sin saberlo de manera consciente, nosotras construimos sociedad. Nosotras tenemos en nuestras manos el poder de cambiar el mundo, a través de nuestros hijos. La manera en que los criamos y amamos es muy poderosa. Cuando criamos no solo moldeamos a los hombres y mujeres del futuro, sino también la clase de mundo que ellos vivirán y disfrutaran. Por eso, ser madre es una gran responsabilidad. Este premio, "Soy una madre que hace historia",  me parece una excelente oportunidad para recordarnos lo valiosas, poderosas e importantes que somos. Gracias Miriam de A Flor de Pellpor otorgármelo. Bueno y para recibirlo, con todas las de la ley, tengo que contar dos hermosos recuerdos de mi infancia:

  • Recuerdo el olor dulce como a canela y menta de mi abuela, y su arrullo sordo y melodioso, mientras yo estaba recostada en su regazo y ella me mecía cariñosamente, con el ruido de la brisa de diciembre, que hacía rugir las hojas de los almendros y cauchos en el fondo.
  • Recuerdo tardes enteras de juego con mi hermano y mis primos. Bajando mangos y subiéndonos a los árboles. Vendiendo naranjas, limones y agua de cocó a los vecinos, haciendo una pequeña fortuna para comprar muchos helados.
Que lindos recuerdos!!! Le pasó este premio a Bren de Amo ser Mamá y a Oli, de Azul Celeste. Muero por conocer sus dos hermosos recuerdos de infancia!!

18 octubre 2011

En otro idioma

Así es como me siento últimamente: hablando en otro idioma, como si fuera de otro planeta. No se porque razones la vida siempre me lleva por el camino de la diferencia; de lo fuera de lo común, de lo que se sale del statu quo, de lo establecido como "normal", de lo que la mayoría entiende y hace. Tengo que confesar que ser la "diferente" no se me da tan fácil. Desde que era muy joven creo con convicción en lo que predico y trato de ser lo más consecuente posible con mis decisiones y actuaciones, pero muchas veces se me hace un camino solitario y difícil de recorrer. 

Con mi maternidad, las cosas no podrían ser diferentes. Todo lo que digo y hago parece, a los ojos de los demás, bastante traído de los cabellos: que si la lactancia prolongada, que si no considero el castigo físico como una opción necesaria, que si la libertad que le brindo no es más que mala crianza y nada de límites, que si mis teorías no son demasiado hippies e inocentes... en fin... lo cierto es que argumentar y argumentar cada cosa se me hace, hoy por hoy, demasiado cansado. Más aún, cuando en mi día a día no cuento con nadie que siquiera piense de manera parecida a mi. Soy una sola voz, sin eco en ninguna parte. Y es que, aún que sé que estoy haciendo lo correcto, cada vez que alguien me pone en tela de juicio, las dudas, de manera irremediable, comienzan a agobiarme. Sin embargo, aunque casi siempre, logro disiparlas rápidamente para volver a sentirme igual de decidida y tranquila, todo el tema es agotador. No puedo evitar pensar, que las cosas deberían ser distintas. Que el mundo está al revés y que, en definitiva, nos queda mucho por hacer para que criar a nuestros hijos de manera natural, respetando sus tiempos y deseos, sea lo común y habitual.

Por ahora, yo contribuiré siguiendo en lo mío y soñando con que muy pronto, con relación a la crianza de los niños, todos hablemos el mismo idioma, el idioma del amor, el respeto, el instinto y el corazón. Un idioma que muchos han olvidado y que otros tantos estamos aprendiendo a hablar desde que somos madres.

28 septiembre 2011

Si, yo si quiero

Si, yo si quiero cambiar las cosas. Quiero un mundo distinto, un mundo mejor, un mundo donde tengamos tiempo para nuestros hijos sin renunciar a desarrollarnos profesionalmente, tiempo para ser felices en familia, tiempo para vivir la vida. 

Yo si quiero aportar para que las cosas cambien para bien, para nuestro bien, para el bien de la humanidad entera. Poner un granito de arena para que en España, en Argentina, en Colombia y, por que no, en el mundo entero, la prioridad de todos sea nuestros niños.

Estoy convencida que ya está bueno. Que ya es hora de que lo importante sea lo primero. Que nuestros hijos tengan derecho a ser criados por sus madres y padres, que podamos contar con una licencia de maternidad de por lo menos 6 meses, que tengamos a la mano opciones para trabajar desde casa, oportunidades de trabajo por media jornada, guarderías en las empresas, espacios para laboral y crecer profesionalmente sin tener que abandonar todo el día, todos los días, a nuestros bebes al cuidado de otras personas. Ya es hora que se nos valore por ser madres, por maternar, y no solo por tener un título profesional y producir un cheque mensual lleno de ceros a la derecha (en el mejor de los casos), a costa de la salud emocional de nuestros pequeños, de su felicidad, de nuestra felicidad.

Si, yo si creo que entre todas podemos. A punto de millones de esfuerzos, de unir nuestros deseos, nuestros pensamientos. A punta de muchas palabras a través de estos espacios y de nuestra redes digitales, de esta tribu contemporánea que se teje con post, coments, likes y tweets. Solo necesitamos voluntad, unión y perseverancia. Ya es hora de hacer sentir nuestra fuerza. Es el momento. Nosotras lo gritamos. Nuestros hijos lo necesitan. La sociedad entera esta impaciente por comenzar a calmar la sed de cariño que años enteros de desamor y desapego han generado en su núcleo, en cada familia, en todos los seres humanos.

Yo tengo la fortuna de poder estar en casa con Sara desde que nació. Mis circunstancias me han permitido no perderme de nada, disfrutar cada segundo de sus 14 meses de vida, acunarla, consolarla, mirarla, atenderla, mimarla, besarla, amarla, todo el tiempo que he querido, sin tener que salir corriendo a cumplir con obligaciones laborales, sin tener que dejarla en una guardería o al cuidado de una niñera para poder llegar a las 8:00 a.m. a la oficina, pasando todo el día alejada de ella, gastando mi tiempo de madre, gastando el tiempo de mi hija, en cosas que, en este momento, no son tan importantes. No me imagino como será el día en que tenga que regresar a esa rutina. Solo pensarlo me produce nauseas. Sobretodo, si cuando ese día llega, ella aún no es lo suficientemente grande para entenderlo. Sobretodo, porque sé que encontrar el punto medio, en la profesión en la que me desempeño, es casi imposible. Por que sé que cuando tenga una fiebre, sin importar la edad que tenga, no podré salir corriendo. Por que me perderé de varias visitas al pediatra y muchas salidas del colegio. Por que no estaré para escuchar algunas de sus 1eras palabras. Por que ella sentirá que su mamá no está como ella el tiempo que quisiera. Por que nos haremos mucha, pero mucha falta. Por que ese será un tiempo perdido entre las dos, imposible de recuperar.

Por eso y por que sé que entre todas podemos hacer que la utopia de la conciliación sea una realidad, les dijo que si, que yo si quiero trabajar para cambiar las cosas... tal vez sea hora de que tú también te preguntes que quieres hacer, qué estamos dispuestas ha hacer para que todo esto cambie.

Únete ya a nuestro grupo en facebook haciendo clic aquí y participa de todas las actividades que se están "cocinando" para que exista una Conciliación Real Ya!!

07 julio 2011

¿Soy una súper mamá?

Eso cree Bren, mi querida amiga y mamá tuitera. Y tengo que confesar, ante ella y ante todos ustedes, que no me creo una súper mamá, aunque realmente me esfuerce y trabaje cada día para tratar de serlo. De hecho, sería más acertado decir que mi objetivo, del día a día, es ser la mejor mamá que creo puedo llegar a ser para Sara. Claro que desde mi perspectiva, que sin duda, puede ser muy diferente a la perspectiva de los demás. Y es que estoy segura que mi idea de lo que es una súper mamá va en contravía de lo que piensa mucha gente. Yo creo que para ser una súper mamá no es necesario ser una mamá perfecta, ni una mamá que nunca comete errores, ni se equivoca. Para mí el único requisito que debe tener una mamá para ser "súper" es la consciencia. La consciencia te hacer explorar, buscar, aprender, encontrar. La consciencia te lleva al respecto por el otro, al respecto por tu hijo, por sus tiempos, por sus procesos. La consciencia cambia el enfoque de ti, y te hace enfocarte en él, en lo que le conviene, en lo que realmente importa. La consciencia te permite conectarte con tu instinto, te permite redescubrir el adn maternal que llevas dentro, la herencia de amor de nuestras madres y abuelas. La consciencia te permite intentar una y otra vez, a pesar de los errores, sin desfallecer, con todas las ganas y todas las fuerzas de tu corazón, porque en el fondo sabes que nada más, vale tanto la pena. Y bueno, además de la sonrisa y los abrazos de mi hija, lo que más me gusta de ser mamá es que la maternidad me ha brindado la oportunidad de ser una mujer más fuerte, pero sobretodo mucho más consciente de mi pero también de los demás, de mi femineidad, de mi fuerza, de mi amor, de mi bondad, de mis fortalezas y también de mis debilidades. Por eso, más que una súper mamá, todos los días trato de ser una mamá consciente.

Y como este premio no puede parar, se lo entrego a:


Un abrazo a todas: mamás conscientes = súper mamás !

23 marzo 2011

Mi maternidad en 3 fotos

Mi maternidad en 3 fotos - Amor Maternal
"Mi maternidad en 3 Fotos es un carnaval de blogs, iniciado por Amor Maternal, que nos invita a ilustrar en tres imágenes, los momentos que más nos han marcado y que nos definen como madres. Cada una elige si compartir imágenes del embarazo, del parto, dando el pecho, durmiendo, abrazados, jugando, o llevando a sus hijos en portabebés, etc."


Es muy difícil escoger sólo tres fotografías, por que todas y cada una de ellas tienen un gran significado para mi. Sin embargo, en la búsqueda me he dado cuenta que tengo mil fotos de Sara, pero muy pocas fotos de las dos. Las 4 que tenemos las comparto a continuación. Cada una de ellas me llena de mucha emoción. Al mirarlas recuerdo el instante preciso, el color y el olor del día, lo que estaba sintiendo, lo que estaba viviendo, la madre que estaba naciendo, lo mucho que estaba creciendo, como se transformaba todo mi ser desde lo profundo de mi corazón. Gracias Louma por hacerme recordar cada uno de estos momentos, que no pueden más que dejarme una sonrisa en la cara y mucha felicidad en el alma.

Iluminando mi cara con su sonrisa. 8 días de nacida.
Tomando el sol en brazos de mamá. 15 días de nacida.

 Lista para conocer a la bisabuelita. 4 meses y medio.
Exhausta después de conocer el mar. 5 meses.

07 febrero 2011

La mamá de Sara declara....

Desde hace varios días vengo acumulando varios consejos y opiniones "bien intencionadas" (del estilo Feber y Estivill) de amigos y conocidos a cerca de tal o cual cosa que hemos decidido sobre la crianza de Sara. Y aunque me sale muy bien ser diplomática y hacerme la de los oídos sordos para no entrar en una discusión sin sentido, tengo que reconocer que cada vez es para mí más difícil quedarme callada y no defender con argumentos, capa y espada mi postura.

Así que para información de todo el que se cruce por aquí, he decidido escribir este post, que no es más que mi franca declaración acerca de los principios y pautas con las cuales estoy criando a Sara desde el amor, la comprensión el respeto y el apego. Entonces, sin más preámbulo y para información de todos "La mamá de Sara" declara que:

1.   Soy fanática de la leche materna porque es lo natural. Es la leche de humanos para humanos. Ninguna leche artificial supera en beneficios para mi bebé a la leche materna. Por lo tanto, mi hija va a tomar teta hasta cuando ella quiera y yo pueda

2.     Sara come a demanda, lo que quiere decir que le doy teta sin horario, todas las veces que ella quiera (sin importar si es de día o de noche). Según la OMS y la UNICEF, esta es la mejor manera de mantener y desarrollar una óptima lactancia materna.

3.     Me encanta el colecho por eso Sara duerme conmigo, en mi cama ( y con su papá, por supuesto). Si, si tengo cuna y realmente no la uso mucho. Por ahora no la necesito. Sara y yo descansamos mejor durmiendo juntas. Si hubiera sabido desde que estaba embarazada como debía ser la cosa, creo que no la  hubiera comprado. Por ahora no me preocupa cómo sacarla de la cama, por que se que ella, naturalmente, se irá más pronto de lo que muchos creen. Por ahora, duermo feliz con ella y lo disfruto.

4.     No dejo llorar a mi hija. Me esfuerzo por reconocer y responder a las necesidades de Sara, por eso no la dejo llorar. Los niños lloran porque algo les pasa, porque algo les molesta. Por eso, cada vez que llora la reviso, le cambio el pañal, le doy teta, la tomo en brazos, la acuno, la consiento y la calmo (sin importar si es de día o de noche).

5.     Sara se duerme como ella quiera, siempre y cuando tenga sueño: a veces le cantamos, a veces le doy teta, a veces, ella sola voltea su carita en medio de las cobijas y se duerme; otras veces, como hoy en la mañana, simplemente cierra sus ojitos en mis brazos, mientras yo escribo en el computador. La práctica me ha demostrado que si está relajada, cómoda y tiene sueño, se duerme.

6.     Llevo a Sara a todas partes y la cargo todo el tiempo que puedo. No hay nada que fortalezca más el vínculo mamá-bebé que el contacto físico, haciendo a los bebés más seguros y felices. Por eso, la cargo siempre que puedo, porque mi único objetivo es hacer de Sara una niña inmensamente feliz. Además, tengo que confesar que realmente nos hacemos demasiada falta cuando pasa mucho tiempo sin que estemos la una cerca de la otra. Muchos pensarán: "Pero tiene que acostumbrarse a estar bien sin ti". Sinceramente, por ahora eso no me interesa. No tengo otra cosa mejor que hacer que estar con mi bebé. Eso no quiere decir que si tengo que salir 2 o 3 horas ella no se quede feliz con Nelsy, o con mi mamá o con su papá. Pero en la medida de lo posible la llevo siempre conmigo y la cargo todo lo que puedo (el fular funciona perfecto para esto).

Se que para muchos todo esto que planteo, es una locura. Y que muchos piensan que no hay necesidad de dar tanta teta, ni de incomodarse durmiendo con el bebé. Sin embargo, cada vez que trato de hacerlo de otra manera  algo dentro de mi me dice que ese no es el camino. Mi corazón y mi deseo  materno me dicen que el amor con firmeza, no malcría. Que este mundo esta necesitado de cariño y comprensión, y que la mejor manera de ayudar a crecer a mi bebé y de aportar mi granito de arena, es criar a Sara de manera natural, no de la mano de métodos sino escuchando los latidos de mi corazón.

19 enero 2011

Mucho por aprender

"Nacemos para amar. Y para ser amados. El amor no es un capricho ni un lujo. Por el contrario es algo central para la supervivencia de nuestra especie. La naturaleza ha previsto que las madres se enamoren de sus bebés desde el nacimiento y que sea este amor el que modele el crecimiento de la criatura."*


No hay duda, la mayoría de nosotros fuimos criados en la cultura del desapego. A nuestras mamás y papás les metieron en la cabeza que sus bebés lo único que necesitaban de ellos era leche de tarro y una cuna en el cuarto de al lado, llena de juguetes pero sin cercanía, ni apego. Los convencieron de que si nos llenaban de mimos, de cariño, de besos y abrazos, durmiendo en la misma cama con ellos, recibiendo teta a demanda, estarían criando a unos pequeños tiranos. Nuestras madres, muy a pesar de sus propios sentimientos e instintos, nos dejaron llorar en la cuna para dormir la noche entera y nos dieron leche artificial, para "alimentarnos más y mejor". Reprimir el afecto, era lo último para tener "buenos niños". Nadie nunca les dijo que lo único que necesitaban hacer por nosotros era llenarnos de amor, sumergirse en la maternidad apoyadas en su tribu natural, permitiendo que su naturaleza materna trabajara como lo había hecho por cientos de años. 

Tantos años de crianza sin apego nos ha hecho olvidar qué significa criar a un bebé con amor. No pongo en duda que nuestros padres efectivamente nos amen y hayan tratado de hacer lo más conveniente para nosotros. Pero estuvieron mal orientados. Y aunque somos personas de bien (la mayoría), podemos ver las fracturas emocionales que esa crianza causo en nosotros, todos los días, cuando intentamos hacerlo con nuestros propios hijos. Criar desde el respeto, con amor, con paciencia, sin someter, nos cuesta trabajo y esfuerzo adicional. No es algo que salga naturalmente. No estamos acostumbrados. Cuando el niño llora, o simplemente es "él" nuestra reacción natural no es de comprensión. Nos queda mucho por aprender (o más bien re-aprender). Tenemos mucho camino que recorrer. Afortunadamente, somos muchos los que ya estamos en marcha y nos esforzamos día a día para dar un paso hacia adelante.


*La ciencia de las madres, por Ibone Olza. Ibone Olza, 2010. Psiquiatra infanto-juvenil y perinatal, profesora en la Universidad Autónoma de Madrid, investigadora y escritora. Artículo Publicado en: Maternidad, ciudadanía y cuidadanía. Ed. Maria Jesús Blázquez García. Prensas Universitarias de Zaragoza. 2010

10 enero 2011

Buscando una tribu

Todo este cuento de la crianza y maternidad con apego llego a mí después de que nació Sara. Siempre tuve claro que quería ser una mamá real para mis hijos, es decir, la persona que los acompañe, los atienda, los consuele, los sostenga, la mayor parte del tiempo. De hecho ahorre mucho para que el tema económico no fuera un impedimento para dedicarme a ellos 100%. Sin embargo, (como a todas, creo) los sentimientos de ser mamá por 1era vez me tomaron por sorpresa. Me prepare para todo, menos para la avalancha de emociones. De hecho, no sabía que eso me sucedería y que, de alguna manera, podría haberme preparado.

Entonces, un día, más o menos, un mes después de que Sara naciera, en medio de mil sentimientos desconocidos, preguntas e incertidumbres sobre lo que me pasaba y estaba haciendo, me tropecé con un artículo que describía claramente el estado del alma que estaba viviendo, que me invitaba a hacerle caso a mis instintos, que me decía que "la maternidad es un periodo de crisis, de cuestionamientos profundos, de dolor mezclado con alegría, pero, esencialmente, es un enfrentamiento con los lugares femeninos más arcaicos y desconocidos"*. Tropezarme con las palabras de Laura Gutman dibujo una sonrisa de identificación en mi rostro. Ese montón de energía femenina desorganizada que me abrumaba, tenía un orden y un sentido. Comencé a leer como loca todo lo que me encontraba en la red al respecto. Solo me preguntaba, "¿por qué no lo vi antes?, y buscaba un artículo más, un blog más, un contacto en twitter de otra mamá que hablara del tema y compartiera su experiencia conmigo...sin saberlo, buscaba una tribu.

Y es que "dicen que para criar a un bebé hace falta toda una tribu, y eso tiene mucho de cierto". Toda mamá necesita un círculo cercano de soportes que le den una mano con su bebé y con todo el devenir de lo que significa se madre. Un círculo natural en la época de mi abuelita (compuesto de tías, primas, hermanas, abuelas y amigas), pero que mi generación no conoce -porque prácticamente no existe- ni sospecha que necesita.

Al momento de nacer Sara, no tenía una tribu. Hoy puedo decir que, virtual y presencialmente, ya se compone de varios miembros. La lista no es muy larga (y espero siga creciendo) y la encabeza mi esposo que orgulloso la duerme, la consiente y la carga, para que yo me bañe, almuerce o simplemente descanse. Luego esta Nelsy, mi empleada, que se queda con Sara a diario para que yo pueda ir al gimnasio, mientras ella le canta amorosa mil canciones de cuna. El 3er puesto lo ocupa mi mamá, que aún viviendo a más de 1.000 km de distancia nos visita casi todos los meses y le parece el mejor plan quedarse complacida una noche con la bebé, si queremos salir a comer o tenemos un compromiso importante. La sigue muy de cerca María del Rosario, mi cuñada, que se desvive por Sara como nadie y que, gustosa, me acompaña tardes enteras a lidiarla en forma, en su casa o en la mia. Luego sigue mi tribu virtual (la de twitter y la de facebook). Todos los que sigo y me siguen, que me leen y leo, que me conversan y comentan, que me preguntan y a quienes acudo en busca de respuestas. Todos me nutren emocionalmente a diario, apoyandome desde donde están, diciéndome lo que necesito oir en el momento preciso, y confiándome sus propias historias de amor y crianza.

Ahora esta es mi tribu, y me siento absolutamente afortunada de contar con ella. ;)


13 diciembre 2010

Conversando con la teta

Sara me sorprende todos los días. El viernes pasado fue la chupada de los dedos de los pies y hoy la conversada con la teta. Y es que lleva dos días que la quiere, la pide y hasta la llora y, al minuto siguiente, no quiere saber nada de ella. Yo se la ofrezco cada vez que creo que debe comer o que la necesita y toma un ratico, pero al minuto siguiente, la suelta con cara de que no quiere más. En la noche la recibe con gusto y hasta ansiosa, pero apenas llega el día, le hace el feo.

Hoy mientras estábamos en esa tarea y yo solo me preguntaba ¿qué le pasará?, de un momento a otro, la estrujo con fuerza y le hablo, directo y gritao, de frente al pezón. Otra muestra del carácter que tiene mi hija. No tengo idea que le diría, pero la conversación fue seria y con un tono de franco reclamo. Creo que la teta se resintió. Sara se desahogo. Aún no ha habido reconciliación pero si claros acercamientos que auguran un happy ending. Porque la relación de mi hija con mi teta puede tener sus altibajos, pero en definitiva, es una relación que va para largo.



09 diciembre 2010

La vida pasa rápido

Eso es lo único que he pensado desde el fin de semana. Y es que este mundo parece ir a millón. Más desde que nació mi princesa Sara. Hoy precisamente me he puesto a mirar sus primeras fotos recién nacida y, al compararlas con la Sara de hoy, la diferencia es grandísima. No solo por lo cambiada que está físicamente sino porque ya es toda una personita, de sonrisa esplendida y con mucho carácter; que le encanta jugar con sus manos y se emboba tratando de descifrar como carajos se puede quitar y poner su chupo. Hoy en la mañana me sorprendió dándose vuelta boca abajo. La emoción fue inmensa. Y es que ya tiene 4 meses... ¿en qué momento pasaron 4 meses?...por eso repito "la vida pasa rápido".

Entonces, no nos queda más remedio que vivir la vida de verdad, todos los días, minuto a minuto, antes de que se nos escurra entre los dedos y nos quedemos sin nada. Hoy puedo decir, muy satisfecha, que los 4 primeros meses con Sara han sido una montaña rusa, pero que los he vivido a plenitud. Las primeras semanas fueron muy duras, pero ahora cada día me siento más empoderada en mi papel de madre. Los días han pasado volando, pero es no me ha impedido disfrutar cada momento de felicidad y de angustia, cada momento trivial y cada momento memorable. Puedo decir con una amplia sonrisa en la cara y en el corazón, que me lo estoy disfrutando TODO. Que a pesar de lo que algunos me dicen de vez en cuando, no la estoy malcriando, la estoy amando. No la estoy desamparando, la estoy consolando. No la estoy abandonando con llanto en su cuna, la estoy arrunchando a mi lado en la cama. No la estoy alimentando con leche de tarro, le estoy dando mi leche. No está creciendo alejada de mi, en un coche o una cuna. Está creciendo en mis brazos, con el calor de mi cuerpo, sintiendo mis besos y el latido de mi corazón.  Esto me hace inmensamente feliz y estoy segura que Sara se siente igual o más feliz que yo.
Así ha crecido mi princesa Sara:



PD: vale la pena recalcar que toda esta belleza de bebé ha sido gracias a la leche y a las tandas de besos de su mamá.
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