Mostrando entradas con la etiqueta respeto por los niños. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta respeto por los niños. Mostrar todas las entradas

14 octubre 2014

Niña buena


Recuerdo que cuando era pequeña sólo quería ser una "niña buena". La recompensa era deseable: cariño y aceptación a raudales. Entonces, durante mucho tiempo fui una de esas mujercitas que van siempre bien puestas, que hacen caso sin dudarlo y que saben que el éxito de su papel radica en no molestar a los adultos. 

Ser niña buena tuvo sus pros y sus contras. Los pros creo que eran más para el entorno que me rodeaba: niña obediente y bien portada, cariñosa y complaciente, buena estudiante y cuidadosa. Los contras me pertenecían y aún, con alguna frecuencia, me pertenecen sólo a mí: miedo a fallar, pavor al que dirán, a no encajar, necesidad de aprobación, inseguridad.

Tal vez por eso de mamá, vivo en un constante debate interno. Me explico. Hoy, veo a mi hija y veo una niña que es de todo, menos una de esas "niñas buenas". Su espíritu está intacto, limpio y claro. Llena de una energía, incorruptible, imposible de chantajear, poderosa y muy temeraria. Veo como nos ama y al mismo tiempo como no nos teme. Como es capaz de opinar a su corta edad y de decir lo que piensa sin sentir ningún riesgo. Insistiendo en lo que desea con un fervor que pocas veces he tenido en mi vida. Nos escucha y observa con atención para luego recordarnos con toda autoridad que no somos coherentes y que, tal vez, estamos equivocados. Expresa su amor y su inconformidad a quien quiere, cómo y cuándo lo desea. Conclusión, hoy mi hija es muy distinta a una "niña buena" y eso me hace una mamá muy orgullosa.

Sin embargo, esto no quiere decir que todo sea color rosa. Amo descubrir a mi hija tan ella, tan genuina y con una capacidad inmensa de atreverse a todo, llena de autenticidad. Amo nuestra relación tan de tú a tú, sin temores ni malsanas expectativas de por medio. Pero tengo que reconocer también que muchas veces, a pesar de que sé lo que significa, me descubro deseando una niña dócil, calmada, una "niña buena". Quizá porque criar a una hija con este espíritu y voluntad no es una tarea sencilla y en medio del cansancio y de mi egoísmo, añoro una tarea más fácil y menos demandante, con una pequeña que juegue sola, que duerma sola, que me quiera mucho pero que me requiera poco.

Lo lógico sería que a una persona como yo este tipo de cosas ni se le ocurrieran. Pero ya ven, la lógica no tiene mucho espacio en la vida real. Y entonces yo, que sé la trampa que es ser esa niña complaciente que pospone sus deseos en aras de llenar las expectativas de los demás, a veces deseo una hija con esas características. Mis recursos emocionales me fallan y me traiciono. Y me sorprendo repitiendo muchos "no hagas", "quédate quieta", "no llores ahora", buscando la manera de una crianza menos demandante que me facilite la vida. Me descubro siendo de nuevo esa niña buena de antes en mi cuerpo de mujer adulta y de mamá abrumada.

Y resulta que lo que creía superado, no lo está del todo. Y en medio de la angustia todo tiene sentido. Porque esta fuerza de la naturaleza que es mi hija, me lleva de la mano a reflexionar, a sonreír montones, a respirar profundo antes de reaccionar, a entender que me tengo que fresquear mucho más, que aún me importa demasiado lo que los demás piensen de mi y de ella (como una extensión de mi misma) y que aún hay mucha "niña buena" que desterrar.


¿Te gusta "La mamá de Sara"? Inscríbete acá para recibir notificaciones de mis entradas directamente a tu mail


Delivered by FeedBurner

13 noviembre 2013

El espejo


Tu llanto me ciega, me nubla, me descentra.

Me hace perder el control y me sumerge en aguas profundas y turbulentas.

Tu llanto me llena de miedo, de un miedo infantil que me invade sin remedio. Sin importar el momento ni el motivo, despierta el mounstro, esa inmensa y terrible criatura que vive en mí, que también soy yo.

Tu llanto me abate sin compasión y de manera mortal. Me golpea y me quita la respiración. Me reduce a nada, me hace olvidar mis habilidades de control.

Tu llanto no me deja pensar, me empuja aún mundo donde solo puedo sentir. Y esos sentimientos que afloran son intensos, egoístas y oscuros. Porque es un llamado directo a mi sombra, la trae, la hace presente, aniquilando mi escasa paciencia, irritándome hasta la inconsciencia.

Cuando eras bebé la cosa era diferente. Tengo la sensación de que tu llanto de ahora, tu llanto de niña es más intenso y poderoso, con  efectos más fuertes y profundos en mí. ¿Será por que ya no hay teta?, ¿será por qué la oxitocina no corre libre en nuestro vínculo como antes?, ¿será por que mi niña interior se refleja en tu frustración, en tu protesta, en tu inconformidad, en tu llanto que me incrimina y me desnuda?... No lo sé.

No único que tengo claro es que tu llanto es mi espejo. Un espejo gigante en el que detesto mirarme. Un espejo en el que no puedo evitar mirarme. Y entonces, en mi incapacidad de lidiar con mis sentimiento y los tuyos al mismo tiempo, te pido cosas incoherentes, hago cosas incoherentes. Y quiero desaparecer. Quiero un abrazo. Quiero tiempo. Quiero atención. Quiero exactamente lo mismo que tu me pides y que no sé como entregarte. Y no logro respirar, ni mantener la calma. Solo atino a solicitarte lo imposible, cuando yo misma no se expresar lo que me pasa y contengo mi propio llanto en un nudo inmenso en la garganta.

Pero no hay más remedio. No hay más opción que enfrentarlo. No tengo más que mirarme de frente en este espejo, cada vez que sea necesario. A pesar del temor, de la tristeza, del dolor. Con coraje, con fuerza, con humildad. Para que algún día pueda acoger esta parte oscura, entenderla, aceptarla, caminar de su mano, entendiendo un poco mejor su dimensión y su misión, que no es otra más que enseñarme, curarme, curarnos a ambas.

¿Te gusta "La mamá de Sara"? Inscríbete acá para recibir notificaciones de mis entradas directamente a tu mail


Delivered by FeedBurner

30 diciembre 2012

La presión

La presión me está enloqueciendo. Por mucho que trato de ignorarla, ella parece ser más fuerte que yo y, sinceramente, ya no la soporto. Me persigue día y noche, sin darme 5 minutos de tregua. Y yo la esquivo sin suerte, tropezándomela de frente, en forma de "y, ¿cuándo la van a educar para que vaya al baño?", "¿y hasta cuándo la teta?", "¿ y, aún duerme con ustedes?", y me cuesta sonreír, ignorar, explicar, justificar lo injustificable, entender. 


Tal vez "entender" es lo que más difícil se me hace. Por que no me cabe en la cabeza este afán que le cae al mundo entero porque los niños crezcan a destiempo, por someterlos a la voluntad egoísta de los adultos, convencidos de que es lo mejor para ellos, sin cuestionarse, sin tratar de empatizar, sin la más mínima gana de dejarlos ser, considerando sus tiempos, dejando que se descubran así mismos, tratando de  meterlos en un molde sin pensar ni sopesar sus verdaderos y validos deseos y necesidades infantiles. Pensando desde la visión de los adultos, con más afán por disciplinar y regañar, que por compartir y dar amor. El amor visto como debilidad. La naturaleza infantil vista como un estorbo.

Y ahí comienza a cabalgar la presión sobre los padres, o por lo menos, sobre mí. La diferencia me pone un punto rojo en la frente cual tiro al blanco y si, como negarlo, me siento atacada, señalada, sin importar si cada comentario, frase, palabra o silencio, tiene otra intención. Y tengo que oír cada cosa, que a veces me provoca coger a mi hija y salir corriendo sin dar la más mínima explicación. La mayoría del tiempo lo manejo o lo evito, pero me incomoda. Y me molesta dejarme incomodar. Me irrita sentirme cuestionada como madre. No hay nada que me afecte más, sin importar lo convencida que estoy de la crianza que intento llevar. 

La situación entera me entristece, por cómo me hace sentir y por los niños en general, la gran mayoría criados sin mirada, sin empatía, sin ser considerados como lo que son, desde lo que realmente necesitan. Y no se me hace extraño que la mayoría siga la corriente, y crié con imposiciones y violencia, que eduque como fue criando, perpetuando los mismos comportamientos, convencidos de estar haciendo lo correcto. Por que cuesta mucho seguir otros caminos, cuestionarse y enfrentar los propios demonios. Cuesta lidiar con la presión, que viene de todas partes, en todo momento y de quién uno menos se imagina. Cuesta.. si que cuesta...pero a pesar de estos sentimiento, sé que vale toda la pena. 

¿Te gusta "La mamá de Sara"?
Inscribe acá tu mail para recibir notificaciones de mis entradas y mi boletín de noticias.
Delivered by FeedBurner

26 noviembre 2012

Deseos para los niños

He encontrado en estas palabras de Mex Urtizberea, mis propios deseos para Sara y para todos los niños de este mundo.



Que sean niños los niños.
Que sean niños, y no clientes de las compañías de celulares, o vendedores de rosas en los bares, o estrellas descartables de la televisión…
Niños, no limpiavidrios en los semáforos, o botín de padres o familiares enfrentados o repartidores de estampitas en los subterráneos.

Que no sean niños soldados, los niños. Que sean niños los niños, simplemente. Que no sean foto de un portal pornográfico. Que no sean los habitantes de un reformatorio.
Que no sean costureros en talleres ilegales de ningún lugar del mundo.
Que sean niños los niños, y no un target.
Que no sean los que pagan las culpas. Los que reciben los golpes. Los bombardeados por publicidad. Que sean niños los niños. Todo lo aniñados que quieran. Todo lo infantiles que quieran. Todo lo ingenuos que quieran. Que hagan libremente sus niñerías.
Que se dediquen a ser niños y no a otra cosa.
Que no sean los que no juegan, los acosados por las preocupaciones, los tapados de actividades.
Que sean niños los niños y se los deje preguntar sin levantar la mano, formar filas torcidas, llevar alguna vez la Bandera no por ser mejor alumno, sino por ser buen compañero.
Que sean niños los niños y no los incentivados con desmesura a consumir todo lo que saca el mercado.
Que sean niños, y no los que aspiran pegamento en una esquina o fuman paco en la otra, tan de nadie, tan desprotegidos.
Niños, no nombres que tienen que rogar por recibir el apellido paterno o la cuota de alimentos.
Que sean niños los niños.
Y que los niños sean lo intocable, que sea la gran coincidencia en cualquier discusión ideológica; que por ellos se desvelen los economistas de todas las corrientes, los dirigentes de todos los partidos, los periodistas de todos los medios, los vecinos de todas las cuadras, los asistentes sociales de todas las municipalidades, los maestros de todas las escuelas.
Que sean niños los niños, y no el juguete de los abusadores.
Que sean niños, no “el repetidor” o “el conflictivo” o “el que nunca trae los deberes”.
Niños, y no los que empujan el carro con cartones.
Que sean niños los niños, simplemente.
Que ejerzan en paz el oficio de recién llegados.
Que se los llame a trabajar con la imaginación o con lápices de colores.
Que se los deje ser niños, todo lo niños que quieran.
Y que los niños sean lo importante, que por ellos lleguen a un acuerdo los que nunca se ponen de acuerdo; que por ellos se dirijan la palabra los que no se hablan, que por ellos hagan algo los que nunca hicieron nada.
Que sean niños los niños y que NO dejen de joder con la pelota.

Que sean niños en su día. Que lo sean todos los días del año. Que sean felices los niños, por ser niños. Inocentes de todo lo heredado.


Deseos para niños, por Mex Urtizberea

¿Te gusta "La mamá de Sara"?
Inscribe acá tu mail para recibir notificaciones de mis entradas y mi boletín de noticias.
Delivered by FeedBurner  

17 agosto 2012

Hacer el bien no alcanza

                                          Source: oprah.com via Gennia on Pinterest

Flor, tu comentario en mi anterior entrada me ha hecho pensar y mucho. Lo he leído una y otra vez, y cada vez que lo leo, me hace más sentido. Quiero decirte que tienes razón. Y aunque es necesario aclarar que no soy tan cercana a mi amiga de la historia, creo que ese hecho no es razón suficiente para guardar silencio. Como dices en tu comentario, es hora de comenzar a meternos, de decir, con respeto pero en voz alta, lo que creemos con relación a la crianza de los niños, por ellos y por nosotros. 

He tratado de identificar porque me quede en silencio. Por que sentí miedo de decir lo que debía decir. Y comencé a recordar otros episodios en los que he actuado de manera parecida. Momentos en los que Sara me pide teta frente algunos amigos y siento pena; conversaciones en las que evito el tema del colecho porque me da "jartera"; momentos en los que calló cuando alguien, con la mejor intención, habla de lo "manipuladores" que son los niños, incluida mi hija. 

Y después de pensar y buscar en mi cabeza y corazón, he llegado a la conclusión de que, tal vez, de alguna manera, soy una madre con "doble" personalidad. Tal vez soy una mientras escribo en este blog y estoy en la intimidad de mi casa, y otra, no tan pública y arrojada, cuando estoy en otros espacios diferentes. O tal vez es que se me había olvidado que a veces me cuesta decir lo que pienso por miedo a generar conflicto o a sentirme juzgada; o que desde pequeña e odiado ser la niña diferente y aún, inconscientemente, me cuesta entender que todos lo somos, de una u otra manera, y que no hay nada de reprochable en ello. 

Lo cierto es que este episodio y tus palabras no sólo me han calado hondo, sino que también me han hecho caer en cuenta que tenemos que comprometernos mucho más, como tu dices, y visibilizarnos. Tenemos que abrir la boca y hablar de la crianza de nuestros hijos, siempre que haya oportunidad, en todos los espacios, respetuosamente pero también alto y fuerte, para lograr el mayor alcance posible, para que lo bueno que hacemos tenga un eco más allá de las 4 paredes de nuestro hogar. Nuestra responsabilidad va más allá de las fronteras de nuestra casa. Como bien dices, "hacer el bien no alcanza, hay que impedir que se haga el mal". No es una opción, tenemos que hacerlo. Me comprometo a hacerlo.

¿Te gusta "La mamá de Sara"?
Inscribe acá tu mail para recibir notificaciones de mis entradas y mi boletín de noticias.
Delivered by FeedBurned

27 junio 2012

Día Mundial del Sueño Feliz

Este viernes, 29 de junio, celebraremos el 1er "Día Mundial del Sueño Feliz", una iniciativa de mamás y papás blogueros, tuiteros y facebookeros que pretende reivindicar la importancia del sueño respetado, recalcando lo nocivo y antinatural de los métodos tiránicos conductivistas y propiciando un espacio para que compartamos nuestras historias y experiencias de sueño feliz, en familia, a través de una gran toma virtual en blogs y redes sociales.

Día Mundial del Sueño Feliz

Si quieres hacer parte de esta iniciativa, puedes participar de varias maneras: 


  1. Uneté al grupo de facebook y al evento.
  2. Si tienes un blog, anuncia esta inciativa con un post y publica otro el viernes 29 de junio contando tu experiencia de sueño feliz.
  3. Si tienes facebook, el día 29 de junio, cuelga mensajes, imágenes y enlaces de artículos a favor del colecho y estudios que rebatan el conductismo para dormir.
  4. Si tienes Twitter, el día 29 de junio utiliza masivamente el hashtag #DesmontandoaEstivill, para conseguir que sea Trending Topic ese día. Puedes tutear y RT enlaces (por ejemplo el artículo de Ibone Olza, o el de Ramón Soler y tantos otros) a periodistas, medios de comunicación, famosos pro apego, etc. También intercalar el hashtag #DiaMundialSueñoFeliz29J para que empiece a sonar bastante.  
A continuación comparto una lista de artículos y material que te puede servir como punto de partida y consulta para sacar ideas para compartir y apoyar en tus redes esta iniciativa:  
Que viva el sueño feliz y respetado de nuestros hijos!!



¿Te gusta "La mamá de Sara"?
Inscribe acá tu mail para recibir notificaciones de mis entradas y mi boletín de noticias.
Delivered by FeedBurner

03 mayo 2012

Tomar en serio a los niños

Cada vez que Sara llora o se pone triste o se frustra, siento su desconsuelo y enojo como mío. Es como si me pasara a mi, lo vivo en 1era persona desde el fondo de mi alma y mi corazón. Me es imposible ignorarla, o dejarlo pasar sin ponerle importancia. Se que para ella TODO es importante. Siento una necesidad imperiosa por abrazarla, consolarla y socorrerla. Por hablarle y explicarle lo que pasa, lo que siente, tratando de que ella entienda y comience a nombrar las emociones que siente. 

Para muchos la tengo muy consentida y le presto demasiada atención. "Contigo llora por todo", "ella sabe a quien se la monta", me dicen. Y yo no termino de entender el sentido de esas palabras. No sé porque los niños no son tomados en serio por los adultos. Por que, por el simple hecho de que son niños, lo que expresan y sienten tiene automáticamente menos valor o nada de importancia. 

Feliz y entaconada!!! on TwitpicNo lo entiendo, no lo comparto y nunca lo compartiré. Para mi no hay nada más relevante que lo que le pasa a mi hija, y mucho más si tiene que ver con sus sentimientos, con sus sensaciones internas, con su autoestima y su auto-confianza. Cada expresión que revela lo que pasa en su mente y corazón es un inmenso tesoro, que requiere de toda la atención que yo le pueda prestar. Así nos conectamos, fortalecemos nuestro vínculo, nos conocemos, nos reconocemos y nos amamos.

Siento que ella llora conmigo y se expresa sin reparo porque siente la confianza de hacerlo, porque sabe que será atendida con esmero, que sus sonrisas, su llanto, sus peticiones, son tan importantes para mi como para ella. Sabe que conmigo nada de lo que diga o sienta será echado en saco roto. Que la escucharé, la reconfortare, le daré una explicación a lo que le cuesta entender, que estaré simple allí cuando ella me necesite. Siento que desde ya me tiene sincera y verdadera confianza.

Por eso, sin importar lo que le pase, trato de ponerle atención, de mirarla a los ojos, de hacer lo posible por entender sus balbuceos, sus quejas, sus sonrisas y abrazos. A veces reconozco que me hace falta paciencia. Pero, luego trato de recapitular y volver comenzar. Por que mi hija de 21 meses merece mi esfuerzo, merece respeto, merece que la miren, la escuchen y la tomen en cuenta. Sara y todos los niños merece ser tomados en serio.

Y tu, estás de acuerdo? o ¿crees que los niños y sus cosas carecen de importancia?


¿Te gusta "La mamá de Sara"?
Inscribe acá tu mail para recibir notificaciones de mis entradas y mi boletín de noticias.
Delivered by FeedBurner

29 noviembre 2011

Enseñando sobre porteo

Como muchos saben, desde que nació Sara, yo hago parte de la familia Abrazarte Portabebes, no sólo usando sus productos para cargar a mi pequeña princesa a todos lados, sino también como distribuidora en Bogotá. Esta labor hermosa de enseñar a otros como pueden llevar a sus hijos bien pegaditos la mayor parte del día, realmente me encanta. Hoy precisamente tuvimos nuestro taller. Una vez al mes convocamos a todos los interesados en el tema y a los que ya tienen un portabebé ergonómico en uso, para hablar de los beneficios de llevar a nuestros hijos en brazos, de las posturas correctas y las incorrectas, además de mostrar todos los tipos de portabebes que tenemos, practicar nuevos nudos y formas de utilizarlos. El taller dura dos horas y siempre es una oportunidad de oro para compartir y conocer a otras mamás y papás, preocupados e interesados por el bienestar de sus hijos. Sin importar si viene una sola pareja o los asistentes son un montón, siempre salgo recargada de estos encuentros. Es increíble como el hecho de compartir con otros, cara a cara, mi experiencia como mamá y como usuaria satisfecha de los productos, se convierte en una terapia que me llena de felicidad. Ni se diga cuando veo la cara de satisfacción de otros padres al encontrar en lo que ofrecemos, aquello que han estado buscando por tanto tiempo. Nuestras palabras llenas de respeto y empatía por los niños y sus necesidad, hacen eco en ellos, validando lo que en el fondo de su corazón ya saben. 

Ver el salon lleno de padres con niños de todas las edades, mamás lactando a sus bebés sin ninguna preocupación, todos concentrados en nuestros hijos y enamorados de ellos, compartiendo nuestro sentir y nuestra experiencia, me hace pensar que algo está cambiando. Que existe un deseo genuino de muchos padres por hacer las cosas de manera diferente, por criar más desde el corazón, por dejar de reprimir el amor que necesitan nuestros pequeños, por estar a su lado, compartiendo su tiempo, brindando presencia la mayor parte del tiempo. Con ganas de no separarse de ellos los primeros años, conscientes de lo importante de esta etapa que se pasa volando.

Criar a mi hija con presencia, leche materna, colecho y respeto, así como enseñar a otros sobre porteo, me permite ser parte activa de este movimiento lleno de empatía y amor, que cada día toma más y más impulso en el mundo y en nuestro país. Aún somos pocos, pero de a uno en uno, estoy segura que en poco tiempo, seremos muchos. Estoy segura que criar con amor, contacto, respeto y empatía a nuestros hijos, es la mejor manera de cambiar el mundo.

¿Te gusta "La mamá de Sara"?
Inscribe acá tu mail para recibir notificaciones de mis entradas y mi boletín de noticias.


Delivered by FeedBurner

24 noviembre 2011

Ni es lo mismo, ni es igual

Por estos días la blogosfera maternal, puntualmente la española, ha estado revolucionada. Y aunque no soy de allá, ni vivo en la Gran Vía, me he encontrado absorta en el tema durante varios días. Todo comenzó el pasado domingo después del anunciado triunfo en la elecciones del Partido Popular (PP), cuando en medio de la celebración en un balcón, apareció doña Soraya Saénz de Santamaría. Para un espectador cualquiera, este simple hecho hubiera pasado totalmente desapercibido. Pero para muchas mamás españolas que luchan por una baja maternal justa y respetada por empresarios y sociedad, y por unas políticas adecuadas de conciliación trabajo-familia, el hecho de que este personaje público (y ahora en el poder), apareciera tan campante en la celebración, habiendo dado a luz hace tan solo 15 días, ha sido como un baldado de agua fría en pleno invierno. La indignación a crecido aún más cuando después se conoció que además, ha renunciado a su licencia de maternidad para asumir la responsabilidad de ser quien realice el traspaso de poderes entre en gobierno saliente del PSOE y el entrante del PP. Lo cierto es que la discusión está servida. Y, la polarización a la orden del día. Las opiniones al respecto abarcan todos los tonos y colores. La mitad, la condena y la otra mitad, la absuelve. Casi todos con los mismos detalles y la misma información, la excusan tranquilamente o la condenan a muerte. Para unas es una "mala madre" que además de dejar a su bebé cuando más la necesita, da un pésimo ejemplo al no tomarse, por lo menos, los días obligatorios de baja maternal a los que tiene derecho. Para otras es un ejemplo de mujer, que tiene claro que algunas oportunidades solo se ven una vez en la vida y que, lamentablemente para su bebé, la oportunidad de su vida le ha llegado ahora que acaba de convertirse en mamá, y por nada del mundo la puede desaprovechar. Al parecer todo el tema se reduce a dos bandos. No existen, termino medio en la discusión. Los grises pecan, una ve más, por su ausencia. Y, para mi, desde el otro lado del mundo, este es un tema de grises. Si, de grises, de términos medios, de tolerancia, de respeto, de verdadera conciliación. 

Por una parte, y haciendo de abogado del diablo, más allá de las fotos de doña Soraya en el balcón celebrando el triunfo de su partido y el anuncio de que será la encargada de la transición, no sabemos nada. De esos simples datos, parte toda suerte de especulación al respecto. No sabemos cuál es su sentir, cuál es su situación, qué piensa su marido, cómo va a ser su reincorporación, cómo piensa manejar su día a día... en fin, no tenemos ningún otro detalle que nos de luces de que es lo que realmente pasa por su cabeza, ni de si se sintió obligada o no tuvo otra opción (aunque yo soy de las que piensa que si sabes lo que quieres, siempre tienes opciones). Por lo tanto, es un poco ligero juzgar su decisión (si es que tenemos derecho a hacerlo). Por la otra, creo que lo importante de todo este tema es poder garantizar que las madres y padres tengamos opciones reales para elegir, libremente, con conocimiento y sin presión, como deseamos organizar nuestra vida laboral y familiar. Desde ese punto de vista, cualquiera de las decisiones que tomemos deben ser validas y respetables. Tanto la de la mamá que desea dedicarse 100% a sus hijos (como yo), como la de la que prefiere ceder su tiempo de baja al papá para regresar al trabajo cuanto antes, así como la de la que quiere trabajar sólo medio tiempo para estar con su familia el resto del día. Cada familia es un mundo, así que cada quien vera que le horma mejor. 

Pero también es cierto, que independientemente de que cada decisión sea personal, valida y respetable, cada una tiene implicaciones muy diferentes. Decidir una u otra cosa, ni es lo mismo, ni es igual. El hecho de que se tenga la posibilidad de escoger volver al día siguiente al trabajo después de haber dado a luz, no quiere decir que sea lo mejor para mamá, bebé, familia y sociedad. Y aunque cada quien tiene derecho a decidir que hacer y a tener opciones, que es por lo que se lucha al final, claramente lo deseable sería que a ningún bebé se le negará este periodo de fusión con su mamá, de extero-gestación, que también es su derecho. Sin duda, la carencia de este periodo de maternaje, al final, termina pasando factura. No solo al bebé, sino también a la madre, a la familia y a todos y cada uno de nosotros, como sociedad.

Para mi, lo único claro al final, es que todo este asunto de las decisiones de la futura ministra pone en evidencia que la conciliación es un tema que tiene que comenzar con un cambio de mentalidad de todos. De los que nos dirigen, de nuestra familia, de nuestros esposos, de nosotros mimos. La idea de que podamos llevar y disfrutar de manera equilibrada nuestra vida profesional y familiar es, sin duda, inmensamente revolucionaria. El equilibrio, como siempre, es una virtud difícil de conseguir pero absolutamente necesaria. También creo que la ministra perdió una oportunidad de oro, para potencialidad su situación como madre reciente y mujer en el poder. Su situación era perfecta para demostrar, con detalles como llevar a su bebé en un fular, que ella y su partido están realmente conscientes y conectados con la conciliación familiar. Que lástima que nadie, ni siquiera ella, lo hubiera visto así. 

Por ahora, independientemente de las decisiones que tomen los demás, hay que seguir luchando por una verdadera conciliación, por tener opciones para ser mamás si queremos, para trabajar si es lo que deseamos, para compaginar las dos cosas de la mejor manera, si es lo que necesitamos. Reivindicando nuestros derechos como mujeres, como madres, como profesionales, pero sin sobreponerlos a los derechos y necesidades de nuestros hijos. Es imposible pretender que todos sientan y vivan la maternidad paternidad como nosotros. Si queremos respeto, primero debemos manifestarlo respetando las decisiones de los demás así no la compartamos. Así pensemos desde nuestra perpectiva, que no son correctas, que son erradas y equivocadas. Así sepamos que ni es lo mismo, ni es igual

28 septiembre 2011

Si, yo si quiero

Si, yo si quiero cambiar las cosas. Quiero un mundo distinto, un mundo mejor, un mundo donde tengamos tiempo para nuestros hijos sin renunciar a desarrollarnos profesionalmente, tiempo para ser felices en familia, tiempo para vivir la vida. 

Yo si quiero aportar para que las cosas cambien para bien, para nuestro bien, para el bien de la humanidad entera. Poner un granito de arena para que en España, en Argentina, en Colombia y, por que no, en el mundo entero, la prioridad de todos sea nuestros niños.

Estoy convencida que ya está bueno. Que ya es hora de que lo importante sea lo primero. Que nuestros hijos tengan derecho a ser criados por sus madres y padres, que podamos contar con una licencia de maternidad de por lo menos 6 meses, que tengamos a la mano opciones para trabajar desde casa, oportunidades de trabajo por media jornada, guarderías en las empresas, espacios para laboral y crecer profesionalmente sin tener que abandonar todo el día, todos los días, a nuestros bebes al cuidado de otras personas. Ya es hora que se nos valore por ser madres, por maternar, y no solo por tener un título profesional y producir un cheque mensual lleno de ceros a la derecha (en el mejor de los casos), a costa de la salud emocional de nuestros pequeños, de su felicidad, de nuestra felicidad.

Si, yo si creo que entre todas podemos. A punto de millones de esfuerzos, de unir nuestros deseos, nuestros pensamientos. A punta de muchas palabras a través de estos espacios y de nuestra redes digitales, de esta tribu contemporánea que se teje con post, coments, likes y tweets. Solo necesitamos voluntad, unión y perseverancia. Ya es hora de hacer sentir nuestra fuerza. Es el momento. Nosotras lo gritamos. Nuestros hijos lo necesitan. La sociedad entera esta impaciente por comenzar a calmar la sed de cariño que años enteros de desamor y desapego han generado en su núcleo, en cada familia, en todos los seres humanos.

Yo tengo la fortuna de poder estar en casa con Sara desde que nació. Mis circunstancias me han permitido no perderme de nada, disfrutar cada segundo de sus 14 meses de vida, acunarla, consolarla, mirarla, atenderla, mimarla, besarla, amarla, todo el tiempo que he querido, sin tener que salir corriendo a cumplir con obligaciones laborales, sin tener que dejarla en una guardería o al cuidado de una niñera para poder llegar a las 8:00 a.m. a la oficina, pasando todo el día alejada de ella, gastando mi tiempo de madre, gastando el tiempo de mi hija, en cosas que, en este momento, no son tan importantes. No me imagino como será el día en que tenga que regresar a esa rutina. Solo pensarlo me produce nauseas. Sobretodo, si cuando ese día llega, ella aún no es lo suficientemente grande para entenderlo. Sobretodo, porque sé que encontrar el punto medio, en la profesión en la que me desempeño, es casi imposible. Por que sé que cuando tenga una fiebre, sin importar la edad que tenga, no podré salir corriendo. Por que me perderé de varias visitas al pediatra y muchas salidas del colegio. Por que no estaré para escuchar algunas de sus 1eras palabras. Por que ella sentirá que su mamá no está como ella el tiempo que quisiera. Por que nos haremos mucha, pero mucha falta. Por que ese será un tiempo perdido entre las dos, imposible de recuperar.

Por eso y por que sé que entre todas podemos hacer que la utopia de la conciliación sea una realidad, les dijo que si, que yo si quiero trabajar para cambiar las cosas... tal vez sea hora de que tú también te preguntes que quieres hacer, qué estamos dispuestas ha hacer para que todo esto cambie.

Únete ya a nuestro grupo en facebook haciendo clic aquí y participa de todas las actividades que se están "cocinando" para que exista una Conciliación Real Ya!!

13 septiembre 2011

¡A jugar familias! Otra manera de amar

¡A jugar Familias! es un Carnaval de Blogs abierto a todos de El Blog de Sarai Llamas para el mes de la Crianza con Apego 2011 con el cual se pretende hacer un llamamiento a todos los padres invitándolos a jugar con sus hijos y a compartir con ellos un tiempo precioso y de un valor incalculable.

Jugar juntas es algo que, Sara y yo, hemos ido descubriendo de a poco. Cuando estaba aún más pequeñita, me encantaba balancearla apretada a mi pecho hasta que su cara se iluminaba de emoción y pequeñas carcajadas flotaban por el aire. Ahora, que ya es toda una niña, que corre y camina, nos encanta perseguirnos por toda la casa. O refugiarnos bajo las cobijas a descubrir como la luz se cuela por entre el tejido, a señalar los círculos de colores de su manta, a hacernos cosquillas en medio de abrazos y besos, a disfrutarnos.

Hace poco descubrimos que juntas es más divertido escuchar "Pim Pon", y nos sentamos por horas en el sofá a corear (cada cual en su lengua) mil canticuentos de un cd interminable. Jugamos también a gatear, y cuando lo hacemos, a Sara le encanta subirse en mi espalda, y gritar con locura y emoción, mientras me persigue y me llena de besos y abrazos apenas me alcanza. Jugar a abrazarnos es maravilloso y ella sabe que cuando yo abro mis brazos de par en par, lo único que tiene que hacer, es sonreír y correr a toda velocidad para encontrarse, en pocos segundos, calientita en mi regazo. 

El parque es nuestra cita obligada de todos los días, siempre y cuando el sol nos invite a salir, con sus largos rayos brillantes. Recolectar hojas es de nuestros juegos preferidos, mientras descubrimos que los mejores juguetes están allí, en la naturaleza. Subirse al rodadero caminando, agarrada de mi mano, es su gran hazaña. La parada en los columpios es obligatoria. Meciéndonos de un lado a otro, muy juntitas, sentimos cosquillas en el estómago, mientras el aire nos acaricia, suave y sutilmente. 

Las escondidas es de los juegos que más disfrutamos desde que era muy, pero muy pequeñita. Y no me refiero a esconderme debajo de la cama, o detrás de la puerta, ni mucho menos a contar hasta 10. Para desaparecer ante sus ojos, basta con tapar mi cara con la almohada o con cubrirme los ojos con las manos. Las carcajadas son inigualables. La cara de felicidad y de sorpresa, insuperables. Algo tan simple, es diversión en toda la extensión de la palabra. Y ni que decir de "pescar palomas" a través la ventana. Me abraza y mientras la cargo, busca las palomas en el cielo, en los edificios, en los cables de la luz. Y las sigue con su mirada hasta el horizonte mientras alzan vuelo. 

Jugar con Sara es la mejor manera de conocernos, de entendernos. De sabernos felices, cómplices, amigas. De descubrir el mundo, de aprender, de explorar. De fortalecer nuestro lazo, de hacer irrompible nuestro vínculo. Jugar no es más que otra manera de amar.



10 mayo 2011

Padres hiperexigentes, niños infelices

No hay duda que vivimos en una sociedad en extremo exigente y competitiva. Y, a veces para bien pero normalmente para mal, la maternidad y/o paternidad no escapa de esta situación. Desde que los niños nacen, muchos padres sentimos la obligación social de hacer todo lo posible para tener un hijo sobresaliente, que se destaque entre los demás, ya sea por su belleza, inteligencia, dotes artísticas, habilidades musicales o deportivas. Por eso no es extraño ver programas donde se evidencia como los padres someten a sus hijos a este tipo de presión. Donde prácticamente los obligan a someterse a rutinas extenuantes todo en aras del "triunfo temprano y el éxito", en el desarrollo de una carrera. En definitiva, tener un niño "regular" o "estándar", no está de moda y, por el contrario, parece ser sinónimo de que nuestro hijo, muy probablemente, va a ser poco exitoso en un futuro y de que los padres no estamos haciendo lo suficiente para dotarlos de herramientas útiles para la vida adulta. Sin duda, la infancia de hoy en día está bajo mucha presión.


Conozco muchos padres que en su afán por tener el hijo sobresaliente, entran (e introducen a su pequeño) en la vorágine de la estimulación temprana, de los dvd´s de Baby Einstein, de las clases privadas de pintura, del curso de piano, de las lecciones de natación. De un día para otro, la agenda de estos niños (y de muchos bebés) está más apretada que la del presidente de la república, y sus padres perfectamente convencidos de estar haciendo lo adecuado, de estar trabajando por su futuro, de estarlos preparando para ser felices y exitosos. Sin duda y sin malas intenciones (por supuesto), muchos padres someten a sus hijos a una presión que normalmente no desean  ni soportan, convirtiendo sus gustos y pasiones en una carrera por el éxito, por el éxito como padres a través de sus logros. Y, en mi opinión, ahí es cuando muchas cosas comienzan a andar mal. Los altos estándares de nuestra sociedad y la cultura del perfeccionismo que promueve nos permean, afectándonos, afectando a nuestros hijos, afectados la familia y la sociedad entera.

Entonces, ¿qué debemos hacer?, ¿por qué nos cuesta respetar sus tiempos, sus ciclos, sus gustos y dejarlos ser ellos?, ¿por qué es tan difícil entender que nuestros hijos necesitan cosas simples pero valiosas:  mirada, respeto, soporte y comprensión?, ¿por qué nos falta confianza para seguir nuestros instintos, dejando que el mercado manipule nuestros miedos y culpas?, ¿por qué simplemente no dejamos que nuestros niños sean niños, sean lo que quieran ser?...todas estas cuestiones rondan en mi cabeza y no me pueden conducir nada más que a la reflexión

No sé cómo ni cuándo, pero al parecer nos hemos convertido en una sociedad de padres inseguros e hiperexigente y, lo que es peor, de niños infelices. Este pensamiento me ha rondado todo el día después de ver una entrevista en tv del escritor canadiense Carl Honoré, en la que presentaba su libro "Bajo Presión. Cómo educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente". Sus palabras realmente me han calado y me han hecho pensar que los padres, en nuestro afán por darle lo mejor a nuestros hijos, nos hemos convertido en una espacie altamente manipulable, a merced de demasiados intereses oscuros. Este afán desmedido, nos impulsa al control y a la competitividad y, sin querer queriendo, terminamos "secuestrado la infancia de nuestros hijos", sometiéndolos a demasiada presión, y desconociendo sus gustos, necesidades y propios ritmos. 

Si analizamos con detenimiento, desde que los niños nacen, los padres y la sociedad no desean más que controlarlos: horarios para la teta, formulas para que duerman cuando queremos, para que hagan lo que queremos, para que sean exitosos en los que los padres desean. Me atrevería a decir que existe todo un protocolo de cómo tratarlos y qué hacer para tenerlos bajo nuestro control. Protocolo que lentamente mutila su espíritu y los hace muy infelices. Por supuesto, esto no es una apología a ser unos padres desinteresados, dejando a nuestros hijos con la rienda suelta. Es más bien, una invitación personal a pensar sobre la maternidad y paternidad, sobre el bienestar de nuestros pequeños, para que enfoquemos nuestros esfuerzos, no tanto en controlarles la vida sino en ser padres equilibrados y respetuosos, que confían en sus instintos y que escuchan a sus hijos. Una invitación a tener más sentido común y reflexionar más a la hora de criar a nuestros hijos. Ahora, me daré a la tarea de leer el libro de Honoré, que por las reseñas que he visto parece ser digno de recomendar. Espero más adelante contarles que tal me ha parecido.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Lilypie Breastfeeding tickers

Yo