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04 agosto 2015

#Los5DeSara


¡Llegaron los 5 años! El mundo dio varias vueltas al sol y casi sin darnos cuenta nos encontramos celebrando que hace 1.825 días Sara nos escogió como sus padres. Celebrar su vida, nuestra vida con ella, es de las cosas que más disfruto. Su cumpleaños es mi cumpleaños también. Y lo vivo a su manera, llena de emoción, sonrisas, felicidad y libertad. Con el corazón hinchado de orgullo y agradecimiento. 

Mi hija es una niña increíblemente auténtica, llena de una energía poderosa y una voluntad imparable. De ella he aprendido las más importantes lecciones y recibido los mejores regalos. Me ha hecho la mujer que soy hoy, de a poco, con cada abrazo, con cada lagrima, con cada gesto. Me ha llevado de la mano por la agridulce senda de la maternidad, dándole sentido a cada segundo de mis días. Así que hoy solo puedo decir que ser su mamá me hace una mejor mujer, una más reflexiva, humilde y feliz. Y que estoy inmensamente agradecida y maravillada, por que nada me hubiera podido anticipar lo que sería tenerla como parte de mi vida. 

Te amo Sara. 
Te amo así tal cual eres. 
Te amo ahora y siempre.  
Felices 5 y que sean muchísimos años más. 



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17 julio 2015

No estás


Pasan los días y la vida sigue sin ti.
Todos siguen sin ti.
Yo vivo sin ti.
No hay remedio y es difícil.
Es realmente difícil.

Se siente inmenso no tenerte.
Querer sentirte aquí, ahora, y saber que no estarás.
Recordar el sonido de tu voz y tratar de no perderte del todo.
Escuchar una canción y esperar despertar del sueño de tu ausencia.

El tiempo no cura nada.
En estos casos el tiempo no sana.
El tiempo lo hace todo más difícil.
Su pasó nos confirma lo irremediable, la soledad, el vacío, la necesidad, la tristeza, la perdida.

Yo te recuerdo a diario y Sara te nombra, a diario.
Me sorprendo reviviendo tu sonrisa, tus abrazos, tus ganas de llenarnos de atenciones.
Y Sara parece que leyera mi mente.
Te menciona, se entristece conmigo, me consuela, inventa historias con las 3.
Historias que pudieron ser realidad.
Y no estás.

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07 julio 2015

Los 5 años


Se acercan los 5 años. En pocas semana cumplimos 5 años de existir como una familia de tres. Lo pienso y no puedo dejar de sentir nostalgia y de sonreír. Estos han sido años maravillosos, duros y maravillosos. Ser mamá fue una metamorfosis para mi. Sara fue una explosión que no tenía como anticipar. Me cambio de repente y sin anestesia. Me hizo más consciente, más fuerte, más vulnerable,  poderosamente distinta, una mejor mujer, una persona más feliz. 

Estos han sido los mejores años de mi vida. Nunca había sentido tanto, aprendido tanto, cambiado tanto, reído tanto, sufrido tanto, entregado tanto, amado tanto. Sara me ha regalado 5 años de intensidad pura. De sueños cumplidos, de esperanzas, de magia, de energía, de aprendizajes. De amar profundamente y entregar sin medida. 

Así que no puedo más que estar agradecida. Feliz y agradecida por Sara y por esta familia de tres que cada vez me gusta más. Por eso celebremos desde ya. Celebremos a mi pequeña. Celebremos la maternidad. Celebremos lo maravillosa que es la vida. 

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09 septiembre 2014

Mamá celosa


Soy una mamá celosa y eso es un hecho. Nunca lo hubiera pensado pero soy de esas que se la pasan todo el día anhelando ver a su pequeña, pensando ¿qué estará haciendo?, ¿cuál será su última ocurrencia?, ¿con qué estará lidiando?, y sintiendo una opresión inmensa en el corazón por todo lo que se está perdiendo. 

Soy una mamá celosa y esta emoción me toma por sorpresa y no la comprendo. Esta mañana cuando llegó el bus del colegio y ella grito emocionada : "la ruta, la ruta", me dio mucha felicidad pero también mucho miedo. Miedo a montarla en un vehículo escolar en esta ciudad, miedo a no estar, miedo a perdérmela, a perdernos, a no disfrutar a su lado cada uno de estos nuevos momentos que le corresponde vivir con otros y sin mí. 

Soy una mamá celosa y no es fácil serlo. Estaría mejor tomarme todo con tranquilidad. Después de todo tengo una hija tranquila, segura, que se siente como pez en el agua en su nuevo colegio, que quiere asistir hasta los fines de semana, que se despide con un beso, un abrazo y una sonrisa en la boca. Y, como resultado, yo me siento celosa, desplazada, poco importante, abandonada, vacía.

Soy una mamá celosa y, al mismo tiempo, soy una niña insegura buscando atención. No entiendo muy bien como ni por qué pero esta etapa me conecta con ese lado mío que sólo yo sé que está vivo y que existe. Ese lado que se despierta en los momentos menos esperados y que me hace re-conocerme y re-descubrirme de maneras insospechadas. 

Soy una mamá celosa y tendré que aprender de este momento. Supongo que estoy acostumbrada a ser el centro de la vida de mi hija, y la entrada al colegio me enfrenta a otra realidad: eso está cambiando y con el tiempo cambiará mucho más. Y me niego a creerlo. Y, de alguna manera inconsciente, no quiero soltarla, soltarme y dejar que todo tome su curso, que fluya. 

Soy una mamá celosa y eso es lo que siento hoy... y espero poder darle a este sentimiento un curso acertado muy pronto. 


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23 enero 2014

Por las noches


La noche sigue siendo nuestro momento, nuestro espacio, nuestro encuentro. La mañana es una prisa constante y el resto del día, pura ausencia. Por eso, cuando llega la noche, nos abrazamos, nos hablamos. Trato de dejar todo lo demás de lado. Nos concentramos, jugamos un rato, nos contamos cosas, peleamos, nos reconciliamos, lloramos, nos exigimos, nos reímos, nos perdonamos, nos hastiamos, nos amamos. Estamos realmente juntas, auténticas, sin velos y sin intermediarios, nos reconocemos y lo disfrutamos. Ese breve espacio de tiempo por las noches, es lo que nos mantiene a flote. Es lo que me mantiene a flote en medio de días eternos llenos de reuniones y de una vida agitada que me atrae y me abruma, al mismo tiempo.   

Y en este espacio de tiempo nocturno, corto y eterno, también leemos, leemos mucho. Tres cuentos por noche, relatos llenos de aventuras de genios, y gatos. Historias de mariposas con sueños alados, de ratones y tractores, de buenos amigos. Cuentos llenos de esperanza, de lecciones de vida que nos indican que la respuesta es el presente, este instante, el aquí y el ahora. Hoy, ya y nada más.

"Es Así" es nuestro preferido. Mi preferido. Y aquí está por que vale compartirlo, para que no nos perdamos de vista, para no perder del horizonte el presente.


Es Así

Algunos ya partieron.
El gato del vecino, la tía Margarita, 
el pescado de la sopa de ayer.

Otros llegarán.
Unos han sido pedidos,
otros vienen sin preguntar.

Los que estamos 
lloramos a los que parten. 
Es bonito recordar.

Los que estamos
nos alegramos por los que llegan.
Hacemos bienvenidas,
nos gusta celebrar.

Hay un instante en que los
que se van y los que vienen
se cruzan en el aire.

Se desean felicidad.

Es Así.

Los que parten 
no saben su destino.
No dependen del viento
ni de la edad.

Los que vienen tampoco lo saben.
Son cosas de la vida, dicen, del azar.

Es un misterio de dónde vienen y adónde van.

Los que estamos, aquí estamos.
Es mejor disfrutar.

No sabemos cuando, pero los que llegan
también un día partirán.

Es así
como la primavera sigue al invierno,
unos llegan y otros se van.

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15 diciembre 2013

La mona y el mar

Mi hija, al igual que yo adora el mar. Yo tengo razones de sobra para hacerlo. Crecí viéndolo casi a diario, acostumbrada a su brisa, a su energía, a su olor, a su sal. Y solo noté lo especial y determinante que era para mi, cuando me mude a vivir a una ciudad muchos kilómetros lejos de él.

Sara, en cambio, adora el mar por herencia mía y de su papá. Es cierto que ha estado en contacto con él desde que era una bebé. Sin embargo, creo que su fascinación y deseo por la brisa, el sol y las olas, nace, principalmente, de lo que nosotros le hemos trasmitido, por que solo tiene la oportunidad de disfrutarlo por pocos días, una o dos veces al año

Desde que era una bebé, verla disfrutando del mar, concentrada en su inmensidad me maravilla. Y, ahora, que es una niña grande, que habla y pide con propiedad, para mi no existe mejor plan que ver como se pierde en él por horas, sin miedo, con libertad, como si fueran viejos amigos que se conocen de toda la vida.

Para ella no existe mayor felicidad.
Para mi no tiene precio saber que mi hija, a pesar de la distancia, esta también unida a la inmensidad y a la energía de oceano, de una manera especial.





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02 octubre 2013

Quiero crecer


Soy la mamá de una niña de 3 años. Una niña, que a veces no parece tan niña, y que ayer en medio de su frustración porque no la dejaba ver más televisión me dijo: "Mamá quiero crecer". Al escucharla no pude decir nada, simplemente atiné a abrazarla, mientras sonreía llena orgullo. Me emociona pensar que mi pequeña esta creciendo. Me alegra evidenciar que con esas tres palabras me dijo, sin vacilación, que quiere tomar sus propias decisiones. Y eso tiene un significado inmensamente importante. Es la prueba reina de que la fusión de la diada madre-hija ha terminado y, precisamente por eso, Sara tiene perfectamente claro que es un ser independiente, distinto a su mamá y que puede -y tiene el derecho- de querer, sentir y pensar diferente a mi. Tiene claro que no está en la obligación de complacerme, y que podemos disentir, sin dejarnos de respetar y amar.

Reconozco que sería mucho más fácil y cómodo tener un hijo alineado con mamá. Sería más sencillo tratar de convencerla de que yo soy la dueña de la verdad y la razón, y que, por lo tanto, lo que ella quiera o piense no tiene mucha importancia. En definitiva, implicaría para mi un trabajo menos demandante e intenso, en la crianza diaria. Sin embargo, el costo para mi pequeña sería demasiado alto: adormecería su voluntad, minaría su autoconfianza, destruiría su deseo natural de ser en función de su propia existencia y anhelos personales. Yo misma fui una niña muy pendiente de complacer a mamá y a los demás. Con más miedo a fallarles, que a renunciar a mis sueños. Así que sé exactamente de que les hablo y no es nada sencillo.

No quiero decir con esto que pasar de criar a una bebé "obediente" y "sumisa", a criar una niña "rebelde" y "voluntariosa", sea simple. La realidad es que para mi representa un reto de proporciones inmensas. Es un esfuerzo permanente de empatía y respeto, que implica una dosis gigante de consciencia y paciencia, que muchas veces no tengo y no se de dónde sacar. Implica trabajar en lo que más me cuesta. Ejercitar mi capacidad de negociación. Aprender que merece, desde ya, tomar muchas decisiones de su vida por si sola: qué desea comer, cómo se quiere vestir, que le gustaría jugar o hacer. Implica aprender a lidiar con el sentimiento absurdo de inconformidad que estos desacuerdos cotidianos me generan. Requiere explicarle con amor por qué algunas veces la respuesta es "no", y que eso no significa que su deseo no se valido, que la desprecie por eso, o que la amé menos.

Oficialmente puedo decir que soy la mamá de la niña que quiere crecer, y me siento feliz y complacida  por eso.

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22 agosto 2013

Lo que extraño de las vacaciones

Estuve perdida unos días y fue por un motivo de importante: nos fuimos 5 días de vacaciones, a conocer a mi sobrino, a visitar a mi abuela, a saludar a la familia. Y ahora, que estoy de regreso tengo el "guayabo" correspondiente, durante el cual no he podido dejar de pensar en todo lo que extraño de estos días de relax y descanso. Por que en definitiva, NUNCA, las vacaciones serán suficientes.

Esto es lo que más extraño de nuestros recientes días de descanso:
  1. Despertarme a la hora que me de la gana o a la hora que a Sara se le antoje.
  2. Desayunar todos los días con jugo de naranja, que alguien más prepara feliz para mi.
  3. Hacerle siesta al desayuno, al almuerzo y a la comida.
  4. Meriendas de mago biche con sal, jugo de corozo y ciruela verde.
  5. Conversar de todo y de nada, el día entero, sin prisa, sin planes, solo disfrutando del momento.
  6. Leer, leer, leer. Leer hasta que los ojos no den más.
  7. El calor y la brisa salada del mar.
  8. Comer todo lo que quiero sin pensar en la dieta y aun así, sentirme bella.
  9. El tiempo juntos: los tres, los cuatro, los cinco, todos y muchos más.
  10. Hacer de tía, en todo el sentido de la palabra.
  11. Disfrutar cada segundo del día de Sara, contemplándola mientras duerme; complaciéndola con "mini piscina" en una ponchera a la hora del baño; acompañándola en las meriendas; viéndola perseguir gatos, iguanas, ardillas, bichos y demás; besándola en promedio mil veces al día; "muñequiando" con sus 5 cambios de ropa al día; descubriéndola como prima mayor; nutriéndome y agotándome con su indomable energía; enseñándole que ella lo puede todo, que juntas lo podemos todo; recogiéndole el pelo cuando suda; jugando con sus castillos y dragones imaginarios; secándole cada lagrima, de tristeza y de alegría; deleitándome con sus carcajadas y sus "tonterías".
Extraño las vacaciones de aquí a la luna, ida y vuelta, dos veces.







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08 agosto 2013

Dormir sola


Contra todos los pronósticos la pequeña decidió dormir en su cama. Si, recuerdan hace unos meses les conté que mi marido reclamaba espacio y que entonces yo intenté que durmiera en su cuarto con un sin fin de despertares y de paseos, de un cuarto al otro. Nunca hable mucho más del tema pero la verdad mis esfuerzos en esta tarea duraron poco. No solo porque la trasnochadera me estaba matando, sino por que Sara enfermo de gripa, y sin mucho reparó decidimos devolverla a su huequito en medio de los dos. 

Entonces desde ese momento todo volvió a ser como siempre: los tres arrunchados, compartiendo lecho cada noche. Hasta que hace un mes, más o menos, ocurrió lo que nadie - familia y marido - nunca creyó que realmente podría pasar. Ocurrió lo que pronostiqué y vaticiné siempre que alguien con cara horrorizada se enteraba que la pequeña de la casa dormía con sus padres. Sara, sin ninguna razón aparente, más que su determinación, nos dijo ese día, justo antes de irse dormir: "yo soy grande y no quiero dormir aquí. Quiero dormir solita en mi cuarto". Yo la mire y sonreí, para luego dirigirnos al cuarto, alistar la cama, leer un cuento y dejarla feliz entre sus cobijas. 

Confieso que al principio estaba un poco escéptica. No porque no estuviera segura que este momento llegaría tarde o temprano, sino porque siempre pensé que sería tarde, mucho más tarde, tal vez rozando los 4 o 5 años. Pero el tema no es un arrebato de unos pocos días. Noche tras noche pide dormir sola en su cuarto. Papá la ha "tentado" pidiéndole que se venga a dormir con nosotros y no parece llamarle para nada la atención. Algunas noches se despierta pide agua o un beso y sigue durmiendo. En una o dos ocasiones me ha dicho, "mamá hoy quiero dormir en tu cama contigo", y así ha sido, para reclamar al día siguiente su cama y su cuarto otra vez.  

Confieso que disfruto montones contándole a la gente que me decía que iba dormir conmigo hasta los 18 años, que ella solita decidió irse, que no hubo llanto, ni peleas, ni tortura para nadie. Me encanta que las cosas sucedan como me lo indicaba mi corazón, confirmando que un niño siempre, tarde o temprano, naturalmente se va de la cama de sus padres. Entonces, ¿por qué negarnos el placer de dormir pegaditos y unidos todo el tiempo que se pueda?

Hoy, después de casi 3 años de colecho, volvemos a ser solo dos en esta cama, felices y satisfechos por las noches compartidas y por la lección más que aprendida: todo se trata de respeto y amor. Por eso, si amparamos con empatía a nuestros hijos y dejamos a un lado la impaciencia - y los desinformados consejos- , todo llega, en el momento justo y de la manera que tiene que ser. Todo llega, y a veces antes de lo que uno piensa. 

PD: estamos seguros que este tema de "dormir sola" es un proceso, son sus nuevas ganas de ser "grande", es otro juego. Así que estamos conscientes que eventualmente, algunas noches, volveré a nuestra cama, y nosotros estaremos felices de recibirla.

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30 julio 2013

Tres años

Hija mía:

Mañana se cumple nuestro tercer aniversario, y desde que me levanté esta mañana no he hecho otra casa que rememorar ese día, el día que nos vimos por 1era vez. Hoy no he hecho más que recorrer cada momento en mi mente, recordando los instante, la brisa y el clima que había, mi ansiedad y las ganas inmensas que tenía de conocerte. Desde muy temprano me la he pasado repasando la compañía de tu abuela, la llegada a la clínica, lo serena y segura que estaba, las contracciones, el cansancio, la emoción de tu padre, los momentos previos, tu llegada. Incluso me he tocado varias veces mi panza, como solía hacerlo en esa época, en un intento por traer más claramente los recuerdos de mi ser inmenso, redondo, lleno de ti. Tengo que reconocer que muchas veces extraño esa barriga gigante y templada, llenita de ti. 

Sabes, amo recordar el día en naciste, el día en que nací a una nueva vida contigo. Y aún me sorprenden y abruman mis sentimientos por ti, los de ese día, los de todos estos días, los de hoy, los de siempre. Por que el amor que siento, el amor que sentimos, es tan inmenso que no es fácil de entender ni de describir. Lo abarca todo, lo cubre todo, lo transforma todo. Y al repasar nuestros primeros instantes, metida de manera perfecta entre mis brazos, diminuta e indefensa, pegada a mi ser, necesitándome-necesitándonos cada instante, fusionadas la una a la otra, solo puedo sentir como este amor se hincha y se siente aún más grande y poderoso, como nuestro amor crece cada día para ser insuperable, invencible. 

Gracias por cada espacio, por cada enseñanza, por tanta ternura, por confrontarme y obligarme a sacar lo mejor de mí, por tu picardía y tu inmensa sonrisa, por llevarme a lo profundo de mi ser materno y femenino, caminando en medio de mis sombras, enseñándome que no soy perfecta y que no importa, que las dos estamos juntas en esto, que debo confiar en mí y que puedo confiar en ti, que te lo debo, que me lo debo y que aún tenemos montones de cosas por disfrutar, por sufrir, por aprender. 

Felices tres años Sara.
Te amo profundamente, mi niña de ojos inmensos y cabellera dorada.

Nuestro pudín de flores y mariposas.
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24 julio 2013

Ten paciencia mamá


El domingo pasado, que estuvo muy movido por cierto, Sara se acostó inusualmente temprano. Tipo 5:30 de la tarde pidió pijama, cena y ella solita se arrunchó en la cama para caer profundamente de inmediato. 11 horas después de sueño profundo, ya estaba despierta y enérgica. 11 horas después eran la 4:30 de la mañana, y mientras yo estaba en lo más profundo de mi descanso, (me acosté rozando las 12 de la noche), una vocecita me despertaba y me decía que quería jugar y desayunar y hablar y ver tele y leer cuentos y jugar con la pelota y tomar cafecito y hablar sin parar. 

Yo, zombie y muerta de sueño y cansancio, solo atinaba a decirle que era de noche, que había que dormir. Ella, con una voz decidida y llena de ganas, insistía e insistía con toda la voluntad del mundo, sin escucharme en lo más mínimo. Al principio pensé que era cuestión de unos segundo para que se volviera a dormir, pero no. Ella estaba totalmente descansada y lucida, y con ganas de comenzar el día en medio de la noche. Yo, en cambio, hecha una piltrafa humana solo atinaba a contestarle con monosílabos y a decirle: "Si. No. Es hora de dormir".

Así pasaron unos pocos minutos (que parecieron largas y tortuosas horas) y mi paciencia, la poca paciencia que tengo en esas circunstancias a las 4:30 a.m, se consumió en un santiamén. Y el monstruo, ese que vive en mí, ese que también soy yo, se despertó furioso, y asomó la cabeza altivo, alzando la voz, y con aire de superioridad y suficiencia, diciendo tajantemente: "No más Sara!!!!! No más!!! a dormir!!! Ya es suficiente!!!"

Y mi hija, esa pequeña que en pocos días cumple 3 años, en lugar de ponerse a llorar o armar pataleta como hubiera sido normal, llena de calma y muy lúcida, me puso la manito en la cara para decirme de manera pausada: "Ten paciencia mamá, ten paciencia". Y fue como si de repente se hubiera hecho la luz. Sus palabras simples y sencillas dieron justo en el blanco, así de la nada, con una simpleza que parecía magia y que me tocó el alma.

Después simplemente la abrace y ella, como habiendo terminado una misión importante, no hablo más y se durmió. Yo en cambió no pude pegar el ojo de nuevo. No pude dejar de pensar en su sabio consejo, en que su respuesta llena de luz, es quizá la respuesta a muchas de las preguntas que me hago ahora, en cómo me ve tal y como soy, sin disfraces ni máscaras, en cómo es mi mejor maestra cada día que pasa.

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24 abril 2013

No quiero


Ahora sí estamos en la etapa del "no" o más exactamente del "no quiero". Hace mucho tiempo pensé que la estábamos viviendo pero parece que fue, simplemente, un tímido ensayo. Desde hace unos días Sara no tiene otra respuesta para cada cosa que decimos: no quiero bañarme; no quiero ir al cole-cole; no quiero esa chaqueta; no quiero esa ropa; no quiero esos zapatos; no quiero agua; no quiero leche; no quiero pan; no quiero hablar... en fin "no quiero" para todo.

Esta encantadora francesita que pone a prueba mi paciencia y que nos hace llegar tarde a todas partes, viene acompañada de toda la actitud y carga emocional que corresponde: mala cara, brazos cruzados, manos empuñadas, gritos, llanto, frustración mutua.Y eso que he tratado de no dar todas las peleas: si no quiere esa chaqueta que se ponga otra, si no quiere esa ropa pues que escoja la que ella desee, si no quiere pan siempre habrá galletas. Sin embargo, resulta bastante difícil tropezarse cada 5 minutos con el "no quiero", sin sentirse presa de la desesperación y el mal genio.

Tal vez el "no quiero" más difícil de lidiar es el "no quiero dormir". Es como si apenas fuera la hora de irse a la cama la batería se le recargara y tuviera ganas de hacer todo aquello que no se le ocurrió en el día. Anoche, después de sortear con éxito el "no me quiero lavarme los dientes" y dejar de luchar con el "no quiero pijama" (durmió sin ella), no hubo más remedio que apagar la casa entera a las 8:30 de la noche para que se durmiera por fin.

La verdad es que he perdido la paciencia varias veces. Pero más que sentirme culpable por ello, me han servido para comprender que en la mayoría de las situaciones no sé como hacer para que mi deseo y su deseo convivan juntos, sin que haya perdedores y ganadores, sin sentimientos de fracaso y frustración, sin que se anulen dolorosamente.

Hasta este momento mi hija, consciente o inconscientemente (no lo se), ha estado de acuerdo conmigo casi en todo. Ha sido mi aliada. Ahora las cosas comienzan a ser diferentes y tengo que aprender a manejar la situación, respetando lo que desea, siendo firme pero cariñosa cuando sea algo no negociable, encontrando una manera de relacionarnos con este "no quiero" en la mitad, sin que todo se convierta en una pelea que  nos separe y nos enfrente. 

Entonces en esto estamos ahora, aprendiendo a vivir con el "no quiero" de Sara, tratando de integrar esta nueva situación con paciencia, comprensión y respeto, dejando que saque a flote su personalidad, que tenga espacio para reafirmarse, echando mano de toooodaaaaa la paciencia que tenemos, procurando hacerlo con cuidado desde el amor, con empatia, tratando de no perder el control. Uffffffff...todo un viaje interior y exterior, que no pinta ser sencillo pero que si promete ser inmensamente enriquecedor.



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26 febrero 2013

Camino al jardín

Llevar a mi hija al jardín esta dentro de mis momentos preferidos del día. Algunas veces vamos en carro, y aprovechamos los 5 minutos que demora el trayecto para hablar del sol que hace en la mañana, de que me ama y la amo mucho, de la canción que suena en la radio. A veces, simplemente miramos por la ventana, y nos dedicamos a cantar.

Otros días -como hoy- vamos caminando, y el recorrido de 4 cuadras es una aventura sin límite para ella. Sale a la calle, con su moral a cuestas y los ojos le brillan, le brillan con la expectativa de quien comienza el mejor de los viajes. Y en ese recorrido, Sara camina sola, camina de mi mano, sonríe y se maravilla. Es como si viera algo que nadie más alcanza a percibir o a notar. Su rostro se ilumina, y yo me lleno de su luz, me alimento de su energía.

Camino al jardín nos encontramos en una dinámica de dar y recibir, de dejar ser, de disfrutar y de disfrutarnos. Y mientras, ella despliega su inmensa capacidad de asombro. Me encanta ver como para Sara todo es un nuevo descubrimiento: piedras, pasto, flores, gente, perros, cielo, luz, sombras, lluvia...todo sin excepción la atrae como un imán, no importa si es la 1er vez que lo ve, o si es algo que conoce desde hace muchísimo tiempo. Disfruta cada paso, brinca, corre y grita a todo pulmón: "soy la más veloz". Se siente libre e independiente. Y me dice: "mamá, yo solita", y esa sencilla frase se convierte en la prueba palpable de lo crecida que está, de lo grande que hace cada segundo. Y de repente el momento se torna agridulce, y siento que nuestros días se nos escurren entre las manos. Y trato de desechar ese sentimiento y de vivir este presente, este momento.Y yo, la disfruto y sonrío, con una sonrisa que me recorre el cuerpo y se deposita en mi alma. Y la guío, la observo, la vivo lo más que puedo. Tratando de que la prisa no me distraiga, y que el día que me espera no empiece antes de tiempo. 






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07 febrero 2013

Mami



Para ti, desde hace unos días, ya no soy "mamá". Ahora soy "mami". Y, de repente, un cambio tan sutil, diminuto, de una sola letra, se ha convertido en todo un acontecimiento para nosotras. Jamás pensé que algo así llegaría a representara tanto para mi, para las dos. Tampoco imaginé que algún día cambiaras porque sí la manera de nombrarme. No hubo señales ni aviso. Simplemente llegó de repente, de sopetón, con una sonrisa inmensa, con un emoción profunda, y fue, para mi, un flechazo directo al corazón.

Y yo morí al instante. Caí rendida ante esta nueva muestra de amor. Y, ahora, me derrito a diario una y mil veces cada vez que repites "mami, mami" para que te ayude, o para contarme de tu día, o para decirme que me amas, no solo con tu voz sino también con la expresión de tu rostro y de tus inmensos ojos cafés.  

Y desde ese día sonrío, sonrío mucho más que antes. Por que esta palabra, aparentemente corriente y simple, me dice tanto de ti, me habla de la niña que eres, de la madre que soy, de la relación que hemos construido juntas. Mi niña bella, me haces feliz, inmensamente feliz, y no puedo estar más que inmensamente agradecida por eso.

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28 diciembre 2012

Mi recuento

Diciembre avanza y el año se acaba. Y mientras, yo he estado sumergida en la casa, en mis cosas, en las celebraciones y en pasar tiempo con Sara. Tanto, que no he tenido el tiempo ni las energías para escribir y dedicarle un ratico al blog. Tengo varias cosas que quisiera compartir, pero por ahora van a esperar un rato más. Esta es época de balances y recuentos, así que con muchas imágenes y pocas palabras, acá les dejo el mío.


Y mi ñapa de hoy:


Felices fiestas y prospero año nuevo a todos!!!


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19 diciembre 2012

Amigas

La carta de Nyla para Sara
Mi hija tiene una amiga por correspondencia. Si, así como lo oyen: Sara, de dos años y medio, y Nyla, de 20 meses, comenzaron una amistad a punta de papel y tinta, una amistad como del siglo pasado, gracias a nosotras sus madres. Calee, una amiga jamaiquina, que conocí hace algunos años, gracias a mis ganas de aprender inglés y a sus ganas de hablar español, tuvo esta idea genial y hermosamente romántica, que yo de inmediato secundé: hacer a nuestras hijas amigas a pesar de la distancia. 

Entonces hace como dos semanas Sara recibió una carta de Nyla en inglés, donde la invitó a conocerla, le contó sobre ella (con foto incluida) y le mandó unos hermosos stickers. Y ahora, Sara y yo escribimos una carta en español como respuesta, agradeciéndoles a Nyla y a Calee por los animalitos brillantes que Sara pegó por toda la casa, contándoles que Sara también ama a "Dora" y que muere por  las aceitunas y el chocolate. 


La carta de Sara para Nyla se va esta semana y mientras, las 4 estamos ilusionadas soñando con las historias que vendrán, felices por esta amistad de 4 mujeres, unas madres y otras hijas, que construimos a 8 manos, en dos idiomas, uniendo nuestros sueños, nuestras vidas, nuestros anhelos y alegrías con palabras y con pegatinas y con colores, como si todas fueramos niñas, seguras de que podemos estar cerca, compartiendo y disfrutando a nuestras hijas, compartiendo nuestra vida y nuestra maternidad, maximizando nuestra amistad, prolongándola a través de nuestras chiquitas.

La carta de Sara para Nyla
Gracias Calee por invitarnos a ser parte de esta maravillosa aventura.

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05 diciembre 2012

Haciéndonos grandes

Solo quería compartir con ustedes que mi niña se hace grande y que nosotros crecemos de la mano de ella, no en tamaño pero si en consciencia, felicidad, amor y corazón.


Con sus profesoras


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23 noviembre 2012

Rosadito

Este caballo de trapo, color rosa pálido, es tu nuevo mejor amigo. Hace unos meses que llegó a nuestra casa, y se anido en tu alma. Nació de una camiseta vieja y bastante relleno de guata. El flechazo entre los dos fue inmediato, amor a primera vista, de ese amor sincero, que a ti se te da natural y fácilmente. 

Recuerdo el día que lo levaste por 1era vez al jardín. Estabas emocionada de compartirlo con todos, de presentarlo a tus amigos. Y no puedo olvidar que muchos fines de semana te hacia falta, y gritabas por toda la casa: ¿Rosadito, donde estás?. Y el llanto no se hacia esperar cuando no lograbas encontrarlo debajo de la cama o en el rincón del armario.  

Y ahora, después de una temporada de vivir en el jardín, Rosadito vuelve a casa. Y tú no lo dejas ni de día, ni de noche. Lo besas, lo abrazas, le hablas, lo montas, lo metes contigo en la cama, lo llevas de nuevo al jardín pero regresas pegada a él, y lo sientas a tu lado mientras almuerzas, para después sumergiste de su pata en tus historias de vacas y vaqueros, corriendo por el pasillo como si fuera una llanura verde, libres, felices, Rosadito y la pequeña Sara. 


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25 octubre 2012

En estas andamos...


Para mi, una de las cosas más complicadas de ser mamá, es ver a mi chiquita enferma. No importa cuan grave o pasajera sea la afección, verla achicopalada, triste, desganada y dolorida, simplemente me descuaderna. No solo porque realmente me preocupa su salud, sino porque la impotencia de no poder hacer nada es algo que me cuesta tolerar. 

Recuerdo que cuando era una bebé y lloraba sin razón sentía algo parecido. Es una sensación extraña, difícil de describir. Como un vacío, una desesperación llena de ansiedad, que de repente aparece y que no se como gestionar. Y me choca, me choca mucho. Porque se supone que cuando ella se enferma yo debería guardar la calma y estar en control, pero resulta que me angustio, me irrito, me asusto mucho y pienso lo peor. Aparentemente puedo parecer tranquila y hasta lucir segura pero la verdad es que por dentro soy un maremagnum de emociones, que logro esconder de todos muy bien, menos de ella. Por que ella, tan chiquita, me lee mejor que nadie. Me conoce mejor que nadie. Se conecta conmigo como nadie. Y mientras yo trato de mantener la calma y de ayudarla a lidiar con el malestar físico, simultáneamente, vivo mi propio malestar emocional. 

Así es que en estas andamos, adoloridos, trasnochados, cansados, un poco angustiados y esperanzados en que el virus pase pronto, para olvidarnos de los vómitos y de está intranquilidad sin nombre, que nos tiene azotados. Para volver a nuestra normalidad, a nuestra rutina llena de canciones y sonrisas, de tardes de parque sin jarabes y medicinas, con ganas de jugar y saltar por toda la casa, sin dolores de panza, con la gritería y la alegría de siempre.

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08 octubre 2012

Me derrito

Me derrito de solo verte,
mientras me hablas y corres por la casa,
con tu mirada inquieta y tu pelo alborotado.

Me derrito cuando me miras o me dices sin ningún motivo que me quieres,
o cuando nos pides puré con cara de "delicia", inventando palabras,
haciendo montones de caras, contándonos que jugaste en el jardín
y que quieres ver "El pájaro carpintero", una y otra vez.

Me derrito cuando irrumpes en el baño mientras me ducho,
y me llamas y me cuentas historias que no entiendo por puro pretexto,
solo para estar cerca, solo para verme, solo para mojarte.

O cuando bailas y cantas con las manos en la cintura, imitando, disfrutando.
Y también cuando te tiras conmigo en el piso,
imaginando mariposas de colores,
cocodrilos amigos que juegan con monos y gatos bigotones.
Y pides con vehemencia "kekika mamá" y luego, dices a gritos "ota kekika mamá".

Y mi corazón se arruga cuando lloras, sin importar el motivo,
con solo escuchar tu llanto, mi alma se estruja y se pone en alerta,
y se oprime, y sufre más de lo que tu sufres.

Pero al instante me derrito nuevamente,
mientras nos fundimos en un abrazo y te hablo,
acariciando tu pelo dorado, y te explico que es hora de dormir,
o que necesitas la medicina,
o que no podemos salir sin zapatos por que hace frío y llueve.

Me derrites a diario cuando llego del trabajo,
y me gritas "mamá, mamá, mamá",
con una emoción que no te cabe en el pecho,
que me conmueve hasta las lagrimas y que no se como describir con palabras.
Y que me hace pensar en lo mucho que te debo,
en lo agradecida que estoy de tenerte,
de verte crecer,
de disfrutarte,
de amarte,
de alimentar a diario este vínculo especial que tenemos
y que nos hace felices,
llenas de una necesidad mutua que no tiene medida.

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