Este caballo de trapo, color rosa pálido, es tu nuevo mejor amigo. Hace unos meses que llegó a nuestra casa, y se anido en tu alma. Nació de una camiseta vieja y bastante relleno de guata. El flechazo entre los dos fue inmediato, amor a primera vista, de ese amor sincero, que a ti se te da natural y fácilmente.
Recuerdo el día que lo levaste por 1era vez al jardín. Estabas emocionada de compartirlo con todos, de presentarlo a tus amigos. Y no puedo olvidar que muchos fines de semana te hacia falta, y gritabas por toda la casa: ¿Rosadito, donde estás?. Y el llanto no se hacia esperar cuando no lograbas encontrarlo debajo de la cama o en el rincón del armario.
Y ahora, después de una temporada de vivir en el jardín, Rosadito vuelve a casa. Y tú no lo dejas ni de día, ni de noche. Lo besas, lo abrazas, le hablas, lo montas, lo metes contigo en la cama, lo llevas de nuevo al jardín pero regresas pegada a él, y lo sientas a tu lado mientras almuerzas, para después sumergiste de su pata en tus historias de vacas y vaqueros, corriendo por el pasillo como si fuera una llanura verde, libres, felices, Rosadito y la pequeña Sara.