A veces siento que necesito un clon. O sería más acertado decir (teniendo en cuenta la imposibilidad de mi requerimiento): a veces quisiera poder tener un clon. Y es que, más a menudo de lo que me gustaría, me descubro con una larga lista de cosas por hacer, que a pesar de mis esfuerzos, no logro evacuar. Ahí es cuando sueño con un clon: un ser idéntico a mi que se encargue de todo lo que no alcanzo realizar; otro yo que viva la parte de la vida que no alcanzo a vivir a diario; que me ayude escribiendo todo lo que se me ocurre para no perder la inspiración; que se dedique a cumplir con los to dos atrasados de mi nuevo proyecto; que me de una manito y me saque de apuros, haciendo lo que no me gusta; o, simplemente, que me liberé de la angustia del deber no cumplido al final del día, día tras día.
Cambiar de hábitos cuesta un poco o, más bien, mucho. Y confieso que para mi, que estoy acostumbrada a trabajar concentrada, enfocada y cumpliendo a raja tabla con exigentes fechas de entrega, es difícil adaptarse a este nuevo ritmo de productividad, en donde no cuento con horas y horas seguidas de trabajo ininterrumpido. Cuesta concentrase, cuesta continuar. Es difícil para mi dedicarle sólo 20 o 30 minutos a mis proyectos al día y cortar la inspiración parando de repente para concentrarme en mi vida de mamá. A veces siento que no avanzo, que no tengo ni el tiempo ni el espacio que necesito y que me encantaría ir a otro ritmo.
Sin embargo, y después de meditar en ello, tengo claro que todo el asunto es sólo un tema de costumbre y de ajustar mis metas con una perspectiva más realista. Claramente avanzo a otro paso, pero avanzo. Ya tengo una estructura de proyecto, ya he escrito cosas, he pensado muchísimo y eso está dando frutos. Acostumbrarme a que, siendo mamá 24/7, no puedo dedicarme a mis otros temas como si no lo fuera, o como si estuviera en una oficina con un trabajo formal, toma su tiempo. Pero eventualmente, este ritmo será mío en todo el sentido de la palabra, y no concebiré desarrollar mis proyectos de otra manera.
Lo más importante de todo es que realmente avanzo! Y avanzo mucho más de lo que podría haber pensado (claro, avanzaría aún más con un clon jejejejeje). Cuando miro, de manera individual, lo que logro hacer en el rato mientras Sara duerme, me parece muy poco. Pero cuando observo el resultado de esos 30 minutos diarios sumados durante dos semanas, el trabajo empiece a notarse. Y si tengo en cuenta que sigo al pie del cañón en todo lo que tiene que ver con la crianza de mi hija (la baño, la cambio, la llevo al parque, a sus clases, jugamos, etc.), creo que estoy haciendo las cosas como corresponde.
Así que supongo que todo es cuestión de tiempo y de más organización. De levantarme más temprano y acostarme mas tarde, de aprovechar mejor el tiempo mientras Sara duerme, hasta que todo comiese a fluir mucho más naturalmente. Sé que habrá momentos en que volveré a soñar con mi deseo imposible de un clon. Pero bueno, que sería de la vida sin un ratico para divagar con cosas poco probables que no le hacen daño a nadie. No me digan que no lo han deseado. Estoy segura que si, por que cuando se es mamá y hay tantas cosas en que pensar y que hacer, tener un clon, gran parte del tiempo, sería realmente maravilloso.