07 mayo 2013

Nombrando el mundo


Sara esta en expansión, al igual que su vocabulario y su curiosidad. Desde hace unos días su 2da frase favorita - ya sabemos cual es la 1era - es una pregunta: ¿y qué es eso, mamá? Puede decirla 1.000 veces al día, todas ellas con un tono diferente pero con una intención parecida: saber qué es "todo" o mejor, cuál es el nombre de todo aquello que se le cruza por el frente y no sabe como nombrar. 

Es oficial, estamos en la etapa de ponerle nombre a las cosas. Entonces se la pasa detrás de mi o de su papá o de Nelsy, llamando la atención con esta pregunta y señalando con el dedo todo lo que existe en la casa, en el carro, en su cuarto, en la calle, en cualquier espacio en el que se encuentre. 

Es divertido escucharla preguntar sin freno, con cara de curiosidad y expectativa. Y es aún mejor oírla repetir nuestras respuestas, casi de inmediato, sin duda y de manera perfecta, con cara de alegría, en modo "esponja" que graba de inmediato para nunca jamás olvidar. Es como si se hubiera cansado de hablar con palabras indeterminadas como "eso" o "aquello" para relacionarse con su entorno. Ella quiere conocer los nombres propios y exactos de las cosas que componen su mundo. A veces pregunta por algo, y yo, en mi descuido, le digo un nombre alterno de esa "cosa", un nombre que no es el que ella conoce, ni el que usamos de manera habitual. Ella ríe y no duda en corregirme, segura de que su mamá, esa señora grande, este tremendamente equivocada. 

Entonces para Sara el mundo comienza a ser un montón de términos especiales, complejos y específicos que la maravillan. Tal esa sea la palabra perfecta para definirla en este estado: Sara esta maravillada. Tal vez por eso no se cansa de preguntar ¿y qué es eso?, ¿y eso?, ¿y eso de allá?, para luego comenzar hablar como una pequeña adulta, para decir que quiere "cafecito", o que se muere por hacer "pompas de jabón", o que esta "muy ocupadísima" con su juego para atendernos. 

Y así, mi hija abre su mente y extiende sus horizontes, mientras nuestra vida y su vida transcurre entre risas, llantos, "no quieros" y  muchos, pero muchos ¿qué es eso? 


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04 mayo 2013

Fluir


Intento fluir y parece que mientras más lo intento, más difícil resulta. La verdad es que no se como sincronizar mi ritmo con el ritmo de mi hija. Ella va a una velocidad distinta, con unas energías enormes. Yo ya no tengo 15 y la mayoría del tiempo libre quiero estar con ella pero en un plan más pausado que, por supuesto, no le llama para nada la atención. Resultado: no fluímos. Más bien vamos transitando el mismo camino pero a destiempo, tropezando, asincrónicas, con enfoques encontrados. 

No sé que pasó, o más bien si: Sara creció y ya no es la misma niña tranquila, fácil de complacer y entretener. Y es que hasta hace tan poco no era así. Hace nada estábamos sumergidas en una época de perfecta sintonía. De conexión completa. De oxitocina fluyendo libremente por nuestro sistema, de éxtasis pleno, de tiempo sin tiempo..... añoró esa época... creo que ambas la añoramos. 

Pero el tiempo ha pasado y ahora las cosas son radicalmente diferentes. Ella ha crecido y cambiado tanto, que creo que no lo he podido asimilar realmente. Adoro su personalidad, su carácter, su voz, sus discurso, su lenguaje, su energía. Pero tengo que decir que al mismo tiempo también lo detesto un poco, por que todo eso que me emboba, que la hace única y adorable, nos lleva también directo al conflicto. Y todo se junta: el cansancio, la frustración, el desespero, "su deseo" versus "mi deseo". Una bomba atómica. Y así, nuestro mundo no fluye para nada.

Y estamos agotadas. Realmente agotadas de tratar de convencernos mutuamente, necesitadas del equilibrio restaurado, muertas de ganas de volver a hablar el mismo idioma, de disfrutar juntas con el mismo nivel de energía, con las mismas fuerzas y ganas, de volver a fluir como antes, de reencontrarnos.  

Y me pregunto de donde puedo sacar energías y paciencia o sino es, simplemente, un tema de entrega, de recibir y de dejar de luchar. De entender que no todo va a ser como ha sido hasta ahora, de recibir el cambio, de aceptar y amar el presente, de vivir la incomodidad con comprensión infinita, de entregar la batuta y confiar. 

Me pregunto mucho y espero encontrar pronto una buena respuesta.



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