Mi hija tiene mucho carácter. Y aunque me encanta que así sea, tengo que reconocer que lidiar con este detalle deseable todos los días me está resultando un gran reto. Desde que comenzó a hablar la animé mucho para que aprendiera a tomar sus propias decisiones en cosas sencillas como la comida, el juego y la ropa. Todas las noches ella escoge que cuentos quiere leer, en muchas oportunidades decide lo que quiere comer y, a diario, elige como quiere vestir. Suena maravilloso, ¿cierto?. Y lo es, solo que de un tiempo para acá el tema de la ropa que quiere usar, se ha convertido en una película dramática con visos de película de terror.
Cada noche, después de cepillarle los dientes y ponerle la pijama, llega la hora de sacar la ropa del día siguiente, y ella, por supuesto, tiene las ideas bien claras sobre lo que quiere usar y lo que no. Y resulta que siempre, por una u otra razón, la escena termina en llanto y tragedia. La ropa que quiere esta sucia, el pantalón que se le antoja ya no existe, la camisa que elige es inapropiada para el clima o para la ocasión. Y, mientras le explico porque el pantalón verde menta es historia o le hago la sugerencia de que debería usar otra cosa, ella tiene un berrinche inmediato. Llora, grita y no escucha. Así de simple. Así de insoportablemente simple. Y toda la escena me supera.
Yo, la mayoría de la veces respiro profundo y trato de hablarle, intento que entienda, la abrazo, la escucho, me esfuerzo por explicarle que no hay por que llorar, que tiene montones de cosas que usar, pero ella está tan ensimismada en su rabia que es prácticamente imposible que reaccione. Otras veces, lloro a la par, me enfurezco, grito.... Casi siempre después de 20 o 30 minutos de semejante locura, después de pasar por todos los estados y todos los intentos, se comienza a calmar y, o se decide por otra cosa, o acepta mi sugerencia, o simplemente lo deja y ya. Es agotador. Lo peor es que muchas veces a la mañana siguiente, simplemente cambia de opinión, y la ropa que termino escogiendo después del berrinche la noche anterior, resulta que ya no es lo que quiere, y todo vuelve a comenzar, con la presión del tiempo corriendo en nuestra contra.
Como ya les había contado antes el llanto de Sara me descoloca, y esta es una muestra clara de que aún me queda mucho por trabajar al respecto. Supongo (y deseo con ansias locas) que todo esto es temporal y que pronto pasará. Por ahora, intento manejarlo con los recursos emocionales que tengo. Espero que por ahora sea suficiente.
