De niña siempre tuve una mascota. Por mi casa pasaron casi una decena de perros, algunos gatos, loros, pájaros y, en alguna oportunidad, tuvimos hasta una tortuga. Los animales siempre estuvieron presentes y eso, de alguna manera moldeo mi carácter y el carácter de mis hermanos. A través de nuestras mascotas no solo disfrutamos montones, sino que aprendimos a expresar nuestros sentimientos, a ser bondadosos, generosos, responsables, a dar sin esperar nada a cambio.
Y ahora, después de casi 10 años sin una mascota, quiero una de nuevo en mi vida, en nuestras vidas. Quiero que Sara no se pierda la experiencia de tener un animalito para querer y cuidar. Me parece de una importancia suprema. Casi que necesario y natural. Sin embargo, la decisión no depende únicamente de mi, y llevo varias semanas tratando de convencer, sin mucho éxito, al individuo que duerme a mi lado.
Entonces, por ahora, solo quiero decir que quiero una mascota y que la mejor opción para nosotros como familia es una gato. Así que desde ya sueño con él, con verlo jugando con mi hija, con sentirnos embobados por su personalidad y por sus travesuras. No lo tenemos ahora, pero lo tendremos. Ya sueño con él. Sara y yo, ya soñamos con Horacio. Y estamos seguras que llegará en el momento justo.
