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02 febrero 2012

Para Isha

Querida Isha:
Anoche, mientras pensaba sobre qué escribir y paseaba por la blogosfera maternal, me topé con tu último post, y algo muy profundo se removió en mi. Lamentablemente, creo que lo que te pasa, nos pasa a todas con demasiada frecuencia. Sin importar, si somos o no expertas en lactancia materna, si vamos a la liga de la leche, si tenemos o no un blog, todas las madres que decidimos lactar a nuestros bebés a demanda y de manera prolongada, somos víctimas de la presión social para que dejemos de hacerlo. Y muchas veces, después de uno o varios comentarios desafortunados, sentimos como flaquea toda nuestra confianza. Dios mío!!! Maldita presión social! Es increíble como las palabras de cualquiera (o peor, del que duerme a tu lado) señalando la lactancia de nuestros hijos, tiene un poder sobre nosotras que aún no logramos dominar. Sin importar de donde venga, ni el background de la víctima, la presión parece aplastarnos a todas por igual, como si fuéramos hormigas, dejándonos fuera de base, sin palabras, con el corazón roto y la moral por el piso.

Te leo y no puedo evitar sentirme plenamente identificada con lo que te pasa. Yo sé, al igual que tu, que es saberse sola, tratando de ejercer el derecho que tenemos, tanto madres como hijos, a disfrutar libremente de la lactancia que deseamos, por el tiempo que nos de la gana. Más aún, cuando a pesar de tus diversos esfuerzos, nadie parece comprender la importancia que tiene para ti y para tu bebé, el regalo maravilloso qué es, lo beneficios sin límite que nos ofrece. Yo también sé qué es que nadie lo entienda, y que ni siquiera tu esposo parezca apoyarte. Tal vez, para ellos la presión tampoco es fácil de manejar. Desafortunadamente en este tema, la presión cae sobre todos y viene de cualquier lado, incluso del lugar que menos esperas.

Isha, quiero decirte que tienes todo el derecho de sentirte así. La presión es fuerte y somos seres humanos, no robots sin sentimientos. Yo muchas veces me he sentido igual que tu. Confieso que en alguna ocasión hasta pensé destetar de inmediato a Sara debido a las dudas que la presión de los demás habían sembrado en mi, diciendo cosas tan absurdas como que mi leche no alimenta, que la estoy malcriando o simplemente que "ya esta bueno de tanta teta". Por fortuna yo sé que te va a pasar igual que a mi, no te vas a conformar y vas disipar las dudas rápido, logrando que la seguridad vuelva, reponiéndote y ratificando, una vez más, que lactar a nuestros hijos, hasta que ellos quieran, es, sin ninguna duda, la decisión acertada, la decisión que había que tomar, una decisión basada, única y exclusivamente, en la entrega y el amor. Quitarles este momento de disfrute y conexión con nosotras para sacarnos de encima la presión social, eso, además de ser un tremendo error, sería realmente triste y egoísta. Cuanto dura la lactancia de un bebé es una cuestión que solo le incumbe a la madre y al niño. Nadie, absolutamente nadie debería meterse en medio. Entonces Isha, no te culpes por flaquear, por sentirte como te sientes. Por fortuna, las madres somos sabias y fuertes, y nos tenemos las unas a las otras (aunque sea virtualmente), y podemos con esto y con mucho más.

Isha, aún tenemos un largo camino que recorrer en esto de ser mujer-madre y, puntualmente, en la normalización de la lactancia materna y, más aún, en la lactancia materna prolongada. Cada vez somos más, pero aún somos una minoría. Querer salirse del esquema, haciendo lo que uno cree por convicción propia, resulta tremendamente subversivo en una sociedad que nos educa para obedecer calladamente y no para pensar, decidir y actuar. Isha, tu, yo y muchas madres más alrededor del mundo no estamos tragando entero. A pesar de la presión, estamos actuando como nos dicta nuestro corazón sin importar lo que piensen los demás. Muchas veces las cosas no son fáciles para nosotras, pero realmente no nos importa. Sabemos que estamos en lo correcto. Actuamos con consciencia y con amor. A veces flaqueamos, como es natural. Sin embargo, encontramos la manera de resolverlo, de salir adelante. Si es necesario buscamos más información, más razones, más apoyo. No nos rendimos, luchamos hasta el final. Y eso es lo que realmente importa. Nuestro deseo de hacer lo mejor y nuestra determinación de lograrlo, es lo que realmente vale.

Sabes que cuentas conmigo para lo que necesites.
Un abrazo gigante para ti,

Zary


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09 septiembre 2011

Una tarde con papá

El sábado pasado Sara se fue toda la tarde con su papá para donde mi suegra. Fue la 1era salida, sola con su papá, por más de 30 minutos. Yo ofrecía un baby shower en la casa para una prima que pronto va a tener bebé y, realmente, la labor de mi esposo ese día era hacerse cargo de Sara, porque la señora que me ayuda no viene los fines de semana y yo tenía que preparar todo para la reunión. 

Mi esposo estaba un poco reacio. De hecho, a la 1era sugerencia de que saliera toda la tarde con la beba, para que yo pudiera hacer todos los preparativos con calma, me dijo que "no". Yo preferí no insistir. Creo
que este tipo de cosas deben darse de manera natural, no en tono de obligación. Sin embargo, después de que mi suegra y mi cuñada le solicitaran, varias veces, que les llevará a Sara, me pidió preparar la pañalera y, casi sin despedirse, se la llevó. Yo, con todo lo que tenía que hacer, realmente, no le puse mucha "tiza" al tema. Aunque cuando ya los vi salir en el carro sin mí, me dió un poco de cosa. Sin embargo inmediatamente pensé que esta era una excelente oportunidad para que mi pequeñita comience a pasar más tiempo con su papá y con toda la familia, sin que yo esté siempre presente.


Más o menos como a los 15 minutos de haberse ido decidí llamar para ver como estaba todo. Mi esposo, muy orgulloso, me contó que ella estaba de maravilla. Toda el plan fue un éxito de principio a fin. Primero: Sara no lloró en el carro - lo que era mi gran preocupación, ya me la imaginaba llorando a grito herido, poniéndole los pelos de punta a mi esposo, quien iba a terminar devolviéndose, con cara de "yo te lo dije"-.
Segundo, socializó perfectamente con su tía y su abuelita, y la pasó feliz: recién llegaron donde mi suegra solo quería con papá, pero a los pocos minutos estaba dichosa jugando y bailando con mi cuñada. Me contaron, al día siguiente, que era solo sonrisas y abrazos para todos. Tercero: papá, tía y abuela disfrutaron de la pequeña a sus anchas, sin la presencia de "mamá" que, sin querer, les quita la oportunidad de mimarla y disfrutarla plenamente. La visita se extendió casi hasta las 7 de la noche y ella estaba feliz. De regreso, más tranquila imposible, tanto, que llego dormida a casa. Conclusión: la operación "Tarde con papá" fue un éxito rotundo.

Como se podrán imaginar, casi que inmediatamente comencé a pensar en todo lo que puedo programar, ahora que sé que mi esposo y mi hija son capaces de pasar 4 horas felices sin mí: almuerzo con las amigas, tarde de cine, de compras, de peluquería, en fin... se me hace agua la boca. Me alegro mucho que mi esposo, por fin, se haya decidido a encargarse de Sara él solito, de vez en cuando. La verdad es que yo le venía insistiendo en el tema desde hace algún tiempo pero siempre me sacaba excusas: que si llora y no se calla, que si quiere teta, que si solo quiere a mamá...creo que las excusas se acabaron!! ;D

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