Eso cree Bren, mi querida amiga y mamá tuitera. Y tengo que confesar, ante ella y ante todos ustedes, que no me creo una súper mamá, aunque realmente me esfuerce y trabaje cada día para tratar de serlo. De hecho, sería más acertado decir que mi objetivo, del día a día, es ser la mejor mamá que creo puedo llegar a ser para Sara. Claro que desde mi perspectiva, que sin duda, puede ser muy diferente a la perspectiva de los demás. Y es que estoy segura que mi idea de lo que es una súper mamá va en contravía de lo que piensa mucha gente. Yo creo que para ser una súper mamá no es necesario ser una mamá perfecta, ni una mamá que nunca comete errores, ni se equivoca. Para mí el único requisito que debe tener una mamá para ser "súper" es la consciencia. La consciencia te hacer explorar, buscar, aprender, encontrar. La consciencia te lleva al respecto por el otro, al respecto por tu hijo, por sus tiempos, por sus procesos. La consciencia cambia el enfoque de ti, y te hace enfocarte en él, en lo que le conviene, en lo que realmente importa. La consciencia te permite conectarte con tu instinto, te permite redescubrir el adn maternal que llevas dentro, la herencia de amor de nuestras madres y abuelas. La consciencia te permite intentar una y otra vez, a pesar de los errores, sin desfallecer, con todas las ganas y todas las fuerzas de tu corazón, porque en el fondo sabes que nada más, vale tanto la pena. Y bueno, además de la sonrisa y los abrazos de mi hija, lo que más me gusta de ser mamá es que la maternidad me ha brindado la oportunidad de ser una mujer más fuerte, pero sobretodo mucho más consciente de mi pero también de los demás, de mi femineidad, de mi fuerza, de mi amor, de mi bondad, de mis fortalezas y también de mis debilidades. Por eso, más que una súper mamá, todos los días trato de ser una mamá consciente.
Y como este premio no puede parar, se lo entrego a:
Un abrazo a todas: mamás conscientes = súper mamás !