24 julio 2013

Ten paciencia mamá


El domingo pasado, que estuvo muy movido por cierto, Sara se acostó inusualmente temprano. Tipo 5:30 de la tarde pidió pijama, cena y ella solita se arrunchó en la cama para caer profundamente de inmediato. 11 horas después de sueño profundo, ya estaba despierta y enérgica. 11 horas después eran la 4:30 de la mañana, y mientras yo estaba en lo más profundo de mi descanso, (me acosté rozando las 12 de la noche), una vocecita me despertaba y me decía que quería jugar y desayunar y hablar y ver tele y leer cuentos y jugar con la pelota y tomar cafecito y hablar sin parar. 

Yo, zombie y muerta de sueño y cansancio, solo atinaba a decirle que era de noche, que había que dormir. Ella, con una voz decidida y llena de ganas, insistía e insistía con toda la voluntad del mundo, sin escucharme en lo más mínimo. Al principio pensé que era cuestión de unos segundo para que se volviera a dormir, pero no. Ella estaba totalmente descansada y lucida, y con ganas de comenzar el día en medio de la noche. Yo, en cambio, hecha una piltrafa humana solo atinaba a contestarle con monosílabos y a decirle: "Si. No. Es hora de dormir".

Así pasaron unos pocos minutos (que parecieron largas y tortuosas horas) y mi paciencia, la poca paciencia que tengo en esas circunstancias a las 4:30 a.m, se consumió en un santiamén. Y el monstruo, ese que vive en mí, ese que también soy yo, se despertó furioso, y asomó la cabeza altivo, alzando la voz, y con aire de superioridad y suficiencia, diciendo tajantemente: "No más Sara!!!!! No más!!! a dormir!!! Ya es suficiente!!!"

Y mi hija, esa pequeña que en pocos días cumple 3 años, en lugar de ponerse a llorar o armar pataleta como hubiera sido normal, llena de calma y muy lúcida, me puso la manito en la cara para decirme de manera pausada: "Ten paciencia mamá, ten paciencia". Y fue como si de repente se hubiera hecho la luz. Sus palabras simples y sencillas dieron justo en el blanco, así de la nada, con una simpleza que parecía magia y que me tocó el alma.

Después simplemente la abrace y ella, como habiendo terminado una misión importante, no hablo más y se durmió. Yo en cambió no pude pegar el ojo de nuevo. No pude dejar de pensar en su sabio consejo, en que su respuesta llena de luz, es quizá la respuesta a muchas de las preguntas que me hago ahora, en cómo me ve tal y como soy, sin disfraces ni máscaras, en cómo es mi mejor maestra cada día que pasa.

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7 comentarios:

  1. Me encantó este post :) Sara es lo máximo!

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    1. La luz de su sabiduría no es más que la mejor guía!!!

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  2. ¡Haz dado en el clavo! es una maestra de vida, nosotros somos simplemente sus alumnas :)
    ¡que gran lección!

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    1. Y a veces no somos tan buenas alumnas ;S

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  3. Somos alumnas tercas, pero ellas son maestras insistentes

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