Los días pasan y me pregunto por qué las palabras se agolpan en mi cabeza y se atoran justo en la punta de mis dedos.
Ser todo lo que somos, se vuelve una tarea compleja.
Ser todo lo que queremos ser, es arduo y exigente.
Y en medio, el tiempo pasa.
Y, casi sin darme cuenta, mi hija está a punto de cumplir 5 y de terminar su primer año de colegio.
Fui tía por segunda vez.
Compramos apartamento. Y hace poco, algunos muebles nuevos.
Nos fuimos de vacaciones, pasamos felices y volvimos.
Entendí Scrum y ya casi soy Scrum Master.
Di una conferencia en mi alma máter.
Publiqué varias docenas de fotos en redes sociales.
Deje la práctica de yoga (sólo un mes) y la retomé, con más entusiasmo que antes.
Me pinté el pelo no una, ni dos, sino varias veces.
Me enganché con Bloodline y la terminé en tiempo récord.
Vi con Sara todas las películas infantiles de la cartelera de cine.
Aprendí a dibujar a Bob Esponja y a su parranda de amigos submarinos.
Tuve tardes enteras de conversaciones, juegos y baile con mi hija.
También varias noches de llanto y muchos despertares llenos de risas.
Hicimos galletas y también cocinamos salmón al horno para las dos.
Extrañé a mi abuela casi a diario. Y la lloré varias, muchas veces.
Descubrí que tengo que cuidar más la intensión detrás de mis palabras.
Y que el sol de mi tierra, me hace casi tanta falta como estar cerca de mi gente, de mis hermanos y de mis padres.
Trabaje en licitaciones, campañas, estrategias y sufrí... pero también me divertí un montón.
Me di cuenta que estaba dejando de sonreír. Y traté de sonreír aún sin motivos.
Quemé un montón de calorías en el gimnasio y mejoré, por mucho, mi tiempo en los 10k.
Intenté comer menos, sin sal y sin azúcar... y fracasé.
Aprendí, aprendí un montón de cosas.
Intenté amarme más, amar más, amar mi ahora. Y sigo en el intento.
Pero, tal vez lo que más hice fue añorar escribir.
Escribir como antes, como si no hubiera fin, sin importar el cansancio, la felicidad o la tristeza. Escribir y escribir sin excusas.
Porque este espacio también soy yo.
Porque escribir y poner mi alma aquí para mi, para mi hija y para ustedes me define.
Por eso hoy escogí volver, sin importar que estoy muerta de sueño, que aún debo leer un par de briefs, que no está listo el uniforme y la lonchera, o que mañana me levanto a las 4:00 de la mañana.
Escogí dejar de añorar, escribir y no rendirme.
Porque me gusta, porque soy yo y porque, simplemente, no quiero que vuelva a pasar mucho tiempo.