08 agosto 2013

Dormir sola


Contra todos los pronósticos la pequeña decidió dormir en su cama. Si, recuerdan hace unos meses les conté que mi marido reclamaba espacio y que entonces yo intenté que durmiera en su cuarto con un sin fin de despertares y de paseos, de un cuarto al otro. Nunca hable mucho más del tema pero la verdad mis esfuerzos en esta tarea duraron poco. No solo porque la trasnochadera me estaba matando, sino por que Sara enfermo de gripa, y sin mucho reparó decidimos devolverla a su huequito en medio de los dos. 

Entonces desde ese momento todo volvió a ser como siempre: los tres arrunchados, compartiendo lecho cada noche. Hasta que hace un mes, más o menos, ocurrió lo que nadie - familia y marido - nunca creyó que realmente podría pasar. Ocurrió lo que pronostiqué y vaticiné siempre que alguien con cara horrorizada se enteraba que la pequeña de la casa dormía con sus padres. Sara, sin ninguna razón aparente, más que su determinación, nos dijo ese día, justo antes de irse dormir: "yo soy grande y no quiero dormir aquí. Quiero dormir solita en mi cuarto". Yo la mire y sonreí, para luego dirigirnos al cuarto, alistar la cama, leer un cuento y dejarla feliz entre sus cobijas. 

Confieso que al principio estaba un poco escéptica. No porque no estuviera segura que este momento llegaría tarde o temprano, sino porque siempre pensé que sería tarde, mucho más tarde, tal vez rozando los 4 o 5 años. Pero el tema no es un arrebato de unos pocos días. Noche tras noche pide dormir sola en su cuarto. Papá la ha "tentado" pidiéndole que se venga a dormir con nosotros y no parece llamarle para nada la atención. Algunas noches se despierta pide agua o un beso y sigue durmiendo. En una o dos ocasiones me ha dicho, "mamá hoy quiero dormir en tu cama contigo", y así ha sido, para reclamar al día siguiente su cama y su cuarto otra vez.  

Confieso que disfruto montones contándole a la gente que me decía que iba dormir conmigo hasta los 18 años, que ella solita decidió irse, que no hubo llanto, ni peleas, ni tortura para nadie. Me encanta que las cosas sucedan como me lo indicaba mi corazón, confirmando que un niño siempre, tarde o temprano, naturalmente se va de la cama de sus padres. Entonces, ¿por qué negarnos el placer de dormir pegaditos y unidos todo el tiempo que se pueda?

Hoy, después de casi 3 años de colecho, volvemos a ser solo dos en esta cama, felices y satisfechos por las noches compartidas y por la lección más que aprendida: todo se trata de respeto y amor. Por eso, si amparamos con empatía a nuestros hijos y dejamos a un lado la impaciencia - y los desinformados consejos- , todo llega, en el momento justo y de la manera que tiene que ser. Todo llega, y a veces antes de lo que uno piensa. 

PD: estamos seguros que este tema de "dormir sola" es un proceso, son sus nuevas ganas de ser "grande", es otro juego. Así que estamos conscientes que eventualmente, algunas noches, volveré a nuestra cama, y nosotros estaremos felices de recibirla.

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2 comentarios:

  1. ¡Cómo lo indicaba tu corazón! Ni más ni menos...
    Toda una niña grande tienes ya mi Zary, nuevas aventuras por venir y a seguir creciendo...

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    Respuestas
    1. Se crecen los pequeños y nos damos cuenta a ratos, no? Un abrazo!!!

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