Tu historia Más Divertida desde que te convertiste en mamá es un carnaval de Blogs que propone Una Mamá Feliz para poder contar esas anécdotas, experiencias e historias que hoy nos sacan una sonrisa al recordarlas.
Recuerdo que Sara solo tenía 2 o 3 meses. Y nosotros estábamos felices pero hechos trapo. Como cualquier bebé recién nacido, ella vivía prendida de la teta, y dormía tandas de 2 o 3 horas de día y de noche. Yo dormía y vivía a su ritmo. Mi esposo en el día trabajaba y en la noche trababa de acompañarnos y seguirnos el paso en la rutina. Sara se dormía tipo 7:00 p.m. y se levantaba primero a las 10:00 p.m., luego a la 1:00 a.m., más tarde a las 4:00 a.m, y finalmente, a las 6:00 o 7:00 a.m. La noche era una jornada maratónica donde las despertadas de la madrugada, para darle de comer y cambiarla de pañal, eran casi una tortura.
Una noche en la despertada de la 1:00 a.m o 2:00 a.m., después de darle de comer, la revisé y me dí cuenta que tenía el pañal totalmente sucio. Yo, medio dormida, le pedí ayuda a mi esposo. Él se levantó, busco el tapete plástico para proteger la cama, los pañales, lo pañitos, un body y otra pijama (la gracias fue tal, que había que cambiarla completica). Prendimos la luz y acomodamos todo en la cama para comenzar el operativo. Le quitamos toda la ropa, la limpiamos, la vestimos de nuevo y cuando estábamos a punto de cerrar el pañal limpio, oímos un ruido extraño y, sin tiempo para reaccionar, una lluvia pestilente nos tomo por sorpresa. Como una granada salió popó disparado para todos lados, ensuciando sábanas, cobijas, paredes y, por supuesto, también a nosotros. Hubo un segundo de silencio, sorpresa y sobresalto, pero al segundo siguiente estallamos de la risa. Creo que duramos más de 10 minutos riéndonos sin poder parar, mientras nosotros y el cuarto entero apestaba. ¿Que más podíamos hacer cuando estábamos todos sucios y olorosos a las 3 de la mañana?
Sara, después de haber hecho semejante obra de arte, seguía dormida plácidamente como si nada. O más bien perfectamente tranquila por que ya se había deshecho de lo que le estorbaba. Cuando pudimos parar de reirnos, apestosos y totalmente despiertos, la terminamos de cambiar y la acostamos en su moisés, que increíblemente se salvo de ensuciarse de puro milagro. Mientras ella descansaba, nosotros nos dedicamos a arreglar semejante desastre. Cuando por fin terminamos de limpiar paredes, cambiar cobijas, bañarnos y echar a la lavadora sábanas y pijamas, eran casi las 4 de la mañana y, ¿adivinen que? la princesa se volvía a despertar.
Sara, después de haber hecho semejante obra de arte, seguía dormida plácidamente como si nada. O más bien perfectamente tranquila por que ya se había deshecho de lo que le estorbaba. Cuando pudimos parar de reirnos, apestosos y totalmente despiertos, la terminamos de cambiar y la acostamos en su moisés, que increíblemente se salvo de ensuciarse de puro milagro. Mientras ella descansaba, nosotros nos dedicamos a arreglar semejante desastre. Cuando por fin terminamos de limpiar paredes, cambiar cobijas, bañarnos y echar a la lavadora sábanas y pijamas, eran casi las 4 de la mañana y, ¿adivinen que? la princesa se volvía a despertar.
Esa noche aprendimos 3 lecciones importantes:
1. Nunca dejes a un bebé recién nacido sin pañal, ni siquiera un segundo. Menos si solo toma leche materna.
2. Ante ruidos extraños, corre a la trinchera más cercana y cúbrete.
3. La ma/paternidad puede ser de todo, menos aburrida.