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12 abril 2012

Nuestra historia más divertida

Tu historia Mas Divertida


Tu historia Más Divertida desde que te convertiste en mamá es un carnaval de Blogs que propone Una Mamá Feliz para poder contar esas anécdotas, experiencias e historias que hoy nos sacan una sonrisa al recordarlas.


Recuerdo que Sara solo tenía 2 o 3 meses. Y nosotros estábamos felices pero hechos trapo. Como cualquier bebé recién nacido, ella vivía prendida de la teta, y dormía tandas de 2 o 3 horas de día y de noche. Yo dormía y vivía a su ritmo. Mi esposo en el día trabajaba y en la noche trababa de acompañarnos y seguirnos el paso en la rutina. Sara se dormía tipo 7:00 p.m. y se levantaba primero a las 10:00 p.m., luego a la 1:00 a.m., más tarde a las 4:00 a.m, y finalmente, a las 6:00 o 7:00 a.m. La noche era una jornada maratónica donde las despertadas de la madrugada, para darle de comer y cambiarla de pañal, eran casi una tortura. 

Una noche en la despertada de la 1:00 a.m o 2:00 a.m., después de darle de comer, la revisé y me dí cuenta  que tenía el pañal totalmente sucio. Yo, medio dormida, le pedí ayuda a mi esposo. Él se levantó, busco el tapete plástico para proteger la cama, los pañales, lo pañitos, un body y otra pijama (la gracias fue tal, que había que cambiarla completica). Prendimos la luz y acomodamos todo en la cama para comenzar el operativo. Le quitamos toda la ropa, la limpiamos, la vestimos de nuevo y cuando estábamos a punto de cerrar el pañal limpio, oímos un ruido extraño y, sin tiempo para reaccionar, una lluvia pestilente nos tomo por sorpresa. Como una granada salió popó disparado para todos lados, ensuciando sábanas, cobijas, paredes y, por supuesto, también a nosotros. Hubo un segundo de silencio, sorpresa y sobresalto, pero al segundo siguiente estallamos de la risa. Creo que duramos más de 10 minutos riéndonos sin poder parar, mientras nosotros y el cuarto entero apestaba. ¿Que más podíamos hacer cuando estábamos todos sucios y olorosos a las 3 de la mañana?


Sara, después de haber hecho semejante obra de arte, seguía dormida plácidamente como si nada. O más bien perfectamente tranquila por que ya se había deshecho de lo que le estorbaba. Cuando pudimos parar de reirnos, apestosos y totalmente despiertos, la terminamos de cambiar y la acostamos en su moisés, que increíblemente se salvo de ensuciarse de puro milagro. Mientras ella descansaba, nosotros nos dedicamos a arreglar semejante desastre. Cuando por fin terminamos de limpiar paredes, cambiar cobijas, bañarnos y echar a la lavadora sábanas y pijamas, eran casi las 4 de la mañana y, ¿adivinen que? la princesa se volvía a despertar.


Esa noche aprendimos 3 lecciones importantes:
1. Nunca dejes a un bebé recién nacido sin pañal, ni siquiera un segundo. Menos si solo toma leche materna.
2. Ante ruidos extraños, corre a la trinchera más cercana y cúbrete.
3. La ma/paternidad puede ser de todo, menos aburrida.

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01 diciembre 2011

Los miedos

Tengo claro que los niños son niños y que gracias a eso las travesuras están aseguradas. Y aunque ya estoy bastante acostumbrada a las caídas y golpes que Sara se da a diario, cada vez que ocurre algo más allá de las pilatunas normales, no puedo evitar que mi cabeza se inunde de manera instantánea de miedos. Los miedos... esos mismos que me atormentaron durante los dos primeros meses de mi vida como mamá. Recuerdo que en medio de la avalancha de hormonas y de cambios, los miedos me acosaban. Se ocultaban detrás de cualquier cosa, para asustarme, permanentemente y sin tregua. Eran miedos de todo tipo y clase. Miedo a que se ahogara, a que dejará de respirar, a que no comiera lo suficiente, a que tuviera cólicos, a que se enfermara, a que se me resbalara durante el baño,...miedos a herirla, a perderla. Y ahora, que ya esta grandecita, que dice varias palabras, que camina, que hace mil y una travesuras, los miedos vuelven irremediablemente. 

El lunes salí para mi clase de pilates como todos los días. Llegué me relaje, y me concentré en mi respiración. Extrañamente olvidé poner el celular en silencio como siempre lo hago. Sólo habían pasado 15 o 20 minutos cuando timbró. Y yo, que siempre lo ignoro cuando suena en medio de la clase, sin dudar, me levanté a mirar de quien era la llamada. Mi primer impulso fue ignorarla, para que el celular dejara de timbrar, pero de pronto caí en cuenta que era de la casa. Me pareció muy extraño que la niñera me llamara. En los 12 meses que lleva cuidando de Sara, una o dos horas al día, nunca me había llamado. Tuve la certeza de que algo había pasado. Sentí como los miedos comenzaban a desperezarse, abriendo los ojos, estirando los brazos y asomándose tímidamente de donde habían estado escondidos, descansando, todo este tiempo. Me llene de adrenalina, pero mantuve, con mucho esfuerzo, la calma. Llamé a casa y cuando me contesto la niñera, visiblemente (o más bien audiblemente) nerviosa y asustada me contó que Sara se había encerrado con seguro en la alcoba principal y que no podía sacarla. Yo solo atiné a decir "Ya voy para allá" y salí corriendo como loca, mientras los miedos taladraban mi cabeza. Me la imaginaba llorando a grito herido dentro del cuarto. Pensaba en los peligros del baño, la tina, la ventana, la cama....En 5 minutos estaba en casa. Y efectivamente, como mi esposo ya había vaticinado, Sara, jugando, cerró la puerta detrás de la niñera y acto seguido oprimió el botón del seguro. Intentamos abrirla con todo lo que se nos ocurrió, mientras el cerrajero venía en camino. Yo sentía que la cabeza me iba a explotar y Sara, en el interior del cuarto, hablaba solita, se asomaba por debajo de la puerta pero no lloraba. No quedaba más que guardar la calma y esperar. Los miedos seguían apoderados de mis pensamientos. La niñera le hablaba y le daba indicaciones para que abriera la puerta. Sara, como si no fuera con ella jugaba y hablaba sola por todo el cuarto. Por fin, después de 40 minutos eternos llegó el cerrajero. En 5 minutos había abierto la puerta y la tranquila Sara, para la que todo el momento no había sido más que un divertido juego, ya estaba afuera en mis brazos. 

Como siempre me pasa, después de que este tipo de episodios están resueltos, los miedos me destruyen. Me toman como si fuera un saco de box y me golpean. Mi mente, gracias a su efecto, se vuelve un remolino de malas ideas, de todo lo trágico que hubiera podido pasar, de culpa, de malas posibilidades. Quedo agotada y exhausta debido a una incontrolable paliza de malos pensamientos. Por fortuna, el tiempo pasa y los miedos se cansan, entrando de nuevo en stand by, dándome un espacio, un respiro, dejandome volver a la normalidad.

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28 diciembre 2010

Lo siento mucho princesa!!!

Solo basto un momento de descuido, para que Sara metiera la mano en la sopa y se quemara. Yo estaba de pié esperando que mi esposo trajera el coche para sentarla mientras almorzábamos, y ella, llena de curiosidad, metió los deditos, inocentemente, en la sustancia caliente. Por fortuna solo fue una fracción de segundo, porque la sopa estaba hirviendo. No le pasó nada. Solo lloró a grito herido 5 minutos para luego caer profundamente dormida. Yo he quedado devastada. Esa fracción de segundo basto para hacerme sentir la peor mamá del mundo. No sé qué paso!!! ¿Para donde estaba mirando?, ¿cómo no pude ver que eso podía pasar?.. mi confianza se derrumba y mi cabeza parece que fuera a estallar de tanto pensar…y si hubiera hecho esto o no hubiera hecho aquello… mil cosas rondan en mi cabeza. Las lágrimas fueron inevitables. Hasta necesité consuelo de mi papá. Tenía pensado escribir otra entrada, pero después de lo sucedido necesito exorcizar mi sentimiento de culpa. Y es que mi esposo siempre anda medio paranoico con la seguridad de Sara. Yo soy más bien fresca. Me repite constantemente "ojo con eso", "pilas que esta muy al borde de la cama", "cuidado con la cabecita", "así se lastima el bracito", etc., etc., etc. Se le ocurren cosas lógicas e ilógicas que podrían pasar...cosas que a mí nunca se me ocurren. Yo nunca he tenido ese chip de la previsión y la anticipación activado. Siempre he pensado que exagerar en cuidados de ese tipo, nos hace vivir una intranquilidad que no se justifica al final de cuentas. Sin embargo, después de lo sucedido hoy, voy a hacerle más caso a la paranoia de mi esposo. Bien lo vale la seguridad de mi hija, y la tranquilidad de mi corazón.

Lo siento mucho princesa!!! Desde mi corazón te prometo que haré todo lo que esté en mi voluntad y atención, para que no vuelva a pasar :) Lo siento y te amo profundamente!


PD: Les cuento que nos fue de maravilla en el viaje. Conseguimos rápidamente taxi, no hubo trancón, ni fila en el check del aeropuerto, el vuelo salió puntual y Sara se portó de maravilla. Pasamos una semana deliciosa con mi abuela en Barranquilla. Sara recibió muchos regalos y hasta fuimos a Cartagena. Ahora estamos en mi casa de Riohacha, con mis papás y Tomás, nuestro beagle. En la próxima entrada les cuento de nuestra primera visita a la playa con la pequeña princesa. Felices fiestas a todos!
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