04 febrero 2013

La huella del abandono


Recuerdo que desde pequeña me cuesta mucho, muchísimo, las despedidas. Recuerdo, como si fuera hoy, la angustia que me daba despedirme de mi abuela a los 6 años después de unas largas vacaciones. O el vacío inmenso que sentí cuando mi mamá estuvo trabajando en otra ciudad por casi un mes, a los 10. Y la soledad que viví a los 16 cuando dejé mi casa y me mude a la "gran ciudad". Decir adiós, desde siempre, me ha enfrentado a unos sentimientos que me cuesta digerir y procesar, y de los que, tengo que reconocer, he huido durante casi toda la vida. 

Desde que soy mamá, la cosa no ha cambiado. Más bien diría que va en franco incremento con visos de no encontrar un "pare" en el camino. Al principio, mi niña era una bebé, yo estaba siempre con ella y ella estaba siempre conmigo, así que los sentimiento no tenían fisura alguna por donde aflorar. Luego, con la entrada al trabajo y la llegada del jardín, regresó la inevitable despedida y reviví de sopetón esa angustia que había olvidado. Con los días se fue disipando, diluyendo, dando paso a cierta calma o, quizás mejor, a la costumbre. Pero, la angustia sigue presente, no desaparece del todo realmente. Más bien a comenzado a ser un sentimiento permanente con el que (odio decirlo), me estoy acostumbrando a con-vivir. 

Tal vez por eso, decidí no huirle más y gracias a esa decisión, poco a poco, el panorama parece aclararse. Así que me propuse enfrentar para entender. Quiero entender. Entender qué pasa y por qué me pasa. Entender qué es ese "no se que" que no se va aún, pero que espero me abandone algún día (o más bien, espero permitirme dejarlo ir muy pronto). Quiero entender para tratar de superar.

Y en ese laberinto de preguntas sin lógica ni orden aparente, logre un avance. No se por que no lo había notado antes. O más bien, si lo había hecho, pero lo había "ignorado" deliberadamente, restándole importancia. Y hace unas semanas, cuando Sara volvió al colegio lo entendí. Lo sentí, como lo siento desde que la dejo todas las mañanas en su jardín, pero esta vez no lo deseche, le dedique un rato y lo vi. Pude identificar con claridad que el momento exacto en que la dejo allá, dispara "ese no se que" dentro de mi. Y no se trata de ella, es decir, no es por que ella este mal, por que se quede llorando o algo por el estilo. No, ella se queda feliz siempre, y yo me voy con ese "no se qué" alborotado, siempre. Y me puse a pensar y, de repente, recordé que me pasa lo mismo con ciertas canciones infantiles. Solo escucharlas me genera de inmediato ganas de llorar, de llorar de verdad a moco tendido. Me alborotan también ese "no se que" sin explicación.

Y así comencé a identificar más cosas, situaciones, momentos, disparadores de la angustia, de mi "no se qué". Cosas que remueven algo en mi inconsciente despertando esa sentimiento que no entiendo. Entonces lo que parece obvio es que no se trata de ahora, se trata de mi pasado, de mis recuerdos que no recuerdo porque la memoria no me da. Es un recuerdo de abandono. De abandono puro y simple. Es su huella que tengo muy grabada y marcada, y que aflora acercándome a mi propia niña sola y triste, a través de mi hija. Que debe ser de mi infancia temprana. De esa niña pequeña que lloraba mucho, que no estuvo con su mamá el 1er año, que recibió poca teta, que se vestía y bañaba sola, que extraño a su abuela casi toda su infancia, que conoció el jardín muy pero muy pequeña, y quizá no quería quedarse allí. Eso es lo que yo me imagino, o más bien lo que siento. Ahora falta mucho, mucho más que entender y enfrentar. Pero ya estoy en el camino.  

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10 comentarios:

  1. Es duro pero necesario el enfrentarnos con nuestras carencias infantiles, y nuestros hijos muchas veces son los detonantes de ese darnos cuenta.

    Cuando no recordamos es porque no hemos querido hacerlo para no sufrir.

    Espero que sabiéndolo, reconociéndolo y cuidando tu niña interior logres seguir hacia delante en este tema.

    Un abrazo

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    1. Espero igual. Abrazo también para ti!!

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  2. Uff, te entiendo tanto! Y me pasa y me cuesta que mi hijo valla a algun lado sin mi. Y él se va feliz, como vos decis, y soy yo la que piensa "y si me necesita y yo no estoy?" Cuantas veces seguramente necesité a mi mamá y ella no estaba. Que dificil despegar a nuestrxs hijos de esto y que necesario. Gracias por abrir juego. Estaré pensando en esto largo tiempo.

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    1. Que bueno que mi reflexión sea el comienzo de la tuya. Un abrazo de bienvenida Lis, espero que te quedes por acá largo rato:)

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  3. Dejar ir. Suena tan sencillo y la literatura contemporánea que se matiza con las creencias y filosofías orientales, también aporta su cúmulo de ruido. Dejar ir, como sí fuera así de sencillo. Y sin embargo, parece que es la única respuesta. A veces, para las despedidas, lo que hago es "dejarme" ir. Soltarme yo. Puede que funcione...

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    1. Prometo intentarlo. No suena sencillo pero puede que funcione ;)

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  4. Abrázate fuerte :)
    Mientras tanto yo te mando un abrazo también. Entiendo ese no sé qué, aunque creo que yo ya me acostumbré a convivirle.

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  5. Me gusto mucho tu reflexión, reconozco esa sensación de vacío profundo, tristeza y miedo. Pareciera que cuando nos convertimos en madres nos transformamos en niñas y vivenciamos como tales mucho de lo que nos acontece. Sin embargo, yo no creo que se trate de un "recuerdo perdido" como si respondiera al binomio de causa- efecto. Yo creo más bien que, entre las múltiples historias que te conforman, la historia del Abandono se ha ido construyendo y sosteniendo a través de las experiencias vividas pero sobre todo a partir del discurso sobre ellas. Un discurso confirmado por las creencias familiares y los "saberes" comunitarios. Ahora identificas que situaciones o momentos influyen para que el Abandono se crezca y que cosas hacen que pierda fuerza. Esto es sumamente valioso para lograr domesticarlo. Te dejo un abrazo!

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  6. Zari que identificada me siento contigo... y no habia podido o no habia querido identificar ese no se que, ese vacío q siento cada dia al dejarlo en el jardin, ese trac q sono en mi corazon la primera semana cuando aun estaba adaptandose y algun dia lloró, lloramos desconsolados. A ese no se que que mebfrena a mi mientras el ya me dice: mami puedes dejarme en la puerta y la maestra me lleva. Cuanta realidad en tu reflexion. Aqui estoy cruzando de nuevo el espejo.

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  7. Zary leyendote me identifique contigo, con la sensación de soledad y con mis miedos internos, de esos en los que nunca pienso. Un abrazo

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