Hace ya casi 20 días que Sara duerme en su cama. La verdad, ella y yo estábamos felices durmiendo juntas, pero papá ya reclamaba de vuelta su espacio. Y, como el colecho es cosa de todos los que comparten la cama, decidimos intentar que la pequeña comenzara a dormir en su cuarto. Entonces, ese día sin mayor preámbulo (y un poco en contra de mi voluntad) hable con Sara desde muy temprano. Le conté, como si fuera un cuento, que de ahora en adelante comenzaría a dormir en su cuarto, en su cama, cada noche. Ella, sin entender muy bien de que le estaba hablando - o eso pensaba yo -, me dijo "bueno, mamá". Yo durante todo el día le mencioné varias veces el tema. Y ella, simplemente repetía y asentía. Al llegar la noche, después de comida, pijama y dientes, le conté cual sería nuestra rutina de ahora en adelante: cuento, arrunche, teta y a dormir. Así que leímos tres cuentos, nos arrunchamos un rato, y con la luz tenue y un buen rato de teta, mi hija se quedo profunda en su cama.
Yo era consciente de la noche que me esperaba. Obviamente se iba a levantar varias veces. Llevaba toda la vida durmiendo a nuestro lado, sintiéndonos cerca, al alcance de estirar su mano. Y no hubo sorpresas. La 1era noche, creo que fueron 3 o 4 despertares. Yo, que realmente estaba totalmente desvelada, me levanté todas las veces que fue necesario, me pase todo el tiempo de un cuarto al otro, de allá para acá. La consolé, la abracé, la calme y ella, simplemente al constatar que yo estaba allí, a su lado, acompañándola como siempre, se durmió nuevamente casi de inmediato.
Desde ese día, hemos tenido noches buenísimas y otras malísimas. Algunas con un solo despertar y otras con tantos, que me cuesta bien recordar. Realmente, nunca ha llorado mucho. Hace ruidos, tal vez lloriquea, - para cuando eso sucede yo ya estoy a su lado- y casi siempre después, me llama fuerte y duro: "Mamaaá". Yo corro como por inercia, brinco de la cama como un ringlete, y la toco, la abrazo, la consiento un rato y ella vuelve a dormir sin problema. He descubierto que los despertares muy de madrugada son por hambre. Y entonces pide teta, leche, pan y hasta helado de chocolate. A veces simplemente tiene sed y se toma de un solo el vasito completo de agua. Otras quiere a mamá. Supongo que necesita mi olor, mi calor. Y al sentir mi presencia unos cuantos segundos, sigue durmiendo como si nada hubiera pasado.
Para mí esta nueva situación también ha sido todo un proceso. Los 1eros días simplemente no podía dormir nada, de nada. Oscilaba entre el insomnio total y un sueño ligerísimo, en el cual hasta el más mínimo ruido me despertaba. Me preocupaba quedarme profunda y no oírla (cosa por demás imposible). Con el paso de los días, aunque continúo de aquí para allá, he podido comenzar a dormir mejor, he soltado la aprensión del cambio, relajándome para poder descansar.
Y así vamos ahora, y aunque estoy cansada y con unas ojeras que van y vienen cada tercer día, la realidad es que las cosas han salido mejor de lo que esperaba. Sara parece estar bien, feliz con sus nuevas sábanas de mariposas. Yo he comenzado a cogerle el gusto otra vez a dormir a mis anchas. No niego que a veces la extraño. De hecho, casi siempre antes de amanecer, inevitablemente ella termina en mi cama o yo termino en la de ella. Pero creo que estamos del otro lado y pronto estas "malas noches", parecidas a las de recién nacida, pasarán. Por que es una nueva etapa, por que no aguanta estar de aquí para allá, para siempre. Y por que todo pasa. Y si no, simplemente lo resolveremos de otra manera.